En una única función se presentó la obra ‘Un eco en el desierto’ que, junto con un proceso de escucha y un producto multimedial, hace parte de los resultados del proceso de diálogo social que adelantó la Comisión con la Mesa Nacional de Víctimas.

Publicación original: Comisión de la Verdad

La obra teatral ‘Un eco en el desierto’, que hace parte del legado de la Comisión de la Verdad, es una propuesta dramatúrgica realizada en colaboración con la Compañía Nacional de las Artes, bajo la dirección de Nelson Celis y un elenco conformado por jóvenes víctimas del conflicto, cinco de ellos de Cundinamarca, Antioquia, Arauca, Atlántico, Cauca y, tres más que se encuentran en España, Costa Rica y Argentina. El guion fue escrito por Alejandro Gómez a partir de los relatos testimoniales de los jóvenes quienes compartieron sus propias historias y las de sus familias e hicieron parte del elenco.

La obra se presentó como uno de los resultados del proceso de diálogo social que adelantó la Comisión de la Verdad con la Mesa Nacional de Víctimas. La obra parte de la idea de responder a la metáfora de si podemos regenerarnos como lo hacen otras especies para sanar y aborda los recuerdos generacionales que el conflicto armado ha impuesto en las historias de vida de los jóvenes. En ella se superpone el dolor, el miedo y la rabia heredados con las vivencias propias y la incertidumbre que supone el futuro.

Para transmitir esas historias y dar eco a las vivencias de algunas familias y que se convierten en la historia de muchas familias colombianas, se contó un elenco conformado por jóvenes pertenecientes a la Mesa Nacional del Víctimas y en el exilio. Liliana Martínez, Cristian Pedroza, Lilibeth Ciro, Joao Meneses, Ana María Rodríguez, Karen Lisbeth Nieto, Laura Marcela Borrero, Jade Sofía Arteaga y Dera Mariam Arteaga, quienes fueron las encargadas de amplificar un eco que retumba desde ese desierto, que a veces parecen los territorios tras haber padecido la crudeza del conflicto armado.

El director Nelson Celis explicó la complejidad de un montaje que avanzó desde la virtualidad durante más de tres meses y se materializó en tan solo seis días presenciales: “Fue un proceso intenso, extraño e inusual. El texto lo escribió un dramaturgo, para los jóvenes, era coger sus propios textos y leerlos en otras palabras, eso implica un trabajo adicional además del entrenamiento actoral, es enfrentarse a la palabra. Cuando nos encontramos fue como si nos conociéramos de mucho tiempo atrás. Hoy estamos aquí y ellos lo han asumido como profesionales, es saber que tienen un cuerpo y una voz con la que pueden expresar tantas cosas y que antes no lo sabían”.

El arte y esta puesta en escena permitió que las conclusiones de muchas historias y de ese balance de relacionamiento con la MNV se materializara de la manera más sentida y mejor expresada. “Después de quince años regreso a Colombia. Allí no me he llegado a sentir de allí, pero al llegar aquí, es extraño, porque tampoco me siento del todo de acá. Se agradece mucho, la gente, la cultura, la ciudad, mi tierra, es como volver a esas raíces y saber de dónde vengo”, expresó Joao Meneses Pacheco, actor de la obra, quien vive en España desde los cinco años.

Escuchar a las víctimas es en muchas ocasiones el primer paso para sanar. En el caso de Cristian David Pedroza Perea, el compartir su historia lo trasladó al escenario: “Al inicio tenía demasiado miedo, pero mi mamá, Jhon Jairo Romero, los profesores me dieron mucho apoyo y ha sido una maravilla. El hecho de compartir con personas que pasaron por lo mismo que tú, es sentirte apoyado, es sentir que no estás solo y eso te hace ver la vida de otra forma, es querer seguir viviendo, seguir con toda y pensar que a pesar de las cosas malas hay demasiadas cosas buenas. Me siento orgulloso de mí mismo, porque estoy haciendo algo bueno por mí y por todos los demás, por todos los que han hecho parte de este proceso”.

El proceso

Desde el 2019, la Comisión de la Verdad realiza un trabajo de relacionamiento con la Mesa Nacional de Participación Efectiva de las Víctimas (MNV), la cual es un interlocutor directo en lo concerniente al desarrollo e implementación de políticas públicas orientadas a las víctimas. En 2021, se realizaron ocho espacios de escucha privados con representantes de las mesas departamentales de víctimas de 31 departamentos, con el fin de conocer los impactos, mecanismos de afrontamiento y factores de persistencia del conflicto armado.

Asimismo, el mismo 5 de noviembre se realizó un balance de este proceso con entidades aliadas del Estado y de cooperación internacional, donde se socializaron los resultados del proceso de escucha, un especial multimedia y la obra de teatro. También, entre abril y julio de 2021 se llevaron a cabo diferentes espacios de escucha privados, enfocados en los impactos vividos en el marco del conflicto armado, las diferentes experiencias, mecanismos de afrontamiento y formas de resistencia y recomendaciones para la no repetición.

Los espacios de escucha

En el diálogo nacional realizado en septiembre se dieron a conocer los resultados del proceso de escucha adelantado con líderes y lideresas de las mesas de participación efectiva de víctimas a nivel nacional. Fue un espacio que invitó a los participantes y observadores a reflexionar en el rol que tienen en nuestra sociedad las víctimas del conflicto armado. Se compartieron los impactos que esta situación ha dejado en sus vidas y comunidades, así como las formas de asociación que ellas han creado gracias a la ley y en especial, a la tenacidad de aquellas y aquellos que han decidido dar un paso hacia adelante y asumir el liderazgo en nombre de las casi diez millones de víctimas que se registran hoy en Colombia.

Con relación a los factores que repercuten en la continuidad del conflicto armado y dinámicas violentas en los territorios, en las discusiones sobresalieron factores como: la presencia diferenciada del Estado, donde en unas regiones hay ausencias y en otras denuncian abusos de poder; la existencia simultánea de mecanismos democráticos y formas violentas de represión que hacen que el conflicto armado se agudice y muestre su peor cara; racismo y discriminación étnico racial; narcotráfico, y otras dinámicas económicas ilegales que se destacan al interior de los territorios.

Desde la Comisión de la Verdad, el director para el Diálogo Social, Gerson Arias, ratificó el compromiso de la institución en cuanto a los objetivos de su mandato y de la misma forma se mostró positivo frente al satisfactorio balance en relación al proceso de relacionamiento logrado con la MNV. Un resultado favorable que fue apoyado en la intervención de Orlando Burgos García, coordinador de la MNV: “Analizar el para qué nace la Comisión de la Verdad luego de los acuerdos es empezar a ver un camino que no es fácil de andar, más en un país con la situación del nuestro, donde hablar de la verdad genera tantos inconvenientes. Hoy después de este camino con la Comisión, nos sentimos satisfechos con la relación, la articulación y el respeto hacia líderes y lideresas que recibimos de parte de la Comisión y que permitió que este escenario se pudiera dar”.

Dentro de las principales maneras de resistir sobresalen el aprendizaje y la comunidad. El ejercer el liderazgo y ayudar a otros les ha permitido sanar, así como compartir su historia con otros y encontrar empatía en quien escucha. El trabajo previo en los espacios privados permitió recoger una diversidad de voces dentro de las cuales estuvieron líderes indígenas, afro, rrom, LGBTI+, líderes de personas en situación de discapacidad, adultos mayores, jóvenes y excombatientes. Este proceso le permite a la Comisión ampliar la resonancia de las historias y testimonios que ha escuchado hasta ahora.

Escuchar a las víctimas: sanar, resistir y no repetir

Finalmente, el proyecto multimedia que se presentará más adelante, busca dar cuenta de los impactos, las resistencias, y en especial de las historias de vida y afrontamiento de las víctimas que trabajan para que lo vivido por ellos no se repita. Este especial multimedia se divide en tres capítulos: 1) Escuchar para sanar, 2) Resistir para seguir y, 3) Para la paz, no repetir. Cada apartado es un recurso valioso que la sociedad debe conocer, compartir y procurar su entendimiento desde la perspectiva de las víctimas. El producto permite una valiosa y necesaria construcción de memoria que nos involucra como país y que sin duda contribuye en parte, a sanar las heridas de un pasado que nadie quiere que se vuelva a repetir.

En los capítulos relacionados con las recomendaciones para la no repetición el trabajo se centra en el papel, el relacionamiento y la incidencia que las mesas de víctimas tienen en los territorios. El componente multimedial tiene como insumo las historias de vida de quienes a pesar de las fuertes amenazas que padece el liderazgo social en Colombia siguen resistiendo y han decidido trabajar por la reivindicación de sus derechos. Son las historias de vida de personas que se convirtieron en líderes y lideresas cuando la violencia los tocó. Hoy a pesar de la persistencia de dinámicas violentas en su territorio se mantienen firmes con su ejemplo, con tenacidad enseñan a los demás que es posible seguir adelante.

 

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Gran parte del trabajo logrado con la Mesa Nacional de Víctimas fue posible gracias al apoyo de los representantes de los diferentes departamentos, a las personas valientes que compartieron su testimonio, al compromiso de un gran equipo de trabajo y a personas como Jhon Jairo Romero, representante de las víctimas en el exilio, quien estuvo al frente de muchos de los procesos particulares y que posibilitaron una entrega satisfactoria de los resultados.

El acuerdo concertado entre la MNV y la Comisión se centra en las víctimas y está dado en clave del legado de la Comisión; es vital para crear un relato que sea reconocido por la sociedad en general y que aporte a la construcción de memoria y país. Poner en el centro a las víctimas y amplificar sus relatos a través de escucha amplia y plural hace que los actores sociales, civiles e institucionales ratifiquen su compromiso en la tarea de visibilizar la historia y posibilitar recomendaciones para la no repetición.

Para el cierre de este proceso se unieron de manera expresa la Unidad de Víctimas y el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH). Ambas instituciones ratificaron su compromiso para con las víctimas y en especial con la preservación y construcción de memoria. Por último, mostraron su interés y reafirmaron la responsabilidad que tendrán frente al reto de sostenibilidad social que les queda una vez la Comisión termine su mandato.