Adelantamos un extracto del ensayo que Boudou comenzó a escribir en la cárcel

por Amado Boudou

Están pasando demasiadas cosas raras para que todo pueda seguir tan normal. Desconfío de tu cara de informado y de tu instinto de supervivencia.
… y los chicos y las chicas no hacen nada por cambiar…
…bailan la danza de la intelligentzia…
Charly García, «Bancate ese defecto»

Seamos serios: no existe riesgo cero, por eso es importante acompañar el esfuerzo del Estado en función de acotar y minimizar los efectos de la Covid-19. También comprendamos que los sectores más vulnerables están desprovistos de recursos para enfrentar tanto la pandemia como la vida diaria mientras dure esta situación. Por favor, hacia ellos los mayores esfuerzos.

La desigualdad sigue siendo el problema más grave de las sociedades y en circunstancias extremas se hace más visible. Atender las necesidades de los grupos más vulnerables se impone, máxime cuando allí puede radicar la diferencia entre vivir o morir.

Es imprescindible que no exista ninguna mirada ni criterio economicista para enfrentar la crisis. Es correcto el enfoque del Presidente: primero lxs humanxs, después organicemos la economía alrededor de la vida y no al revés. La pandemia nos desafía a construir un mundo mejor cuando pase la crisis y vivamos sus consecuencias, que serán duras.

En 2008, mientras se iniciaba la crisis más profunda y global desde 1929 –algunxs especialistas incluso la califican como más severa que esta– tuve un desafío dramático y a la vez hermoso: compartir con la Presidenta de la Nación mi visión del mundo y proponerle medidas concretas en dicho contexto. Lamentablemente el curso de los acontecimientos validó mis previsiones en cuanto a que la crisis no era una mera cuestión financiera sino que implicaba al sistema institucional de la política global; pero afortunadamente la Presidenta era Cristina Fernández de Kirchner: una mujer con la visión, el liderazgo y la valentía para enfrentar la crisis, aún yendo contra la corriente. La historia de ese momento ha sido contada por la propia CFK.

Crecer pese al desastre

La Argentina fue uno de los países que amortiguó con mayor capacidad y mejores resultados el desastre provocado por la timba financiera global, llegando incluso a crecer en dicho contexto. El camino transitado no fue el reclamado por la ortodoxia: caída del salario real, ajuste fiscal,  señales “pro mercado” y toma de deuda. En cambio protegimos el empleo, la producción nacional, el sistema jubilatorio, administramos el comercio exterior, regulamos el sistema financiero y utilizamos las reservas excedentes del BCRA para cancelar deuda con organismos multilaterales. Nuestra receta fue: cuidar los puestos de trabajo, mejorar la distribución del ingreso, proteger la economía nacional e incluso desendeudar. Todo ello a partir de la concepción de un Estado presente que asume su rol ante la comunidad.

Lo logramos tomando medidas contracíclicas de profundidad y extensión inusuales. Para dar solo un ejemplo no obvio –que serían la puesta en funcionamiento de la AUH o el plan de obra pública–, durante la crisis internacional el gobierno de CFK amplió el cronograma de vacunas obligatorias y entregó netbooks a los alumnos de las escuelas secundarias públicas. Políticas por fuera del manual de prescripciones del sistema global y sus representantes locales que insistían con “generar confianza a los mercados” mediante la “austeridad fiscal” (nuevos nombres para los devaluados ajustes) y política monetaria restrictiva. Lección para aprender: los centros de poder trabajan en la bonanza y en las crisis para convencer a lxs políticxs de todos los países que deben resignar su soberanía monetaria y fiscal, que no se atrevan a desafiar al modelo neoliberal. En esta tarea militan implacablemente los poderes concentrados, con prisa y sin pausa, aún cambiando los argumentos en cada etapa. Los 12 años del kirchnerismo han demostrado, por su parte, que con visión política, coraje y patriotismo otro camino es posible. Hay alternativa.

El neoliberalismo necesita cada vez cuotas más agresivas e impiadosas de explotación y desigualdad para reconvertirse y sostenerse, forzando un sistema inexorablemente más antidemocrático e injusto. Particularmente, la carga es más pesada sobre el mundo del trabajo, donde estamos ingresando en una etapa de auto explotación. Ya ni capataces hacen falta, pues toda la tarea la realiza lo que hoy denominan “economía de la vigilancia” y “economía de las plataformas”: un sistema al servicio de una nueva tecno-plutocracia emergente. Aunque, sin dudas, este es un tema que merece tratarse por separado, permítanme un breve comentario: el problema no es la tecnología sino las leyes, regulaciones y prácticas que no cuidan a las personas, pero sí al capital.

¿Nada puede hacerse? No es cierto. Veamos una pequeña anécdota sobre la actividad del transporte de carga marítima que se vale del uso de “banderas de conveniencia” –sistema tan opaco y nocivo como el de las guaridas fiscales–, haciendo abuso masivo de la extraterritorialidad. Una operatoria de la actividad es la utilización de marinerxs de distintos países aprovechando la posibilidad de pagar los menores sueldos posibles y minimizar los derechos de lxs trabajadorxs a bordo. Cuando durante 2009 la empresa Maersk envió un memo interno ordenando “ningún reclutamiento en Europa”, un comentarista escribió: “Hay más ballenas azules que marineros británicos embarcados en barcos británicos. La diferencia es que se han tomado medidas conservacionistas para salvar las ballenas”.

En ciencias sociales nada es natural. Menos aún inocente. Los resultados concretos son determinados principalmente por el conjunto de instituciones que regulan las relaciones de las personas y sus organizaciones –gobiernos, empresas, sindicatos, sistema educativo, etc.–, las que a su vez son resultado de los conflictos que surgen en las sociedades (llámenlos grieta, lucha de clases, grupos de poder o como elijan). Quiero ser muy enfático en esto: no existe una organización natural, ni el mundo (mal) funcionó siempre mal como hoy. Por lo tanto, no debemos aceptar que siempre funcionará así.

En el pasado no hubo por qué tolerar indefinidamente la esclavitud ni el colonialismo ni el apartheid, aunque en su era  algunos las consideraron situaciones naturales. Trasladándonos al presente, cierto es que no hay por qué aceptar el patriarcado, la horrible desigualdad extrema, la financiarización de la economía y mucho menos que la lógica de mercado se filtre en cada aspecto de la vida. Hoy estamos sometidos a un régimen de dictadura del capital, por supuesto tampoco es producto de ninguna naturaleza, sino de la creación de hombres con intereses e ideología. Por ende, no tenemos por qué someternos indefinidamente a ella.

El problema central es la distribución, no la escasez

Mientras no nos opongamos a quienes sostienen y profundizan conscientemente el status quo, se seguirán beneficiando exponencialmente las clases dominantes, desplazando los intereses populares, los de las clases medias y de las empresas nacionales. La falacia de sostener que el egoísmo, como única guía de la acción humana, conducirá a toda la sociedad al paraíso donde cada cual es feliz con el fruto de su esfuerzo, ha quedado al descubierto. Este relato está desnudo a la luz de la desigualdad extrema, la discriminación de género, la violencia exacerbada, los padecimientos de enormes poblaciones y la destrucción del medio ambiente. Basta de hipocresía: hoy el problema central es la distribución, no la escasez. Ninguna mano invisible podrá resolverlo.

El discurso sobre la eficiencia de los mercados no es imparcial ni desinteresado, responde a intereses de clase. La realidad efectiva nos demuestra todos los días que estos postulados son un claro engaño: el sistema de precios lejos de generar valor se ha convertido en un fenomenal mecanismo de extracción del valor que producen las sociedades, utilizando la privatización de las cuestiones públicas, la concentración monopólica y la financiarización de todas las actividades. Por supuesto, en todos estos casos un factor indispensable para sostener el poder de las corporaciones es la precarización de los derechos laborales y la caída del salario real.

Un ejemplo en esta cuestión es la privatización de los sistemas de jubilaciones que se instauró durante los ’90 en algunos países menos desarrollados. Cabe resaltar que la Argentina es el único país cuyo sistema jubilatorio fue privatizado y logró rescatarlo para su patria, luego de soportar durante más de una década sus perniciosos efectos. Que sea la única reversión en el mundo es un hecho sorprendente a la luz del consistente fracaso del sistema privado de jubilaciones en todos los países en que se instauró, es sabido también que ninguno de los países centrales se embarcó en tan disparatado proyecto.

El sistema de precios (de mercado) es además un mecanismo de consolidación y reproducción de las relaciones de poder. En una economía que se concentra, el poder va quedando cada vez en menos manos. Esta tendencia se agrava en la dictadura del capital financiero que rige el mundo hoy día. La “liberalización” sin fin del régimen financiero que opera desde los ’80 es llevada adelante por Estados y organismos multilaterales que defienden los intereses del sistema financiero por encima de todos los demás. Se ha ido construyendo una nueva institucionalidad donde los rentistas ganan cada vez más a costa de los que trabajan y producen.

La visión ortodoxa propone que cuando existe un problema en la asignación de bienes económicos es necesario “crear un mercado”. (Artificial, caprichoso y arbitrario en la distribución de derechos.) El estudio y la experiencia me llevan a decir que es necesario organizar la sociedad por fuera de mercados en forma creciente. Es inaceptable que el mercado organice el sistema de salud, educativo y de vivienda. Ni qué hablar del comercio exterior. En esta crisis global la situación se hace mucho más evidente, pero el daño de la lógica de mercado en las sociedades es acumulativo y está encubierto solo por el endeudamiento.

Para quienes creen que es imposible enfrentar la lógica de mercado, volvamos a un ejemplo concreto: la reversión del sistema de AFJP. El gobierno de CFK recuperó la lógica solidaria y colectiva por encima de una estructuración institucional completamente de mercado, que no solo apostaba en forma irresponsable los ahorros de lxs trabajadorxs. Utilizaba enormes cantidades de dinero de dicho ahorro para gastarlo en publicidad y lobby, logrando que analistas, economistas y los medios concentrados hablaran maravillas de un sistema que estaba arruinando el presente y el futuro de lxs argentinxs. En concreto: la teoría económica standard que se enseña muy mayoritariamente en las universidades es una ideología disfrazada de ciencia.

Como bien señala Heyman Minsky: “Mientras el mecanismo de mercado es un sistema suficientemente adecuado para decisiones sociales sobre cuestiones menores como la mezcla de colores en la producción de pantalones, el largo de las polleras o los sabores de helados, no puede y no debería confiarse en el mecanismo de mercado para las cuestiones grandes e importantes como la distribución del ingreso, el sostenimiento de la estabilidad económica, el desarrollo del capital y la educación y la capacitación de los jóvenes”.

Un diseño institucional premeditado e intencional

Los organismos supranacionales multilaterales y corporaciones privadas, pero sobre todo las empresas calificadoras de riesgo, que juntos gobiernan el mundo, hoy son más poderosas que muchos Estados. Y gobiernan sin un mandato ni vigilancia democrática. Las calificadoras son simplemente empresas con fines de lucro que, sin embargo, operan como juez y parte en los flujos de capitales globales.

Este estado de cosas no ha surgido naturalmente: es fruto de un diseño institucional premeditado e intencional. No en vano la liberalización de los mercados financieros, las prácticas aceptadas de inversión y las regulaciones de Basilea, conjuntamente con el funcionamiento de las calificadoras de riesgo, tienen como resultado un régimen en el cuál  los pueblos no pueden defender sus vidas, sus derechos ni sus sueños, mientras los Estados se vuelven impotentes y estériles en términos populares, aunque no para los dueños del capital.

Recuerdo en este sentido cuando CFK me envió a la Cámara de Apelaciones de NYC por el tema Fondos Buitre. Sentado en esa Corte, el sentimiento de desolación e injusticia contrastaba con la teatralidad y pompa de la impresionante estructura jurídica montada para proteger al capital. Ese ámbito no concede posibilidad siquiera de  reparar en lxs jubiladxs argentinxs, lxs trabajadorxs, lxs desempleadxs. No hay en el régimen global institucionalidad para defender los derechos de los que menos tienen. Solo los gobiernos dispuestos a defenderlos, desafiando lo establecido.

Confrontando nuestra historia, fue un hecho inusual y motivo de orgullo que el gobierno argentino decidiera enfrentar la situación defendiendo los intereses nacionales y populares en lugar de aceptar las recetas en desmedro del mandato democrático. Cuando esa delegación argentina invocó la renegociación previa con los acreedores y el impacto que tendría aceptar la posición de los buitres, uno de los jueces del Tribunal fue lacónico: “No estamos aquí para interpretar los contratos, sino para hacerlos cumplir”. Ante semejante visión CFK continuó defendiendo los intereses de lxs argentinxs, sin concesiones a ningún poder que intentara limitarlos.

De particular importancia es la necesidad de terminar con el inaudito y dañino sistema de “no lugares”, conocido como guaridas fiscales (a las que el sutil uso del lenguaje dominante pretende imponer el precioso nombre de “paraísos fiscales”, mediante una mal intencionada traducción del inglés).

Humanizar las cosas, cosificar a las personas

A contramano del esfuerzo global para superar la catastrófica crisis que los banqueros y sus funcionarios generaron en 2008, actuaron como si nada hubiera pasado y fueran los dueños de los fondos públicos dispuestos para enfrentar la situación. Obraron, y el sistema les permitió obrar, como si no tuvieran ninguna responsabilidad. Resultado: los bancos transfirieron los costos de su codicia y sus fraudes a los Estados, aumentando exorbitantemente la desigualdad en el mundo. Todo esto amparado por la legislación y las regulaciones globales.

Hubo una suelta de salvavidas que quedaron en muy pocas manos mientras la mayoría quedaba con el agua al cuello o se ahogaba. No es ocioso señalar que los salvavidas los pusieron los integrantes del segundo grupo, tampoco que la pertenencia a un grupo u otro no fue producto del azar.

En definitiva, queda un sabor amargo de esa época: el sistema financiero salió fortalecido de la crisis respecto de la economía real. Las políticas de “libre movilidad de capitales” y “libre comercio” continúan arrasando con los ingresos de los países menos desarrollados mientras estos conceptos siguen formando parte del catecismo neoliberal gobernante y la razón de ser de los organismos multilaterales.

¡Qué increíble! Nos habituamos a usar el término libertad para señalar cosas y cuando uno pregunta haciéndose el ingenuo en los debates del G-20, del FMI o del Banco Mundial sobre la “libre movilidad de personas”, te miran como si estuvieras hablando de marcianos. En la conceptualización neoliberal, los capitales que cruzan las fronteras son libres mientras las personas que lo hacen son clandestinos, ilegales, sudacas, pied-noire, frijoleros. El neoliberalismo y su lenguaje son claros: humanizar las cosas (sobre todo el capital) y cosificar las personas.

Ante tanto abuso de la palabra libertad y su sentido por parte del sistema de explotación masiva –neoliberalismo—, vale la pena recordar que para Franklin D. Roosevelt una libertad fundamental es “la libertad de no vivir en situación de necesidad”. Casi cien años antes, Carlos Marx ya sostuvo que “en la libre competencia no se pone como libres a los individuos, sino que se pone como libre al capital”.

La Dictadura del Capital que gobierna hoy al mundo es muy fácil de explicar: socialismo para los banqueros + las corporaciones; capitalismo salvaje para lxs trabajadorxs + la pequeña y mediana empresa.

Por todo esto no puede existir en ninguna circunstancia un “FMI bueno”, como se pretende hacer creer desde el Organismo en cada nueva oportunidad. En términos orgánicos, el FMI es una herramienta de imposición, reproducción y perpetuación del patrón dólar, elemento esencial para la supremacía y dominación de Estados Unidos en términos geopolíticos y del sistema financiero norteamericano en términos económicos. Entonces el FMI es una institución clave para sostener la dictadura del capital, en esencia y en praxis. El monitoreo permanente, pero sobre todo los condicionamientos y recomendaciones a los países miembros son el mecanismo efectivo con que el régimen dominante ha impuesto las reformas y la legislación que lo favorece. Zbigniev Brzezinski, ideólogo y analista de las políticas norteamericanas, lo explica sin dobleces: “A pesar de enfrentar importantes amenazas militares, las Potencias Atlánticas fueron capaces de institucionalizar su posición dominante en la política internacional mediante una red global de organizaciones internacionales cooperativas, que incluyen desde el Banco Mundial al FMI hasta las mismas Naciones Unidas, consolidando un marco global para sostener su preeminencia.” A confesión de parte…

Sostener la vida

Volvamos a la coyuntura: el gobierno argentino está enfrentando la Covid-19 con liderazgo y acción, mediante políticas sanitarias y socioeconómicas que permiten amortiguar el tránsito de la pandemia en un contexto en el cual los efectos serán sin duda globales, y por ende es imperioso actuar localmente con determinación fortaleciendo los ingresos de la población y controlando la codicia sin freno de las clases dominantes. En este sentido, congelamiento absoluto de precios y acceso irrestricto a los servicios públicos es mucho más que sostener la calidad de vida: ES la vida. Son acciones que apuntan a sostener el estado de la salud colectiva y llevar un poco de tranquilidad a las familias. Es importante acompañar al gobierno en todas las medidas concretas que vayan surgiendo en este sentido.

No hay que olvidar que la trascendencia de la pandemia está ocultando la gravedad del estado de la salud pública que nos dejó el macrismo: avance del dengue, brote de sarampión, suspensión de construcción de hospitales entre los efectos mas indiscutibles de la irresponsable e inhumana decisión de Macri de eliminar el Ministerio de Salud.

La reconstrucción

En un futuro, ojalá cercano, con la conducta solidaria colectiva y el liderazgo del Gobierno Nacional habremos superado la Covid-19. Ese día hay que estar listos para la reconstrucción. Hay que estar atentos y militantes para construir un nuevo orden mundial mediante profundas reformas estructurales orientadas por el amor y la igualdad.

Este es el tono para pensar el ordenamiento nacional cuando finalice la pandemia… porque sus efectos seguirán mucho después de dicho momento. Necesitamos constituir una nueva Arca de Noé, con un Noé colectivo capaz de construir un nuevo orden, sin temor cuando el sistema establecido nos denigra o nos ignora. Un nuevo orden que implique una ruptura con la situación actual. Igual que en 2008, sigo pensando que las instituciones que determinan la relación de poder capital-trabajo y la arquitectura financiera internacional seguirán destruyendo en forma creciente la vida de los pueblos mientras las naciones no estén dispuestas a desafiarlas.

El orden neoliberal necesitará, para sostenerse, anular cada vez mayores derechos de las poblaciones frente a la voracidad insaciable del capital. Queramos reconocerlo o no, es un oxímoron hablar de “capitalismo con rostro humano”. En efecto, no hay regulación ni control que pueda domar la avaricia intrínseca, cortoplacista y depredadora de su lógica. El capitalismo es Dorian Grey, el rostro escondido detrás del discurso dominante es atroz. Y basta ya del relato del “derrame”… el capitalismo es un sistema que desafía la ley de gravedad, porque siempre derrama hacia arriba. Y la bomba que empuja el líquido hacia arriba no es natural, es el sistema institucional sobre el que opera el capitalismo el que bombea permanentemente el fruto del esfuerzo de los de abajo para que lo recojan los de arriba, produciendo a la postre cada vez mayor desigualdad y desintegración social.

Las crisis ocurren porque son inherentes a la organización institucional y a la dinámica intrínseca del capitalismo. El lenguaje impuesto por el sistema nos relata la economía como si fuera una fuerza natural independiente.

Este lenguaje aparenta que los hechos simplemente suceden como si la economía fuese solo la suma de acciones de los individuos. Esto oscurece la realidad de los hechos. Lo determinante resulta ser la existencia de agentes económicos con poder para que dichas cosas ocurran: capitalistas, banqueros, especuladores, monopolistas, empresarios concentrados son los responsables de las catástrofes económicas. Tienen nombre y apellido. No son producidas por la acción desinteresada de millones de individuos actuando libremente. Por supuesto, entre dichos agentes también está el Estado, lamentablemente muchas veces capturado por las élites económicas. Mediante este minué las clases dominantes amplifican su mecanismo de influencia: con el puño derecho golpean con el mercado y con el izquierdo golpean mediante la captura del Estado.

¿Quién abusa de quién?

Mientras tanto se verifica un incesante crecimiento de la productividad hace más de cuarenta años, simultáneamente con salarios estancados o decrecientes. En la discusión pública nos imponen cínicamente el “problema” de los “costos laborales” y las “leyes laborales abusivas”. ¿Alguien seriamente puede creer que lxs trabajadorxs están abusando de los capitalistas?

Dentro del ordenamiento reinante los pueblos no tienen nada para ganar, ni siquiera para conservar. La tendencia irreversible es que cada vez menos tengan más, se precarice el trabajo, la exclusión sea cada vez mayor, se profundice el patriarcado y se deprede el medio ambiente. Menos derechos, menos democracia. En definitiva ninguna posibilidad de que nuestros hijos reciban un mundo mejor… Si no hacemos cosas distintas, claro está.

No seamos ingenuos. No es cuestión de kirchnerismo duro –del cual soy orgulloso militante–, como algunos lo califican para estigmatizar. Es solo el compromiso de representar los intereses nacionales y la vocación de construir una sociedad más igualitaria. El neoliberalismo claramente no es el camino. Si no me creen, escuchemos por un instante la voz de Alan Greenspan –el otrora todopoderoso y orgulloso ingeniero de la liberalización financiera global desde el trono de la Reserva Federal que condujo entre 1987 y 2006–, quien declaró ante la Cámara de Representantes de EEUU el 23/10/2008:

Waxman: En otras palabras, usted descubrió que su visión del mundo, su ideología, no era correcta, no funcionaba.

Greenspan: Precisamente. Esa es precisamente la razón por la que quedé shockeado, dado que creí en ello por cuarenta años o más, con evidencia muy considerable de que estaba funcionando excepcionalmente bien. Pero permítame, si me permiten…

¡Imperdible! el propio  Greenspan nos deja algunas enseñanzas:

  1. La economía de libre mercado es una ideología y no una ciencia;
  2. Las decisiones de la Reserva Federal no son técnico-profesionales, como quieren hacernos creer sobre todo los actores domésticos, sino ideológico-políticas (¡como deben ser!) y;
  3. El neoliberalismo no funciona.

Pretendan ocultarlo, pero ellos lo saben: la economía que se denomina ortodoxa es una ideología disfrazada de ciencia. Es el sentido de la clase dominante impregnando el sentido común. Para esto se vale de un enorme aparato de aceptación, difusión y reproducción de las relaciones sociales que impone esta etapa del capitalismo financiero y la ya mentada tecno-plutocracia.

El ingreso universal

Por eso vale la pena cavilar y madurar el largo plazo pensando, al menos, las reformas mínimas indispensable para los tiempos que vienen. A continuación comparto –a modo de incompleta hoja de ruta– algunos títulos que se entrelazan en un programa nacional y popular.

  1. Ejercicio pleno de la soberanía fiscal y monetaria;
  2. Mejora continua de la distribución del ingreso;
  3. Ingreso Universal.

La necesidad, conveniencia y posibilidad de que todos los ciudadanos reciban un ingreso ya forma parte del debate político y académico en el mundo. Desde sectores tan disímiles como el sindicalismo, las religiones, el ultraliberalismo, el socialismo, los defensores de la democracia real e incluso desde experiencias concretas gubernamentales, se exponen argumentos en su favor y distintas alternativas para financiarlo.

Durante mi primera estadía en prisión me dediqué a estudiar el tema, que la literatura anglosajona denomina Renta Básica Universal, y pude reforzar algunas ideas e intuiciones que hace tiempo vienen guiando mis propuestas de política económica y mi compromiso militante por mejorar la distribución del ingreso.

A trazo grueso: son humanamente inviables sociedades atravesadas por la intersección entre avances tecnológicos a una velocidad y profundidad sin precedentes con la tendencia secular e inexorable del capitalismo a la concentración. Una solución transitoria y aceptable es instauración de una asignación mensual universal y sin contraprestación. Por supuesto, existen propuestas alternativas en cuanto a su implementación.

Vale la pena recordar a la luz de este debate la experiencia Argentina durante los gobiernos de NK y CFK. Mediante políticas focales –resultado de una profunda lectura política y estratégica de las fuerzas que operan en el siglo XXI–, se avanzó decididamente en este sentido. Tanto la Moratoria Jubilatoria como la Asignación Universal por Hijo son piezas que pavimentan el camino hacia el ingreso universal. No solo han mejorado la vida de millones de argentinos y la distribución del ingreso, también hemos demostrado su impacto positivo sobre el funcionamiento de la macroeconomía y —desafiando el discurso dominante— que son viables y sostenibles.

Hagamos énfasis en esto último: hay alternativas al discurso dominante. Entonces, enfrentando las posiciones fiscalistas, pudimos reconocer derechos a sectores postergados como lxs jubiladxs y las madres. Adicionalmente, desde otra perspectiva, son dos medidas profundamente feministas ya que cerca del 80% de quienes ingresaron en la moratoria jubilatoria fueron mujeres.[1] Por esto es un orgullo que algunos analistas y comunicadores hayan denominado peyorativamente a la Moratoria “jubilación para amas de casa”. ¡Sí, pusimos en marcha un mecanismo que permitió que las denominadas amas de casa se jubilen! Es genial. Si el capitalismo patriarcal decidió históricamente un rol de mucho esfuerzo y sin remuneración para las mujeres, el sistema previsional no tiene por qué convalidarlo. Esa fue nuestra decisión: no convalidarlo.

En el escenario actual de emergencia originado por el Covid-19, estas dos políticas (Inclusión jubilatoria y AUH) vienen demostrando ser canales institucionales formidables y efectivos para llegar con nuevas políticas activas extraordinarias a grandes sectores de la población. Este es un subproducto adicional de las políticas implementadas durante los doce años de kirchnerismo.

En esta etapa histórica del capitalismo, a la luz de la experiencia producida en la Argentina entre 2003 a 2015, vale la pena seguir explorando el camino hacia un Ingreso Universal.

Como propuesta, el próximo paso sería un Ingreso Universal para Mujeres, fundamentado en que a ellas el capitalismo patriarcal les ha asignado históricamente trabajos importantes e indispensables para la humanidad, que al mismo tiempo decidió no remunerar salvo que lo hagan fuera de sus hogares. Esta situación es a todas luces inaceptable. ¿Cuánto crecería el PBI si se contabilizaran correctamente dichas actividades? ¿Cómo puede ser que socialmente no se consideren valiosas dichas actividades en un mundo que ha decidido ponerle precio a todo? Además del impacto en la mejora en la distribución del ingreso que tendrá la IUM, será una política emancipatoria de igualdad, empoderamiento y mejora democrática. Por supuesto que la percepción de este derecho debe estar vinculado a la elección del genero, no ser simplemente una cuestión de sexo.

  1. Administración del comercio exterior;
  2. Estatización de los servicios públicos;
  3. Democratización del BCRA y nueva legislación financiera;
  4. Prohibición de utilización de guaridas fiscales;
  5. Banco Nacional de Inversión, Banco de Fortalecimiento Cooperativo y reconversión del Correo Argentino;
  6. Política de desendeudamiento masivo (estados y familias);
  7. Nacionalización de los puertos, flota de bandera y reserva de bodega;
  8. Fortalecimiento de la legislación laboral, Participación de lxs trabajadorxs en las ganancias, Reducción de la jornada laboral;
  9. Fortalecimiento del intercambio comercial en monedas locales;
  10. Implementación de planes quinquenales de infraestructura;
  11. Inversión masiva en generación tecnología CVNEA, INVAP, ARSAT, CONICET, Univ.;
  12. Empresa Nacional del Litio;
  13. Nueva normativa para comercios de grandes superficies;
  14. Políticas antimonopolio;
  15. Fortalecimiento del municipio, democracia directa y economía local.

De este parcial e inconcluso recorrido por mis pareceres y convicciones quedan, por supuesto, pendientes de desarrollo muchas cuestiones importantes. Siempre se requiere imaginación para mejorar la distribución del ingreso.

Como verán, todo tiempo es bueno para estudiar y pensar el futuro. Es una de las formas de militancia cuando uno está encerrado. La otra por supuesto, es agradecer a todxs quienes han hecho el esfuerzo de compartir una visita en el penal.

Agradezco los comentarios y sugerencias del doctor Esteban Pont Vergés.

Gracias Mónica por discutir conmigo estos temas, por la paciencia para ayudar con las citas y traducciones por teléfono de línea, por el amor y sobre todo por Simón y León –los forajidos–.

Pensado y guiado solo por el amor y la igualdad

Cuando pase el temblor, será un buen momento.

Lo sé. (Mantengámonos despiertos.)

 

Republicado por gentileza del autor. Publicado originalmente en El Cohete a la Luna