Eliminar la Discriminación Racial

Igualdad para vivir, diversidad para convivir

Es generalizada la consideración de que el concepto de «raza» y su aplicación a grupos humanos surge inicialmente a  finales del siglo XV, manifestándose con enorme potencia en el siglo XIX, cuando el término comenzó a utilizarse con un sentido fuertemente degradatorio, con justificaciones biológicas, culturales y morales.

El estado de la ciencia epocal sostuvo la desigualdad de los seres humanos, en un mundo direccionado por el desarrollo del capitalismo, en el que los africanos eran esclavizados; los indígenas sometidos y/o exterminados; los blancos pobres europeos fuertemente explotados.

La justificación científica de la desigualdad racial basada en la superioridad biológica e intelectual del hombre blanco tuvo una enorme influencia en tiempos de cambios entre las sociedades feudales y las burguesías que accedían al poder. Ramas de la ciencia basadas en el análisis racial comparado anatómico y fisiológico, como la antropométrica, la fisiognómica, la frenología y la craneometría,   «aportaron el conocimiento» que permitía clasificar supuestas razas bajo el criterio de la superioridad natural de unas sobre otras.

Hechos puntuales ilustran una época de profunda naturalización de la discriminación racial.

En el siglo pasado en 1906 en el zoológico del Bronx en Nueva York se expondrá públicamente a Ota Benga, una persona pigmea capturada de África  al mejor estilo esclavista, luego exhibida como una atracción  que  supuestamente  representaba el camino cursado,  entre  la evolución de  los monos y los europeos. En 1911 la edición número 14 de la Enciclopedia Británica adoptó claramente una ideología racista, al afirmar en sus páginas que «el negro es intelectualmente inferior al caucásico«. Son tiempos donde se despliega la teoría de la raza nórdica «la especie más evolucionada de los caucásicos». Esta categoría incluye solamente a ingleses, norteamericanos y alemanes. Estamos a las puertas del nazismo, que justificara el exterminio de diversas minorías europeas durante la Segunda Guerra Mundial basándose en la declamada superioridad racial

El 21 de marzo de 1960 en Sharpeville, Sudáfrica, la policía disparó contra los manifestantes que protestaban de forma pacífica contra la ley de pases del apartheid que se practicaba en esa época y mató a 69 personas. Seis años después la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), proclamó al día 21 de marzo de cada año como el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, instando a la comunidad internacional a redoblar sus esfuerzos para eliminar todas las formas de discriminación racial.

Aunque el apartheid dejó de regir legalmente en Zimbabue en 1979 y en Sudáfrica y Namibia en 1992, nunca fue desmantelado. Aún persiste básicamente por una estructura económica que perpetúa las desigualdades arraigadas en la riqueza: el gobierno sudafricano dejó gran parte de las tierras y otros activos en manos de una élite predominantemente blanca, como parte del precio negociado para terminar con el apartheid sin una guerra civil. Para lograr que el Partido Nacional consintiera las elecciones, el Congreso Nacional Africano (CNA) renunció a que se transfirieran a la gran mayoría negra tierras en control de la minoría blanca.

Superar el legado de explotación colonial, acabar con la opresión racial y romper el aislamiento global en que se encontraba Sudáfrica, implicaba transformar una economía elitista y extractivista, creando nuevos modelos equitativos e inclusivos, fortaleciendo sectores como los servicios, el turismo y la agricultura, rompiendo con la distribución geográfica que segregaba a la población negra (lo que no ha cambiado).

Hoy en día en Sudáfrica el diez por ciento de los sudafricanos —la mayoría de ese porcentaje son blancos— posee más del 90 por ciento de la riqueza nacional, mientras que casi el 80 por ciento de la población —predominantemente negra— no posee nada. Para no inquietar a los inversionistas internacionales, no hubo transferencias de tierra a gran escala porque se podía asustar a los mercados y esto podría dañar la calificación crediticia de Sudáfrica.

Actualmente millones de sudafricanos negros no tienen acceso al capital necesario para emprender un negocio o un proyecto socioproductivo, en un país que mantiene una estructura histórica que no responde a las necesidades de una sociedad democrática. Aunque la clase media negra se ha duplicado, en la sociedad sudafricana menos de la mitad de la población en edad laboral cuenta con los beneficios de un empleo formal. Se podría creer que el sistema capitalista funciona, pero en la realidad esto es así solo para beneficio de quienes lo dirigen.

En los Estados Unidos, en los años 50 y 60 del siglo pasado , la  autoorganización  de cientos de miles de mujeres y hombres,  las marchas masivas, las enormes protestas y acciones basadas en la lucha no violenta encabezada por Martin Luther King, derrotaron a la doctrina de «iguales pero separados» (1954), lograron poner fin a los impedimentos para votar de los afroamericanos (1965) y  terminaron con la prohibición de la realización de matrimonios interraciales (1967).  A inicios de los años 70,  con el fin de los últimos vestigios de discriminación racial en el trasporte público y la abolición de las llamadas “universidades negras”, se puede decir que la lucha contra el racismo legal en EE.UU, estaba ganada, pero la lucha contra el racismo social, cultural, económico sigue en pie.

En el 2020, millones de personas —en su mayoría jóvenes— en todo el mundo se manifestaron en un apoyo masivo a las marchas de Black Lives Matter—las vidas de los negros importan—, para protestar contra la injusticia racial y reaccionando ante el caso del asesinato de George Floyd en Minneapolis, Minnesota, Estados Unidos.

En el contexto de la pandemia por COVID-19, cuando el virus comenzó a propagarse a principios de 2020, se desató una pandemia paralela de odio, violencia y miedo contra ciertas etnias y nacionalidades. Se hizo evidente con las restricciones y el confinamiento en muchos países, que las graves desigualdades están arraigadas en el racismo y ponen a las minorías en un mayor riesgo de infección y muerte.

Pese a que en muchos países se han suprimido leyes y prácticas racistas existen en el planeta importantes muestras de este flagelo, naciones enteras ven incrementados sus índices de intolerancia, xenofobia, racismo, discriminación racial y otras prácticas discriminatorias son frecuentes, especialmente contra los migrantes, refugiados y los afrodescendientes.

Así como la desigualdad social se ha ampliado en forma acelerada en este siglo, ante la acumulación desmedida de riqueza en pocas manos y el empobrecimiento de grandes conjuntos humanos, ha sido notorio el aumento de los movimientos neofascistas, populistas nacionalistas y las ideologías de supremacía extrema los cuales tienen en común su sesgo racista y su incitación al odio, en particular, en el contexto de la migración. En todas las regiones, muchos individuos, comunidades y sociedades sufren de la injusticia que el racismo y el estigma traen consigo.

“El racismo engloba las ideologías racistas, las actitudes fundadas en los prejuicios raciales, los comportamientos discriminatorios, las disposiciones estructurales y las prácticas institucionalizadas que provocan la desigualdad racial, así como la idea falaz de que las relaciones discriminatorias entre grupos son moral y científicamente justificables; se manifiesta por medio de disposiciones legislativas o reglamentarias y prácticas discriminatorias, así como por medio de creencias y actos antisociales; obstaculiza el desenvolvimiento de sus víctimas, pervierte a quienes lo ponen en práctica, divide a las naciones en su propio seno, constituye un obstáculo para la cooperación internacional y crea tensiones políticas entre los pueblos; es contrario a los principios fundamentales del derecho internacional y, por consiguiente, perturba gravemente la paz y la seguridad internacionales”. Declaración sobre la raza y los prejuicios raciales. 27 -11 1978. UNESCO

Las y los humanistas somos conscientes que con la pandemia por COVID-19 el impacto económico sobre las poblaciones más discriminadas ha sido mucho mayor, por un aumento de la discriminación racial, por la interrupción de su educación, por la reducción de fuentes de empleo y una limitada capacidad para participar en la vida pública, lo que obstaculiza su capacidad de desarrollo individual y social.

Para las y los humanistas, luchar contra el racismo implica fomentar una cultura mundial de tolerancia, igualdad y antidiscriminación, no solo contra los prejuicios raciales y las actitudes intolerantes, sino contra toda forma de violencia perpetuada en estructuras políticas, sociales y económicas que justifican la desigualdad.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos (documento oficial y fundacional de la Internacional Humanista), proclama en su artículo 1º que todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y el artículo 2º afirma que toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza o de cualquier otra índole.

Las y los humanistas sabemos que la discriminación racial es violencia y desde el Documento Humanista se plantea que “Todas las formas de violencia física, económica, racial, religiosa, sexual e ideológica, merced a las cuales se ha trabado el progreso humano, repugnan a los humanistas. Toda forma de discriminación manifiesta o larvada, es un motivo de denuncia para los humanistas”.

El Partido Humanista Internacional (PHI) denuncia al antihumanismo como promotor del prejuicio racial y las posturas racistas que se aprovechan del pasado colonialista de la prehistoria humana y están vinculadas a las desigualdades de poder, ya que justifican esas desigualdades económicas y sociales existentes, explotan el malestar de las grandes poblaciones y crean falsos culpables en “lo diferente”, para así desviar la atención del racismo estructural del sistema capitalista.

 

“Nada por encima del ser humano y
ningún ser humano por debajo de otro””

Documento Humanista (Silo, 1994)

 

Equipo de Coordinación Internacional

Federación de Partidos Humanistas

 

 

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