Hoy en China es Qing Ming Jié (清明节) o el día de los Muertos, lo que viene a ser el Día de Todos los Santos en España. En esta fecha las familias chinas rinden homenaje y culto a sus muertos y antepasados acudiendo a las tumbas de sus seres queridos con alimentos y dinero de papel para quemarlo in situ y así asegurarse de que los que se han ido estén previstos de plata y comida para sobrevivir en la otra esfera.

Hoy en el mundo ya hay unos 59 000 muertos a causa de Covid -19 y contando. La flecha de mortalidad es ascendente y más en países cercanos a mí – desde el punto de vista cultural y familiar- como son España e Italia.

No es mi intención en este escrito hablar de estadísticas pertinentes al coronavirus ni de predecir su tayectoria a través del planeta, pero sí reportar el comportamiento de muchos humanos ante esta pandemia. Por humanos no me refiero a ningún individuo en concreto sino a grupos, multitudes, televidentes, periodistas y otros que siembran el pánico y la histeria en el pueblo.

El miedo es el enemigo número uno del alma humana: la sofoca, la paraliza, y aturdida por algo que no entiende, actúa sin ser ni forma, y causa caos; no un caos lleno de armonía como sucede en el Universo, pero un caos desprovisto de todo: vacío, carente de significado o dirección alguna, un caos que rompe con la ética y estetética humanas. Basta pensar solo en los consumidores de los paises más industrializados entrando en un hipermercado con un carrillo enorme y metiendo en él incontables rollos de papel higiénico. Nunca pensé qué el culo fuera tan importante. ¿Es así cómo respetamos a los que nos han dejado? ¿A los qué están por fallecer?

Nadie sabe con certeza en estos momentos lo que estamos viviendo y lo que nos queda por vivir en las próximas semanas y en los próximos meses. Es precisamente por esto por lo que tenemos que dar lo mejor de nosotros, y descomplejarnos de nuestros problemas materiales. ¿Cuánta gente ha perdido ya su trabajo, su pequeño negocio, su empresa o incluso a un ser o seres queridos? Carezco de cifras, pero estoy seguro que son cientos de miles de personas en todo el mundo. Yo también me pregunto de dónde va a salir mi próximo ingreso, pero no por ello me olvido de mi familia o mis viejos amigos. Lo más fácil es caer en la trampa y olvidarse de uno mismo, lo que vendría a ser la perdición del ser o Atman (आत्मन्)), el alma, el espíritu o lo que fuere y por esto tenemos que resistir esta crisis, esta pandemia, este cambio socioeconómico inminente y no dejarse llevar por el pánico por que «El miedo mata la mente. El miedo es la pequeña muerte que conduce a la destrucción total. Afrontaré mi miedo. Dejaré que pase sobre mí y a través de mí, y cuando haya pasado, giraré mi ojo interior para escrutar su camino. Allá donde haya pasado el miedo ya no habrá nada. Solo estaré yo» 1

 

Notas 1: Del guión de Dune, película dirigida por David Lynch en 1984, la traducción al español de la cita es de La República, Perú.