Un antes y un después

30.12.2015 - Ciudad de Buenos Aires - Redacción Argentina

Un antes y un después
(Imagen de La Garganta Poderosa)

Por La Garganta Poderosa

* A los 3 años, cuando Gisela Balbarce se largó a hablar, sólo decía: “Me callo si quiero”. A los 17, fue a Cromañón. Y no se calló nunca más.

– “Después de esa noche, me acostumbré a la pregunta: ‘¿Qué viste?’, pero nunca nadie me preguntó: ‘¿Qué sentiste?’», Valeria, sobreviviente.

* Se quería teñir el pelo de rojo, Gastón Amaya. Tenía 10 años. Y sobre la cama, dejó su último dibujo: la tapa del disco de Callejeros.

– “Cuando abrieron Mitre, sentí la necesidad de volver a entrar; por no haberlo hecho hace 10 años. O quizá, para encontrar al pibe de 15 años que dejé ahí”, Gonzalo, sobreviviente.

* Estudiosa, Gloria Cabrera era abanderada y cautivaba a todos. Algunos temían que, en el cielo, no cupiese semejante corazón.

– “Ese 30 de diciembre, me obligó a crecer de repente. Me robaron el deseo de disfrutar la vida. Y luego, nadie me lo devolvió”, Ivanna, sobreviviente.

* Del Rojo y Chevrolet, Nico Del Canto se bancaba la azul y oro para jugar al vóley. Los diarios dicen que partió. Nosotros, que saltó.

– “En Cromañón, no sólo murieron pibes, se mató una vez más a la juventud. Y eso no fue todo: una sociedad entera murió”, Eduardo, sobreviviente.

* A Floresta, le quitaron el presente y el futuro. Paula Antón tenía 28 años. Y su hijita, Agus, 8. Bailaban en la murga. Ahora la iluminan.

– “Si estuvimos abrazados hasta el final, ¿por qué no me llevaste con vos? Luisito, fuiste mi héroe, mi amor, mi estrella, mi lujo”, Carla, sobreviviente.

* Bostero, renguero y amiguero, Martín Arias era feliz en el sillón, rodeado por su vieja, su hermana y su novia: “¡Malcríenme!”.

– “Inevitablemente siento que, si yo estoy acá, es porque otros murieron. Y de a poco, voy aprendiendo a perdonarme, pero la culpa de estar vivo no se va”, Marcelo, sobreviviente.

* Cuando Laurita Bello aprendió a caminar, “todos decían que sería la Valeria Mazza del futuro”. A los 14, fue a su primer recital.

– “Tenemos el deber de vivir dignamente, aunque nos cueste, aunque nos duela. Sin darnos cuenta, van llegando logros y risas, sin tanta culpa”, Luján, sobreviviente.

* Matecito, peinada rápida y al súper. Así, Sergio Escobar ahorró y le regaló un cronómetro a su hermana, un día antes de Cromañón.

– “194 almas que no se cansan de gritar: ¡Basta ya! De tanta injusticia y dolor. ¡Basta ya! Que el fuego aún no se apagó”, Marcelo Santillán, sobreviviente.

* “Esperamos que tus nuevos amigos, en el cielo, te puedan regalar sus sonrisas”, escribieron los familiares de Claudia Gioffré.

– “Nadie hace algo para que esto cambie, pero si hay tanta gente que aún no se identifica con 30 mil, no debiera sorprendernos que no se conmuevan por 194 chicos”, Sonia, sobreviviente.

* Calamar y piojoso, hizo periodismo de pie, sobre su silla de ruedas. Y hoy, una tribuna de Platense se llama Nico Landoni.

– “Hablan de los jóvenes, pero Cromañón estaba habilitado y se sabía que habría más de 4 mil personas. ¿Quién lo habilitó? ¿La juventud?”, Mauge, sobreviviente.

* Antes de su nacimiento, Luciano y Olga pensaron el nombre de una princesa. Y no se equivocaron: Estefanía Mendive, es nuestra.

– “En medio del caos, vi una mina sacando fotos… ¡Ayudá, hija de puta!, le grite. Y me tuvieron que sacar”, Flor, sobreviviente.

* Al ver la sombra de Juan Alegre, Pelusa esperaba su caricia. Ahora, olfatea su ropa y para las orejas, como siempre, esperándolo.

– “El hermano la encontró, llena de hollín, mojada y asustada, pero viva. Nada volvió a ser igual. Y menos para mí, porque ella soy yo”, Daniela, sobreviviente.

* Cuando extrañamos a los pibes de Cromañón, extrañamos a Dilma Lucía Paz, una joven de 63 años, que partió para cuidarlos.

– “Cuando me estaba yendo para Cromañón, mi vieja estaba en el fondo de casa. La saludé de lejos y me dijo: ‘Vení a saludarme, porque no sé cuándo volvés’”, Martín, sobreviviente.

* Para poder seguir a Racing, Sergio Ruíz entró a laburar. Y con su primer sueldo, de 600 pesos, compró la entrada del recital.

– “Sí, pedimos Justicia, pero nadie me va a borrar lo que viví esa noche. Y aunque paguen los culpables, ellos no van a volver”, Dany, sobreviviente.

* A los 17, Sofi Morales hacía tortas para sus hermanos, pochoclos para sus amigos y trufas para una guardería. De dulce de leche.

– “A decir verdad, yo siento que, durante mis 31 años, viví en República de Cromañón; desde entonces, no hemos evolucionado como sociedad”, Karina, sobreviviente.

* De las hermanitas Novoa, Daiana se marchó, Cecilia aguantó un día más y Lucía sobrevivió. Desde acá, abrazamos a las tres.

– “Era una noche rara, agónica, intensa. Miles de latidos por segundo, hacían de Cromañón un corazón gigante, que iba a estallar”, Gastón, sobreviviente.

* Tan copado era Nico Nievas, que según su hermano Diego, “debe estar en el cielo dejando pasar a los otros primero”.

– “Fue horrible ver a los chicos silenciosos, quietos y sin destino, esperando en la vereda que su gente los viniera a llorar”, Ezequiel, sobreviviente.

* Siempre decía que era fácil conocerla, Lucía Propatto: “Más allá de los ojos, escuchando o sintiendo”. Vamos, conózcanla.

– “Cuando me iba caminando, un chico se encontró con los padres y gritó: “¡Papá! ¡Mamá!”. Lloraban los tres. Y yo también”, Domi, sobreviviente.

* Todos los hinchas de Traverso, de Ford, de Victoriano Arenas, del trabajo y de la familia, extrañamos mucho a Roberto Tolosa.

– “¿Por qué nosotros? ¿Por qué no ellos, que estafan y zafan? ¿Por qué siempre somos estos los que sufrimos a un Estado ausente?”, Victoria, sobreviviente.

* Hincha de Argentinos, como su hermano, Bárbara Yanni quería ser periodista deportiva. Y hoy grita con La Garganta.

– “De repente, en un segundo, todo se convirtió en caos, desesperación, llantos, gritos. A partir de ahí, un sálvese quien pueda”, Santiago, sobreviviente.

* Estudiaba Trabajo Social, María Sol Urcuilú. Y no le preocupaba la ropa de marca; le preocupaba un comedor del barrio La Loma.

– “Y en ese instante, perdí la mitad de mi alma. Pánico, terror, desesperación… Hice lo que pude, pero aún hoy me pregunto por qué no hice más”, Pilar, sobreviviente.

* Con sólo 6 años, Gusti Zerpa no se conformaba viendo a los Power: quería ver a Callejeros. Nunca más volvió. Nunca más.

Categorías: Comunicados de Prensa, Cultura y Medios, Derechos Humanos, Sudamérica
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