Conferencia de Javier Belda, miembro del equipo promotor del Proyecto de la Nación Humana Universal.

Agradecimiento a la universidad autónoma de Ciudad de México, a todos los presentes y quienes han organizado estas jornadas y me han invitado.

Hoy, 4 de mayo de 2018 se cumplen 49 años de la aparición pública de Silo, cuando realizó su arenga «La curación del sufrimiento» en Punta de Vacas, en los Andes.

En la arenga planteó la raíz del sufrimiento, y dijo: «…únicamente puedes acabar con la violencia en ti y en los demás y en el mundo que te rodea, por la fe interna y la meditación interna…»

Así que es para mí una doble alegría el estar hoy aquí en memoria de estos acontecimientos y de quien sembró en nosotros la mejor de las inspiraciones.

Voy a hablar sobre El Proyecto de la Nación Humana Universal que se fundamenta en las enseñanzas de Silo.

Situación actual en el mundo

Los planteamientos de los siglos XIX y XX estaban dominados por un emplazamiento absolutista de apariencia racionalista que tenía su correlato en el estilo de vida de la época. Pero hoy, en la medida en que el mundo se desordena, los sistemas sociales supuestamente democráticos, basados en libertades, en derechos de la ciudadanía y en garantías sociales muestran su trasfondo antidemocrático y represor, arrebatando a las poblaciones cualquier supuesta garantía adquirida en el pasado. Curiosamente, los sistemas no democráticos aparecen como un modelo a seguir por parte del sistema globalista.

En simultáneo, se está produciendo un salto evolutivo en el pensamiento del siglo XXI. La nueva realidad está produciendo una gran transformación en las personas y, en consecuencia, en las sociedades. Nos dirigimos a un salto de etapa en el que el equilibrio cristalizado en viejos moldes se hace pedazos. Esto choca actualmente con el mundo constituido, en el cual la velocidad de cambio tecnológico y económico no coincide con la velocidad del cambio en las estructuras sociales y en el comportamiento humano. Se trata de una situación convulsa; porque el sistema requiere de una gran violencia para coartar la libertad, el reparto equitativo de la abundancia y las posibilidades de desarrollo del conocimiento.

El desequilibrio se pone de manifiesto allá donde dirijamos nuestra mirada.  La escalofriante cifra de 30.000 personas, que mueren diariamente por desnutrición, se ha convertido en asumible para el sistema. Se solía pensar que era así porque no los veíamos, pero ahora estamos viendo a miles cada día, año tras año, ahogándose en nuestros mares o asediados entre alambradas y muros de vergüenza y, por si fuera poco, a quienes acuden a rescatarlos se les prohíbe hacerlo, se les sanciona y se les juzga.

Mientras, la mayor parte de la riqueza mundial sigue concentrándose en corporaciones privadas y toda crisis sirve para agudizar más la concentración.

La problemática actual tiene como nexo común a la filosofía del sistema cuyo fundamento esencial consiste en la acumulación compulsiva de recursos. El desequilibrio es extremo cuando esa idea de prosperidad se experimenta como un absoluto, desconociendo cuál es su fin último.

Se habla mucho sobre las leyes de la economía como si fueran leyes de la naturaleza, pero hoy muestran su absoluta disfuncionalidad. No podía resultar de otro modo, porque todo está basado en una sola ley: la acumulación sin solución de continuidad. Algo que carece de un para qué no puede funcionar.

El desarrollo tecnológico, la mentalidad y los recursos naturales planetarios se encuentran relacionados de manera incoherente. Por ello las gráficas de imposibilidad de supervivencia de ese sistema se abisman a lo exponencial en los estudios sociológicos. Pero se ha hecho evidente que la agresión va mucho más allá de agotar el medio natural. La utilización de los seres humanos desposeídos de su condición, cosificados para lograr riqueza, no tiene límites. Cualquier cosa inimaginable ocurre dentro de una amplia actividad criminal de todo tipo.

Tal como expone Naomi Klein en la “Doctrina del shock” la fórmula neoliberal es simplemente imperialismo.

Nos resistimos a pensar que este sea el absurdo destino de la humanidad.

La propuesta

La problemática del sistema no puede ser planteada desde modos organizativos individualistas. Para que se pueda generar una gran corriente social, una nueva tendencia a la altura de las circunstancias, se requiere de una complementación a gran escala, que esta complementación esté incorporada como forma, de modo que se produzca espontáneamente. Tal fenómeno va más allá de ser una estrategia para ser una actitud, tal vez una actitud de la evolución universal en busca de su equilibrio. La complementación, no equivale a la sumatoria de elementos sino a su multiplicación.

No es posible diseñar en un laboratorio el hermanamiento de los pueblos. Cuando los pueblos se plantean la recomposición del tejido social se están planteando abandonar el individualismo involutivo que un sistema materialista ha impuesto.

Levemente se observa el surgimiento de una nueva espiritualidad en el mismo momento en el que el sistema se ve inmerso en la irracionalidad y el desequilibrio. Tratemos de ver aquellos elementos actuantes que no pertenecen al ambiente de caos destructivo.

La complementación significa multiplicar la comunicación entre quienes están actuando en el mundo, reinventando las relaciones, la educación, la política, la solidaridad. Hoy podemos afirmar que este fenómeno ha surgido ya.

Ante el sinsentido del modo de vida dominante, un número cada vez mayor de personas se está preguntando en este momento: ¿Por qué no hacer algo que rompa mis tendencias? ¿Por qué debo aceptar la injusticia y el sufrimiento ya sea propio o de otros? ¿Por qué dejarse llevar por el conformismo o la fatalidad?… Estas preguntas están relacionadas con un salto evolutivo, con un estado de conciencia de sí mismo.

«En tanto se siga pensando al proceso histórico desde una mirada externa, será inútil explicarlo como el despliegue creciente de la intencionalidad humana en su lucha por superar el dolor (físico) y el sufrimiento (mental). De aquel modo se preocuparán algunos por develar las leyes íntimas del acontecer humano desde la materia, desde el espíritu, desde cierta razón, pero en verdad que el mecanismo interno que se busque siempre estará visto desde ‘afuera’ del hombre».[1]

A lo largo de la Historia, cuando la humanidad tomó conciencia de sí, aparecieron manifestaciones humanistas (la Era Axial,  el Gnosticismo, o el Renacimiento).

Una toma de conciencia del hecho de nuestra existencia representa un salto evolutivo a nivel individual, lo cual va asociado al surgimiento de una nueva espiritualidad. Depende de cada uno de nosotros. Es aquello que me produce empatía por el otro, lo que me permite saltar por encima de las diferencias, observando las cualidades de las otras personas; es lo que nos aproxima a la compasión (en sentido budista). Desde ahí podremos imaginar una etapa futura en la que esa nueva espiritualidad se dé simultáneamente en grandes números.

Estamos próximos a ese momento porque ese impulso de apertura hacia los otros se está manifestando en muchas personas… Para verlo simplemente hemos de levantar la mirada de nuestro propio ombligo y comenzar a comunicarnos.

¿Cuál sería el punto de inflexión en el proceso histórico hacia un nuevo paradigma basado en la no-violencia?

El ser humano no es un elemento inconexo de la evolución de las galaxias, forma parte consustancial del mundo; un mundo que rozamos a comprender levemente desde nuestra naturaleza y óptica humanas. Somos un producido de la evolución y al tiempo los brazos y los ojos de ese misterio.

A través del recorrido por la búsqueda histórica de la comprensión del Universo se nos muestra que algunas mentes inspiradas han hecho su aporte evolutivo transmitiendo sus descubrimientos. Por lo tanto, no parece que sea indiferente lo que hagamos con nuestra vida, podemos elegir hacer algo evolutivo o lo opuesto, o también ser indiferentes y sentirnos insignificantes. Pero todo indica que alguna de estas opciones es la correcta frente a las otras, considerando que somos un producto de la evolución.

En nuestro tiempo ya no son unos pocos místicos, ni una logia oculta quienes hablan de una comunicación con esa esencia cósmica de la que somos parte. El nihilismo de otros tiempos ha perdido su vigencia en todos los campos del pensar humano.

«La imagen del Universo es la imagen de la transformación del tiempo. Sólo podrá dibujarse cuando se transforme el hombre actual.

La óptica que debe usarse, no ha de ser la que interpreta al pasado, sino la que interpreta al futuro. Todo en el Universo tiende al futuro. El sentido de la libertad hacia el futuro es precisamente, el sentido de la Tierra y del mundo.

El hombre debe ser superado por el futuro de su mente. Esa superación comienza cuando el hombre despierta…Con él despierta todo el Universo». [2]

Se vislumbra en el futuro la esperanza de una etapa de síntesis de la humanidad. Se trata de una nueva situación que todavía no alcanzamos a comprender, porque no es simple sumatoria de atributos anteriores, sino una situación cualitativamente diferente, una trasmutación. La síntesis representaría un salto de nivel para la conciencia misma.

«La necesidad de un mundo mejor está instalada en el espíritu de la gente en este momento histórico. Eso va produciendo y vibrando ya. Aunque sea difuso y no definido, está en marcha y es un propósito que le va dando dirección. A veces toma carácter de una gran urgencia. Después los historiadores explican cómo fueron las cosas, pero antes de que sucedan, esa forma de trabajo es la que usamos con gran conciencia de esa forma. ‘La necesidad y el deseo (elevado)’ son los motores que impulsan esa búsqueda en lo sagrado; el deseo importante de producir un logro es lo que produce ese logro. Mientras más necesidad hay más carga afectiva se mueve».[3]

La comunicación con algo trascendente es una necesidad que ha surgido con fuerza de nuevo en nuestro tiempo histórico. Muchos maestros a lo largo de la Historia señalaron un camino para hacer efectiva esa comunicación: es a través de la meditación que el ser humano puede elevarse a la realidad de su propia esencia.

Los cambios que se han ido produciendo en la Historia, pasando de una forma a otra en constante evolución, han tenido su correlato en la interioridad humana. Al dar el salto evolutivo, la violencia no tendrá cabida en el nuevo mundo; carecerá de sentido apropiarse por la fuerza de la intencionalidad de otra persona. El nuevo ser humano irá produciendo nuevas configuraciones internas adaptadas a sus reales necesidades: la cooperación, el conocimiento y la felicidad compartida, de manera que la violencia producirá bioquímicamente hastío y rechazo.

Desconocemos cual será el detonante para un punto de inflexión en el proceso histórico pero, como sabemos, es algo que excede a cualquier partido o movimiento en el planeta. En cambio, ha surgido en nuestro siglo una creatividad y elaboración de nuevos sentidos culturalmente y políticamente transversales. [4]

La realización de una sociedad humana planetaria depende netamente de la generación actual de individuos. El solo hecho de pensarlo nos aproxima a su realización. Si lo logramos, desde el futuro, lo veremos representado como un hito de características cosmológicas en la gráfica evolutiva. Será una evidencia más de que los procesos en el Universo tienen un propósito creativo.

En la profundidad de la conciencia no hay representación, ni espacio, ni tiempo; está lo que la impulsa, algo que busca afuera de sí misma algo que no existe. Su propósito es su flecha evolutiva.  Pero ocurre un hecho desconcertante: desde estados inspirados reconocemos la libertad, el amor, la compasión y la belleza del Universo, que conmueven a la conciencia que los experimenta.

Puesta en marcha

En la web: www.nacionhumanauniversal.net se encuentra amplia información sobre el proyecto, formulario de contacto, adhesiones, etc.

[1] Silo. Obras Completas vol.1. El Paisaje Humano, VII. La Historia, pág. 116

[2] Silo. Apuntes informales (1961-1964).

[3] Comentarios de Silo a cerca del “propósito”.

[4] El proyecto de la “Red de constructores de la Nación Humana Universal” es una de estas iniciativas, cuyos planteamientos de partida se encuentran recogidos en el libro “Encrucijada y futuro del ser humano”, de Guillermo Sullings.