Un informe, una encuesta, unos mitos y un proverbio

16.09.2015 - Redacción Madrid

Un informe, una encuesta, unos mitos y un proverbio

Por Daniel Raventós y Julie Wark

Un informe más, una constatación más. La crisis y las medidas de austeridad impuestas a las poblaciones están aumentando las desigualdades. Los ricos son más ricos y una gran parte de la población es más pobre. Lo sabemos y cada nuevo informe lo constata con pequeñas variantes. Uno de los últimos es el de Oxfam. Las conclusiones son conocidas, por citar solamente algunas de las más destacadas: el número de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza de sus respectivas economías se ha incrementado en casi todos los Estados de la Unión Europea; entre los años 2009 y 2013 hay 7,5 millones de personas más en los 27 Estados de la Unión Europea que sufre privaciones materiales severas, y 19 de estos Estados han incrementado el porcentaje de la población que está en esta situación; la distribución del ingreso es muy desigual, pero si tomamos como referencia la riqueza, las desigualdades son aún mucho mayores.

Detengámonos tan solo un poco en la última conclusión apuntada. Traducida en proporciones, el 1% más rico de la población europea posee casi un tercio de toda la riqueza de la zona. Quedan dos tercios que se reparten entre las personas que se encuentran en el 10% más rico y la mitad de la población que se sitúa entre el cuarto y el noveno decil. Y al 40% restante de la población le queda… menos del 1% de la riqueza neta total de la Unión Europea. El Reino de España aparece como uno de los lugares en donde la desigualdad más ha aumentado con la crisis: tres millones de personas pobres y 21 de muy, muy ricas con un patrimonio total de 104.000 millones de euros. Se sabía, pero vuelve a concretarse. No lo dice el informe de Oxfam, pero la Autoridad Bancaria Europea (EBA, por sus siglas en inglés) informó recientemente que en el año 2013, 133 ejecutivos de la banca española cobraron más de un millón de euros. Es más, el año pasado el número de individuos con grandes patrimonios se incrementó en el Reino de España un 10%, hasta alcanzar las 178.000 personas. Desde 2008 ha habido un crecimiento del 40% en estas fortunas. Estos datos suponen que durante los años de la crisis los ricos han crecido en 50.000 efectivos. Buen negocio.

Dejó escrito Susan George,  hace ya algunos años, que sobre los pobres se escribe mucho, se hacen tesis doctorales, trabajos académicos, informes políticos, informes parlamentarios, informes, informes… como si los pobres tuvieran que comer informes. Por el contrario, poca atención se prestaba a los ricos. Esto está cambiando algo en los últimos años. Ya no deja tan indiferente que los ricos sigan incrementando sus fortunas mientras cada vez una mayor parte de la población tiene que malvivir en la lucha desigual por la existencia. En 2013, la tasa de personas en riesgo de pobreza o exclusión social alcanzó al 29,2% de la población (datos del Instituto Nacional de Estadística).

Paralelo a este digamos cambio de opinión acerca de los ricos, también se está dando otro cambio de opinión: quizás los pobres no merecen serlo. Recordemos que hasta no hace mucho, que los pobres dependieran de las prestaciones públicas era percibido en general como un problema de vagos, de gorrones y de parásitos. Esta gente que “depende” del subsidio público es gente que merece el desprecio porque su pobreza es responsabilidad suya. Dicho al margen, que el Estado sea una fuente inagotable de ganancias fáciles para las grandes empresas y fortunas privatizando empresas y sectores públicos, que se gaste dinero en infraestructuras, sistema legal de protección de la propiedad, policías… no forma parte de los “gastos del Estado”, parece natural como la ley de la gravedad. Para dar sólo un ejemplo, en 2012, el Gobierno aprobó una amnistía fiscal que permitió aflorar patrimonios multimillonarios, algunos (impunemente) delictivos y casi sin tributar. La tributación efectiva en relación con el patrimonio declarado fue risible si no trágica, un 3% para los aproximadamente 40.000 millones de euros aflorados. Además, se calcula que el 22% de la economía española escapa al fisco, o sea unos 144.000 millones españoles en paraísos fiscales, mientras que casi todas las empresas españolas del IBEX 35 tienen sus cuentas ocultas en paraísos fiscales. Y el gobierno hace la vista gorda: el Reino de España es el lugar que menos recursos dedica a evitar el fraude fiscal. Pero que el Estado se gaste dinero en intentar paliar la suerte de los más desfavorecidos es “malgastar”, que grave con impuestos a los especialmente ricos “emprendedores” y “creadores de riqueza”, es ineficiente y malo…

Los tiempos están cambiando y las opiniones más o menos generalizadas también cambian. Viene todo esto a cuento porque a mediados de julio se publicó una encuesta cuyos resultados sorprendieron a más de uno y de 10. Y no dejó indiferente a nadie que la conoció. La encuesta se encargó a la empresa especializada en estudios de opinión pública GESOP. Se realizó entre el 13 y el 17 del pasado julio, entre una población de más de 16 años y residentes al menos un año en Cataluña. El número de entrevista repartidas por distintas áreas de Cataluña fue de 1.600.

La pregunta principal era la siguiente: “La renta básica es un ingreso de 650 euros mensuales que recibiría toda la población como derecho de ciudadanía, que sería financiada mediante una reforma fiscal que supondría una redistribución de la renta del 20% de las personas más ricas al resto de la población. ¿Estaría usted más bien de acuerdo o más bien desacuerdo que se implantase en nuestro país?”

Los resultados a esta pregunta fueron: 72,3% más bien de acuerdo, 20,1% más bien desacuerdo y un 7,6% NS/NC. Si bien todos los sectores de la población analizados estaban de acuerdo, los críticos con esta medida sobresalen entre las personas de más ingresos y los que ideológicamente están situados en el centro, el centro derecha y la derecha. Otros resultados interesantes (pueden consultarse los muchísimos datos y resultados de esta encuesta aquí) fueron que de las personas que disponían de un trabajo remunerado, el 86,2% seguiría desempeñándolo, de las personas que estaban en el paro, el 84,4% seguiría buscando un empleo como hasta ahora. Parece que el mantra habitual de que con una renta básica incondicional la gente dejaría sus trabajos remunerados forma parte de la fantasía y del prejuicio. Una gran parte de la gente entrevistada opinaba lo contrario.

Sobre la crítica que más a menudo de lo que sería sensato se lanza contra la renta básica de que supondría una “vuelta de la mujer al hogar” o cosas de tenor parecido, es interesante observar que de las personas que tienen empleo contestan que lo dejaría un 3,1% de hombres y ¡un 1,2%! de mujeres. Siempre se puede decir que la encuesta está mal hecha, que no se ha preguntado bien… Es una tentación particularmente atractiva cuando los resultados no coinciden con nuestra opinión, prejuicio, delirio o fantasía. Ya se sabe que cambiar de opinión cuesta y es imprescindible una honradez intelectual que no abunda generosamente. No se puede ser exigentes, de acuerdo, pero peor es pensar que la realidad es la equivocada por desviarse de lo que tenemos en la cabeza.

Para volver al tema del fraude fiscal, la renta básica se podría financiar en parte por una serie de medidas que implicarían un incremento de la recaudación impositiva mediante la persecución del fraude fiscal y el establecimiento de un sistema tributario más justo. El informe de Oxfam Intermón ha afirmado que el dinero conseguido combatiendo el fraude fiscal podría cubrir los gastos de la sanidad española. De momento el 90% de ingresos a las arcas públicas proviene de los ciudadanos. La aportación de las grandes corporaciones llega a ser un miserable 2% de la de la recaudación total.

Un informe reciente de la OCDE recomienda que para combatir la desigualdad hay que adoptar un paquete global de políticas con cuatro ejes: 1) promover una mayor participación de las mujeres en el mercado de trabajo 2) fomentar las oportunidades de empleo y empleos de buena calidad; 3) mejorar la calidad de la educación y la formación durante la vida laboral; 4) y mejorar la redistribución a través de un mejor diseño de los sistemas fiscales y de prestaciones sociales. Un montón de diferentes estudios indican que la renta básica constituiría un excelente primer paso para conseguir estos objetivos. Y los ciudadanos están cada vez más informados (pero todavía a menudo erradamente) respecto a esta medida.

En el Reino de España la renta básica voló alto durante unos cuantos meses al ser defendida por una fuerza política entonces en pleno apogeo, Podemos, en las últimas elecciones al parlamento europeo. Se lanzó una gran batalla contra Podemos por defender precisamente esta propuesta. No se escatimaron medios: por televisión, por radio, por prensa escrita, por prensa digital, por la colaboración interesada de más o menos expertos tornadizos académicos… Con métodos y “argumentos” de todo tipo: desde los muy grotescos especialmente en televisión, a más sofisticados dedicando libros “contra la renta básica” (tal cual así se titula un libro de un ultraneoliberal). Y ganaron la batalla. Eso sí que es tener un objetivo claro: había que evitar una propuesta como la de la renta básica. La contraparte cedió sin mucha resistencia. No hubo color: la decisión de una parte, la contraria, y la falta de ella en la otra, la “nuestra” (por decir algo rápido). La dirección de Podemos ha abandonado, o está a punto de hacerlo, la defensa de la renta básica. Ahora defiende una renta garantizada, que será comentada en detalle en otra ocasión, aunque entre muchos de sus miembros la renta básica sigue despertando muchas simpatías. Parece que esto importa poco ante los cálculos electorales, pero no la están acertando mucho. En realidad, podría asegurarse lo contrario: que el error de cálculo es tremendo. Se ha apostado por lo viejo conocido, aunque se sepa que es muy deficiente. Nada de audacia, que puede ser peligroso. Una muestra más de debilidad, aunque esté recubierto de prudencia. Ahora que en distintos lugares de Europa gana terreno, aquí lo pierde aunque otras organizaciones como Anova, Bildu, Equo siguen defendiendo la renta básica. Un paso atrás no es necesariamente una derrota. Cada vez se va acumulando más experiencia. Y esto también puede servir para prepararse de cara al futuro. Dice un proverbio árabe que “la primera vez que me engañes será culpa tuya, la segunda vez, la culpa será mía”.

Daniel Raventós es profesor de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona, miembro del Comité de Redacción de SinPermiso y presidente de la Red Renta Básica. Es miembro del comité científico de ATTAC. Su último libro es ¿Qué es la Renta Básica? Preguntas (y respuestas) más frecuentes (El Viejo Topo, 2012). Julie Wark es autora del Manifiesto de derechos humanos (Barataria, 2011) y miembro del Consejo Editorial de SinPermiso.

Categorías: Derechos Humanos, Diversidad, Economía, Europa, Internacional, Opiniones, Política, Región
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