El rechazo o la desconfianza hacia lo nuclear es un sentimiento bastante extendido. “Nuclear no” rechaza tanto la vertiente armamentista como a la energía nuclear de uso civil. Pero respecto de esta última, más que un no solido se trata de la preferencia de que la pongan lejos. «La central o el cementerio nuclear en mi pueblo no. Mejor en algún paramo de Castilla, en una mina abandonada, o en un lugar desértico de África». Pero para alcanzar el horizonte 2050 es preciso informarse y definirse.

 

Entorno a lo nuclear hay polémica, ingenuidad conceptual y muchos intereses contrapuestos. Tanto en el ciudadano como en nuestros gobiernos. Poderosos intereses presionan a unos y otros, compran voluntades y sesgan los resultados de comités científicos.

En Europa, pese al cerrojazo que Alemania dio a sus centrales, la energía nuclear produce todavía más de una cuarta parte de la electricidad que consumimos. De los 27 países de la Unión, hay un pool de trece países con un centenar de reactores nucleares en funcionamiento. Algunas de estas centrales están “creciendo” porque se les añade un reactor más (de la llamada tercera generación) o en proceso de actualización para extender su vida útil.

En cuanto a las presiones, de cara a la agenda ambiental 2050 de la UE para alcanzar el objetivo de cero emisiones de carbono y el 100% de energías alternativas, los 27 han incluido la energía nuclear en el paquete de energías de transición o “sostenibles”. Recientemente la industria nuclear europea, a través de su lobby Foratom, ha presionado para que la UE otorgue la etiqueta de ”ecológica” a la energía nuclear y esta pueda recibir inversiones millonarias cara al objetivo de 2050. Fundamentan su presión en que expertos de la propia Comisión Europea ha resuelto que “la energía nuclear no hace más daño a la salud humana ni al medioambiente que cualquier otra tecnología de producción energética considerada como sostenible y ya incluida en esta categoría de desarrollo e inversión” (1).

Que la nuclear se considere “sostenible” y se le otorgue la “etiqueta verde” por parte de la UE o nuestros gobiernos ya es perversión del lenguaje más que confusión.

Sabemos que la energía nuclear es un problema más que una solución. Los residuos durarán cientos de miles de años. Sabemos que hay países como Irán que desea tener centrales nucleares civiles, pero se le acusa de que son parte de su programa militar para enriquecer uranio, fabricar plutonio, y acabar teniendo armas nucleares. La acusación puede ser fundada o no, pero es lo que hecho los demás países que actualmente tienen ojivas nucleares. Sospechan desde su propia experiencia.

Todos sabemos que el uranio es un problema. Es una patata caliente desde que se extrae, transporta, concentra, enriquece y convierte en barras de combustible y se consume en las centrales. Contamina desde la minería hasta el almacenaje final de los residuos ya quemados o de todo aquello que ha estado expuesto a las reacciones de fisión. En España tenemos una fábrica de barras de combustible de uranio-238 y U-235 (al 5% máximo) en Salamanca para nuestro país y que exporta a toda Europa.

La Sociedad Nuclear Española (SNE) insiste en que es técnicamente viable operar las centrales nucleares españolas hasta los 60 años, mucho más de los cuarenta previstos. Pero la SNE es una asociación que representa a profesionales e instituciones del sector. ¿Qué van a decir? Es la patronal del sector y su lobby mediático e institucional. Es la zorra metida a cuidar a las gallinas.

Dígase claro: la energía nuclear no es segura, no es sostenible, no es verde, ni es rentable si se consideran todos los costes (especialmente si se incluye los costes ambientales y sociales).

 

ANALISIS

La energía nuclear no es segura

Por poner un ejemplo, hazte la siguiente pregunta ¿vivirías en una casa de madera, sobre la que ninguna aseguradora acepte suscribir un seguro de incendios? Es el caso de las centrales nucleares. En caso de una catástrofe, los costes relacionados son tan grandes que un seguro sería inasequible y Estado es co-garante junto a su propietaria. El riesgo es real y decir lo contrario es mentir. Tomemos como ejemplo el caso de Bélgica. Si tan seguro es prolongar la vida útil de sus dos antiguas centrales existentes, ¿por qué el gobierno belga entonces reparte, desde 2018, pastillas de yodo por todo el país? Huele a chamusquina e intereses económicos que priman por encima de la seguridad y la vida. ¿Acaso el incidente de Three Miles (EEUU), o Fukushima y Chernóbil no fueron suficientes?

Entrando al detalle, las centrales nucleares de primera y segunda generación que están aún en explotación (porque hemos prolongado insensatamente su vida útil), dependen del agua para su refrigeración. Por esta razón, suelen estar situadas en áreas costeras o cerca de algún rio caudaloso. El agua del circuito refrigerante primario o la del circuito secundario que mueve las turbinas, es un elemento impredecible cuando hay accidentes. En riesgo de tsunami ya se vio en Japón. Lo mismo cuenta para un aumento del riesgo de inundaciones en el caso de las centrales cerca de un rio, vista la torrencialidad con que vienen las lluvias por el cambio climático en Europa.

Pero los riesgos de una catástrofe nuclear aumentan también cuando prolongamos la vida de centrales más allá del tiempo previsto en su diseño original. Las centrales actuales son viejas y su tecnología obsoleta. Fisionan tan solo una pequeña parte del combustible y generan, en cambio, toneladas de residuos que serán peligrosos durante miles o cientos de miles de años. Toda la instalación en sí es un peligro, por el envejecimiento del material. No debemos olvidar además que la decisión de mantenerlas operativas implica a las generaciones futuras.

Lamentablemente el riesgo no acaba aquí. Existe la amenaza del terrorismo. Volar por los aires o inutilizar componentes cruciales para que se produzca una fusión del núcleo y un escape, es un riesgo real. Si una central nuclear es objeto de un ataque se convierte en una bomba atómica lenta (no explota pero sí contamina durante siglos). La garantía de que esto no suceda solo está en la vigilancia. Las centrales de la primera a la tercera generación son una granada de mano con su detonador puesto. La seguridad ante semejante ataque es que vigilamos que nadie tire de la anilla. Nada más.

En cuanto a las centrales de cuarta generación en las que la UE pretende invertir, son más de lo mismo. Mejoran en el aspecto de eficacia por agotar todo el material fusible y carecer de elemento moderador, por lo que habría uranio para más tiempo. Pero son técnicamente complejas y aún sin probar. Eso no las convierte precisamente en una fuente “renovable” ni las hace “energía verde” como pretende la UE y los lobbies nucleares. De hecho, al funcionar éstas a más alta temperatura y estar refrigeradas por gas o sales fundidas, aún no está claro cómo resolver sus problemas desde la física de los materiales ni el mantenimiento que las haga seguras. Esta cuarta generación está, de hecho, aún en los tableros de diseño y a más de quince años de entrar en explotación. No solo no son una solución “verde” sino que tampoco sirven para cumplir el calendario de reducción de emisiones de CO2 de la agenda 2030 y 2050. Sólo son una vía de inyectar subvenciones públicas a un sector en decadencia desde los años 90.

Respecto a los residuos nucleares que seguirán produciéndose con todos los tipos de central, con ellos es más fácil fabricar una “bomba sucia” que una bomba nuclear real. Basta con unir potente explosivo convencional junto a una carga de material radioactivo de desecho para contaminar un territorio y hacerlo inhabitable.

La energía nuclear no es segura

La energía nuclear no es segura, ni barata

Por tanto, dígase claro: la energía nuclear y la amenaza nuclear son hermanitas siamesas inseparables. La energía nuclear permite el desarrollo de armamento (directamente enriqueciendo uranio o produciendo plutonio para ojivas) y son una peligró por riesgo terrorista o por accidentes. En este sentido, respecto a lo nuclear como arma, las naciones con armamento nuclear lentamente se están actualizando y desechando su material anticuado para mantener la suicida estrategia de “la destrucción mutua asegurada”.

 

La energía nuclear no es sostenible o renovable

El principal argumento a favor de la energía nuclear que le gusta presentar a su lobby es que es neutra en cuanto a la emisión de CO2. Es cierto que las propias centrales nucleares son neutrales en cuanto al CO2, pero esas centrales necesitan uranio (o plutonio) para generar energía. Pero se saca de la ecuación que, para la obtención de material fisible, fabricar las barras de combustible, transportarla y el proceso de enriquecimiento del uranio también se libera CO2. La construcción del edificio contenedor requiere cantidades ingentes de hormigón y acero, en cuya fabricación también se genera CO2.

Por otra parte, ya vimos que el uranio no es una fuente de energía renovable. La cantidad de uranio existente y utilizable en la corteza terrestre es muy limitada. Las minas con un alto porcentaje de uranio se están agotando poco a poco, dejando sólo uranio impuro, que es más contaminante en su obtención y más difícil de refinar. Además, la energía nuclear contribuye directamente al calentamiento de nuestros océanos y de nuestra tierra a través de los vertidos de agua caliente de refrigeración. Basta con ver cómo cambia la vida del río o de la costa allí donde estén.

Con todo lo dicho, lo más importante es que la dependencia de la energía nuclear frena la transición a las energías renovables. Las centrales nucleares tienen poca modularidad. El proceso desde su aprobación hasta la puesta en funcionamiento es largo y un verdadero sumidero de capital. Si los gigavatios instalados no fueran suficientes no son ampliables salvo invirtiendo otra cantidad ingente de capital.

Su margen de seguridad necesita que funcionen a un régimen constante. Aunque el proceso es moderable, la cantidad de energía no puede atender a picos rápidos o una parada total. Aunque hubiera mucho viento o sol en un momento dado, la energía generada por los molinos de viento y los paneles solares debe a veces reducirse para ceder el paso a las centrales nucleares y su mínimo técnico. Mientras se siga invirtiendo en energía nuclear, las energías renovables serán complementarias y no se desplegarán al ritmo necesario.

Las energías renovables y la total interconexión de las redes nacionales, continentales y transcontinentales deben convertirse en la base de todo el circuito energético mundial. Esto sólo es posible si se invierte sostenida y masivamente en ellas. Otro requisito es el desarrollo de las técnicas para almacenar la energía generada en exceso por las renovables. La energía nuclear se interpone también en esta necesidad. Argumentar que se pueden hacer ambas cosas (seguir desarrollando la nuclear a la vez que la energía verde y sostenible) es una falacia para bloquear el cambio necesario y atender intereses que nada tienen que ver con el horizonte de reducción del CO2 y evitar el cambio climático.

 

La nuclear es terriblemente costosa

Por poner dos ejemplos de centrales de generación III y III+:

  • El tercer reactor de Flamanville (Francia), cuyo desarrollo arrancó en 2003 e iba a costar inicialmente 3.000 millones de euros y su construcción se completaría en cinco años. El coste al día de hoy superará los 12.000 millones de euros y la construcción y puesta a punto lleva ya 15 años. Flamanville se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza para Francia, por errores de diseño en el tipo de reactor a alta presión de tercera generación. Ha habido errores de diseño e incluso fallos en las soldaduras del circuito, que ahora resultan difíciles de resolver por estar encerrados en el mismo edificio de contención. Resulta obvio que ese mismo capital invertido en otras alternativas verdaderamente verdes y sostenibles habrían dado mejores frutos para Francia y el mundo entero.
  • La central de Olkiluoto en Finlandia: llevan 14 años construyendo el tercer reactor de agua presurizada (tipo III+). Era el referente de los políticos pro-nucleares y de la industria nuclear, que la presentaron como el ejemplo de renacimiento de esta tecnología. Pero la historia fue por otros derroteros. Los costes se han disparado y ascienden a más de 8.000 millones de euros. Es decir, a casi 4.000€/kW cuesta la energía nuclear en Olkiluoto sin incluir la gestión de residuos. Este monto por kilovatio cuadruplica los 1.000€/kW de la eólica. Pero no solo los costes de construcción, amortización y operativos son un fracaso. A pesar de ser un proyecto planteado desde hace más de una década, Olkiluoto-3 está plagado de defectos de diseño y de construcción y sólo el 30% de los documentos de diseño fueron oficialmente aprobados. Tampoco se cumplió la promesa de no necesitar inversión pública. Los sucesivos sobrecostes por los retrasos, la corrección de errores y rediseños han requerido inversión pública de fondos destinados a la cooperación internacional.

Dos sonoros fracasos en los aspectos cruciales en proyecto de esta envergadura. Desde el diseño, la oscura aprobación parlamentaria del proyecto, la ejecución del proyecto a partir de asunciones que antes de la explotación ya resultan dudosos, el terrible sobrecoste, y los riesgos inherentes a lo nuclear llevan a una clara conclusión: la construcción de nuevas centrales nucleares es mucho más costosa que, por ejemplo, los actuales parques eólicos marinos. La energía nuclear es costosa. Hubiera resultado más provechoso invertir en energía eólica y añadir a esos proyectos también sistemas de almacenamiento energético situados en cualquier otro punto de la red (almacenamiento inercial, gravitatorio, por conversión en hidrógeno, etc).

la energía nuclear costosa económica y ambientalmente

La energía nuclear es costosa económica y ambientalmente, por tanto ni es sostenible ni verde.

Por tanto, la construcción de nuevas centrales nucleares no es una “opción verde” ni sostenible, como pretende la UE, dado su coste, dado los riesgos y, sobre todo, dada la urgencia de responder al problema del cambio climático.

 

El torio ¿falsa esperanza?

La primera y segunda generación de reactores nucleares son pacientes de UVI o continúan en explotación cosidos de remiendos. Entre tanto, los reactores de cuarta generación aún son una criatura en el tablero de diseño (si es que no son una quimera). Mientras la osada promesa de los reactores de tercera generación (incluso los de “tercera-plus”), cosechan fracaso tras fracaso en todos los aspectos clave como son: el diseño y seguridad; en ejecución o construcción del proyecto; y en cuanto a rentabilidad por los costes de explotación y amortización considerados en kW/euro.

Ante este panorama las cabezas pensantes del lobby nuclear no han parado de maquinar. El interés económico y armamentístico está por encima de cualquier consideración, incluso del propio ser humano. Pero, al ver que el soufflé inversor ya no les sube, han echado la mirada atrás y recurrido a las alternativas existentes al comienzo de la carrera nuclear en los años cincuenta del siglo pasado. Parece increíble, pero han vuelto a la cuna de su criatura nuclear y del proyecto Manhattan para ver qué otro hermano mellizo de la fisión del uranio pudieran llamar para que vuelva a la vida (que no tuvo). Nos referimos a los reactores de torio. Llevan al menos dos décadas filtrando en internet y foros relacionados las bondades del torio y supuestos informes científicos acerca de su idoneidad, seguridad, rentabilidad, etc.

¿Otro cuento chino a costa del ciudadano presente y futuro? ¿Uno en el que se supone que pondrían su fe hasta los medioambientalistas más acérrimos? ¿Puede que sí, puede que no?

De hecho, convencieron a la baronesa Bryony Worthington, respetada activista por el medio ambiente, que ha declarado que ─«Si uno tiene en cuenta que el torio es uno de los elementos más abundantes en el planeta, que es altamente energético, más que el uranio; los reactores de torio y sal fundida pueden ser pasivamente seguros, que pueden construirse a pequeña escala… es como energía nuclear sin sus maldades».

Pero ¿cuál es la realidad de la fisión del torio? Ciertamente estuvo en el inicio de la era nuclear. Después del Proyecto Manhattan y las dos primeras bombas atómicas detonadas sobre la población civil de Hiroshima y Nagasaki, con los resultados que todos conocemos, vino la aplicación civil de la fisión nuclear. Al menos aparentemente…

En los años cincuenta, a la vez que los reactores experimentales para la generación eléctrica basados en el uranio, se construyeron varios pequeños reactores experimentales que utilizaban torio. El científico impulsor fue Alvin Weinberg, miembro del Proyecto Manhattan. Sus desarrollos prácticos seguían una dirección totalmente distinta a la vía de la fisión de uranio. Funcionaban mezclando el torio con un refrigerante de sal fundida y una especie de circuito “digestor” que, como hacen nuestros riñones con los metabolitos, iba retirando de la mezcla fundida de sal y torio (donde éste se fisionaba a la temperatura adecuada) los subproductos resultantes de las reacciones nucleares y equilibrando nuevamente la proporción de torio para sostener la reacción. En caso de accidente, bajo el fondo de la vasija contenedora que no precisaba tanta protección y armadura, había otra más resistente.

En caso de accidente, allí caería por simple gravedad, toda la sal fundida con el combustible. Al enfriarse pasivamente se detenía la reacción nuclear en seco y sin mayores consecuencias. Ante cualquier incidente, el exceso de temperatura era el disparador pasivo de seguridad que detenía la reacción nuclear. NO eran necesarios más mecanismos activos, ni electrónica de control, ni bombas de impulsión, ni bombas de seguridad, ni medidas terciarias, ni grandes y costosos edificios para contener el desastre si se produce. Pero, aunque el experimento fue exitoso en los términos de los años cincuenta, algo cambió la historia para el torio. La Comisión de Energía Atómica en EE.UU. lo consideró todo bajo otra dirección e intereses: el armamento usado contra Japón al final de la Segunda Guerra Mundial era su baza geoestratégica para consolidar a EEUU como el Gran Hegemón mundial. Optaron por el uranio y obviaron el torio. Del todo.

Utilizar para la energía civil por fisión combustibles sólidos como el uranio y plutonio, en reactores cuyos subproductos enriquecidos eran idóneos para fabricar ojivas nucleares fue su elección. La muerte por encima de la vida. Cancelaron la investigación y experimentos de Weinberg. Fisionando torio en principio no se generaba plutonio que permitía ojivas más ligeras y potentes.

Viendo que ni las propias compañías eléctricas y sus inversores están ya por la energía nuclear civil, por lo costosas y frágiles que son las centrales actuales, sacaron del olvido el torio. En dos vertientes: la pura que concibió Weinberg y su equipo, y otra que permitiría con adaptaciones usar el torio en los reactores existentes actuales y enriquecer uranio o generar plutonio. En esas están también ahora.

Pero la realidad es otra. Si usamos el torio a gran escala los reactores se complican. En lo que llamábamos el riñón del reactor hay que emplear reactivos agresivos, metales resistentes a la corrosión y los rayos gama o bombardeo de protones. Hay problemas técnicos en cuanto a los materiales que aún no se han resuelto y que hacen todo más difícil de implementar.

La vía de usar el torio en los reactores actualizados además despierta los recelos de que se sigan utilizando para enriquecer uranio y también crear plutonio. Sería la versión actualizada de la fisión como arma por la que ya optaron en su día. Todos contentos.

En suma, los reactores de torio y sales fundidas aún tienen que superar muchos problemas técnicos y prácticos para demostrar siquiera su viabilidad, sean deseables o no.

Lo que resulta evidente es que la fisión como fuente de energía eléctrica es inviable por los enormes riesgos para la seguridad, los altísimos costes directos e indirectos, y los costes sociales por su extendida impopularidad. El público, consumidores e inversores ya no están por la labor.

Más allá de la pura sensatez ambientalista, pesa también sobre la viabilidad de las centrales nucleares que permanezcan cerradas por largos ciclos de mantenimiento o cambio de combustible. Cerradas por actualización y corrección de riesgos o por parón político, como en algunos países europeos. Todo ello cuando las compañías y accionistas aún consideran que no están amortizadas y las quisieran exprimir más. Para cerrar el cuadro hay que sumar que, al final de la vida útil de una central nuclear, los costes de desmantelamiento, demolición y tratamiento de todos los residuos resultantes acaban siendo más altos que el importe estimado y la viabilidad que pudieran tener de permanecer en explotación.

 

La energía 100% renovable es posible

La pregunta es si para 2050 es viable un escenario de 100% de energías renovables y cero emisiones de CO2. Veníamos de discutir sobre si la energía nuclear debe ser o no la solución final para ese horizonte temporal. El hecho es que existen y que ni siquiera vale el ejemplo de Suecia y Alemania cerrando sus nucleares. En el caso alemán el parón culminará para 2022. Pero, en realidad, lo que han decidido es sustituirlas en gran medida por carbón y por el gas ruso. En lo único que tienen razón los defensores de la energía nuclear es en que no podemos desarrollar la seguridad energética basándonos sólo en la eólica y paneles solares. La razón es simple. El el viento no sopla siempre ni en todas partes y el sol no brilla siempre.

En la fase de transición, se necesitan fuentes de energía adicionales, pero hay que abjurar de la idea de ver a la energía nuclear como alivio transitorio. Cada país debe considerar su situación particular. La opción más barata es la interconexión eléctrica global y optar, temporalmente, por el (bio)gas y los combustibles sintéticos generado con los excedentes de las renovables (con el hidrógeno y CO2 atmosférico capturado).

La cuestión técnica crucial para avanzar hacia una energía 100% renovable es la máxima electrificación, la interconexión de las redes, y el almacenamiento de la energía excedente. Esto puede hacerse, por ejemplo, utilizando la tecnología del hidrógeno. No es una idea descabellada. La isla holandesa de Goeree-Overflakkee ya está aplicando esta tecnología y es autosuficiente y neutra desde el punto de vista del CO2 y el cambio climático ya desde 2020. Incluso suministra su excedente de energía verde al puerto de Rotterdam.

Sin duda hay tecnología existente y probada para alcanzar ese 100% de energía renovable. Solo hay que apostar por invertir en ellas. Si las eléctricas, los fondos buitre, y demás actores económicos o políticos siguen defendiendo la energía nuclear o las soluciones fósiles, no es por razones técnicas, sino para proteger sus inversiones, sus beneficios e intereses.

Hay tecnología existente y probada para alcanzar ese objetivo del 100% de energía renovable. Solo hay que apostar por invertir en ellas.

Un sistema energético mundial para 2050 basado 100% en las renovables es viable y más barato. Es la conclusión del estudio realizado por Energy Watch Group y la Universidad finlandesa de LUT. (1) Según sus cálculos es factible un sistema mundial de energía totalmente basada en fuentes renovables para 2050, que sería más barato que el suministro de energía global actual aplicado a los sectores de la electricidad, el calor, el transporte y la desalinización. Las renovables son más rentables en términos de costes del gigavatio/euro, incluyendo el proceso de transformación, si en la comparativa y cuentas con el esquema energético existente se internalizan (incluyen) los costes directos e indirectos y los costes ambientales y sociales, además de la creciente escasez de los recursos.

 

Gas sí, pero de origen renovable

La calefacción y refrigeración (climatización) en la actualidad se cubre en el 85% mediante combustibles fósiles. Para alcanzar en 2050 el horizonte de cubrir con renovables el 100% del consumo energético, estas necesidades han de electrificarse durante la transición. Según la solución propuesta por el mencionado grupo de estudio, las necesidades de climatización deben cubrirse mediante bombas de calor en un 44%. Las necesidades de calefacción eléctrica directa con un 26% de origen renovable. La biomasa para calefacción representaría el 12% restante. En cuanto al gas, como combustible, será de origen renovable por estar producido sintéticamente por electricidad “verde” junto con el biometano.

Para alcanzar el objetivo de tener también un sector de transporte basado al 100% en las energías renovables y adecuado para las diferentes regiones del mundo, el estudio sugiere que no se invierta ya más en nuevas fuentes de combustibles fósiles, ni tampoco en energía nuclear. Ha de desviarse ese esfuerzo en financiar y desarrollar al máximo los combustibles sintéticos: como la electrólisis del agua (H2), la metanización y otras, además de desarrollar más los biocombustibles producidos de manera sostenible.

En la misma línea va la propuesta de optar por la tecnología de almacenamiento y captura de CO2 recuperado de la atmósfera con los excedentes energéticos. Atrapar CO2 por captura directa de aire, a su vez proporciona carbono de la atmósfera para la producción de combustibles sintéticos y disminuye el efecto invernadero. Cubrir la climatización de hogares, oficinas, espacios comerciales e industriales mediante la utilización de bombas de calor es vital para una transición energética óptima, objetivo que ve alcanzable para 2035.

La transformación total en 30 años del sistema energético mundial a un modelo 100% sostenible se establece en un rango de entre 50-57 euros/MWh durante la transición de 2015 a 2050, aunque según las circunstancias y esfuerzo el resultado de autosuficiencia energética sostenible se alcanzará localmente antes en ciertas regiones del mundo.

El estudio concluye con recomendaciones políticas para una rápida integración de tecnologías de energía renovable y cero emisiones de gases de efecto invernadero. Entre las medidas más importantes sugeridas por el informe están promover el acoplamiento del sector, las inversiones privadas (que idealmente deberían incentivarse con tarifas fijas), exenciones fiscales y privilegios legales con la interrupción simultánea de los subsidios para el carbón y los combustibles fósiles.

Comparación de cuotas energéticas 2015 - 2050

Comparación de cuotas energéticas 2015 – 2050 (imagen: elperiodicodelaenergia.com)

Los puntos claves del estudio realizado por Energy Watch Group y la Universidad finlandesa de LUT son (1):

  • La transición a un sistema 100% renovable requiere una electrificación integral en todos los sectores de energía. La generación eléctrica total será de cuatro a cinco veces mayor que la generación eléctrica en 2015. En consecuencia, el consumo de electricidad en 2050 representará más del 90% del consumo de energía primaria. Al mismo tiempo, el consumo de recursos de energía fósil y nuclear en todos los sectores cesará por completo.
  • La generación mundial de energía primaria en el sistema energético 100% renovable consistirá en la siguiente combinación de fuentes de energía: solar (69%), eólica (18%), hidroeléctrica (3%), bioenergía (6%) y energía geotérmica (2%).
  • Para 2050, las tecnologías eólica y solar representarán el 96% del suministro total de energía provenientes de renovables, con aproximadamente un 76% y un 20% respectivamente.
  • El almacenamiento cubrirá aproximadamente un 23% de la demanda de electricidad y un 26% de la demanda de calor en 2050.
  • Las energías renovables se producirán prácticamente exclusivamente a partir de la generación local y regional descentralizada.
  • El 100% de las energías renovables son más rentables: los costes de energía para un sistema de energía completamente sostenible disminuirán de 54 euros/MWh en 2015 a 53 euros/MWh en 2050.
  • La transición en todos los sectores reducirá las emisiones anuales de gases de efecto invernadero en el sector energético de forma continua de aproximadamente 30 GtCO2-eq. en 2015 a cero en 2050.
  • Un sistema de electricidad 100% renovable empleará a 35 millones de personas en todo el mundo. Los aproximadamente nueve millones de empleos en el sector de la minería del carbón en todo el mundo a partir de 2015 se eliminarán por completo para el 2050. Estarán sobrecompensados ​​por los más de 15 millones de nuevos empleos en el sector de las energías renovables.

 

¿Y el torio?

En el debate energético se oyen cada vez más voces a favor del «torio». Se trata de una materia prima a partir de la cual se puede producir uranio mediante la absorción de neutrones lentos. Sus defensores afirman que los reactores de torio serían más pequeños, más seguros y no producirían residuos nucleares. Pero incluso los defensores más optimistas del torio afirman que aún se necesitarían al menos entre diez y quince años para que estos reactores pudieran estar operativos (otros espertos dicen que no antes de 2050). Y para 2030, nuestras emisiones deben reducirse al menos un 65%… Tarde o temprano tendremos que cambiar a las energías renovables, ya que el torio también es un recurso finito. Otra opción es la fusión nuclear, para la que se está construyendo un reactor de prueba del ITER a 70 Km de Marsella. NO se espera que esta alternativa produzca el primer reactor comercial viable hasta 2050, como muy pronto, y su coste de desarrollo es altísimo. Recientemente, el Parlamento Europeo aprobó otras subvenciones de 6.000 millones. Por lo tanto, tanto para el torio como para la fusión nuclear es cierto: si se invierte en ellos, no se invierte en energías renovables ni en la tecnología del hidrógeno para el almacenamiento de energía.

Por tanto, se mire como se mire, las fuentes de energía renovables, el almacenamiento del excendente, y la interconexión global es nuestra mejor apuesta.

 

 

Fuentes:

https://www.bbc.com/mundo/noticias/2012/03/120301_energia_nuclear_alternativa_

(1) Según resume “el periodico de la energia“: https://elperiodicodelaenergia.com/un-sistema-energetico-mundial-100-renovable-en-2050-es-posible-y-encima-mas-barato/