Marina Subirats, catedrática emérita de Sociología y exdirectora del Instituto de la Mujer, considera que «la coeducación, cuando se da, se ve aniquilada por esos modelos que pretenden perpetuar los roles tradicionales y a los que estamos sobreexpuestas a través de la publicidad».

«Entre los dos y los tres años los niños y las niñas han adquirido ya una serie de estereotipos y no solo esto, han adquirido la idea de que los niños son superiores a las niñas».

«No hay una opinión general en la sociedad de respaldo sin fisuras hacia las mujeres que sufren violencia de género».

Por Natalia González de Uriarte para ElDiarioNorte.es

Marina Subirats, catedrática emérita de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona, es especialista en sociología de la educación y sociología de la mujer. Este año ha sido la encargada de inaugurar el cuarto curso de la  Escuela para la Igualdad y Empoderamiento de las Mujeres de Vitoria. En su conferencia «Nada está escrito» Subirats, que fue directora del Instituto de la Mujer, repasa la evolución de las conquistas de las mujeres, resaltando los logros y pero sobre todo remarcando los retrocesos. Advierte en su discurso de los peligros que entraña la ‘hipersexualización’ de las niñas para sus propias expectativas e insiste en que «una sociedad sexista perjudica a ambos sexos, a las mujeres pero también a los hombres en muchos sentidos». La llave del cambio, según Subirats, la tiene la coeducación.

La Escuela para la Igualdad y Empoderamiento de las Mujeres, cuyo curso ha inaugurado usted, es una entidad muy valorada y aplaudida por la sociedad aunque su mera existencia evidencia la desigualdad imperante. Esta realidad es reconocida de forma generalizada, pero parece que las aspiraciones de cambio de las mujeres escuecen todavía a ciertos sectores. ¿Por qué esta resistencia?

Las resistencias de los hombres al avance de las mujeres responden al miedo. Los hombres temen perder esa preminencia que la sociedad les ha dado históricamente por un conjunto de razones cuando las mujeres tengamos una igualdad. Hay que explicar mucho más que una sociedad sexista perjudica a las mujeres pero también perjudica a los hombres en muchos sentidos. Me he dedicado bastante a estudiar porqué los hombres mueren más que las mujeres en edades muy tempranas. Está muy relacionado con la idea de masculinidad que transmitimos a los hombres. El modelo de masculinidad les obliga continuamente a la competición, a asumir riesgos a veces letales para ellos, a demostrar de continuo que no tiene miedo pero les impiden la conexión con las otras personas y conocerse a sí mismos en términos de emotividad. No tendría sentido hacer cursos de empoderamiento para los hombres porque desde que nacen les empoderamos en exceso incluso, pero sí detenerse a explicar esto mucho más. Se les niega desarrollar aspectos que se les adjudican a las mujeres también en exceso como el dedicarse a los demás, ponerse al servicio de, la empatía…Tendríamos que hacer escuelas para ellos, para enseñarles a desarrollar la sensibilidad y la capacidad de sentir emociones.

La Ley de Igualdad se calificó como muy buena pero no así su aplicación. De lo que queda pendiente por desarrollar ¿qué es lo prioritario?

Queda pendiente muchísimo. Le Ley solo pone el marco pero no cambia las cosas por sí sola. En el ámbito educativo, por ejemplo, en las universidades se han creado unidades de igualdad pero ha desarrollado poquísimo su actividad en conjunto. En términos laborales, la Ley establecía muchos aspectos para que la mujer pudiera progresar hasta llegar a tener igual salario, las mismas responsabilidades …Todo esto no se ha desarrollado. A veces se dice que esta Ley ha fracasado y eso es un error. Lo que ha fracasado es la sociedad y sobre todo los gobiernos, que son los que deben implementar las leyes y hacer lo necesario para que la transformación se produjera.

El balance sobre las medidas establecidas para luchar contra la violencia de género tampoco es positivo

En esta legislatura del PP se ha retrocedido enormemente en recursos. Y esto se nota en que las mujeres denuncian mucho menos. Este año han muerto seis mujeres solo en Cataluña. Ninguna había denunciado. ¿Por qué? Probablemente porque los servicios no las atienden suficientemente bien y también porque no hay una opinión general en la sociedad de respaldo sin fisuras hacia ellas. No hay una voz unánime de apoyo incondicional. Incluso se han lanzado sospechas sobre las acusaciones hechas con mala fe, cuando son poquísimos los casos. Algunos hombres promueven este tipo de dudas. Las mujeres,  ante esto, se sienten incapaces de denunciar y defenderse y regresan a posiciones de justificar esos ataques. Se tratan de convencer a sí mismas y se repiten internamente: “bueno, solo lo ha hecho un día, no lo va a repetir …”. Esto está dando como resultado unas cifras de muertes de mujeres a manos de los hombres que son terroríficas.

Los esfuerzos en coeducación, cuando se hacen, quedan contrarrestados por esos mensajes centrados en perpetuar diferencias entre géneros difundidos mediante la publicidad. Es muy difícil para familias y la comunidad educativa combatir esta sobreexposición a esos modelos que nos invaden a través de la televisión, las redes sociales y otras vías. ¿Debería intervenir la Administración?

Por supuesto que debería intervenir la Administración. Sin ninguna duda. Por una parte no se han hechos los esfuerzos suficientes en educación y quien diga lo contrario, falta a la verdad. Con la LOMCE ha desaparecido la Educación para la Ciudadanía, que impartía esos contenidos sobre la igualdad entre hombres y mujeres. Ahora no hay ninguna materia que llegue sistemáticamente al alumnado exponiendo el tema de la igualdad. Ha habido experiencias pero aisladas. Hay muy pocas zonas en España donde haya habido un plan diseñado desde las consejerías de Educación para ir cambiando la cultura. Esto ha provocado y las experiencias que tenemos de trabajo en las escuelas así lo reflejan, que entre los dos y los tres años los niños y las niñas han adquirido ya una serie de estereotipos y no solo esto, han adquirido la idea de que los niños son superiores a las niñas. A esa edad eso está jugado. Y por otra parte, lo que puede hacer la escuela queda aniquilado por esos modelos que fomentan los roles tradicionales absolutamente obsoletos y negativos para sus vidas: la agresividad y competitividad entre los niños y la hipersexualización en las niñas. Esto tiene que solucionarlo la sociedad cambiando y bajo la dirección de las políticas públicas porque si no la sociedad por sí sola no cambia.

En el caso de las niñas, se les transmite que la seducción es una de sus bazas. Esto puede resultar muy peligroso, ¿no?

Sí. Antes, para que las mujeres acataran su papel de permanecer siempre en segundo término, sumisas, se utilizaba la represión. Esto provocaba una reacción de rebeldía en nosotras. Pero ahora los mecanismos han cambiado. Nos venden que las mujeres pueden hacer de todo pero a su vez nos proponen ese modelo hipersexualizado. Y se ha adelantado mucho en edad, porque antes la propuesta se lanzaba en la adolescencia. Ahora desde muy temprano, desde que la niña tiene uso de razón. Con cuatro o cinco años se ponen a su alcance juegos para maquillarse, se les introduce en este mundillo de cuidar su aspecto de un modo muy divertido. Con lo cual las posibilidades de rebelión ante algo que se presenta como tan jovial y entretenido son escasas. Es mucho más difícil cambiar la mentalidad en estas condiciones.

Directamente se convierte a las niñas en potenciales consumidoras en vez de en personas

Eso es. Sufren toda una serie de presiones desde que son pequeñas para convertirse en mujeres objeto pero las aceptan con gusto porque se presentan no como algo represivo sino como algo divertido. Y acaban convencidas de que lo más importante es ser supersexy y superguapa. Es otra manera de volver a lo tradicional pero por el camino de la diversión no de la represión.  Y no ven los problemas que comporta elegir esa dirección de la seducción, es peligroso para sus propias expectativas pero  todo esto se camufla bajo esa apariencia de diversión.

Todo se complica más si la mujer decide ser madre. La conciliación laboral y familiar es otra asignatura pendiente

Las mujeres ahora no pueden arriesgarse a no trabajar. Esto no tiene retroceso. Pero la entrada de las mujeres en el ámbito laboral necesitaba de un reequilibrio, que ellos entraran en casa. Esto no se ha dado. La mujer está fuera y dentro y él permanece solo fuera. Los hombres se resisten a compartir en igualdad el trabajo doméstico y familiar. Ahí tenemos un problema no resuelto. Las mujeres, en la plenitud de su vida laboral, tienen una sobrecarga brutal. No llegan a todo. Viven angustiadas y con sensación de culpa porque no hacen las cosas como quisieran respecto a su familia y tampoco pueden avanzar en el trabajo. Hay que compartir mucho más y esto pasa por las políticas públicas. Pero para mí la solución definitiva sería que trabajáramos todos, hombres y mujeres, menos horas. En este momento que hay tanto desempleo, hay que repartir el trabajo. Y esto no pasa porque las mujeres volvamos a casa, no lo haremos, pasa porque ambos trabajemos menos horas y podamos compartir la vida doméstica y familiar.

El lenguaje no inclusivo, dirigirse a un auditorio mixto en femenino, se está imponiendo en ciertos foros. Pero otros sectores consideran esta práctica como un ejercicio forzado. Hay quien la califica de ridícula y dice incluso que va en contra de las reglas del lenguaje. ¿Usted cómo lo ve?

Lo mismo que cambian las sociedades cambia el lenguaje y la gramática, que es variable en función de las necesidades de expresión. Esto forma parte de las resistencias masculinas al cambio. Se excusan en que lo masculino es universal y engloba a ellas y ellos pero si lo hacemos al revés se muestran ofendidos. Entonces yo como mujer podría entenderlo también como una ofensa el hecho de que se me incluya en el genérico masculino, aunque no es el caso. Pero sí lo entiendo como una exclusión, se nos ignora. Y el hecho de nombrarnos es la forma de visibilizarnos. Tiene su pleno sentido. Para nada estamos forzando.

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