El Parlamento de Jordania aprobó la expulsión del embajador israelí y la detención de cualquier acto de normalización de nexos con el régimen de Tel Aviv.

En una sesión extraordinaria dedicada el lunes a revisar las transgresiones de sitios sagrados musulmanes en la ciudad palestina de Al-Quds (Jerusalén), como el recientemente perpetrado por colonos y militares israelíes contra la Mezquita Al-Aqsa, los legisladores jordanos llamaron al Gobierno a expulsar al embajador israelí en Amán (capital jordana), Amir Weissbrod, y reconsiderar el acuerdo de paz con Israel.

La sesión repudió asimismo las leyes racistas impuestas por la entidad ocupante contra los fieles musulmanes con el objetivo de impedir que estos puedan cumplir con los mandamientos del Corán.

Los legisladores instaron a evitar que Israel cambie el estatus quo de la Mezquita, en tanto que el régimen de Tel Aviv busca que los judíos tengan acceso a este sitio islámico para realizar sus rezos.

El Parlamento jordano pidió también a los miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (CSNU), la Unión Europea (UE) y los gobiernos árabes e islámicos que apoyen la causa palestina.

El domingo, la policía israelí reprimió con bastones, granadas cegadoras y gases lacrimógenos a los fieles musulmanes en la Explanada de la Mezquita Al-Aqsa. El choque estalló después de que centenares de colonos y judíos ultraortodoxos irrumpieron en el lugar sagrado.

Tras los enfrentamientos, la Cancillería jordana convocó al embajador Weissbrod, para que este trasladase a las autoridades de Tel Aviv “el fuerte mensaje que exige la detención de todas las violaciones israelíes y los intentos que buscan cambiar el estatus histórico y legal de la Explanada de las Mezquitas”.

Por su parte, la Cancillería jordana recordó en un comunicado que la totalidad de la Mezquita Al-Aqsa y sus alrededores de unas 144 hectáreas es un lugar de culto solo para musulmanes.

La Mezquita Al-Aqsa es el tercer santuario más importante de los musulmanes. El régimen de Israel, que se considera a sí mismo propietario de los territorios palestinos, sueña desde el inicio de su ocupación con destruir este centro de culto a fin de transformarlo en un templo judío.

Las autoridades palestinas y los movimientos de Resistencia han prometido seguir defendiendo la Mezquita Al-Aqsa —que supone una “línea roja” para los palestinos—ante las agresiones.

 

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