Propuesta de nucleamiento del paradigma de transformación planetaria

12.12.2018 - Santiago de Chile - Redacción Chile

Propuesta de nucleamiento del paradigma de transformación planetaria
(Imagen de Juan Carlos Marín)

Por Eduardo Yentzen

Frente a los grandes desafíos de este presente histórico, ¿cuáles son los diálogos posibles entre la cultura de la modernidad –aferrada a la suficiencia de sus éxitos materiales y al crecimiento económico como su principal utopía, a lo que se agrega un discurso lateral, aunque nunca realizado, de equidad o igualdad–, y los enfoques alternativos? ¿Quién es portavoz en este momento de la voz alternativa, del enfoque holístico, del desarrollo humano, de la transformación planetaria, del cuidado del planeta?

Los albores del cambio de paradigma

Nos hemos admirado, mientras avanzaba el siglo XX, con los cambios paradigmáticos en física, neurofisiología, medicina, sicología, educación, incluso filosofía; pero una investigación exhaustiva permitiría reconocer tras estos nuevos descubrimientos y nuevas conceptualizaciones, la influencia de las tradiciones espirituales que trajeron un conocimiento milenario para redireccionar la deriva de la cultura occidental. Ellas también permitieron revalorar las tradiciones chamánicas de los pueblos originarios de América. Su influencia aportó al surgimiento de la nueva utopía cultural que hoy lleva nombres tales como paradigma holístico o paradigma sistémico, conteniendo ellos propuestas ecológicas, de fraternidad, de sanación psicológica y de mirada planetaria.

La época moderna nació cifrando su esperanza en la liberación del ser humano por medio de la razón, y bajo la convicción de que este hombre “racional” dejaría atrás la “barbarie”. Pero la deriva no ha sido hacia la convivencia racional, sino hacia los “juegos de guerra” que tienen un momento culminante en las dos conflagraciones mundiales, y que ahora en el siglo XXI resurgen con la amenaza latente de su expansión.

En mi opinión, el proyecto modernizador ha soslayado su incapacidad para realizar la promesa utópica, por medio de un imperceptible giro que fue acotando el ámbito de racionalidad del ser humano al campo de las ciencias primero, para de allí saltar a la tecnología y al mercado. La promesa utópica se reorientó así hacia el bienestar económico, administrado por el mercado o por el estado, con su producción de objetos que darían placer y comodidad. Es decir, la realización de la utopía quedó en manos de los productos, y no del potencial interior humano.

Aunque teóricamente libre, el hombre occidental quedó en verdad sometido a dos autoridades implacables e indiferentes, el mercado y el estado totalitario, y sin ninguna fuerza propia para realizar esa libertad. Las religiones no pudieron contra esta utopía racionalista, y han sido durante la modernidad un soporte débil para contener y orientar la incertidumbre de la “débil criatura humana” –cayendo ellas mismas en parte devoradas por esta cultura de la superficialidad, el egoísmo, la inmediatez y la insensibilidad.

Es sorprendente la absoluta seguridad que tiene el hombre occidental de su superioridad espiritual y cultural, si consideramos que nuestro modo de vida parece conducirnos al desastre.

Al interior de la cultura occidental, el siglo XX fue germinador de inicios transformacionales. Surgieron nuevos paradigmas científicos, pero sin lograr hegemonía. También surgieron movimientos sociales de aspiraciones transformadoras que tuvieron un momento de mayor visibilidad en la década del 60. Fue el tiempo de los sueños, de la imaginación al poder. En los años 60 se experimenta a pequeña escala otra forma de vivir posible.

Y por ello el sistema reacciona con tanta violencia reprimiendo esa tendencia expansiva de la imaginación pura; de esa utopía no-pragmática.

El siglo XXI abre ante nosotros la posibilidad de una síntesis entre lo utópico y lo pragmático, donde la capacidad de soñar se entrelace con un sentido práctico, de naturaleza holística, donde retome su lugar nuestra dependencia de un orden superior, y con ello regrese un sentimiento de respeto a la autoridad legítima; y donde nunca más se conciba que el avance de la humanidad pueda pasar por procesos de destrucción del otro, y sí se comprenda que ello sólo puede provenir de congeniar entre todos un desarrollo constructivo que otorgue sustentabilidad de largo plazo a los procesos sociales.

La Iniciativa Planetaria para el Mundo que Elegimos

A comienzos de los 80 surgió este gran proyecto de orientación de transformación planetaria. En Chile Lola Hoffmann conoció el proyecto e indujo a Sergio Vergara a viajar a Canadá, al Congreso que dicha entidad convocó a mediados de 1983 en la ciudad de Toronto. A su regreso, y coincidiendo con una conferencia que dicta Claudio Naranjo en el Goethe Institut, Lola Hoffmann hizo el lanzamiento de la Iniciativa Planetaria en Chile. El primer año de la Iniciativa Planetaria culminó con un acto en el Campus Oriente de la Universidad Católica, donde Lola fue la principal oradora.

Pero el movimiento declina en 1985. Esta declinación se conecta con el surgimiento de una temática particular de este movimiento, que se entroniza como un tema principal también en el mundo político en ese momento. El tema de la Paz, que se conecta también al último tramo del proceso de recuperación de la democracia en Chile. En 1985 surge el proyecto Universidad para la Paz, pero que tampoco se cosolida.

De los 90 en adelante: ¿cooptación o fortalecimiento de lo alternativo?

El Chile democrático pierde energía vital y cultural. Frente al dolor de la confrontación social para terminar con la dictadura, se impone luego una visión defensiva y cautelosa: proteger la nueva democracia recuperada. Postergar sueños. Esto se prolonga. Y por otro lado, el neoliberalismo aunque pierde el control de gobierno, ha logrado imponerse en la cultura. El país se vuelve superficial, consumista, se endeuda y se esclaviza al pago de los créditos y sus intereses. La industria de la entretención se masifica. También la espiritualidad parece masificarse y licuarse. Pero ¿es eso crisis u oportunidad? ¿O ambas?

¿La cultura alternativa influencia o es cooptada por la cultura neoliberal? El ecologismo se convierte en agenda medioambiental y en indicadores; movimientos alternativos entran en la política; el feminismo conquista espacios para las mujeres, ¿para hacer política patriarcal?; parece surgir un turismo espiritual; lo alternativo parece diluirse. Con la internet viene el tiempo de las redes. Ninguna iniciativa tiene alcance aglutinador como lo fueron la Iniciativa Planetaria, o el proyecto de Universidad para la Paz. Surgen generaciones nuevas con voz social y política, ingresan al poder político; ¿transforman o son transformadas? ¿Son alternativas o tradicionales? Surge la temática de los valores: vida en pareja, causales de aborto, denuncias de abusos en la iglesia, destape de relaciones instrumentales entre negocios y política; ¿qué visiones de mundo guían esos debates y marcan visiones valóricas?

Considero de valor tener núcleos que sean centros de gravedad de la visión de mundo alternativa. Pero para participar con fuerza en el debate democrático, no para revivir polaridades y sectarismos. La cultura alternativa puede manifestarse en red, pero su núcleo conceptual requiere tener un centro de gravedad y personas que la encarnen. No está en juego el control del poder sino la generación de una influencia que adquiera claridad. Entre el mundo alternativo su valoración por la diversidad diluye su nucleamiento matriz, de un modo análogo a como el rechazo al autoritarismo genera una ausencia de autoridad legítima.

No aspiramos a una transnacional del paradigma alternativo, pero sí a un nucleamiento que sea una tercera voz en el conflicto Dinero o Estado, mal llamado Libertad o Estado. Una voz que sea humanidad, comunidad, fraternidad. Que adopte los procedimientos democráticos y los Derechos Humanos, que aspire a una salud emocional y a una integridad del ser. Necesitamos este intento de aspirar a una transformación planetaria que nos aleje de la amenaza autodestructiva para la humanidad y el planeta, y nos coloque en una dirección de fraternidad y respeto a todas las personas y a nuestra casa planetaria. En este propósito hemos generado una iniciativa de nucleamiento a la que invitamos a formar parte.

Coordinación Transversal por la Transformación Planetaria

Estamos generando una coordinación transversal entre organizaciones que aspiramos a una transformación planetaria, a fin de intercambiar visiones, experiencias y acciones conducentes a este fin.

Esto se viabilizará a partir de gestiones presenciales y a distancia, y tendrá como sustento una plataforma digital.

En su aspecto práctico, esta página tendrá en su ‘inicio’ a todas las agrupaciones que suscriban, y estarán linqueadas a los sitios web de cada una. Así cada quien podrá conectarse con las otras, compartir propuestas y actividades, generar iniciativas, etc. Junto a esto iremos conformando un círculo con los coordinadores de cada organización para reflexionar sobre las posibles iniciativas conjuntas.

Hacerse miembro de esta Coordinación no implica en principio otra cosa que la declaración de tener una aspiración por la transformación planetaria; y participar en la conversación y en la creación de iniciativas para avanzar hacia esta transformación.

El uso de la palabra ‘planetaria’ implica una distinción respecto de palabras alternativas como ‘global’ o ‘mundial’ que son más usadas por la cultura dominante.

El uso de la palabra ‘transformación’ implica una distinción respecto de propósitos tales como ‘progreso’ y ‘crecimiento’ que son más usados por la cultura dominante.

Dos ideas de base para enmarcar el propósito de transformación planetaria son:

-la transformación planetaria supone y requiere una transformación del ser humano,

– la transformación planetaria supone y requiere una visión del planeta como casa y no como materia prima.

También a manera de marco referencial, la idea de transformación planetaria se emparenta con otras denominaciones, tales como:

-cambio de paradigma,

-cultura holística

-visión sistémica

-visión integral

-visión ecológica

-desarrollo espiritual

-existencialismo humanista

-cultura de la paz

-postmodernidad

-ciencia post-racionalista

-valoración de la democracia como espacio de la fraternidad/colaboración y no de la competencia/dominación. (La libertad y la igualdad son búsquedas que requieren de muchas distinciones y profundizaciones, y requieren como principio conciliador superior el de la fraternidad).

La motivación por una coordinación de este tipo contiene a lo menos dos preguntas:

¿Esta transformación, que se ve ya desde hace un tiempo como urgente, se la sirve de manera suficiente desde las múltiples redes a pequeña escala, o habría un aporte mayor de generarse una coordinación superior que coloque a las redes coordinadas en una escala de mayor influencia?

¿Supone una amenaza al espíritu de la transformación esta coordinación superior que implica algún grado de estructura, aparición potencial de ambiciones de poder, acceso al espacio de otras fuerzas que perpetúan o anhelan otras direcciones para la conducción de la humanidad?

Esta Convocatoria apuesta por confiar en que esta coordinación transversal puede constituir una influencia mayor que contribuirá a la voluntad de transformación planetaria.

Esta voluntad de potenciar una fuerza mayor se expresará en la creación de un Círculo de Coordinación conformado por los Coordinadores de cada iniciativa o agrupación miembr@ de la CTTP. Este Círculo de Coordinación generará los procedimientos para la definición de sus iniciativas y acciones.

Invitamos a tod@s las iniciativas, agrupaciones, proyectos, asociaciones, etc. que suscriban a esta Convocatoria a inscribirse como Miembros del CTTP, en https://eduardoyentzen.wixsite.com/cttp

Categorías: Humanismo y Espiritualidad, Internacional, Opiniones, Paz y Desarme
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