Cuba efervescente

28.11.2017 - La Habana - Frank García Hernández - Redacción Cuba

Cuba efervescente
(Imagen de McZerrill)

Una tarde regresaba a mi oficina en el Instituto Juan Marinello. Había acabado de llover. En las esquinas nacían unos charcos de agua sucia con basura venida de algún lugar. Sobre las ho-jas podridas de los framboyanes flotaba una lata de Coca-Cola, vacía, magullada.

Doblé izquierda en el charco siguiente y me acordé del amigo que, cuando nadie había sa-lido de viaje al extranjero, él ya visitaba Santo Domingo. Aquello es Cuba con Coca-Cola, me decía. Y en una lata de refresco cabía toda la semiótica del capital.

Por un tiempo la Coca-Cola se relegó a los ho-teles exclusivos, las tiendas de los diplomáti-cos y a ciertas compras que hacían las tías de la comunidad. Esas viejas cubanas -que se fue-ron de la isla en los años sesenta y volvían más de veinte años después- tomaban aquello co-mo agua.

El Che decía que el refresco nuestro que susti-tuyó al de los gringos sabía a cucarachas. Cam-bios mediante, terminó siendo el refresquito prieto que se repartía a partes iguales con el masarreal de las meriendas mañaneras en la escuela primaria. Existe incluso un dibujo ani-mado de la historieta Matojo donde su crea-dor Manuel Lamar –Lillo- se detiene en aque-llas botellas de cristal que después dieron pa-so, en el mismo envase, a los sábado corto. Más tarde nos inventamos la Tropicola, y des-pués el TuKola con toda la campaña mediática de una marca registrada.

Durante el Mundial de Fútbol de Estados Uni-dos en 1994, la Coca-Cola emitió una serie con las banderas de los equipos. La chiquillada se dedicó a coleccionarla y como no teníamos di-nero para eso, merodeábamos -con una timi-dez digna- los flamantes Rápidos recién estre-nados, donde unas trabajadoras con saya corta y patines llevaban a la mesa el pedido.

Recogíamos las latas como si encontrarlas en el piso fuese una casualidad, porque a ninguno de nosotros se nos hubiera ocurrido revisar en el basurero o pedirle a alguien que nos regala-ra el envase vacío. La ética nos aplastaba y la mendicidad era cosa del pasado. Aunque ese fue el año del Maleconazo, en el Período Espe-cial más crudo no había tantos mendigos co-mo ahora. Quizá nos querían más.

Ahora, abundan esas latas rojiblancas en las esquinas, como algo natural. Sin traumas apa-rentes. Yo no sé a quién ni cómo el sector pri-vado compra esos refrescos, pero sí sé que la Coca-Cola ya aparece hasta en las cafeterías perdidas en medio de la autopista de alguna provincia.

Primero fue el empuje del turismo y después el creciente consumo del novorriquis-mo que quiere vivir en Cuba como si fuera Miami, pero con las gratuidades socialistas. Hasta que, o el sistema les moleste para au-mentar sus riquezas, o el sistema se adapte a sus necesidades. O suceda la mejor y más lin-da de las variables: hasta que nos demos cuen-ta que el socialismo de mercado no es el socia-lismo que conduce a la sociedad comunista. Que esa versión a ellos no les debe gustar.

Categorías: América Central, Economía, Opiniones
Tags: , , ,

Noticias diarias

Suscríbete ingresando tu correo electrónico para recibir un resumen diario de noticias.


Documental: RBUI, nuestro derecho a vivir

Documental: el principio del fin de las armas nucleares

2a Marcha Mundial por la Paz y la Noviolencia

Renta Básica

Alerta Paz Colombia

Comunidad internacional en alerta por una Colombia en paz

App Pressenza

App Pressenza

Despenalizar la eutanasia

Milagro Sala

Programa de Radio

International Campaign to Abolish Nuclear Weapons

International Campaign to Abolish Nuclear Weapons

Foro para la integración de NuestrAmerica

Foro para la integración de NuestrAmerica

Telegram Pressenza

Conéctate con nuestro canal Telegram

Archivos

Except where otherwise note, content on this site is licensed under a Creative Commons Attribution 4.0 International license.