Ayer por la noche, cuando estábamos alrededor de la primera fogata de la temporada, nos paralizamos ante esta visión:

Nuestra visión era aún más clara que en estas imágenes. Y pudimos observar dos «filas» de puntos luminosos, perfectamente alineados, equidistantes entre sí, moviéndose a gran velocidad y a una distancia incalculable. Dos días antes, unos amigos ya habían observado lo mismo y se habían estado preguntado sobre la naturaleza de estos «objetos no identificados». ¡Por la radio, nos enteramos de lo que se trataba! Así que no tuvimos interpretaciones irracionales. Pero la percepción directa, y por primera vez, de este fenómeno que no tiene nada de natural, deja un sentimiento extraño, dividido entre fascinación ¡qué locura! y preocupación ¡qué raro!

Anoche, el grupo de Elon Musk logró poner en órbita una octava flota de satélites, elevando su número a más de 600 en la “constelación” de Starlink.

Eventualmente, la flota espacial podría contar con más o menos 12,000 satélites, de 260 kg cada uno. Elon Musk, presenta a Starlink como una acción en beneficio de toda la humanidad. ¿Beneficio de toda la humanidad? El proyecto consiste en desplegar miles de mini satélites de telecomunicaciones en órbita baja para que en cualquier parte del mundo podamos tener acceso a internet de banda ancha… ¿y así poder vigilar a todo el mundo de una forma más rápida y controlada?

El lanzamiento del 17 de febrero fue anunciado en la prensa francesa como el sexto y último lanzamiento. [1] Pero el confinamiento aceleró el proyecto.

Evidentemente, el proyecto es bastante criticado por algunos científicos debido:

  • A un aumento de riesgo de colisión espacial. (¡Bienvenido el confinamiento!)
  • A los desechos orbitales. (¿Pero a quién le importa la contaminación ya extrema fuera de nuestro planeta?)
  • A la contaminación lumínica que causan estos satélites, lo que dificulta las observaciones de los astrónomos.

En un reciente artículo, señalamos que una nueva era es posible si cada vez más nos adaptamos a los eventos, decisiones y direcciones de nuestra época. Y claro, esta adaptación haría que el progreso de la ciencia y tecnología sea una prioridad. Pero en el sentido de que este progreso ayude al ser humano a asumir una responsabilidad sobre el mundo que nos alberga.

De lo que estamos hablando aquí, es de un proyecto totalmente lucrativo, de una empresa privada estadounidense llamada Space X, que obtuvo del gobierno estadounidense la autorización para colocar sus aproximadamente 12,000 satélites, que se unirán a los otros 2063, –les dejo apreciar la curva exponencial de las cantidades de lanzamientos a una altitud mucho más baja, 500 km mientras que la órbita promedio está ubicada entre 2,000 y 36,000 kilómetros– [3] para permitir una conexión mucho más rápida que se estima sea en menos de un segundo.

Tenemos razón en preocuparnos por las nefastas consecuencias de estos proyectos de empresas completamente privadas –SpaceX no es el único que va en esta dirección: OneWeb, LeoSat, Kuiper y Telesat tienen planes similares–. Hay que tener en cuenta que el confinamiento global no ha hecho daño a estas empresas, ¡todo lo contrario!

A corto plazo, estos proyectos amenazan a la humanidad –¿cuál es el uso real de estos satélites?–; a mediano plazo, –el peligro para el tráfico aéreo, nuevas restricciones de observación para los astrónomos, desechos no recuperables– y a largo plazo, se apuntan a dirigir una civilización que no es para nada evolutiva, incluso si a Elon Musk le agrada presentarse como el filántropo del siglo.

De hecho, este proyecto promete a la humanidad una facilidad de conexión a internet sin precedentes. Ya sea, ¿a costa de nuestro cielo estrellado, fuente de tanta inspiración por su inmensa belleza?, la luz de estos satélites es equivalente a la estrella polar. Pronto, ya no podremos distinguir –debido a la cercanía de estos nuevos satélites– las estrellas de los satélites.

Mientras haya estrellas bajo el cielo, en la vida habrá, sin excepción ¡felicidad para los mendigos! Decía un compositor nacional… Podríamos temer que seamos nosotros, los sin fortuna, los que tengamos que renunciar a este regalo del cielo.

A menos que… en una época no muy lejana, la civilización tome un nuevo giro, en dirección a la Nación Humana Universal, que reclamará, por completo y al mismo tiempo, que la tierra y el cielo sean Zonas para Defender (ZAD) [4] de la codicia humana; para confiarlos a la verdadera ciencia que promueve las condiciones de vida de las personas, mejora su salud, hace posible superar el dolor. La tierra y el cielo serán confiados a verdaderos científicos, pero también a poetas y artistas, como buscadores y guardianes-protectores de las maravillas y misterios de los mundos infinitos. Los cuales no son destructibles. Y no se puede «cerrar» ni el espacio, ni el tiempo, ni el infinito de las posibilidades humanas.

[1] http://www.leparisien.fr/high-tech/que-sont-ces-points-lumineux-visibles-dans-le-ciel-20-04-2020-8302824.php

[2] https://www.pressenza.com/fr/2020/04/adaptation-croissante-pour-le-monde-dapres/?fbclid=IwAR2V0LbWt7Z-76ZHBXd11fUFqmghWdaF_wdMlUunj_0dsfDbvjOMK96qg_k

[3] https://www.futura-sciences.com/sciences/questions-reponses/satellite-satellites-tournent-autour-terre-7065/

[4] https://fr.wikipedia.org/wiki/Zone_à_défendre


Traducción del francés por Maria Paula Alvarez