El Tribunal Supremo confunde al hombre y el rapero

18.02.2021 - Madrid - Ángel Sanz Montes

El Tribunal Supremo confunde al hombre y el rapero
(Imagen de NikoneCons (Youtube) ─ CC)

Tras el ingreso en prisión de Pablo Hasél, las reacciones en la calle y entre la clase política o el mundo artístico no se han hecho esperar.

Pero mientras que entre ciertos sectores se ven con buenos ojos que Hasel haya terminado en prisión, amplios sectores de la población, políticos, artistas… muestran preocupación ante la aplicación de la conocida como ley Mordaza.

A partir de la detención del rapero, Pablo Hasél, las manifestaciones en numerosos puntos del territorio español se han sucedido en los últimos días. La mayoría han sido de carácter pacífico si bien es cierto que algunos grupos no han desaprovechado la ocasión para provocar disturbios en ciudades como Barcelona o Granada, entre otras, lo que ha terminado con algunos detenidos y decenas de heridos o material mobiliario destrozado.

Escapa al fin de esta crónica recorrer la geografía glosando los efectos de los disturbios provocados por los violentos. Hubo -como anotábamos- también pacíficas protestas en muchas ciudades española, sin incidentes. Apenas hay noticia de ello.

Hace unos días más de 200 artistas firmaron pacíficamente un manifiesto para que Pablo Hasél no entrase en prisión.

Muy pacíficamente también Amnistía Internacional manifestó que considera «desproporcionado» que el rapero ingresase en prisión. Recordándonos también que Hasél no es el único artista condenado en España al amparo de la Ley de Seguridad Ciudadana ─aprobada en 2015 por el PP y conocida como la Ley Mordaza─, que el Gobierno actual prometió reformar.

Muy pacífica y tranquilamente periodistas españoles y extranjeros han explicado en sus medios la extrañeza ante esta situación en España.

En cuanto a la propia sentencia del Tribunal Supremo (TS), ésta es condenatoria por parte de los tres magistrados que la firman. Sí, pero hay que recordar que cuenta con el pacífico y sensato voto particular de dos de los tres magistrados ─Miguel Colmenero y Ana María Ferrer─. Ambos señalaron que, a su entender, ni los tweets ni la letra de la canción «alcanzan desde el punto de visto objetivo el rango de tipicidad que corresponde a los delitos por los que se emite el pronunciamiento de condena». Ya la Audiencia Nacional, en apelación, le redujo a nueve meses la pena inicial a Hasél y que ascendía a dos años y un día de prisión.

Al tener el rapero otras condenas anteriores, alguna por motivos relacionados con el uso de la violencia y circunstancias no relacionadas con la música o el arte, el TS confirmó la condena de la Audiencia Nacional y no consideró (por ser solo 9 meses) que se pudiera salvarse del ingreso en prisión. El TS le califica como reincidente y aplicó la jurisprudencia habitual.  Los magistrados no debieron mezclar tipos penales y hechos muy diferentes entre sí para considerar esa supuesta reincidencia.

Es cuestionable y opinable todo lo relacionado con la música y letras de Házel. Sus tweets te pueden horrorizar, pero todo ello no es materia para condena penal con cárcel y así se desprende claramente del voto particular de la propia sentencia.  Si el TS ha querido buscar un efecto ejemplarizante, entonces la Justicia nos ha disparado a todos en un pie y a sí misma en los dos (en seis pies, porque son tres los magistrados).

No debieron mezclar todos los hechos biográficos con las actitudes musicales y prosísticas del rapero, sino dictar una sentencia separada por los tweets, las injurias, o lo que fuera. No le pueden condenar por ser reiteradamente un rapero al estilo Hasél, mezclándolo con algún hecho violento que pueda haber cometido. Está en su derecho musical y artístico, amparado por la libertad de expresión, para ser el PabloHasél las 24 horas del día. Nos puede parecer que el rapero ensancha mucho el concepto de libertad de expresión, pero allí se acaba el conflicto. Es su estilo.

Lo que hacen sus señorías es considerar la vida de Pablo Hasél como un todo. Han hecho una causa general unipersonal sobre él en conjunto, mezclando al artista con el hombre. Algo parecido a cuando la Academia de Hollywood otorga un ‘Oscar Honorífico’ por toda una carrera artística, y no por una categoría en concreto. No se entiende este batiburrillo que hace el TS y la sentencia será recurrida. Llegará al Constitucional o tal vez incluso al Tribunal de Justicia de la Unión Europea y la echarán para atrás.

Sus señorías tal vez hubieran hecho mejor en considerar aplicable una condena a trabajos sociales o en beneficio de la comunidad, o una multa por malhablado. Pero la pena de cárcel y el ingreso en prisión es desproporcionado.

La sentencia junto con los disturbios violentos de estos días son el verdadero tiro en el pie y secuela para el resto de los ciudadanos, y los es no solo por lo que pueda significar para la vida de Hasél o la gente que ha sufrido daños durante las algaradas (estén del lado que estén).

Respecto de la violencia y por ceñirnos a Madrid y Barcelona, esta se vive en las ciudades de muchas maneras. En forma de jornadas laborales interminables o sucesivas para llegar a un jornal que no cubre nuestras necesidades. En forma especulación con las necesidades más básicas como la vivienda. En forma de reducción y pauperización de la Sanidad pública. En forma de un seguimiento y lucha contra la pandemia cicatera y tacaña por parte del Gobierno Autonómico, que no invierte lo que le llega para esta contingencia. Violencia es lo que sienten los excluidos o los inmigrantes. Violencia es jugarse el pellejo por céntimos de euro siendo un rider que se juega el tipo sobre una bici o moto para entregar una pizza o cualquier capricho. Violencia es ser mujer y sentir miedo o ser discriminada. Violencia es tardar una hora y media de transporte público para llegar al trabajo, porque no se refuerzan los servicios en horas punta. Violencia son los muertos en las residencias de ancianos por la covid. Violencia es la economía de casino y amiguetes que padecemos en este país. Violencia son las reconversiones industriales sucesivas desde 1980, que no reconvirtieron nada.  La lista es bien larga.

Se acumula mucha tensión y sufrimiento en nuestras ciudades. Se suma a todo ello la pandemia y la situación distópica que nos ha caído a todos encima.

Sin pretender justificar los estallidos de violencia, sucede que estando lo social tan tenso este rompe por el lado más débil: el psiquismo de los que de por sí resuelven todo a golpes. Era prácticamente seguro que las protestas iban a ser aprovechadas por algunos para desquitarse de modo indefendible, mientras otros solo gritaban pacíficamente consignas en favor del rapero. No se explica que las autoridades municipales y las fuerzas de orden público no supieran contener y aislar a los violentes. Pocos y muy notables de antemano.

En estos disturbios y otros estallidos de violencia, como la revuelta callejera en Linares ─por la violencia de dos policías fuera de servicio─, o las protestas violentas en Burgos, Pamplona y Bilbao contra las medidas restrictivas por la pandemia, y otras parecidas, tal vez se pueda ver que hay una ola de ira social que no se canaliza hacia protestas enérgicas y noviolentas contra las condiciones de violencia social y económica. Sucede siempre que los más iracundos y descontrolados revientan las manifestaciones y desacreditan sus proclamas, por justas que sean.

Ahora más que nunca hay razones para sacar a la calle el espíritu del 15M y pedir pacíficamente cambios en lo social y que el Estado vuelva a ocupar un rol distributivo y garantista de la igualdad.  Pero con estos estallidos de violencia el tiro en el otro pie para los ciudadanos es precisamente la ‘Ley mordaza’ que el PP promulgó en 2015.  Así como están las cosas con la tiebeza habitual del PSOE la ley no se derogará o se hará muy matizadamente.

Cuando nos manifestemos por los precios de la enseñanza universitaria, por el salario mínimo interprofesional, por la Renta Básica Universal, por una sociedad inclusiva y más distributiva, por las pensiones de nuestros mayores y sus cuidados, por el restablecimiento de la inversión en la Seguridad Social, por el fortalecimiento de la atención primaria, por el refuerzo de la enseñanza pública frente a la privada, por la igualdad salarial entre hombres y mujeres, por la devolución de las propiedades inmatriculadas por la Iglesia, por las muertes de los inmigrantes en sus pateras, por las muertes a causa de la violencia machista, por la enésima tropelía del PP en Madrid, etc, etc… La Ley Mordaza seguirá vigente y nos joderán a todos.

Categorías: Europa, Opiniones, Política
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