[Recientemente se ha publicado el libro de Alberto Tena Camporesi, Los orígenes revolucionarios de la renta básica. Textos de Thomas Paine y Thomas Spence del último tercio del siglo XVII, de Postmetropolis Editorial. Una traducción y estudio de cuatro textos escritos entre 1775 y 1797 de Thomas Paine (Amicus y Justicia agraria) y Thomas Spence (Propiedad de la tierra, derecho de todos y Los derechos de los infantes) donde podemos encontrar algunas de las primeras referencias de la idea de Renta Básica Universal. Este texto es una invitación a la lectura y a los debates que podemos encontrar en el libro.]En ocasiones se ha considerado la idea de la Renta Básica cómo una propuesta o una idea exclusivamente propia de los años 80, el declive de la hegemonía socialdemócrata y el apogeo del neoliberalismo. La RB, promocionando una idea de libertad individual, apegada exclusivamente a un marco monetario y descentrando las relaciones laborales como lugar privilegiado donde es posible negociar y conseguir ingresos, reflejaría una serie de valores e ideas inherentes a este momento histórico. Que Milton Friedman hubiera desarrollado una propuesta similar a la RB -llamada “Impuesto negativo sobre la renta”- en los años 60 solo estaría confirmando esta percepción. No es casualidad que los círculos del llamado “marxismo analítico”, también en auge durante esos años, hayan sido muchas veces considerados con argumentos similares. Siendo a la vez uno de los espacios intelectuales donde con más sistematicidad se ha estudiado la posibilidad de una RB desde una perspectiva emancipatoria.

Es completamente cierto que es durante los años 80 cuando el concepto “Basic Income/Renta Básica” aparece con esas palabras específicamente, y que se va asentando así como la referencia fundamental capaz de sintetizar el contenido propositivo de la propuesta. Los debates en torno a la Teoría de la Justicia de Rawls y los diferentes desarrollos del “marxismo analítico” durante esa década, son el contexto de debates clave que ayuda a instalar “Renta Básica” como un concepto clave que discutir a distintos niveles. Aunque las áreas de discusión sobre la RB más conocidas tienen que ver con su deseabilidad ética, su viabilidad técnica y económica o su factibilidad política, en estos años va a apareciendo poco a poco también la pregunta por la existencia de una “historia” de la RB. ¿Esta propuesta tiene un pasado que podemos contar? ¿Hay algo que la pregunta historiográfica nos puede ayudar a pensar su potencial político hoy? Aunque no inmediatamente, y ya bien entrados los años 90, comenzará a asentarse la idea de que hay un personaje clave en esta historia que es posible situar al “origen” de la propuesta: Thomas Paine. Un conocido revolucionario y filósofo político del siglo XVIII, que inmerso en las discusiones de la Francia revolucionaria, escribió un panfleto muy particular en 1797: Justicia agraria.

Un texto durante mucho tiempo considerado menor dentro de su producción -Paine había escrito ya en ese momento dos de los mayores best sellers de la historia del pensamiento político, Sentido Común y Derechos del hombre– pero que en los últimos años se ha terminado por establecerse como la referencia fundamental del “origen” de la propuesta. Sin ser el primero en hacerlo, Piketty en su reciente libro de Capital e Ideología retoma explícitamente Justicia agrariapara construir su propuesta de redistribución del patrimonio en forma de un “capital básico” para todas las personas que lleguen a los 25 años. En el reciente y polémico informe “España 2050” aparece una propuesta de “Herencia pública universal”, y en las notas a pie de páginas se hace referencia al libro Inequality: What can be done? (2015) de Tony Atkinson. En ese libro Atkinson abre su epígrafe “Herencia para todos” haciendo referencia también a Justicia agraria de Paine. En realidad, cómo he explicado en esta misma revista, Paine no era la primera vez que hablaba de esta propuesta, y es posible rastrear la misma idea hasta al menos 20 años antes, en 1775, cuando Paine acababa de llegar a Filadelfia desde Inglaterra. Firmando un brevísimo artículo como Amicus ya esbozaba las líneas maestras de lo que luego desarrollará en Justicia agraria. Paine provenía de una familia quáquera, una de las innumerables sectas protestantes que desde el siglo XVII poblaban Inglaterra con posturas disidentes con la iglesia oficial. Consideradas en parte herederas de otros grupos igualitaristas, más conocidos por la historiografía sobre mediados del siglo XVII, como los Ranters, Levellers, o Diggers (o True Levellers), promulgaban una visión comunitarista con respecto a la propiedad de la tierra. Estos escritos de Paine son en realidad explícitamente una propuesta para devolver de alguna manera la propiedad original que Dios había otorgado a todas las personas en forma de propiedad común.

Aunque el pasar del tiempo -y los conflictos en el seno de la revolución- habían hecho difícil volver inmediatamente a esta forma primera -y justa a los ojos de Dios- de propiedad, toda la humanidad tenía derecho a ser recompensada de alguna manera por esta pérdida. Paine idea en 1797 un sistema en el que, a través de un impuesto de sucesiones, pueda financiarse un “capital básico” para los más jóvenes y una pensión para los mayores. La “universalidad” de la propuesta se deriva de esta “universalidad” de la propiedad común de la tierra que Dios ha otorgado a la humanidad y del derecho de todas las personas de beneficiarse de sus frutos. Los debates revolucionarios sobre la cuestión de la propiedad que se estaban teniendo en ese momento en Francia dieron el contexto perfecto para que Paine consiguiera articular esta idea con una propuesta técnica específica.

¿Pero si la propuesta de Paine era de un “Capital básico”, donde aparece concretamente la idea de “Renta básica”?

Cuando Paine publicó Justicia agraria estaba en París, pero en Inglaterra era ya un referente fundamental de lo que se ha llamado el radicalismo popular inglés, especialmente desde su publicación Derechos del hombre (1791-1792). Entre sus seguidores había un maestro de escuela inglés, proveniente de la nórdica ciudad de Newcastle upon Tyne, llamado Thomas Spence. Proveniente de una familia “presbiteriana”, otra de estas sectas protestantes “disidentes” de la época, Spence había dedicado gran parte de su vida a escribir y publicar panfletos proclamando también la necesidad de un nuevo sistema que permitiera devolver la propiedad común de la tierra otorgada por Dios a toda la humanidad. Spence, tras leer Justicia agraria y percibir un compromiso inaceptable con los terratenientes -Paine proponía únicamente “recuperar” un 10% de su valor para el común en el momento de la “herencia”- tomó la decisión de publicar ese mismo año Los derechos de los infantes: un panfleto en forma de diálogo entre una mujer y un aristócrata, donde ella, revindicando el derecho a la existencia de todos los “infantes”, reclama que las tierras vuelvan a ser propiedad de las parroquias locales y que con los beneficios de arrendar estas tierras a los campesinos se financien todos los gastos comunes, incluyendo una renta básica universal.

En realidad, Spence llevaba los últimos 20 años publicando diferentes versiones de este mismo plan, en forma de pequeños cuentos, poemas, y sobre todo, panfletos políticos. Su “debut” había sido 20 años antes ante la Sociedad Filosófica de Newcastle con un discurso titulado Propiedad de la tierra, derecho de todos. La “sociedad” era un club de debate de la ciudad donde se abordaban diferentes temas espinosos del ámbito nacional y local. En los años 70 del siglo XVIII Newcastle estaba atravesado por una serie de conflictos políticos y económicos que Spence había vivido muy de cerca. En esos años la ciudad estaba discutiendo sobre los procesos de “cercamientos” de tierra que estaban empezando a darse sobre las tierras comunales de la ciudad en el área de “Town Moor”. A nivel nacional esto estaba pasando además dentro del clima de conflictividad social que había impulsado un conocido editor y político llamado “John Wilkes”. Bajo el lema “Wilkes and Liberty” se habían aglutinado toda una serie de demandas dispersas relacionadas con derechos políticos. Es intentando dar respuesta a muchos de estos problemas que Spence proclamó Propiedad de la tierra, derechos de todos.

Aunque la distancia, los problemas, y la propia configuración del mundo son lo suficientemente distantes para pensar que podamos estar incurriendo en alguna forma de anacronismo al vislumbrar la propuesta de la “Renta básica” a finales del siglo XVIII, la realidad es que hay algo de ese mundo que sigue apareciendo ante nosotros bien entrado el siglo XXI. No es casualidad que las discusiones sobre “Speenhamland”, la reforma de las Leyes de pobres que se estaba dando en el mismo momento en el que se escribían estos textos y que promulgó por primera vez el “derecho a la vida”, sigan apareciendo cada vez que la idea de “Renta básica” emerge en un nuestro debate público. El último cuarto del siglo XVIII es todavía un mundo en “transición”. El capitalismo y los conceptos políticos fundamentales de la modernidad están solo empezando a configurar el mundo tal y cómo lo conocemos ahora. En este contexto las propuestas de Paine y de Spence, que hoy reconocemos con el nombre de “Renta básica”, eran una forma de asegurar y defender formas comunitarias de gestión de la propiedad de la tierra, el recurso elemental para poder asegurar la reproducción de la vida de forma independiente y libre.

Cuarenta años después de que el Colectivo Charles Fourier escribiera uno de los artículos fundacionales del interés contemporáneo por la RB “L’allocation universelle: une idée pour vivre autrement ?” (1984), parecería que estamos empezando a ver las primeras grietas consistentes en el pensamiento político y económico del neoliberalismo global. Reflexionar e incorporar de alguna manera a los debates y propuesta de RB la retórica comunitarista de la tradición de disidencia protestante inglesa, asentada bajo el revolucionario lenguaje de “los derechos”, puede ayudarnos tanto a alejarnos de ideas simplistas de la “libertad individual”, como a proyectar hacia el futuro la idea de una RB como espacio de resistencia de lo común frente a los envites del capitalismo contemporáneo.

 

Alberto Tena es politólogo, especialista en políticas públicas y renta básica y doctorando en la Universidad Autónoma Metropolitana de México.

El artículo original se puede leer aquí