Incendio en el campo de refugiados de Samos

18.10.2019 - Amanda Russell Beattie - Gemma Bird

Este artículo también está disponible en: Inglés, Italiano

Incendio en el campo de refugiados de Samos
(Imagen de Proyecto Armonía)

En la tarde del 14 de octubre  hubo un incendio en la isla de Samos, que devastó los hogares temporales de los seres humanos que viven en la «jungla», el espacio superpoblado en el que se ha confiado para alojar a hombres, mujeres y niños en un Centro de Recepción e Identificación que ya no puede hacer frente al número de refugiados varados en la isla a la espera de que se examine su solicitud de asilo.  Los incendios en el centro ya no se consideran noticias dignas de mención; durante los meses de verano ocurrían todas las semanas, pero al igual que el incendio de Lesbos hace sólo dos semanas, esto fue diferente. El incendio de Lesbos mató a dos personas y, al igual que el incendio de anoche en Samos, se debe al hacinamiento extremo, que provoca frustración y debate, pero también puede tener consecuencias mucho más graves.

El Centro de Recepción e Identificación de Vathy, una antigua base militar, tiene capacidad para 650 personas.  Actualmente hay más de 6.000 refugiados en la isla, la mayoría de ellos en la llamada selva, donde utilizan tiendas de campaña y trozos de madera para construir refugios rodeados de desechos, todos ellos altamente inflamables.  Muchas personas guardan estufas de gas en sus tiendas para calentar y cocinar; cuando el fuego llegó a ellos, los contenedores de gas explotaron. Las estimaciones sugieren que más de 700 personas perdieron sus tiendas de campaña anoche, personas que ya tienen poco y que ahora se encuentran sin refugio a medida que se acerca el invierno.

Mientras que, a Europa, y probablemente al resto del mundo, se le ha dicho que el número de refugiados que llegan a las costas de las islas griegas está disminuyendo, este ya no es el caso.  Un número récord de llegadas, documentado por las ONG locales sobre el terreno y el Aegean Boat Report muestran que los barcos siguen llegando de Turquía todos los días.  Los datos oficiales del ACNUR en Grecia revelan que sólo entre el 7 y el 13 de octubre llegaron a las islas del mar Egeo 1.649 personas, es decir, una media de 236 personas al día. La semana anterior se registraron 2.144 nuevas llegadas.  Lo que es quizás más preocupante es que, a modo de comparación, sólo 699 personas llegaron en 2018 en este mismo período de tiempo. Estos números se suman a una situación que ya está en el límite. En respuesta, el gobierno griego anunció un aumento de las repatriaciones, con el objetivo de traer de vuelta a finales de 2020 a 10.000 personas a Turquía, un país actualmente en conflicto. El Partido Nueva Democracia, que formó el nuevo gobierno en julio, cuestionó la legitimidad de las solicitudes de asilo, desarrollando una política centrada en la disuasión más que en el apoyo.

El incendio del 14 de octubre nos recuerda que hay seres humanos viviendo en estos espacios.  Su individualidad, humanidad y lucha diaria se han perdido en la mayoría de los informes de situación.  Son adultos, niños, adolescentes, familias y amigos que viven en un espacio que nunca ha sido diseñado para ellos.  Son grupos de personas de diferentes orígenes amontonados en un entorno inadecuado para albergar a seres humanos. Esto puede llevar a tensiones y frustraciones, luchas, disturbios y los incendios resultantes.

Este incendio ha devastado las vidas que la gente ha intentado labrarse en los espacios más inhumanos y frente a los tratos inhumanos y degradantes, pero en esta aldea de tiendas de campaña se ha formado y evolucionado una pequeña comunidad.  Hay una cocina común donde se ofrecen comidas alternativas a las del campamento, una iniciativa dirigida por mujeres. También hay una peluquería, donde los hombres pueden cortarse la barba y el pelo e incluso retocarse las cejas.

¿Por qué te decimos esto?  Debido al fuego, la mayor parte de esto se perderá.  Una foto proporcionada por voluntarios de las ONG que trabajan en el terreno revela que ya no es seguro instalar tiendas de campaña en este espacio.  Se nos dijo que esta es una de las peores cosas que muchos trabajadores de ONG han presenciado. En un espacio donde los niños son mordidos regularmente por ratones y serpientes, donde los piojos y la sarna son una preocupación constante y la seguridad personal es un desafío constante, el choque y la consternación con que se describen las consecuencias del incendio son indicativas.  Sin embargo, la comunidad se ha unido, las ONG han abierto sus puertas toda la noche para ofrecer camas, los voluntarios que apoyan a Proyecto Armonía, muchos de los cuales son refugiados, han trabajado toda la noche para proporcionar comida y refugio, el grupo de voluntarios de Samos ha abierto su centro para dar a las mujeres y los niños un lugar para dormir. Se lanzó una campaña de recaudación de fondos para apoyar a las personas afectadas por el incendio, para tratar de proporcionarles ropa y refugio destruidos en un incendio que no era necesario y que podría haberse evitado con menos hacinamiento. Si pueden apoyar esta campaña, por favor háganlo.

Foto de Mohammed Saleh

Foto de Project Armonia


Traducido del inglés por Estefany Zaldumbide

Categorías: Europa, Migrantes
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