POESÍA

 

 

Por Eva Marín

Cloty Rubio, poeta y humanista. Se formó como periodista y es colaboradora de varios medios digitales. Ha publicado dos libros de poesía, Hilos de aire (2013) y recientemente, Danza en espiral (2020). Su referente espiritual es la enseñanza de Silo, lo que la ha llevado también a participar en multitud de proyectos culturales y sociales.

 

¿Cómo surgió tu relación con la poesía?

En la infancia, me atraía porque es una forma fácil de recordar cuentos, enseñanzas… También me gusta la música y la rima. Pero, me pongo a escribir más seriamente hará unos 15 años.

 

Tus dos obras publicadas hasta el momento, Hilos de aire y Danza en espiral, son pura luz. Se podría decir que no le cedes ningún espacio al dolor.

Cuando escribo es un espacio luminoso el que intento recrear para mi propio bien. Se trata de escritos que surgen a partir de experiencias relacionadas con el contacto con la luz interna. Así que no le puedo ceder mucho espacio al dolor, por intención mía.

 

Hablemos un poco del último libro, que si bien parece haber tomado esos «hilos de aire» de tu primera obra, podemos leer una poesía más madura, que profundiza aún más en tu experiencia. En Mito, por ejemplo, hablas de «abandonar la corteza de la razón sensorial».

Claro, hay un proceso de profundización en mi propia vida y eso se traduce en mis escritos. antes hemos hablado del dolor. No se trata de evadir el dolor, sino de profundizar en su raíz. ¿Por qué el dolor? ¿Por qué la sombra? ¿Por qué el abismo que está presente en la vida? Yo no es que lo evada, simplemente intento sobrepasarlo, superarlo, y para hacerlo me veo empujada a profundizar en mí misma, en mi propia experiencia y en la vida.

 

Muchos de tus poemas trascienden la experiencia literaria, más allá de las palabras y de la belleza de paisajes cargados de misticismo, ¿Cuál es ese lugar que evocas?

Ese lugar es un lugar que voy descubriendo, yo misma me reconforto al entrar en él, al vivirlo, al evocarlo intencionadamente, porque intento entrar ahí para nutrirme, es donde está la fuente que me inspira. Yo diría que está en lo profundo de mi alma, no sé cómo decirlo… en lo profundo, en mi interior.

 

En el poema Danza en espiral, que da título a la obra, te refieres al «abrazo que atraviesa toda luz, todo camino» ¿Es este un viaje interior pero no en solitario?

Claro, ese es el gran descubrimiento de la realidad interior para mí, y que veo que otros también lo señalan, y que siempre me ha fascinado. Es el descubrimiento de la intersubjetividad o de una interacción con otros espacios donde puedes sentir la presencia de otras vidas y de otros seres, o de una comunicación que se produce en un nivel de profundidad. Y básicamente es eso, es sentir la presencia de algo más o de alguien más.

 

El amor es en tu poesía incuestionable, cierto y certero, superador de cualquier circunstancia. Como tú misma dices«Hay en ti una luz queriendo realizarse/ queriendo ser la luz sobre todas las cosas/ no dejando que haya cosa que la oscurezca».

Sí, así lo creo, así lo afirmo y así lo construyo porque es muy dinámico. Esta realidad que una puede descubrir y que, en mi caso, es la fuente que me alimenta, me inspira y le da sentido a mi vida, también depende de mi intención. Depende de mi construcción, depende de que yo lo alimente. O sea, es una realidad interactiva. Como decía San Agustín: “Dios existe, porque yo existo”. Entonces, el amor existe porque yo lo veo, porque yo lo siento, porque yo lo recibo. El amor en sí mismo ya es una realidad, es una experiencia pero existe si tú vas ahí si tú la nutres. Y esto te abre una dimensión de la mente muy divertida e interesante, que es la construcción de lo que podemos llegar a ser. Yo creo que nosotros tenemos la posibilidad de llegar a ser lo que queremos porque nosotros somos, básicamente, energía y mente.

 

Tienes una especial relación con la muerte y el tiempo. A menudo aparece la eternidad, se intuye la superación de la materia. ¿Te adentras en estos territorios como una exploradora con mente empírico-poética?

Siempre me ha interesado el tema de la muerte porque no soportaría una vida cuyo final sea la muerte. No soportaría que esto sea todo. La materia tiene una serie de limitaciones y la concibo como anticipo de otra vida. Esta vida la concibo como taller de otra vida, y creo firmemente y fortalezco la fe en que hay en todo ser humano algo capaz de trascender la muerte.

Entonces, me aventuro a explorar estos lugares en mi propia mente, mis propios temores, mis propias dudas. Me tengo que aventurar de una manera empírico poética porque no veo otro modo. Es la existencia, el ser en sí, lo que te lleva a recorrer estos lugares y -como, antes hemos comentado- no estamos solos en esta búsqueda, yo me siento acompañada, protegida y guiada. Entonces es un vuelo que vivo con mucha alegría.

 

Otra de las temáticas recurrentes es el fuego, ¿Cómo alimentarlo? ¿Cómo cuidarlo?

Es un elemento que para mí significa la fuerza, la rebelión, la capacidad de transformación de la materia. Cómo alimentarlo tiene que ver con la intención, de nuevo. El fuego se alimenta mediante actos poéticos básicamente, donde tú tienes que tomar contacto con tu fuego interno… que a veces puede irrumpir de una manera espontánea, pero también en la vida cotidiana puedes dedicarte a estas labores, a fortalecer estas fuerzas internas, a cultivarlas…

 

A lo largo de tu obra, haces referencia a la esperanza, evocada por el ser amado, aunque sea de manera simbólica. A menudo lo relacionas con la superación de la muerte.

Una esperanza definitiva tiene que superar la muerte. Tú imagínate toda la vida aquí, y luego te mueres. Yo no lo concibo así. Hay un espacio de la mente, de la realidad última que trasciende la materia, que trasciende el tiempo espacio en el cual vivimos ahora. Estoy convencida de que existe esa realidad, es más, tengo experiencia de que existe esa realidad. De hecho, eso es lo que nutre mi poesía. Yo aspiro a que esa realidad sea mi destino. Es mi patria, es mi hogar, es el lugar al que voy a ir una vez que me vaya de aquí. Pero no tengo que esperar a morirme para ir, sino que ahora ya, cada día puedo ir cada vez que yo quiero. Pongo las condiciones para contactarme, cada vez más frecuente y permanentemente con esa realidad porque es la que da sentido a mi vida. Una realidad trascendente, una realidad sagrada.

 

¿Cuál es la esperanza del ser humano?

¿Qué esperanza puede tener el ser humano sino trascender la muerte? ¿Qué mayor esperanza? Una vez que deje de temer y sienta que es inmortal y que tiene esa capacidad de construirse a sí mismo, ¿qué otros temores lo pueden doblegar? Si ya ha vencido el gran temor. Esa es la rebelión máxima, rebelarse ante esta idea de la muerte, que no deja de ser una creencia.

 

¿Y el sufrimiento?

El sufrimiento se deriva del temor y el temor principal es el temor a la muerte. Luego está el temor a la pobreza, a la soledad, a la enfermedad… Pero si ya has vencido el temor a la muerte, porque te lo has trabajado, porque has reflexionado, porque has profundizado, todos los demás temores los tienes que vencer necesariamente porque están todos unidos, y de ahí deriva el sufrimiento. Entonces superar el sufrimiento es posible cuando hay fe en que la vida no termina con la muerte, cuando hay un salto, entonces toda dificultad se empequeñece. Entonces surge la heroína interna, que observa al sufrimiento como una dificultad a superar, una oportunidad para crecer y saltar. Esto es un juego, una lucha continua de la conciencia. Es curioso, mientras vas superando todo esto, tú también vas creciendo. O sea, todas estas dificultades, estos abismos y sufrimientos, esta condición humana, al ponernos en situación de superarlo con fe, nos hacen crecer y ese ser que crece es el mismo ser que va a trascender. Esas dificultades forman parte del proceso.

 

Eva Marín es periodista y reside en Barcelona.