Por Jhonah Díaz González La Habana, 27 dic (Prensa Latina) El deporte se estremece aún con los embates de un enemigo invisible: la Covid-19.
La pandemia mantiene contra las cuerdas al mundo atlético, un sector obligado a reinventarse en 2020 para sobrevivir, a pesar de que el máximo espectáculo, previsto para Tokio, Japón, no tuvo defensa ante el fulminante nocaut que le propinó la enfermedad.

La trama comenzó por continuas variaciones en los calendarios competitivos y la prohibición del acceso de aficionados a los estadios, como precauciones para solventar una supuesta situación pasajera; pero que cada día se fue convirtiendo en una de las grandes pesadillas enfrentadas por la humanidad.

El virus, identificado por primera vez en la ciudad de Wuhan (China), se diseminó sin pausa ágilmente dejando altos índices de fallecidos, por lo que las máximas autoridades deportivas acordaron jugar ‘safe’ para salvaguardar lo más importante: las vidas de los seres humanos.

TOKIO EN CUARENTENA

Ni el principal programa deportivo del mundo resistió la fuerza de la Covid-19: los Juegos de Tokio fueron pospuestos el 24 de marzo después de varios días de negociaciones entre el Comité Olímpico Internacional (COI) y el grupo organizador de Japón.

Aquel día, la dosis de optimismo que aún reinaba en diversos lugares del orbe, desapareció a la velocidad de un parpadeo.

Una llamada telefónica entre Thomas Bach, presidente del COI, y Shinzo Abe, ex primer ministro del país asiático, sirvió de enlace para dictar sentencia y suprimir las fechas marcadas con tinta roja en muchos almanaques de bolsillo.

Los atletas deben participar en condiciones óptimas, declaró Abe minutos después; mientras Bach, sin titubear, avanzó que serán los mejores Juegos de siempre, a pesar de la adversidad y los contratiempos.

La decisión tuvo ribetes históricos: en 124 años, ninguna olimpiada había sido pospuesta. Las guerras mundiales, en cambio, cancelaron los calendarios de 1916, 1940 y 1944. Dicho esto, queda claro que resultó un fallo sin precedentes en la llamada época moderna.

Así, la crisis sanitaria mandó a almacenar toneladas de fuegos artificiales, cientos de miles de personas vaciaron sus equipajes ante la imposibilidad de viajar y los preparativos de la inauguración oficial quedaron en pausa. El retraso también se aplicó a la justa Paralímpica.

A pesar de ello, el júbilo encontró un resquicio cuando se determinó las fechas de regreso de ambas lides. Los convencionales actuarán bajo la silueta de los cinco aros del 23 de julio al 8 de agosto del año entrante, al tiempo que los discapacitados buscarán la gloria entre el 24 de agosto y el 5 de septiembre.

BURBUJAS DE OXÍGENO

Tras meses de confinamiento, los certámenes deportivos buscaron emerger y, ante las dudas, fueron implantados diferentes protocolos sanitarios como escudo para frenar la Covid-19. Sin reglas exactas o mecanismos perfectos, la idea era reducir el riesgo de contagio, por lo que así surgió la burbuja.

Aislar a los jugadores, separarlos de sus familias, desposeerlos de la parte social y actuar sin público en las gradas resultaron iniciativas criticadas, pero conformaron una fórmula ganadora para encontrar un camino común y persuadir, incluso, a la mayoría de los más reacios a retornar a sus asuntos profesionales.

Recluido en Orlando, Florida, el equipo Lakers de Los Ángeles alzó la corona de la NBA en el mejor baloncesto del planeta; mientras la ciudad californiana también celebró el título beisbolero de las Grandes Ligas de Estados Unidos, con el triunfo de los Dodgers en el moderno estadio de los Rangers de Texas.

Además, en otra burbuja en Lisboa, Portugal, el Bayern Múnich levantó la Orejona de la Champions League. Un resultado que impulsó al polaco Robert Lewandowski hacia el premio The Best de la FIFA, aunque perdió la oportunidad de obtener el Balón de Oro, debido a que la revista France Football decidió no entregarlo a causa de la atípica temporada.

Lewandowski superó a Cristiano Ronaldo, de Portugal, y Lionel Messi, de Argentina, máximos referentes del balompié en el siglo XXI. El propio Messi protagonizó la novela del curso y su objetivo manifiesto de salir del FC Barcelona acaparó titulares noticiosos durante varios días.

Tiempo después, el panorama parece haber variado: ‘La verdad es que hoy por hoy estoy bien’, expresó el pasado 21 de diciembre en su última entrevista.

En otras convocatorias de alcurnia, el británico Lewis Hamilton mantuvo su ritmo endemoniado en la Fórmula Uno; el serbio Novak Djokovic conservó la corona de monarca del tenis, con el español Rafael Nadal en rol de juez en tierra batida; y Joan Mir, otro de España, aprovechó la ausencia de su compatriota Marc Márquez para darle un matiz diferente a la MotoGP.

VIAJE AL PARAÍSO

El año dejó pérdidas irreparables tan temprano como el 26 de enero, cuando la noticia del fallecimiento del exbaloncestista estadounidense Kobe Bryant estremeció a una sociedad que también sintió el deceso de su hija Gianna y otros siete acompañantes.

Meses después, el 25 de noviembre, el corazón de Diego Armando Maradona latió por última vez y apagó la vida de un hombre que hizo magia con cada toque al balón en el pasto verde, un genio del fútbol capaz de sentar a cuanto inglés vio en el camino hasta completar el ‘gol del siglo’, en los cuartos de final de la cita universal de México 1986.

En su honor, Edson Arantes do Nascimento, ‘Pelé’, escribió en sus redes sociales: ‘A mucha gente le encantó compararnos toda la vida. Eras un genio que encantaba (…) Un día, en el cielo, jugaremos juntos en el mismo equipo. Y será la primera vez que levante el puño al aire en señal de triunfo sin celebrar un gol. Será porque por fin podré abrazarte de nuevo.’

El exfutbolista argentino murió a los 60 años, y su adiós sin regreso antecedió al de su connacional Alejandro Sabella, el 8 de diciembre, y del italiano Paolo Rossi, el día 10, campeón y máximo artillero del Mundial de España 1982, además de Balón de Oro de esa propia temporada.

En este 2020 que casi termina, el deporte también levantó su voz contra la violencia y la segregación racial, después del asesinato en Estados Unidos del afroamericano George Floyd, a manos de un policía blanco.

El apoyo al movimiento Black Lives Matter (Las vidas de los negros importan) igual marcó un periodo maldito, fiel retrato de la angustia y el dolor.

2021: ¿RESURRECCIÓN?

A muy poco de inaugurar el 2021, la humanidad insufla desconfianza y nadie sobre la faz de la Tierra conoce a ciencia cierta cuál será el panorama en los próximos meses.

Eso sí, el deporte —bálsamo muchas veces— no anda de brazos cruzados y aviva las fantasías a pesar de mantener sus puertas cerradas.

Las miradas recaen en la apertura de los Juegos Olímpicos de Tokio. En tal sentido, el COI y su Comité Organizador son tajantes: la justa va ‘sí o sí’, ‘con o sin Covid-19’, por lo que vale respirar profundo a la espera del éxito colectivo después de tanta adversidad y aflicción.

Tampoco se deben olvidar otros grandes eventos que lucharán por cerrarle el paso a ese desconcierto. El fútbol y el baloncesto conviven con el virus, y otras disciplinas como el tenis, el ciclismo, el béisbol, el atletismo, entre muchas más, alistan sus campañas, a sabiendas de los riesgos.

El año se despide y el presente está lejos de sugerir un futuro impecable. Mas, las ilusiones cobijan los pensamientos, si bien la realidad sugiere que lo objetivo es cui- darse, elevar las dosis de paciencia y cruzar los dedos justo cuando diversas vacunas advierten un panorama alentador.

Un rayo de esperanza ha llegado en los últimos compases, y con él la ilusión de quienes anhelan un deporte tal cual lo conocíamos, con el bullicio —a veces ensordecedor— de las gradas en los estadios, pero provisto de un sortilegio indefectible.

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