Algunas consecuencias sicosociales de la implantación de una renta básica universal

14.06.2019 - Nueva York - Juana Pérez Montero

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Algunas consecuencias sicosociales de la implantación de una renta básica universal
(Imagen de Sabine Schmitz)

Con el título Un Día de Perspectivas desde la Utopía, Pressenza Nueva York ha celebrado los diez años de la Agencia en una Jornada en la que se han desarrollado tres paneles: sobre riqueza –en el que se ha hablado de renta básica universal e incondicional-, mujer y desarme.

Dentro del panel Renta Básica Universal, hemos puesto contextos de nuestro posicionamiento como Agencia y explicado algunas de las posibles consecuencias de aplicarse una renta básica y la oportunidad histórica de ponerla en marcha. A continuación, los comentarios presentados y sumados como base para el debate que tuvo lugar posteriormente.

¿Por qué Pressenza defiende estas causas, como una renta básica universal e incondicional, el desarme o los feminismos… causas, por cierto, entrelazadas entre sí?

Partimos de que el periodismo es subjetivo y ello de modo inevitable. Desde esta afirmación y aceptando la condición que se nos impone, hemos decidido hacer periodismo al servicio de la vida y la liberación del ser humano, periodismo desde una mirada de paz y noviolencia, periodismo humanista que ponga su grano de arena para eliminar dolor y sufrimiento en las poblaciones.

En este contexto, todo lo que vaya en la dirección de asegurar la subsistencia, nos parece fundamental. Y, desde ahí, es coherente defender medidas como la implantación de una renta básica universal e incondicional para todas las personas.

Hemos visto el documental RBUI, nuestro derecho a vivir del director Álvaro Orús; Reto Thumiger ha contado la experiencia parecida puesta en marcha en Alemania y los beneficios de la misma;  James Felton Keith ha hablado del valor que tenemos todos los seres humanos por el hecho de serlo y el derecho que nos ampara a que las grandes companys –como Facebook, Google, etc.- nos devuelvan lo que nos deben -gran parte de los beneficios que se embolsan-, y cómo un modo de pagar la deuda que han contraído con todos los ciudadanos puede ser a través de entregar a cada persona una renta básica de 1000 dólares, medida que JFK defiende en su programa electoral como candidato al Congreso.

Querríamos profundizar ahora en algunas de las consecuencias individuales y colectivas que podríamos experimentar si se implantara una renta básica universal. Aclaramos que estas anotaciones están rescatadas de los comentarios de personas que han sido beneficiadas por esta medida y también de personas, con las cuales hemos trabajado en talleres durante los últimos meses y a las cuales hemos pedido que imaginaran cómo sería su vida y la vida de sus seres queridos de tener asegurada la subsistencia.

Aunque es difícil comprender el alcance en el tiempo, entre las consecuencias individuales y sociales escuchadas, rescatamos las siguientes:

  • Eliminación de la pobreza y, como consecuencia, la aporofobia; eliminación de la estigmatización y la criminalización que acompaña a quien no cuenta con recursos materiales suficientes.
  • El empoderamiento personal y también social de un sector cada vez más grande de la población. Por ejemplo, la mujer y todos los sectores que se reconocen en un género diferente a los tradicionales verían notablemente mejorada su situación.
  • Descenso notable de enfermedades físicas y mentales.
  • Bajada de suicidios, relacionados claramente con la falta de recursos.
  • Eliminación de todos los temores asociados al presente y al futuro cuando no están asegurados comida, techo, etc.
  • Tener la sensación de que somos parte de la comunidad y que la comunidad nos protege. Esto rompe con la sensación de soledad y también con el individualismo que tanto daño nos ha traído.
  • Como consecuencia de lo anterior, la enorme energía que podría liberarse nos permitiría:
    • Ganar en libertad para decidir sobre la propia vida, desde la capacidad de negociar salarios hasta la liberación de tiempo para dedicarse a lo que uno necesite.
    • Acrecentar la justicia social como consecuencia de la redistribución de la riqueza.
    • Tener disponibilidad para cumplir las aspiraciones más profundas y queridas.
    • Sacar lo mejor de cada persona y ponerlo al servicio de la comunidad.
    • Tener más energía para vivir en paz y poder conectar más fácilmente con estados de inspiración.
    • Mirar al otro como un igual, con todo el derecho a subsistir por el hecho de ser persona, con la posibilidad de tener las mismas oportunidades que reclamamos para nosotros, sería un enorme salto cualitativo hacia una sociedad más humana. Si somos capaces de pensar, sentir y actuar en esa dirección, estamos haciendo una revolución interior que –de un modo u otro- se va a proyectar a nivel social, estaríamos poniendo en marcha una revolución noviolenta.
    • Una medida como la implantación de una renta básica universal, incondicional, individual y suficiente pondría la base material para poder construir una cultura solidaria y noviolenta, ayudaría a una reconciliación personal y social, sentaría bases para construir una sociedad más despierta, más crítica y autocrítica, más intencional.

Y cuando hablamos de todo esto, no sólo nos referimos a las víctimas, también pensamos en los victimarios, porque tendrían la oportunidad de reparar el daño que están infligiendo contra la inmensa mayoría de la población, reconduciendo sus vidas, ganando con ello la sociedad entera.

Sintetizando lo que hemos visto, podemos decir que estamos en un momento histórico en el que los grandes avances tecnológicos generan cada día mayor riqueza, al tiempo que provocan mayor desempleo.

Estos grandes avances que tanto preocupan, a los humanistas nos parece que constituyen una gran oportunidad para liberarnos de la esclavitud del empleo y reclamamos “¡Qué trabajen las máquinas!”, como afirmara el pensador Mario Luis Rodríguez Cobos (Silo). El problema no es si hay trabajo o no, el tema es asegurar que toda la población tiene cubierta la subsistencia.

Y hoy esto es posible porque hay riqueza acumulada suficiente para que toda la población a nivel mundial pueda vivir en condiciones de vida digna. Una riqueza que es fruto del trabajo de miles de generaciones y de la población que habita hoy en todo el planeta (es fácil comprender un ejemplo: los teléfonos que tenemos todos en la mano funcionan gracias al coltán que sale de África). La riqueza no es de unos pocos, ellos la acumulan en un afán loco y ellos han de devolverla, como antes comentara JFK.

Hoy es factible y, para ello, hemos de seguir difundiendo esta propuesta allí donde estemos, porque necesitamos poblaciones esclarecidas que elijan a políticos valientes, dispuestos a poner en práctica este derecho.

Esperamos de ellos, no sólo que defiendan una renta básica sino que lleven adelante las medidas necesarias para que sea una realidad.

Estamos, como muchos reconocen, ante una crisis civilizatoria. Construyamos, entonces, una nueva civilización a la altura del ser humano.

Categorías: Derechos Humanos, Internacional, Noviolencia, Opiniones
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