Por Pablo Jofré Leal.-
La Coalición de la Izquierda Radical de Grecia (Syriza, en su acrónimo griego) triunfó en las elecciones legislativas del domingo 25 de enero del 2015 con el 36,64 % de los votos, concretando un triunfo que puso fin 40 años de bipartidismo.

Un bipartidismo dominado por Nueva Democracia (liberales y conservadores) y los socialdemócratas del denominado Movimiento Panhelénico Socialista (PASOK). Bipartidismo surgido a partir del retorno a la democracia representativa el año 1974, que ha reventado en mil pedazos, sobre todo con la estrepitosa caída del PAOK que obtuvo un misérrimo 4,6% y sólo 13 diputados. Syriza, con su triunfo rozó la mayoría absoluta con 149 escaños (99 escaños más 50 otorgados por ser el partido más votado, aprovechando en ello el propio sistema político creado por el bipartidismo) rozando los 151 cargos parlamentarios, que le hubiesen significado formar gobierno sin necesidad de alianzas. En segunda posición se ubicó, la conservadora Nueva Democracia del Primer Ministro Andonis Samarás, que obtiene el 27,81% y 76 escaños. En tercer lugar el Partido Neonazi Aurora Dorada se alzó con un 6,28% y 17 diputados. En cuarta posición se ubicó el centrista To Potami (el Río) con el 6,05%.

El Líder de Syriza, Alexis Tsipras, conocido ya los resultados, con sus primeras palabras prometió “acabar con la austeridad que ha sido un desastre para Grecia…hoy Grecia ha pasado página. Deja tras cinco años de dolor y avanza con pasos firmes en una Europa que cambia y nosotros somos una muestra de ese cambio”. Su discurso de la victoria señaló “Hemos vencido el miedo y recuperado la esperanza. Nuestra victoria es una victoria de todos los pueblos de Europa que luchan contra la austeridad. Nuestra prioridad por encima de todo es devolver la dignidad perdida a Grecia, con un Gobierno para todos los griegos, nos hayan votado o no. Estamos listos para trabajar y negociar con nuestros acreedores una razonable solución al círculo vicioso de la deuda. Juntos avanzaremos y lo lograremos, y desmentiremos a todas las Casandras que dentro y fuera del país nos amenazan”, añadió Tsipras refiriendo al Mito de la joven troyana de la Mitología Griega, hija de Príamo y Hécuba, joven ambiciosa que pidió al dios Apolo que le concediera el poder de la clarividencia para así poder predecir el porvenir. Deseo concedió pero acompañado de la maldición de conocer una serie de males que van a acontecer pero no poder hacer nada por evitarlo.

Consolidado ya el recuento del 100% de los votos Syriza está trabajando para evitar esa maldición que la derecha europea, Nueva Democracia, banqueros, el sistema financiero, el gobierno inglés, Alemania, Rajoy y cuanto opositor a las ideas de Syriza han dado a conocer sus augurios negativos. Tsipras no tardó en llegar a un acuerdo político para formar gobierno, en este caso con la derecha nacionalista griega, agrupada en el movimiento ANEL (Griegos Independientes) que tiene grandes similitudes con Syriza, a partir de su visión respecto a la participación de Grecia en el concierto Europeo, el tema de la abultada deuda y la forma de relacionarse con el eje de poder de la Unión Europea representada por la Troika.

El presidente de ANEL, Panes Kamenos, quien fuera diputado de Nueva Democracia bajo el gobierno de Samarás anunció a la prensa, ganándole el quien vive a Tsipras, que “Grecia, a partir de este momento, ya tiene gobierno. Los Griegos independientes ofrecerán su voto de confianza al gobierno. Ha llegado el momento de reconstruir lo que fue destruido a través de memorándums – con relación a la Unión Europea – y de liberar a Grecia de las cadenas de la subyugación». Con ello, las primeras señales respecto a la gobernabilidad en Grecia auguran buenas perspectivas. No sólo en el plano de la comunión de visiones, sino también la forma de enfrentar esta nueva etapa de la historia de este país del sur de Europa.

Las propuestas de Syriza generan temor al establishment europeo, temerosos que el ejemplo griego se extienda a países del sur europeo como España, Italia, Portugal que viven crisis tan dramáticas como Grecia “La austeridad no es parte de los tratados europeos, sostuvo Tsipras, en una entrevista al diario Financial Times, La democracia y el principio de soberanía popular sí lo son. Si el pueblo griego me respalda con su voto, la aplicación de nuestro programa económico no será una práctica ‘unilateral’, sino una obligación democrática”. Syriza ha prometido realizar una auditoría de la deuda pública. Recordemos que la formación se comprometió a renegociar la devolución de la deuda y a suspender, todos los pagos, hasta que se haya recuperado la economía nacional y se incrementen los niveles de empleo en el país con una tasa de cesantía global del 25,8% y que en el caso de los jóvenes alcanza el 50,8 %. En ambas cifras son las mujeres las que poseen mayores índices de desempleo, que en el caso de mujeres menores de 25 años eleva la cifra a un 56% de cesantía.

Por su parte, el responsable de las políticas económicas de Syriza, Yiannis Milos tras el triunfo en las elecciones sostuvo que “la intención de Syriza es poner fin al programa económico de Grecia acordado por el gobierno anterior con la Unión Europea, Con este triunfo, destaco Milos, se da comienzo a grandes cambios en Europa, que ya no puede continuar el camino de la deflación, la recesión, el aumento del desempleo, el endeudamiento excesivo. Grecia muestra el camino. Nuestro país, nuestra gente son los pioneros del cambio”

El pueblo griego, cansado tras años de humillación, de crisis, de deterioro político, económico, social, con la tristeza de ver partir a su juventud en busca de mejores horizontes, apoyó con sus votos este decisión de cambio, no sólo dando esperanza de concretar mejores días para Grecia, sino también encendiendo las alarmas de los dueños de Europa, que desde Bruselas y Berlín se esmeraron, junto al partido del Primer Ministro en funciones Andonis Samarás, en fomentar un clima de terror respecto a la posibilidad que triunfara Syriza. Amenazando con sacarlo de la zona Euro, de no apoyar planes de salvataje o aislarlo del concierto de la Europa de los 28.

Únase a ello la desvergonzada intervención del Primer Ministro Español Mariano Rajoy, que temerosos que el triunfo de Syriza de renovado impulso a las posibilidad de PODEMOS no ha dudado en acusar a este conglomerado de populista y haciendo un juego de palabras, que ha merecido la repulsa de amplios sectores sociales españoles sostuvo en la Convención del partido popular que su partido es la estabilidad y el PODEMOS un experimento peligroso “No podemos jugarnos el futuro de nuestros hijos a la ruleta rusa de la frivolidad, la incompetencia y el populismo. No podemos”. Los medios españoles han coincido que el eje de la campaña del PP será el mensaje del miedo, sosteniendo que España no está para experimentos y que la estabilidad sólo lo ofrece este partido que no ha logrado sacar a flote a la maltrecha sociedad española

Nada de esa política del terror, tanto interna como aquella venida desde fuera, amedrentó a los simpatizantes de Syriza, decididos a originar un cambio que les devuelva la dignidad perdida tras años de implementación de políticas neoliberales, que significaron: ajuste estructural, recorte en los gastos de políticas públicas, el salvataje desvergonzado de aquellos que llevaron a Grecia al colapso, como fue su clase empresarial y el sector bancario y financiero. Recetas de austeridad que significaron la pobreza de millones de griegos que se hundían en el desempleo y la desesperanza. El transtierro de 300 mil jóvenes griegos – el 10% de sus licenciados universitarios, en busca de mejores perspectivas de vida y un aumento de las tasa de suicidios de su población, desde el inicio de la crisis.

Tras la constatación de los números, que daban por ganador a Syriza la campaña del terror sigue su curso. Para el primer Ministro Inglés, David Cameron “el triunfo de Syriza en Grecia no hará más que aumentar la incertidumbre económica en Europa. Ese es el motivo por el que el Reino Unido debe afianzarse en su plan para mantener la seguridad en el país”. Por su parte Alemania, que ve en el triunfo de Tsipras, la posibilidad de una moratoria de la enorme deuda que se tiene con los bancos teutones, ha sostenido a través del presidente del Banco Central alemán (Bundesbank), Jens Weidmann, que “Está claro que Grecia no puede todavía prescindir del apoyo de un programa de ayuda. Y, naturalmente, un programa de ese tipo sólo puede darse cuando se cumplen los acuerdos. Confío que el nuevo Gobierno griego no haga promesas ilusorias que el país no se puede permitir y que continúe con las reformas estructurales que se necesitan sin poner en cuestión lo conseguido hasta el momento. El objetivo es que las finanzas griegas sean sostenibles a largo plazo y mientras ése no sea el caso, una quita de la deuda sólo dará un breve respiro. Para lograr ese objetivo, hay que exigir reformas tanto en las finanzas públicas griegas como en la economía del país” está claro porque Tsipras habla de dignidad y soberanía como necesarios de recuperar para el país Helénico

¿PASAR LA PÁGINA O CREAR UNA NUEVA?

Tsipras mencionó, al dar cuenta del triunfo de Syriza, que Grecia ha pasado la página pero… ¿qué página es esa que ha pasado el país helénico? Para responder esta pregunta hay que remontarse al año 2008 cuando se desencadena la crisis económica, que hunde a la economía mundial en una profunda crisis. A principios del año 2010 sale a la luz pública lo que al interior de la Unión Europea se sabía claramente y se ocultaba conscientemente. Ese año se explicitó que los gobiernos de Grecia, Italia y otros países europeos (España y Portugal entre ellos) mediante el trabajo fraudulento de instituciones internacionales como Goldman Sachs, JP Morgan Chase y bancos de la Unión Europea habían desarrollado una estrategia financiera, que les permitía no dar a conocer todos su préstamos, presentando a ojos de los auditores – los mismos que desarrollaron esos instrumentos – como eficientes y dignos de seguir siendo sujetos de crédito.

Así, cada país involucrado en esta bicicleta financiera, gastaba más de lo que podía permitirse por su presupuesto y seguir respetando, aparentemente, el déficit definido como límite por la Unión Europea. En mayo del año 2010 Grecia, al cual se le había pronosticado un déficit global del 6.5 del PIB, aumento ese déficit a un 13,6%. El segundo más alto del mundo después de aquel que llevó a Islandia a la bancarrota. La diferencia es que Grecia no llevó a ninguno de sus banqueros a la cárcel y siguió con sus partidos clásicos, tratando de seguir ocultando la basura bajo la alfombra. La crisis de confianza, que suelen mencionar los bancos, acreedores y organismos financieros internacionales (los mismos que sabía de estos manejos financieros que ejecutaban los gobiernos griegos) significó que saltarán las alarmas sobre la real capacidad de Grecia de pagar su deuda pública.

En mayo del año 2010, los mismos países acreedores, para resguardar sus dineros, en conjunto con el FMI acordaron un paquete de “ayuda” de 50 mil millones de Euros con el compromiso de otorgar otros 60 mil millones de la moneda europea hasta totalizar 1110.000 millones. Claro está que para asegurar este dinero, destinado a pagar préstamos y no para favorecer a la población, se exigieron tomar una serie de medidas de dramáticos efectos cobre la población griega. Medidas de austeridad es el nombre que le dan esos financistas a la conducta de conducir al descalabro a las sociedades.

El año 2011 las entidades de préstamos consignaron que los 110 mil millones eran insuficientes y acordaron otro paquete de rescate de 130 mil millones de euros. El barril sin fondo griego mostraba que el problema era estructural y no sólo un tema de esconder facturas o no digitar bien los números en las cuentas públicas. A la par de las medidas de austeridad extrema se sumaron exigencias de reformas sanitarias, bancarias, financieras, de pensiones, que permitían el saqueo del Estado griego y más medidas de austeridad para salvar a un sistema bancario y financiero con los fondos de pensiones de los trabajadores y la hipoteca del futuro de gran parte de los 10.7 millones de griegos. Ningún banquero, financista o político griego, responsable de esta crisis ha ido a parar con sus huesos a la cárcel.

En noviembre del año 2011, vísperas de la caída del ex premier Yorgos Papandreu, el denominado dueto político europeo Merkozy, conformado por la alianza política entre la canciller alemana Angela Merkel y el ex presidente francés Nicolás Sarkozy, amparados por la triada económica europea: La Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, determinó una serie de duras medidas de ajuste económico, disminución de gastos sociales, imposición de medidas de ahorro fiscal al gobierno heleno, que condujo, finalmente, a su estrepitosa caída y la instauración de un gobierno provisional, encabezado por el tecnócrata Lucas Papademos, quien preparó las elecciones generales para mayo del año 2012.

El resultado de esos comicios confirmó la crisis política que acompaña la crisis económica en Grecia, principalmente por la fenomenal caída de los partidos políticos tradicionales y el ascenso de movimientos de extrema derecha y la Coalición de izquierda Syriza, ninguno de los cuales logró una mayoría que les permitiera, ese año 2012, formar gobierno. Pero, ha sido Syriza, el que logró mostrarse como una alternativa distinta, otorgar esperanzas a una población que parecía perderlas. Ello, con una postura distinta, respecto a la manera en que se debía enfrentar la crisis. El posicionamiento de Syriza en la sociedad griega mostró, que más temprano que tarde llegaría al poder. Sobre todo porque su visión de los cambios ha ido en dirección contraria a las visiones netamente economicistas, que hablan de soluciones encaminadas a imponer duras medidas económicas a las sociedades. Medidas de austeridad que suelen generar retrocesos en la calidad de vida de la gente, que tardan años en volver a sus niveles pre-crisis.

Syriza representa y propone una mirada contracorriente, aquellas más esperanzadora y menos centradas en índices macroeconómicos y que llaman a confiar en las potencialidades de los pueblos. Convencido que las políticas de austeridad de Bruselas, sólo significan beneficios para el mundo financiero, bancario y las grandes economías europeas. Más austeridad, según Syriza, sólo trae consigo más desempleo y recesión. De su programa de gobierno se extrae que lo que requiere Grecia y Europa es más inversión, más compromiso de los Estados, gastar en la población, en creación de empleos, en mejoras educativas, en obras públicas, en fortalecer el Estado y no dejarlo a merced del mercado. Tener como objetivo de mejora a la población y no en el salvataje de aquellos que condujeron a Europa a esta crisis.

En una interesante intervención de la presidenta Brasileña, Dilma Rousseff, el año 2012, en el marco de la V Cumbre entre Brasil y la Unión Europea, los periodistas presentes interrogaron a la mandataria brasileña, cómo su país y algunos otros gobiernos latinoamericanos estaban logrando sortear la crisis económica mundial y cómo visualizaba ella la crisis de la Eurozona. Ante ello, Rousseff señaló que “¿Qué puede aportar Latinoamérica en esta situación? Se interrogó la mandataria brasileña, señalando que más medidas de austeridad sólo traen más desempleo y recesión. Por el contrario, más inversión es lo que necesita Europa para salir del estancamiento. Nuestra experiencia muestra que ajustes fiscales extremadamente recesivos sólo han empeorado el proceso de estancamiento, la pérdida de oportunidades y el desempleo. Difícilmente se sale de la crisis sin aumentar el consumo y la inversión, y el nivel de crecimiento de la economía. Estas fueron las recetas que usó América Latina para salir de la crisis de deuda latinoamericana tras los años 80”.

Sin duda, buena cuenta han tomado de esas políticas partidos como Syriza en Grecia y PODEMOS de España, que han bebido de las aguas políticas y ejemplos de manejo de gobiernos latinoamericanos, que han salido del marco estricto de la corriente neoliberal, como ha quedado demostrado en sus programas políticos. Para los críticos del manejo político y económico de la crisis que sacude la Eurozona, la injerencia del poder financiero en las decisiones de los gobiernos, ha generado un debilitamiento de la independencia de esos países, ahogando sus sociedades a través de duros ajustes estructurales, poniendo en peligro, bajo la bota de un ejército de burócratas, banqueros, miembros de la troika y aliados del poder mediático, la continuidad de una creación política y económica, que ha costado medio siglo construir.

SOBERANÍA Y DIGNIDAD

Tsipras habla de recuperar la dignidad y la soberanía griega pues su país, a partir de la renuncia del ex Primer Ministro Yorgos Papandreu, comenzó a consolidar la intervención de las grandes potencias europeas, en su marcha económica y política, para así liberar los fondos comprometidos – 130 mil millones de dólares hasta el año 2014 – a lo que se unió la determinación que la banca privada alemana y francesa, dejara de cobrar la mitad de la deuda griega estimada en 110 mil millones de euros. Este camino obligará a recapitalizar gran parte de la industria financiera europea, claro signo de contagio de la bancarrota de Atenas, en esta especie de remake del “presente griego” que los Aqueos entregaron a Troya, llevando en el vientre de aquel caballo el germen de su propia destrucción.

Tsipras tendrá que tener buena cuenta del poder y la influencia alemana en las decisiones políticas y económicas de la Eurozona, que pone de actualidad la opinión del ex primer vicepresidente del Banco Mundial y Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, quien sostuvo semanas antes del estallido griego del año 2012 que “no estamos rescatando a Grecia sino que a los bancos alemanes”. Ello explica las duras recriminaciones de la Premier Angela Merkel a los gobiernos griegos, que incluso ha deslizado la idea de influir en la salida de Grecia de la Unión Europea.

Sumemos entonces que esos bancos alemanes van también en pos de recuperar el dinero italiano. Español, portugués y la mesa de la crisis está servida, para que esa Europa de los 28 devenga más en una UETA (Unión de Europa Tras Alemania) que la consolidación de esa Europa soñada tras la unión de esas tres comunidades prexistentes: la Comunidad Europa del carbón y el Acero, la Comunidad Europea de la energía Atómica y la Comunidad Económica Europea, a la que se añadieron los pilares de Política Exterior Común, la Cooperación Judicial y la Cooperación Policial. Desde la Declaración de Robert Schuman el 9 de mayo de 1950 mucha agua ha corrido bajo los puentes europeos.

Tsipras debe tener en cuenta, igualmente, que parte importante de la crisis en Europa y específicamente en su país, deriva del actuar del banco central Europeo. El analista Vicens Navarro nos lo recuerda al afirmar que “el fin del mandato de Jean Claude Trichet – ex presidente del Banco Central Europeo (BCE) y el análisis de su gestión no debe obviar, que ha sido el impulsor más influyente de las políticas de austeridad, con su enormes recortes de gasto público, incluido gasto público social, así como de las reducciones de salarios y derechos laborales y sociales en los países de la Eurozona. Las decisiones del BCE bajo Trichet, junto a la Troika conformada por la Comisión Europea y el FMI han contribuido a la gran recesión en Europa”

Esa Troika tiene la sombra de un influyente grupo de personalidades, que en opinión del Periodista del diario The Guardian de Inglaterra, Larry Elliots “han hecho retroceder el reloj democrático en Europa”. Se trata del denominado Grupo Frankfurt, que toma las decisiones económicas y financieras europeas. Grupo conformado actualmente, por la premier alemana Angela Merkel, el Primer Ministro Francés François Hollande y sus respectivos Ministros de Finanzas, la Directora General del FMI Christine Lagarde, el presidente del BCE, Mario Draghi, el presidente de la Comisión Europea y premier luxemburgués y ex Presidente del Eurogroup, Jean Claude Juncker, Donald Tusk, Presidente del Consejo Europeo y Olli Rehn, Comisario de Asuntos Económicos de la Unión Europea.

En plena crisis griega, el economista y Premio Nobel de la especialidad Paul Krugman sostenía, que parte de las soluciones para la crisis en ese país y a la cual se pueden sumar Italia y España es aprender de la lección de Islandia “Mientras que los demás rescataron a los banqueros e hicieron a la gente pagar el precio, Islandia dejó que los bancos quebraran, sin garantizar su deuda externa, expandiendo su red de protección social, imponiendo controles temporales a los movimientos de capital. La recuperación económica de Islandia demuestra las ventajas de estar fuera del euro», sostuvo Krugman. No estoy seguro que Syriza se incline, en lo inmediato, por una medida como la sostenida por Paul Krugman pero, lo claro es que medidas profundas, que vayan a la médula de los problemas sociales, políticos y económicos que vive Grecia, son indispensables y fueron parte de la campaña de este conglomerado político. Tendrá, en algún momento entrar de lleno a decidir si sigue bajo el paraguas de sometimiento de la Troika o busca un camino que efectivamente favorezca a gran parte de la población griega.

Tal vez la receta sea dejar quebrar al sistema, para renacer de una forma que vea a la sociedad humana y su beneficio como el objetivo y no a las sociedades financieras. Tal vez esa sea la dignidad que requiere Grecia hoy, para recuperar de una vez esa soberanía que aparece sólo en el papel. Por lo pronto hay que esperar la conformación del nuevo gobierno, con un Syriza ad portas de tener la mayoría absoluta y con un bipartidismo agonizante y una Unión Europea igualmente expectante frente al camino que finalmente tome el país balcánico, devenido hoy en un foco de esperanza para las sociedades europeas. En la noche del triunfo de Syriza más de una luz en las oficinas de la Troika permaneció encendida hasta la madrugada.

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