“Rompieron mi puerta, me manosearon, apalearon a mi sobrino y secuestraron a mi hermano, por intentar filmar cómo baleaban la casa del vecino que denunció sus torturas”

27.05.2018 - Ciudad de Buenos Aires, Argentina - Redacción Argentina

“Rompieron mi puerta, me manosearon, apalearon a mi sobrino y secuestraron a mi hermano, por intentar filmar cómo baleaban la casa del vecino que denunció sus torturas”
(Imagen de La Garganta Poderosa)

Compartimos el doloroso testimonio de Jésica Azcurraire, una de las víctimas de la redada de ayer ocurrida en la Villa 21-24, del barrio de Barracas en la Ciudad de Buenos Aires. La ciudad más rica de la Argentina y donde más se evidencia la desigualdad social. 

Las mismas fuerzas de seguridad que torturaron a jóvenes y que fueron llevados a juicio por este escándalo, ahora buscan escarmentar y asustar a quienes tienen que ir a declarar en el juicio oral. Desde la organización social La Garganta Poderosa se denuncia la complicidad de los medios de comunicación con la estigmatización de los barrios y el silencio frente a la prepotencia y descontrol de la Prefectura. 

* Por Jésica Azcurraire,
vecina y asambleísta de la Villa 21,
reprimida y abusada esta madrugada por la Prefectura.

Todavía no entiendo nada. Sigo adentro de una película de terror que comenzó anoche, cerca de las 11, cuando varios prefectos realizaron una requisa y empezaron a verduguear a mi sobrino de 16 años, que terminó cagado a palos como tantos pibes. Se había ido a jugar al fútbol y llegó a casa con toda la cara hinchada, corriendo, desesperado. Al escucharlo, salimos para pedirles explicaciones a los prefectos, pero mi hermana cometió la “imprudencia” de preguntarles a los uniformados por qué le habían pegado así a su hijo, ¡un menor! Ahí nomás, la respuesta fue clarísima: “Cerrá el orto”. Y la segunda, cuando ya eran más de 40 uniformados, no necesitó palabras: se abalanzaron sobre nosotros literal y brutalmente, desatando una cacería que les permitió cagar a tiros el frente de la casa de Iván Navarro, cuya familia debería prestar testimonios esta misma semana, en el primer juicio oral que logramos elevar por torturas de la misma Prefectura, en este mismo barrio.

Largada su razzia, una vez más, veo cómo la Prefectura empieza a lanzar gases en el pasillo donde vivimos y corro lo más rápido posible para entrar a casa, creyendo que nos pondríamos a salvo. Pero no existe ley para ellos, cuando de la villa se trata: automáticamente comenzamos a escuchar cómo pateaban el portón, cada vez más fuerte, hasta dejarlo como un papel rasgado. Entraron, sí, como si nada. Todos hombres, cinco, me agarraron de los pelos, me apretaron el cuello, me patearon las piernas y me dieron con sus palos, hasta que uno me puso contra la pared, manoseándome las tetas. Aterrada, grité: “¡Soltame, me estás tocando!”. Y peor, me estrujó como una bestia: “Callate, puta de mierda. ¡Callate, la re concha de tu madre! Negra de mierda, sucia, bocona”.

Al costado, la represión contra todos los vecinos continuaba recrudeciéndose y mi compañero no podía ayudarme, porque lo estaban sacando a las patadas, ¡justo a él! No hay nadie que no lo conozca en el barrio, como vecino, como laburante y como activista de nuestra asamblea. ¡Estaba durmiendo la siesta! Y horas antes había estado ayudando con las obras en nuestra “Casa de la Mujer”. ¡Pero qué importa! Con la mayor impunidad jamás vista, gritaban: “Chúpenlo, no importa, ¡agarren a cualquiera!”.

Dicen que “secuestraron un palo”, sí, ¿saben qué palo secuestraron? El palo que cierra la puerta de nuestra casa, porque lamentablemente no tenemos ni una cerradura, entonces usamos ese “palo” para evitar el ingreso de todas las personas civilizadas que necesitan aplaudir o tener una orden de allanamiento para entrar, cuando no pueden valerse de las armas y la impunidad del Estado.

Siempre con su cámara cerca, mi hermano Roque intentó registrar toda esa locura, pero no llegó a filmar nada porque se lo llevaron también, en cuanto se presentó como fotógrafo de La Garganta, ¿entienden? Su único delito fue haber descongelado tres empanadas y haber tomado su herramienta de trabajo cuando un operativo ilegal de la Prefectura se metió a nuestra casa, rompiendo la puerta a las patadas. Pero no conformes con llevarse a mi hermano y mi compañero, nos volvieron a reprimir y se llevaron a mi hermana, para pasearla durante 80 minutos en patrullero, mientras nos negaban su presencia en la comisaría que señalaba el Juzgado.

¡Basta, por favor!

Pensamos que nos mataban.
Y sí, otra herida nos hace temblar, quedamos aterrados.
¡Pero nunca más en la vida, nos vamos a quedar callados!

Categorías: Derechos Humanos, Opiniones, Sudamérica
Tags: , , , , , ,

Noticias diarias

Suscríbete ingresando tu correo electrónico para recibir un resumen diario de noticias.


video 10 años de Pressenza

50 anniversario "La Curación del Sufrimiento"

Foro Humanista Latinoamericano

App Pressenza

App Pressenza

Despenalizar la eutanasia

Milagro Sala

Programa de Radio

Renta Básica

International Campaign to Abolish Nuclear Weapons

International Campaign to Abolish Nuclear Weapons

Foro para la integración de NuestrAmerica

Foro para la integración de NuestrAmerica

Telegram Pressenza

Conéctate con nuestro canal Telegram

Europe.Netting

Europe.Netting

Archivos

Except where otherwise note, content on this site is licensed under a Creative Commons Attribution 4.0 International license.