¡Libertad para los abogados, músicos, profesores y periodistas encarcelados!

Las noticias sobre la represión absoluta del régimen turco de sus oponentes están a la orden del día, pero también de aquellos que simplemente expresan opiniones que no concuerdan con el pensamiento común. Esta represión se ha incrementado exponencialmente tras el «intento de golpe» de julio del 2016 y el subsiguiente estado de emergencia decretado ese mismo mes. El estado de emergencia fue revocado formalmente después de más de dos años, pero con toda una serie de decretos de emergencia que ahora se han convertido, en su mayor parte, en leyes estatales.

Básicamente, un estado de emergencia permanente.

Desde que el ascenso político de Erdoğan alcanzó su punto culmine, Turquía ya no es el país que todos habíamos aprendido a conocer y amar en el pasado. Un pueblo orgulloso y profundamente apegado a sus tradiciones, una gran nación que une a Oriente y Occidente y que poco a poco ha negado su glorioso pasado para convertirse en víctima de un sistema político en el que ni siquiera podemos reconocernos.

Durante años, el pueblo turco ha vivido en una situación preocupante que nos muestra que los grandes logros de los pueblos del siglo XX, como la democracia y el laicismo, pueden revertirse en pocos años en el silencio absoluto del mundo.

Y lo reiteramos, no en un Estado pequeño, sino en la mayor potencia democrática laica de Oriente Medio que se ha establecido en esa zona del planeta.

Turquía siempre ha sido un país lleno de contradicciones y, por supuesto, somos conscientes de que no es posible atribuir al régimen de Erdoğan todas las graves distorsiones del sistema político turco, pero lo que está ocurriendo en los últimos años no puede dejarnos indiferentes.

Un país complicado pero que siempre ha animado el debate democrático, tal vez incluso fuerte en tono y manera de hacerlo, pero siempre presente y vivo. La participación ha sido el rasgo distintivo de las personas que nunca han sido subyugadas por su orgullo.

Una clase intelectual y cultural que se ha desarrollado en la cuna de la cultura occidental, una síntesis única que hasta hace pocos años era un claro ejemplo de que culturas como la oriental y la occidental podían coexistir pacíficamente.

¿Qué pasó entonces? Algo falló con la llegada de Erdoğan, elegido primer alcalde de Estambul en el año de 1994 y luego entre los fundadores, en 1998, del AKP, Partido para la Justicia y el Desarrollo.

Erdoğan consiguió una gran victoria en las primeras elecciones en las que participó en el  2002, asumiendo al año siguiente el cargo de Primer Ministro. Durante su mandato institucional dio un gran impulso a las negociaciones para la adhesión de Turquía a la Unión Europea.

Erdoğan gana las primeras elecciones presidenciales turcas con la elección directa del Presidente en el 2014, previamente elegido por el Parlamento y luego llevando a cabo una reforma de la Constitución con el objetivo de concentrar cada vez más poderes en el Presidente y así desestabilizar el país.

La política de Erdoğan apunta no sólo a la represión de la oposición, sino que también está presente en las escuelas y universidades con obras de intimidación si no hay verdaderas represalias contra aquellos que no se alinean con las ideas del régimen.

Cientos de informes de profesores y abogados detenidos llegan todos los días y, hasta la fecha, muchos de ellos ya no se denuncian. En la agenda hay actos de intimidación que ahora ven la libertad de enseñanza abolida.

El mundo de la escuela, independientemente de su grado y ubicación, no puede permanecer indiferente a lo que sucede en un país vecino y amigo.

En la escuela aprendimos a no repetir los horrores que se han cometido y a adoptar una posición clara para no estar entre los que, en silencio, se han convertido en cómplices de holocaustos y genocidios.

Porque hemos aprendido, de una manera u otra, que la historia no sólo se estudia, sino que se hace parte de ella mientras se vive la época actual. Las escuelas, símbolos de educación, coexistencia pacífica y solidaridad, no pueden permanecer indiferentes a lo que ocurre en las escuelas y universidades de Turquía, sino también en los lugares de cultura y hasta que invaden todos los aspectos de la vida del pueblo turco.

Por eso pedimos a todas las escuelas italianas que participen en esta y otras iniciativas de solidaridad con los profesores, los estudiantes y todo el pueblo turco difundiendo y publicando en la página web de su escuela esta carta abierta escrita por uno de nuestros colegas, en la que se pide al Gobierno turco que ponga fin inmediatamente a estas políticas represivas y libere a todas las personas detenidas por delitos de opinión contra el régimen.

Para apoyar a nuestros colegas, lo importante es estar unidos para que puedan escuchar una sola voz fuerte y decisiva de solidaridad.

Paolo Ferretti De Luca

Puedes confirmar tu membresía y participación en la iniciativa con solo enviar un correo electrónico a scuoleperlaturchia@gmail.com


Traducción: Ana Gabriela Velásquez Proaño