Entrevista a Ailen de la Torre: un testimonio sensible y austero en la retina de la hermana de Tehuel.

 

Buenos Aires, WallMapu. Cuando llegué a la casa de Andrés de la Torre, el papá de Tehuel, él estaba preparando mezcla para completar una medianera, mientras que su hija Ailen lo acompañaba, durante una de las mañanas más frías del invierno en Buenos Aires. Llegué cerca de las diez de la mañana. El viaje desde la capital hasta Tristán Suárez me sumergió en un intenso recorrido en tren y varios colectivos. Desde Caballito a Liniers, pasando por Cañuelas hasta llegar a Tristán Suárez, formando una U interminable en la que, durante todo el viaje, vi por las distintas ventanillas, una neblina espesa flotando sobre los barrios de la ciudad y la arboleda espaciada del campo. Sobre el cielo gris una espesa niebla brotando de la tierra (tukur) me impedía ver la extensión de las líneas del territorio, los dedos enrojecidos palpitaban la llegada del sol cerca del mediodía. Ailen y Andrés no dudaron en hacerme pasar a su casa de inmediato. Ailen se sentó en el centro de la mesa y mientras yo iba acomodando la cámara y el micrófono en su ropa, le extendí las consignas de la entrevista por donde íbamos a pasar en nuestro encuentro y conversación. “Vamos a intentar sumergirnos en el recuerdo. Vamos a intentar documentar las escenas más significativas de la vida de Tehuel, sin obviar las escenas incómodas e injustas que debió padecer por ser quién era”, le advertí a Ailen, como preparándola para el camino que íbamos a recorrer. Antes que yo pudiera contextualizar cada interrogante nuevamente, Ailen ya había armado el relato en su cabeza y lo comenzó a pronunciar sin interrupciones durante exactamente una hora. De una en una, Ailen me mostró como si tuviera un álbum de fotos en sus manos, el pasado íntimo de Tehuel. Desde los juegos de la infancia, pasando por su pasión por los fierros y su constante imposibilidad para trabajar de lo que le quería, hasta llegar a su cumpleaños número 17. Un viaje hacia el pasado en medio del frío y la distancia del tiempo y el recuerdo que dibujó la presencia de Tehuel, como si estuviéramos ante un espejo, la observación precisa en los ojos de su hermana melliza.

Kiñe | Uno

La renuncia

“Yo cuando me enteré estaba trabajando. Hacía 12 horas que estaba trabajando. Trabajaba de noche. Entraba a las seis de la tarde y salía a las seis de la mañana. Me enteré un sábado a las ocho o nueve de la noche. Luciana me envió un mensaje preguntándome ‘¿Tehuel está allá en Suárez?’ ‘¡No! ¡Tehuel no está acá! ¡No está conmigo!’ ‘Publicá que se la busca, que desapareció’, algo así me dijo. Yo pensé que me estaba jodiendo. Cuando vi el estado de ella, ahí me di cuenta que era verdad y me empecé a preocupar. Le pregunté: Luciana, ‘¿qué pasó? ¡Contestame!’ Y no me contestaba. Me agarró mucha angustia. Yo estaba en el local. Y Luciana no me contestaba. Después me mandó un mensaje Ezequiel (mi hermano). ‘¿Che, no viste a Tehuel?’ ‘¡No! Me acabo de enterar que parece que no aparece. No sé nada’. ‘Si, parece que lleva tres días sin aparecer. Se fue el jueves y no volvió a aparecer’. Finalmente, Luciana me contestó, me trató de explicar. Y yo le pedí que vaya a hacer la denuncia”.

Desde el mes de diciembre (2020) que Tehuel no vivía más con su familia. Ailen me cuenta que ella no conocía a Luis Ramos (el principal sospechoso de la desaparición de Tehuel), que sólo Luciana lo había visto una vez y que no le había dado una buena impresión. Desde esa primera publicación en el estado del WhatsApp de Luciana hasta la actualidad, cuatro meses después, la vida de Ailen se convirtió en un camino vertiginoso e insaciable, que atenta contra su salud emocional todos los días.

“Yo vi los primeros rastrillajes por la tele, porque yo todavía estaba trabajando y le di un plazo a mi jefe hasta el 26, que era el día que cumplíamos años con Tehuel. ‘¡El 26 de marzo yo me voy! ¡Yo no trabajo más!’ Porque ya me agarraba angustia de ver todo lo que estaba pasando en la tele y yo no poder estar ahí, no me concentraba en el trabajo, me equivocaba todo el tiempo. Estaba trabajando lo más bien. Me amaban en la agencia, pero no podía seguir. Yo necesitaba irme, necesitaba seguir la causa de mi hermana, quería saber qué estaba pasando. Así que me vine para acá, me vine con Federico (mi otro hermano). Ese mismo 26 di una nota a Vero Lozano, conocí la casa de Ramos, conocí el lugar donde era. La verdad que me dio mucho miedo el lugar!”

Ailen me cuenta que desde los primeros días de la investigación comenzó a ver las manipulaciones y malas intenciones de los medios masivos de información. Concretamente la utilización de información falsa en detrimento de la angustia y la integridad de toda la familia de Tehuel. “El día que estábamos haciendo un rastrillaje en la laguna, Crónica TV publicó que se habían encontrado restos humanos en varias bolsas. Y nosotros estábamos ahí y nunca nadie sacó ninguna bolsa con nada”. Lentamente la vida de los familiares de Tehuel comenzó a ocupar un lugar público, en donde los días, inclusive más íntimos y especiales, eran atravesados por la exposición, la manipulación y la incertidumbre más confusa.

“No sabía si llorar, sentirme mal. Sabes lo mal que me sentí, sabiendo que era mi cumpleaños y que todos saludaban a Tehuel y que yo no tuviera lugar ahí. Es como que yo no entendía lo que estaba sucediendo. Me ponía re mal. Y algunos después me explicaron que no me saludaron porque no sabían que decirme, porque era una situación difícil venir a decirme ‘¡Feliz cumpleaños Ailen!’ ¡Lo entendí! Porque yo en ese momento veía todo lo de mi hermana, y no me veía yo. Cuando antes era Tehuel y yo. Al otro día cuando abrí las redes sociales, me saludaron todos, después de mi cumpleaños. Me pidieron disculpas por no haberme saludado antes, ‘pero no sabía si saludarte o no saludarte’. Hasta mi pareja no me saludó, sólo me puso una carita triste”.

Ailen De La Torre. Foto Gustavo Figueroa (Captura de video)

Epu | Dos

La confesión

“Recuerdo cuando cumplimos 17. Estaban mi hermana y mi hermano. Ese día fue el primer día que Tehuel se cortó el pelo. Ese día me acuerdo porque Tehuel se cortó el pelo y ya expresó definitivamente quién era. Ese día la pasamos muy bien. Bailamos entre nosotros. Comimos hamburguesas. Me acuerdo que vomitó toda la hamburguesa. Estuvimos con mis amigas. Charlamos, nos sacamos fotos. Pero ese día si me acuerdo porque se cortó el pelo y estaba re contenta. Al principio mi mamá no quería, porque tenía un pelo hermoso. Yo tengo una foto de mi hermana con pelo largo. Y estábamos con la expectativa de que si le iba a quedar bien o no le iba a quedar bien. No queríamos que se cortara el pelo y que después no le gustara. Se fue. Cuando volvió estaba hermosa. Estaba muy linda, muy contenta. Ya no le importaba nada. Yo creo que ese fue el día más feliz de Tehuel. Estaba muy contenta. Ya era ella y a partir de ahí ya nadie la paraba. Una vez que ya se liberó, a mi hermana ya no la paraba nadie. No me gustaría saber que no puedo ver nunca más esa carita. No me gustaría saber que el único recuerdo que me queda de ella es un mural con su rostro”.

Ailen recuerda cosas y se ríe, con la complicidad de haber visto directamente varias de estas escenas que tenían de protagonista a Tehuel ahí dentro de su casa, justo en el lugar donde estamos realizando la entrevista, que antes era la habitación de ella y Tehuel. Ailen recuerda cada una de las confesiones que compartió y transitó con Tehuel. Como si fuera una cronista meticulosa y detallista Ailen me cuenta frases concretas que la acompañan por estos días de ausencia ininterrumpida.

“Yo lo que recuerdo de la situación es que Tehuel agarra y me dice: ‘¡Estoy de novia!’ ‘¿Y con quién?’ ‘Pero no se si decirte’, me contestó. ‘¡Decime! ¡Dale, dale!’ ‘¿Quién es?’ ‘No es un varón. Es una mujer. A mi me gustan las mujeres’. ‘¿En serio?’ ‘Si, en serio’. ‘¡Es tu amiga!’, me dice. ‘¿Qué amiga?’ Porque yo no sabía que tenía una amiga lesbiana. Eran dos cosas que me enteraba en el mismo momento. ‘Nancy’, me dice. ‘¡Nancy!’ Yo me puse re contenta, porque Nancy la conocía y sabía que era re buena persona. Su familia también. Yo había ido a la casa, y son maravillosas personas. Me puse re contenta. Después se siguieron viendo. Y yo sabía que se veían. Primero me quedó esa frase: ‘¡Tu amiga!’ Y después me quedó la frase que me dijo: ‘no le digas nada a papá, cuando yo pueda le voy a decir’. ‘No yo no le voy a decir nada’. ‘Bueno, gracias hermana’, me dijo. Y me abrazó. Esa parte si me quedó. Creo que ahí yo le demostré la confianza, le demostré que tenía que confiar en mí en muchas cosas. Creo que por eso teníamos mucha confianza con Tehuel. No se lo dije a nadie. Yo actuaba como si todo fuera normal. Por eso te digo, para mí no es diferente, es una persona normal y corriente, de carne y hueso como todos. Yo actuaba normal. Mi viejo no sospechaba nada. Mi viejo supo cuando los cruzó ahí en la esquina. Tehuel estaba con Nancy. Nancy parecía un varoncito en ese momento. Tehuel seguía teniendo el pelo largo. Tehuel entró y se metió en la habitación, toda desesperada y no me dice nada. Yo estaba estudiando como siempre. Entra mi viejo todo enojado. Golpea la puerta. Se sienta acá y llama a Tehuel y Abril (mi otra hermana). ‘Vengan ustedes dos para acá`. Tehuel y Abril me miraban a mi para ver si yo decía algo, pero yo no sabía lo que estaba pasando. Y mi viejo dice: ‘¿quién era el chabon con el qué estabas ahí?’. La vieron, pensé yo. Y Tehuel no decía nada, y antes que yo dijera algo, mi hermana le dice: ‘no es un varón. Es una mujer’. Mi viejo parece que le habían tirado un balde con agua fría. No lo tomó nada bien. Al principio no lo tomó nada bien. Así se enteró mi viejo, de prepo. Pero después con el tiempo lo aceptó. ¡Es la hija! Sólo que mi viejo nunca le dijo hijo, siempre le dijo hija. Yo le decía Teu en público”.

Kvla | Tres

El resguardo

Sin duda, Ailen y Tehuel siempre mantuvieron un vínculo especial como familia, pero también de amistad, un vínculo diferente al resto de los hermanos (9 en total). Ailen fue la primera persona en escuchar varias de las confesiones que tenía que guardarse Tehuel para sobrevivir en un mundo que constantemente la hostigaba. “Tehuel no tiene muchas amistades. Pero las pocas amistades que tiene son fieles. Mucha gente que conoció se la presenté yo, eran amigas mías”. En muchos fragmentos del relato de Ailen se puede percibir la preocupación y el resguardo considerable de Ailen hacia Tehuel.

“Algo que más recuerdo de Tehuel y que lamento mucho, que me puso muy mal y que nos pusimos las dos a llorar cuando lo supimos, fue cuando le dijeron que nunca más iba a poder jugar al fútbol, por el tema de la rodilla. No sé como fue el tema, no sé cómo pasó, yo sólo sé que fue a jugar y parece que le sacaron la rodilla de lugar. No sé muy bien como fue el tema porque en ese momento Tehuel no estaba con nosotros. Creo que estaba ya dónde Norma (la madre de Tehuel). Y yo me enteré después, al ver una foto en donde Tehuel tenía la rodilla hinchada. Y supimos que Tehuel no iba a jugar nunca más, a menos que se operara. Corría dos metros y se le salía la rodilla. ¡No podía jugar más! ¿Sabes lo qué era, mirarla y de pronto ver como se ponía triste por eso? Tuvo que vender sus botines, sus tobilleras, todo. Yo creo que eso fue una de las cosas que más la deprimió a mi hermana y es un recuerdo bastante triste para las dos, porque yo amo verla jugar. Creo que me apasiona verla jugar. Creo que la veo jugar y me dan ganas a mí de jugar. ¡Con nadie me pasa! Mirá que he visto jugar mucha gente, pero la veo a ella y quiero jugar. Yo con Tehuel, jugamos las dos, en la cancha, hasta que un día no me acuerdo qué pasó, me tocó atajar a mi. Yo me quedé como arquera y Tehuel como futbolista. Jugamos todo hasta que a mi me salieron quistes en las muñecas, que se me inflamaron, y me salieron como unos huevitos. Yo no me quería hacer operar, porque yo sabía que si me sacaban (del equipo) a mí, también sacaban a mi hermana. Y yo no quería que pase eso. El médico me dijo: ‘o te operas o no jugas más’. Y claro, como yo lo ocultaba con los guantes, nadie se daba cuenta, pero a la hora de atajar yo atajaba la pelota con el cuerpo, porque no podía con las muñecas. La atajaba con la cara si era necesario, pero no con las manos porque me dolía. Y Tehuel se dio cuenta, me preguntó, le conté. Y me dijo que no podía seguir así. Yo me puse re triste, pero ella igual siguió. Siguió hasta donde pudo porque después le pasó eso en la rodilla y no pudo seguir. Pero me encantaba verla vestida como jugadora de fútbol. Me encanta hasta el día de hoy. La recuerdo así y me apasiona. Hay muchas cosas que Tehuel quería ser.”

La bronca de Ailen pasa por muchos lugares y personas diferentes. Ailen siente bronca por las miserables intenciones de los medios masivos de información, que con tal de ganar un par de puntos de rating son capaces de hacer llorar a su padre. Y a la vez Ailen tiene bronca con su madre porque nunca estuvo, porque las abandonó y porque en esta última etapa de vínculo tampoco pudo entender a Tehuel. Ailen siente bronca con muchas personas que la señalaron y sostuvieron de forma infundada que ella, su hermana, le faltaba el respeto a Tehuel, desconociendo toda una vida acompañándose, como reflejos de una misma sombra, de una misma historia. Aunque Ailen siente bronca fundamentalmente por el proceso judicial, por saber que en la causa prácticamente no hay nada y porque continuamente los escenarios de búsqueda son los que determinan a Tehuel como una persona que ya no está con vida, obviando talleres clandestinos, chacras, campos de confinamiento utilizados para trata de personas con fines de explotación sexual y laboral.

Tehuel y Ailen niñas. Foto Gustavo Figueroa (Captura de video)

Meli | Cuatro

“¿Alguien se puso a pensar por qué Tehuel no podía salir al mundo?”

“A Tehuel le pasó de confiar en una lacra como esa y no sabemos qué pasó. No sabemos si está o no está. Yo no lo sé. Yo como hermana melliza, siento que mi hermana todavía está. Bien no está, pero está. Todavía está entre nosotros, cuando yo hablo entre nosotros me refiero que todavía está acá, pero no está bien. ¿Cómo sé que mi hermana está bien? Porque yo estoy bien. Cuando yo sé que mi hermana esta mal me agarra mucho cosquilleo en la panza, ando alterada, enojada, muy violenta. Y eso me pasa últimamente. Así estoy. Mi pareja más que nada te lo puede decir.”

Más de una vez Ailen le pasó dinero a Tehuel y Tehuel hizo lo propio con su hermana. Mantenían ese código, por lo que Ailen era consciente de la situación apremiante en la que vivía económica y laboralmente Tehuel. Ailen reconoce que Tehuel tuvo que convivir con la frustración y rebuscársela con emprendimientos propios y trabajos en negro. Las últimas semanas, antes de su desaparición, Tehuel salía a vender las rosquitas dulces que hacía su compañera Luciana.

“Se sentía mal y enojada por eso. Que I. (el hijo de Luciana) estaba por comenzar el jardín, Tehuel sin trabajo, la madre molestando para que vaya a trabajar. Y yo creo que eso le jugó una mala pasada a Tehuel. Está bien, hay trabajo de todo tipo, pero vos no sabés si ese trabajo está bien, porque sabemos que hay muchos trabajos que han ido a la entrevista y terminó siendo todo lo contrario. Yo creo que en la desesperación no midió eso, ella se mandó. Y al final terminó resultando lo que terminó resultando. Hoy en día mi hermana no aparece, los detenidos se niegan a declarar. Creo que yo no mandaría a alguien a trabajar sin que vaya al lado, alguien a ver. Cuando tuve que entrar a la agencia para trabajar, mi pareja me acompañó. Yo le dije: ‘yo no voy a ningún lado si vos no me acompañas’. Él vino conmigo, no me dejó sola. Yo creo que Tehuel necesitó alguien así. En vez de insistir con: ‘¡anda a trabajar! ¡Anda a trabajar!’ ¡Acompáñala! ¡Acompáñala a la entrevista de trabajo!”.

El historial de violencia hacia la vida e identidad de Tehuel es proporcional a la ausencia del Estado y la falta de políticas para tratar los abusos y las agresiones homofóbicas que habitan en todos los ámbitos sociales de la Argentina. A Tehuel lo violentaron y despreciaron en espacios institucionales (espacios de formación), en la vía pública y en los ámbitos laborales. Tehuel no podía salir solo a la calle, y si salía sabía que iba a sufrir algún tipo de opresión, agresión o maltrato por el sólo hecho de ser quien era. Tehuel no podía transitar por lugares específicos, ni en horarios específicos. Tehuel no podía andar de noche solo. ¿A cuántas personas en la actualidad, dentro de la Argentina, les ha sido negada hasta la luz del sol en una plaza, como si cargaran con una condena irrebatible, inexplicable, infundada e injusta? ¿Cuántas personas como Tehuel deben convivir con los resquicios miserables de personas deshumanizadas?

“Por eso nunca la juzgué, porque todos decían que Tehuel era muy vaga. ¡No! Tendrá sus motivos. Todos tenemos nuestros motivos porque no queremos ir a trabajar. Hoy en día todos te lo pueden decir, tengo miedo de que me pase algo y no volver, de la misma forma que no quiero ir a pasear por los mismos motivos. A mi hermana nunca la juzgué porque sabía que trabajaba. Lo que tiene Tehuel es que te trabajaba de lo que le gusta. Si vos la mandas a una panadería no te va, si vos la mandas a lavar ropa no te va, la mandas a donde sea no te va, pero la mandas a arreglar un auto y va enseguida, la mandas a una moto va enseguida también. Le encanta. Le encanta el fierro. Entonces, es como yo digo, capaz que Tehuel estaba buscando algo que a ella le gustara. Pero ¿qué pasaba? Por ser trans no la querían. ‘No te podemos aceptar porque vos sos trans o porque vos sos esto’. Yo creo que eso le pasaba a Tehuel: no podía conseguir trabajo de lo que ella quería. Le gustaba ser repositor, le encantaba el supermercado, pero no, porque daba una mala imagen según la gente. Entonces son esas cosas que a Tehuel la deprimían y la tenían mal, pero nadie la entendía más que yo, mi familia hasta ahí nomas, Luciana y nadie más. En cambio la doña (la madre), que la mandaba a trabajar, nunca se puso a pensar en eso, en por qué Tehuel no consiguió trabajo. ¿Alguien se puso a pensar dos segundos porque Tehuel no conseguía trabajo? ¿O por qué Tehuel no podía salir al mundo? Porque era trans. Yo creo que eso la tenía mal a Tehuel, que no la respeten tal cual es, de saber que cada vez que salía a la calle le decían ‘¡torta!’ Un montón de insultos le decían a mi hermana. Lo sé y lo viví cuando se lo decían y te da mucha impotencia porque no sabes como reaccionar. Tratas de hacerle entender a la gente que es algo normal, pero no, para ellos no es algo normal. Y yo creo que somos todos seres humanos. Con un lunar acá, con una cicatriz en este otro lugar, lo que sea. ¡Somos todos seres humanos! ¡No somos diferentes! Todos tenemos lo mismo. Yo creo que Tehuel trató de hacer entender ésto y no pudo. Muchos creen que estas lacras le hicieron ésto a mi hermana por odio, por lo que Tehuel es. Puede ser. No lo descarto, pero más allá de que lo hayan hecho por eso o no, las cosas se las hicieron. Y a mí me gustaría que hablaran, que no me digan que le hicieron y dónde está, pero por lo menos que me den la certeza de que está viva y de que la puedo buscar. Donde sea, yo la voy a buscar”.

La noche anterior a la entrevista prácticamente Ailen no durmió. Y ya son muchas las noches que su mente y cuerpo habitan en un estado de alerta constante. Y ya van cuatro meses de esta situación apremiante. Mientras termino de escribir esta crónica pienso en otras familias que han atravesado por la misma situación y como se han tenido que gastar hasta el último mango para buscar a su ser querido, conviviendo con la incertidumbre constante, sin que los organismos responsables de dar una respuesta puedan expresar un mínimo gesto de empatía. El Estado nacional nunca pudo contener el historial de violencia que era ejecutado sobre la vida de Tehuel y ahora ese mismo Estado se muestra incapaz de custodiar la integridad y el bienestar de una familia que padece en el cuerpo lo mismo que ha padecido Tehuel toda la vida.

“Yo no tengo ni siquiera esa tranquilidad. A veces me pasa que estoy comiendo y no se si ella está comiendo. O si estoy durmiendo no puedo dormir bien, porque no sé si mi hermana duerme. Doy unas de vueltas en mi cama. ¡No puedo dormir! Aunque esté mi pareja al lado. ¡Nada me da tranquilidad! A mí me gustaría tener esa tranquilidad de saber que está viva. Aunque me lleve los años que me lleve, yo la voy a buscar. Pero necesito tener la tranquilidad de saber que está viva, porque por más que yo la esté sintiendo, yo no sé si la estoy sintiendo bien. Por eso quiero que por lo menos nos digan eso, si está viva o no”.


Primera parte del relato audiovisual

 

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