Al terminar su bachillerato, Melissa inició un programa de pregrado en Biología en la Universidad de Antioquia, pero al cabo de 5 semestres resuelve hacer una pausa para comprometerse con el trabajo comunitario en las zonas rurales. Dicha decisión la conduce a integrar programas de escuelas campesinas de agroecología y organizaciones, tales como Manada Libre, la Corporación para la Investigación y el Ecodesarrollo Regional (CIER) y la Corporación Penca de Sábila.
Personas comprometidas con el cambio
Desde hace 3 años, Melissa realiza un acompañamiento técnico a familias campesinas productoras de alimentos agroecológicos, a través de la Red Colombiana de Agricultura Biológica – RECAB y ejerce la labor como coordinadora de la Casa Comunitaria de semillas criollas y nativas de Antioquia de la Red de Semillas libres de Antioquia. Así mismo, hace parte de movimientos y organizaciones de incidencia internacional, como lo son: el Movimiento Agroecológico de América Latina y el Caribe- MAELA, el Comité Internacional de Planificación para la Soberanía Alimentaria.

 

¿Cuál es el problema de las semillas hoy en Colombia?

El asunto de las semillas está muy ligado a los problemas de la tierra. Al desarraigo que han tenido los campesinos a sus tierras, sus conocimientos, sus saberes y sus prácticas.

La agroindustria se ha venido apoderando de grandes extensiones de tierra, porque los agentes de poder han decidido desde hace varias décadas, que las grandes corporaciones agroindustriales son quienes deben encargarse de la producción de nuestros alimentos y de su comercialización.

Se trata de un verdadero juego de ajedrez. Por ejemplo, los gobiernos al no velar por el desarrollo territorial (rutas, educación, agua, alcantarillado, etc.), impiden el normal funcionamiento del trabajo de los campesinos, obligándolos con el tiempo a vender sus tierras a grandes corporaciones. Esto sin duda acelera el proceso de privatización de los bienes naturales del país. La verdad es que en Colombia, como en muchas partes del mundo, se viene adelantando una violación acelerada a nuestros derechos de alimentación y de nutrición adecuada.

Recordemos que en la década de los 70, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), lanzó la llamada “Revolución Verde” (1), con el fin de reducir el hambre en el mundo. Este programa viene acompañado de una serie de recomendaciones nefastas para la agricultura tradicional a pequeña escala, como la adopción de tecnologías complejas, privilegio de monoculturas, uso de fertilizantes, pesticidas, fungicidas y nuevas técnicas para el almacenamiento y la conservación.

Esto abre naturalmente la puerta a toda la agroindustria, que se frota las manos y comienza un proceso de expansión acelerada, que termina invadiendo con sus productos comestibles ultraprocesados las redes de distribución. Como siempre, las personas de las zonas rurales son las más afectadas por este cambio de modelo, ya que la calidad de su alimentación se ve deteriorada.

Los beneficios que se buscan con este proceso, no son solo económicos, sino también de poder. Se privilegia entonces la instalación de estructuras de dominio en varios aspectos: semillas, trabajo de la tierra, alimentación, salud, acceso al capital, explotación minera y de material, etc.

¿Cómo surge la Red de Semillas?

La Red de Semillas nace de una necesidad, al ver cómo la agroindustria está acabando con la biodiversidad de Colombia y del planeta. De ver cómo la agroindustria viene homogeneizando nuestros comportamientos, nuestra relación con las otras personas y con la tierra; cómo las corporaciones se vienen apoderando de todo nuestro sistema alimentario.

Con la pérdida de una semilla, no solo se están perdiendo algunos productos esenciales de la canasta básica, sino que también se afectan nuestros sistemas tradicionales y toda la cadena natural: insectos, diversidad de especies nativas, algunas incluso no comestibles, que nos ayudan con el balance de los ecosistemas.

Cuando la agroindustria llega argumentando que si se quiere producir a mayor escala, se deben utilizar ciertas técnicas o insumos, llegan rompiendo y violentando tejidos ambientales y sociales que las comunidades habían venido construyendo a través de décadas, incluso siglos.

¿Quiénes son los custodios de semillas?

Son guardianes de la tierra, del agua, de su territorio. Con las semillas vienen ligados los saberes, toda una tradición, no sólo al nivel gastronómico, sino también cultural, de manejo de suelos y de conservación. Son líderes y lideresas dentro de sus comunidades, que se encargan, no solo de producir semillas, sino también de proteger una genética amplia de una especie. Por ejemplo 20 ó 50 variedades de una misma especie. Estos custodios también juegan un rol importante en sus comunidades, informando y llevando la palabra, generando reflexión, participando de los espacios campesinos (ferias, acciones comunales, etc.).

Los custodios son campesinos y campesinas, indígenas, población afrocolombiana, pescadores, pastores, personas que, dentro de estos espacios, quieren defender sus territorios y alimentar reflexiones profundas.

¿Quién hace parte de la Red de Semillas y cómo se puede acceder?

Como es un espacio tan amplio, a la Red de Semillas no solo entran personas o familias custodias de semillas. También pueden acceder organizaciones que vienen adelantando trabajos territoriales en diferentes áreas de protección del agua o de incidencia territorial; además de grupos de investigación de universidades. En términos generales, se entra bajo una misión, desde su quehacer: producción de semillas, comunicación, educación, producción, incidencia política, desde el mercado o la circulación de las semillas.

A pesar de ser una adhesión de carácter voluntario, los custodios de semillas, gracias al conocimiento de sus territorios, identifican y analizan agentes potenciales dentro de sus comunidades, que pueden ser integrados. Por ejemplo, si una persona está cultivando habas en una vereda de Guarne (Antioquia) y ya cuenta con 3 variedades, la podemos involucrar; quizás pueda desarrollar otras variedades, gracias a los conocimientos de la Red. Finalmente, con el tiempo, las personas de manera voluntaria se quedan o se van, porque esto es un trabajo, una labor que requiere un compromiso.

La Casa Comunitaria de semillas también hace parte de las economías campesinas y familiares porque cuando se le propone a un productor que, cultivando habas puede custodiar una cierta cantidad de variedades, también van a circular por una Casa de Semillas, con el fin de obtener cada vez una cosecha de habas que se le va a comprar, lo que les representa una gran oportunidad.

La mayoría de custodios de semillas son mujeres como consecuencia directa de lo que ha venido sucediendo en Colombia en las últimas décadas, pues los hombres han sido reclutados para hacer la guerra, para hacer el trabajo duro y, las mujeres, son las que se han encargado de alimentar las familias y de conservar la mayor variedad de semillas. Cabe anotar que el cuidado, la curia y la selección de las semillas es mucho más riguroso por parte de las mujeres.

¿Cómo se valida la calidad de una semilla?

En la Red de Semillas contamos con un instrumento de control de la calidad de las semillas criollas y nativas, llamado Sistema Participativo de Garantías (SPG). Su construcción, fue el fruto de un trabajo participativo y riguroso, que permite garantizar que las semillas criollas y nativas de nuestro país respondan a altos estándares de calidad.

El SPG también responde al hecho de que el modelo de certificación impulsado por el Estado, no considera la producción de semillas por parte de campesinos y, mucho menos, la producción de semillas agroecológicas. El Sistema se rige por un protocolo completo, con el cual evaluamos en cada una de las fincas custodio de semillas, los cinco criterios siguientes :

1. Que sea una semilla criolla y nativa;

2. Que sea una semilla de polinización abierta, es decir, que se pueda reproducir infinidad de veces;

3. Que sea una semilla NO transgénica. Esto lo verificamos con una prueba llamada Inmunstrip;

4. Que sea una semilla que esté acompañada por una Casa Comunitaria de Semillas y por un promotor de la Red;

5. Que la semilla responda favorablemente a pruebas de calidad física, fisiológica y sanitaria (Humedad, germinación, patógenos, etc.). Esto garantiza que las semillas que vienen del campo, no vayan a otros lugares con algún virus o bacteria que pueda afectar la producción y afectar la calidad de la semilla.

Para la comercialización de las semillas en Colombia, ya es una exigencia de nuestra parte que se pase por este sistema de calidad.

Estos parámetros se analizan una vez al año durante una visita de campo de un auditor, quien aprovecha de su paso por la finca para analizar otros factores en las fincas, tales como el compostaje, que no haya riesgo de cruzamiento por transgénicos o de contaminación por plaguicidas, pesticidas o fertilizantes.

¿Cómo interviene el Estado en el trabajo de la Red de Semillas?

La intervención del Estado se ejerce principalmente a través de la creación de normas y regulaciones en la producción y distribución de semillas. Por ejemplo, la resolución 970 (2), que buscaba regular la producción, el uso y la comercialización de semillas en Colombia; la cual, fue derogada gracias a la incidencia y presión que ejerció el movimiento social. Esta fue reemplazada por la resolución 3168 del 2015, y a pesar de que se transformó, sigue afectando a gran número de agricultores.

El Estado considera que las semillas criollas y nativas no tienen los estándares de calidad necesarios para ser comercializadas, ya que no tenemos certificación del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA). Por lo tanto, no podemos vender en las tiendas agrícolas, lo que nos impide tener una gran incidencia en el territorio. A pesar de esto, estamos habilitados para hacer circular las semillas, no porque nos lo permitan, sino porque desde las comunidades seguimos luchando por este derecho.

Afortunadamente, el 29 de diciembre de 2017, nació en Colombia la Resolución 464 de agricultura familiar, campesina y comunitaria. Que reconoce en una de sus lineamientos (3) las semillas del agricultor, el reconocimiento de las Casas Comunitarias de Semillas, el reconocimiento de los sistemas participativos de garantías, es decir, de calidad de las semillas criollas y nativas de Colombia. Gracias a esta resolución, podemos seguir haciendo circular nuestras semillas.

¿Qué piensas del trabajo que realiza la educación nacional en las zonas rurales ?

Considero que la educación nacional debería adaptar su pedagogía y sus programas a las necesidades de la vida rural. Es fundamental impulsar el desarrollo comunitario, territorial o la agricultura familiar. La vida rural tiene su propia dinámica, que se ha creado en gran parte, ante el abandono del Estado. Las personas ubicadas en las veredas han aprendido a estructurarse por sí mismas. Se tiene un sentido común, una apropiación de lo que pasa en sus comunidades. Por lo tanto, se organizan en “convites” (fiestas con comida y bebida) para labrar la tierra, recoger la cosecha, construir carreteras, viviendas o garantizar el aprovisionamiento de agua.

Semillas de resistencia

Para el Gobierno, el campesinado es visto únicamente desde la producción y con una visión tecnificada de la misma. Maquinaria, pesticidas, herbicidas. Y en caso de que éste no responda a dichos estándares, las comunidades se ven obligadas al desalojo y al despojo. Por otro lado, a través de la educación, el campesino debe prepararse para la vida en la ciudad, porque dicen que es allí donde está el futuro.

Hay gente que piensa que las personas del campo son ignorantes, que les falta conocimiento y que no saben expresar sus ideas. En términos de la forma puede parecer así, porque muchos de ellos han sido víctimas de las falencias estructurales del sistema que no les ha brindado acceso a una educación formal, pero en el fondo, tienen conocimientos muy profundos sobre sus territorios y sus comunidades.

¿Podrías proponer una conclusión a nuestra conversación?

Puedo finalizar afirmando que un grupo de organizaciones y de seres humanos, apasionados y comprometidos, viene adelantando una misión seria y estructurada, con el fin de preservar no solo la biodiversidad, sino también la calidad, la variedad y la autonomía de nuestra alimentación.

Esto lo estamos logrando gracias a la protección de nuestras semillas criollas y nativas, y a la preservación de los saberes de los campesinos, indígenas, afros, pescadores y pastores de nuestro país.

Referencias :

(1) Acerca de la Revolución Verde.

Fuente Wikipedia : https://es.wikipedia.org/wiki/Revoluci%C3%B3n_verde

“La adopción de una serie de prácticas y tecnologías, entre las que se incluyen la siembra de variedades de cereal (trigo, maíz y arroz, principalmente) más resistentes a los climas extremos y a las plagas, nuevos métodos de cultivo (incluyendo la mecanización), así como el uso de fertilizantes, plaguicidas y riego por irrigación, que posibilitaron alcanzar altos rendimientos productivos.”.

“La revolución verde obtuvo un gran éxito en el aumento de la producción, pero no se dio suficiente relevancia a la calidad nutricional, resultando en la expansión de variedades de cereales con proteínas de baja calidad y alto contenido en hidratos de carbono. Estos cultivos de cereales de alto rendimiento, ampliamente extendidos y predominantes en la actualidad en todo el mundo, presentan deficiencias en aminoácidos esenciales y un contenido desequilibrado de ácidos grasos esenciales, vitaminas, minerales y otros factores de calidad nutricional.”.

(2) Resolución 970 de 2010 del ICA

Fuente : ICA – Instituto Colombiano Agropecuario

La ley 970 permite a los agricultores guardar parte de su propia cosecha para usarla como semilla en una siembra futura, siempre y cuando (i) se trate de un agricultor con una extensión máxima de 5 hectáreas (es decir, un pequeño agricultor); (ii) la semilla provenga de una cosecha en que se haya usado una semilla legal; y (iii) se use solo para el consumo propio, no para comercializar. Esto significa nuevamente que todos están obligados a usar semilla certificada y que la reserva es un privilegio únicamente de los pequeños agricultores y bajo condiciones estrictas.

(3) Resolución 46, del 29 de diciembre de 2017

Fuente : https://www.minagricultura.gov.co/