Migraciones: dando una respuesta humanista y universalista

19.04.2018 - Rédaction France

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Migraciones: dando una respuesta humanista y universalista
(Imagen de Sgt. Christopher Harper - https://www.flickr.com/photos/isafmedia/8049440004/in/photostream, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=22504440)

Por Denis Dégé

El tema de las migraciones y la interculturalidad está en el centro de las noticias porque la Asamblea Nacional Francesa está examinando esta semana [NDE. 16-20 de abril de 2018] el proyecto de ley «asilo-inmigración» que endurece la represión de los migrantes.

La migración siempre ha existido. Primero debemos comprender, reconocer dentro de nosotros mismos y denunciar la orientación mental de los explotadores, racistas y «liberales» que se basa en una visión «natural» del ser humano que justifica su explotación y la violencia en general. Al mismo tiempo, debemos fomentar la formación de frentes de acción que valoren la diversidad y, en particular, los aspectos humanísticos. ¡Actuar por el reconocimiento del Todo es conocer nuestra propia humanidad!

 

Situación actual

Hoy en día, diferentes culturas conviven a diario, uniéndose e influyéndose unas a otras de maneras que nunca antes habían sucedido. La mundialización de los medios de comunicación, las guerras y la ocupación de los territorios, el saqueo de los recursos, pero también el establecimiento de grandes diferencias en las condiciones de vida y de supervivencia entre las diversas partes del mundo, han producido movimientos migratorios que para algunos son un problema, para otros una oportunidad y una posibilidad de apertura. En todo caso, es un fenómeno que siempre ha estado presente en la historia, durante el cual rara vez un pueblo ha vivido aislado.

Para entender lo que está sucediendo, es importante distinguir entre este proceso de mundialización creciente y la globalización. La globalización no es otra cosa que el comportamiento tradicional impulsado por los imperios. Esta es la ley de los sistemas cerrados: los imperios se establecen, se desarrollan y hacen que otros pueblos graviten a su alrededor mientras tratan de imponer su lengua, sus costumbres, su vestimenta, su comida y todos sus códigos. Estos centros de poder se concentran y terminan en arbitrariedad, violencia y caos. La mundialización, en cambio, es un fenómeno histórico ineludible, porque conectar, ser curioso y aprender sin límites es una intención humana. El ser humano necesita estar consciente del otro, aunque viva a miles de kilómetros de distancia. No puede aceptar las ideas reductoras, los límites y los muros que impiden su desarrollo.

Si queremos ver el tema de la migración en proceso, y las reacciones a ella en la actualidad, es necesario, en primer lugar, comprender de qué historia y «ubicación mental» proviene. Nuestro comportamiento se basa en nuestras creencias, que son impuestas por la moral, la cultura o la educación que hemos recibido. Estos valores fueron transmitidos por los centros imperiales, que primero buscaron beneficiarse permaneciendo en el poder. A través de sus herramientas de propaganda (religiones, partidos políticos o medios de comunicación), han establecido una visión naturalista del ser humano. Esto les permite justificar «las leyes del mercado», la explotación y la violencia. Corresponde al proceso que va desde la esclavitud, pasando por el colonialismo y las teorías económicas «liberales» en boga hoy en día.

Al mismo tiempo, el ser humano, cuyo propósito es siempre liberarse del dolor y del sufrimiento, busca escapar de este determinismo. La conciencia humana es activa, no una simple reacción o pasividad a las condiciones impuestas. La conciencia se opone a las condiciones que la hacen sufrir y prepara una situación futura distinta a la actual [1]. Contrariamente a las teorías de mercado y financieras, el ser humano no es un esclavo ni un animal. El ser humano es un fenómeno histórico-social y no un fenómeno natural, su conciencia está transformando el mundo, es impredecible y puede producir acontecimientos inesperados [2]. Los humanos se proyectan y encuentran los medios para vivir en mejores condiciones, a través de un lento proceso de avances y retrocesos, pero siempre evolucionando.

Considerar a los seres humanos como primates da lugar a diferentes formas de explotación, violencia y discriminación contra los migrantes y los pueblos no occidentales. Si adoptamos una visión diferente de nosotros mismos y de los demás, crearemos buenas condiciones para construir un vínculo de fraternidad, solidaridad y una nueva organización humana.

Historia de las migraciones

Los estudios actuales confirman que han existido grandes movimientos migratorios desde la prehistoria. El examen de ADN e isótopos muestra que cada individuo resulta de migraciones sucesivas. Casi todos los europeos tienen genes de Oriente Medio. Sólo unos pocos pueblos que han vivido en lugares aislados del planeta tienen un origen antiguo.

Desde el nacimiento de la humanidad, las poblaciones se han desplazado, aunque los medios de transporte estaban poco desarrollados. Por supuesto, la inmigración de grandes contingentes aumentará y se convertirá en permanente, con la trata de esclavos, la revolución industrial y su consiguiente colonialismo, con la disminución de la tasa de natalidad en Occidente y la necesidad de mano de obra para las fábricas y para las tareas ingratas. La colonización marcó un punto de inflexión en la historia de la inmigración.

En Francia, por ejemplo, «el Estado de derecho no es un artículo de exportación en el Imperio. Era una arbitrariedad colonial que presidía el movimiento de los hombres. Esto sólo estaba sujeto a la voluntad de la metrópoli, y más concretamente de la administración, porque la regulación estaba asegurada por leyes y decretos, no por textos de ley, lo que impedía el control parlamentario. Fue la potencia colonial la que impuso el reclutamiento de cientos de miles de hombres, obreros y soldados, entre 1914 y 1918, luego expulsó manu militari a los que, tras la victoria, se habían vuelto indeseables. Atraía y alejaba a los trabajadores según la situación económica. La libre circulación entre Argelia y Francia no se estableció hasta 1946, cuando el edificio se agrietó. Es una gestión colonial de los hombres que transpuso en Francia incluso los métodos de la administración indígena, con la creación de organizaciones ad hoc desde los años veinte. Insertada, registrada y controlada por servicios especializados, esta población está sometida a una vigilancia más estrecha, mucho más estrecha y todopoderosa que la de los extranjeros procedentes de Europa en el mismo período.” [3]

Los centros imperiales han considerado durante mucho tiempo a otras civilizaciones, en particular a los musulmanes, como «luchadores de la resistencia» incapaces de asimilar sus valores. Sin embargo, si la intención de los políticos occidentales fuera integrar a las poblaciones que tendrían que dirigir las fábricas, habrían dado importancia a la formación y educación de los trabajadores y sus familias. Lo que promueve el Estado no es «la libertad, la igualdad y la fraternidad», es el valor central del dinero, la competencia y la mercantilización de todo ser humano, considerado un objeto manipulable según las necesidades económicas.

El origen de las migraciones actuales

Los migrantes huyen de la guerra, la corrupción y los regímenes totalitarios en sus países. Huyen de la violencia económica: miseria, desempleo, saqueo de recursos, falta de esperanza, violencia y frustraciones que generan terrorismo. Se van porque no pueden formar una familia o dejar a sus padres por falta de dinero. Se van, no alegremente, porque ya no verán a sus familias y amigos….

La responsabilidad de las potencias extranjeras en los conflictos en África es más que obvia. Esto se explica por el hecho de que son los principales receptores de los recursos saqueados, pero también los principales proveedores de armas a los beligerantes. Si ellos mismos no participan en este comercio, son los grupos que gozan de su protección los que se dedican a este saqueo. A veces, bajo el pretexto de acuerdos de cooperación militar y de defensa, estas potencias extranjeras vuelan al rescate de un líder africano que se enfrenta a la rebelión, y así aprovechan para firmar contratos de explotación de recursos a precios muy bajos para «hacerles pagar la factura de su intervención» [4].

Ya sabemos que, con la globalización financiera, los conflictos y las guerras serán numerosos. Además, esta cultura antihumanista no dará respuesta al problema del cambio climático y se privatizarán recursos vitales como el agua o la energía. La codicia de los extremistas financieros llevará a nuevas migraciones masivas, debido a desequilibrios ecológicos y trastornos psicosociales. No es ni siquiera imposible que regiones que antes eran prósperas queden marginadas, como ha ocurrido a menudo en la historia. Esto daría lugar a una especie de «inversión migratoria», descrita con humor en la película «Paraíso africano» de Sylvestre Amoussou [5].

El acto de desobediencia: ayudar a los migrantes

Desde hace algunos años, el acto de solidaridad tiende a ser criminalizado y los métodos de extrema derecha se han incorporado al arsenal represivo de los «socialdemócratas».

Hoy en día es necesario crear comunidades en las que se recojan las ideas, creencias y actitudes humanistas de cada cultura que, más allá de todas las diferencias, existen en el corazón de los diferentes pueblos e individuos. Ya no podemos dejarnos manipular por formadores de opinión ingenuos que instan a la gente a soportar la situación actual como si fuera una crisis insignificante y temporal. En cualquier acción de solidaridad, podemos ayudar a tomar conciencia de los orígenes y creencias que nos llevan al desastre actual.

Es necesario promover la relación entre los pueblos mediante la organización de encuentros y foros de intercambio entre personas de diferentes culturas, no sólo con la intención de que se descubran, de que reconozcan sus preocupaciones y aspiraciones, sino también para que este intercambio dé lugar a un verdadero diálogo orientado a la búsqueda de puntos comunes presentes en el corazón de todos. Se procurará crear comunidades de múltiples orígenes para contrarrestar la intención del sistema de marginar y aislar la lucha de una categoría de la población y luego combatirla.

Es necesario denunciar y luchar diariamente contra todas las formas de discriminación manifiesta o encubierta, a través de campañas que fomenten la plena aplicación de los derechos humanos, por la libre circulación de los seres humanos en el planeta y para que todos tengan la posibilidad de elegir el lugar y las condiciones en que quieren vivir, para mejorar el presente construyendo un futuro común.

Por último, podríamos generar u obtener espacios mediáticos para concienciar sobre los problemas de la inmigración y la vida en sociedades abiertas y múltiples. Estos medios de difusión deben poner de relieve la particular actitud universal que caracteriza los momentos humanistas, así como los factores que han hecho desaparecer estas características [6] en su historia. Podríamos informar sobre las condiciones que serían necesarias hoy para que estos momentos se vuelvan a expresar y se perfeccionen. Podríamos denunciar las actitudes antihumanistas de los individuos y las sociedades que se manifiestan a través de la discriminación y la violencia.

La Nación Humana Universal

En última instancia, es poco probable que un sistema imperial concentrado y violento se reforme. Por eso, paralelamente al caos destructivo en el que se dirige este sistema, es necesario fundar grupos, comunidades organizadas sin jerarquías, basadas en la experimentación y el fundamento de la democracia real y en la nación humana universal. [7]

Es en esta alternativa que los humanistas de hoy apuestan. Tienen demasiada fe en el ser humano para creer que todo terminará estúpidamente. Y si no se sienten a la vanguardia del proceso humano, están dispuestos a acompañar este proceso en la medida de sus fuerzas y donde estén bien posicionados. [8]

Luchar por el reconocimiento de todas las diversidades, acompañar a las personas que no tienen los mismos derechos y son víctimas de la violencia y la discriminación, es sentirse plenamente «humano». Significa dar sentido a su existencia y ser actor de los cambios indispensables que nuestra frágil y pequeña casa, nuestro planeta, y toda la benevolencia que nuestra humanidad demanda para su evolución exige.

 

Bibliografía

 

Notas

[1] Véase Silo, Cartas a mis amigos, Cuarta carta a mis amigos, § III y § IV y Contribuciones al Pensamiento, Discusiones Historiológicas, cap. 3, § II y § III, Éditions Références, París.

[2] Como vimos con la revolución iraní, la caída del bloque soviético o las «primaveras árabes», nadie habría pronosticado estos acontecimientos algún tiempo antes. Desafortunadamente, estos procesos revolucionarios carecen sólo de una orientación liberadora.

[3] Liauzu Claude, Immigration, colonisation et racisme : pour une histoire liée. Hommes et Migrations, n°1228, Novembre Décembre 2000. L’héritage colonial, un trou de mémoire, pp. 5-14.

[4] Saqueo de recursos y conflictos en África: ¿Qué reparación? (Esmathe Gandi)

https://blogs.attac.org/groupe-afrique/article/pillage-des-ressources-et-conflits

[5] http://africa.paradis.free.fr/

[6] En estos momentos históricos, presentes en todas las culturas, se ha planteado una actitud humanista según los seis puntos siguientes:

  1. el ser humano como valor y preocupación central
  2. la afirmación de la igualdad de todos los seres humanos
  3. reconocimiento de la diversidad personal y cultural
  4. el desarrollo del conocimiento más allá de lo que se acepta como verdad absoluta
  5. la afirmación de la libertad de ideas y creencias
  6. rechazo de la violencia.

[7] Nos referimos a este artículo que desarrolla los principios de la democracia real. https://www.pressenza.com/fr/2018/03/democratie-formelle-democratie-reelle-2/

[8] Habla Silo, Presentación del libro «Carta a mis amigos», Santiago de Chile, 1994, Éditions Références, París, 2013.

Categorías: Diversidad, Europa, Humanismo y Espiritualidad, Opiniones
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