El proceso electoral vivido ayer en Chile, deja importantes novedades y reconfiguraciones a considerar tanto al interior de cada sector (lo tradicionalmente entendido como derecha, centro e izquierda), así como también en lo referente a la configuración general de fuerzas respaldadas a través del voto.

El primer dato de relevancia crucial es que, según el Instituto Nacional de Estadísticas el padrón electoral debería rondar las 13.573.000 personas, de las cuales aproximadamente 400.000 se encontrarían por diversos motivos en el exterior. Por tanto, el padrón electoral con residencia en Chile y con “poder de voto”, sería aproximadamente de 13.173.000 personas.

Sin perjuicio de lo anterior, los datos que aporta SERVEL en la mañana de este lunes 18 de noviembre es que sólo votó un total de 6.691.840 personas, es decir el 50,8% del padrón electoral (!), lo que, sumado al carácter del sistema binominal (que posibilita que candidatos con bajísimos porcentajes de votación salgan electos, a la vez que muchos otros con gran votación no alcancen escaños), sumado a este bajísimo porcentaje de votación, pone significativamente en tela de juicio la legitimidad, y ergo la gobernabilidad de quienes encabecen a futuro el poder ejecutivo.

Los respectivos análisis desarrollados a continuación, deben leerse sin dejar de considerar ese trascendental hecho.

La UDI en bajada, RN que mejora y un Gobierno que no irradia capital político

En términos de la elección presidencial, el magro 25,01% de la candidata Evelyn Matthei es uno de los peores resultados electorales alcanzados por candidatos de derecha desde el regreso a la democracia. Aunque, en el comando de la candidata sus voceros y cercanos intentaban mostrarse risueños, la verdad es que la configuración de fuerzas de aquí a la segunda vuelta electoral, hacen bastante difícil que este porcentaje, bajo de por sí, suba significativamente. Todo ello dado que de los 9 candidatos existentes sólo 2 podrían identificarse más o menos con lo que denominamos “derecha” (conceptos demasiado sólidos para un mundo cada vez más caracterizado por lo que Zygmunt Bauman denominaba “formas líquidas”): Franco Parisi y Ricardo Israel. El primero de éstos alcanzó un total de 10,11%, mientras que el segundo apenas logró convocar al 0,57% de los sufragios. Esto implica que incluso en el prácticamente imposible escenario de que ambos candidatos le endosaran sus respectivos porcentajes de votación (probable en el caso de Israel, cuyo conglomerado ya ha aportado al menos un ex embajador al actual gobierno de derecha, pero bastante irreal en el caso de Parisi, quien sufrió una guerra sucia de parte de la candidata incluso hasta el día de hoy, siendo tildado de “mariconcito” por personeros del comando de Matthei) sólo llevaría a la candidata oficialista a un máximo de un 36% o 37%. Incluso el voto parlamentario de la Alianza (37,99% en caso de Senadores, y 36,17% de Diputados) fue un voto cruzado, y nada asegura que para la segunda vuelta, ese más de 10% de diferencia se trasvasije en la candidata de derecha.

Finalmente, la configuración de fuerzas al interior del bloque oficialista cambia de manera significativa. No tan sólo porque la UDI ve perderse figuras que veía como seguras en la carrera senatorial (Zalaquette y Golborne), sino porque éstos eran también hombres de Jovino Novoa, el líder del sector más conservador del partido más conservador de Chile, y a su vez, porque también las figuras que los derrotaron (Allamand y Ossandón), son figuras mucho más ligadas a la derecha liberal y generadora de consensos, lo que asimismo pone algún grado “ruido en el sistema” en que intentaba delinear Piñera para su vida política post presidencial y su retorno como candidato en las elecciones 2017, pues éstos son figuras que han visto resentida su relación con el mandatario: Allamand veía que La Moneda privilegiaba al renunciado candidato UDI, Pablo Longueira., mientras que Ossandón ni siquiera fue invitado alguna vez a La Moneda.

No sería raro que las futuras acciones de “Piñera-Candidato 2017” sean, soterrada o abiertamente, víctimas de “fuego amigo” proveniente del senado.

Una Nueva Mayoría que no es mayoritaria ni nueva

La “Crónica de una Victoria Anunciada” que vivía la candidata y su entorno más cercano desde que la Encuesta CEP le auguró victoria en primera vuelta con un 60% del total de votos (en la proyección que sumaba nulos y blancos), no llegó siquiera a superar los 47 puntos porcentuales (3.070.012 votos, lo que equivale al 46,67% del total), lo que si bien es cierto es una victoria, significa en realidad sólo una victoria relativa en relación a las propias expectativas, así como también del porcentaje total que representa al considerar la totalidad del padrón electoral sólo representa el 23,3% del total del padrón electoral. Es decir, la “Nueva Mayoría” no representa siquiera a un cuarto de la chilenidad con derecho a voto en terreno nacional (!).

En relación al escenario de la segunda vuelta el próximo 15 de diciembre, ya algunos de los cercanos a la candidata Bachelet, han salido a acercarse a los votos de los candidatos de izquierda, particularmente los de Marco Enríquez-Ominami (MEO), que si bien es cierto en teoría podría tener alguna relativa cercanía con la candidatura de la Nueva Mayoría (fue diputado de la Concertación), anoche salió raudo y tajante a cerrar la puerta a dicha posibilidad. Efectivamente MEO ha aprendido de la lección
de las elecciones pasadas, en las cuales al darle su apoyo para la 2da vuelta al candidato de la Concertación, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, perdió la posibilidad de definirse efectivamente como una 3era fuerza política cualitativamente distinta de la Concertación de la que provenía.

Del resto de los candidatos de izquierda, dada la profunda indignación del electorado que apoyó el discurso de Roxana Miranda y la “claridad ideológica” de quienes representó Marcel Claude, hacen prácticamente imposible que alguno de sus votos se pase a la candidata de la Nueva Mayoría. Algo distinto podría ocurrir con los votos que representa Alfredo Sfeir, quien, pese a no haberse pronunciado hasta ahora en relación a ello, de todas maneras tiene en su círculo a personas como Sara Larraín, quien no tuvo problema alguno en negociar su apoyo a Sebastián Piñera en las elecciones que lo encumbraron a la presidencia.

En lo referente a las elecciones parlamentarias, a nivel de senadoras/es lo más destacable son las pérdidas de Soledad Alvear (DC) y de Camilo Escalona (PS). Ambas figuras encarnaban el “núcleo fáctico” DC-PS que en realidad movía, en bambalinas, los hilos del conglomerado. Su caída significa una crítica en contra del centralismo que determina las candidaturas regionales (Escalona), así como también a la ortodoxia valórica del siglo XIX (Alvear, fenómeno compartido con la caída de la UDI), así como también reordenamiento interno de fuerzas en la que rostros más jóvenes o nuevos (Alfonso de Urresti, o el periodista Alejandro Guiller, por ejemplo), y es de esperar más cercanos los deseos soberanos de los electorales, tomen su puesto en esta carrera interna de relevos.

A nivel de diputadas/os, lo más destacable es la significativa votación recibida por los candidatos representantes de los movimientos sociales que iban bajo el paraguas, o al menos con la consideración de esta coalición (caso Jackson): tanto Camila Vallejo, como Giorgio Jackson, Karol Cariola e Iván Fuentes, fueron electos con sendas votaciones en las respectivas circunscripciones electorales en que se presentaron.

Punto aparte merece el caso de Gabriel Boric, quien como independiente, es decir sin el apoyo de una dupla, sin recursos económicos, sin maquinarias partidarias, logró ser electo con la primera mayoría en su zona natal de Magallanes.

Las lecciones de la izquierda y el escenario post 2da vuelta

Resultados muy por debajo de lo esperado, también son los que alcanzaron los candidatos de izquierda: MEO (10,98%); Marcel (2,81%); Roxana (1,27%); y Sfeir (2,35%), los cuales en su conjunto no alcanzan a sumar los 18 puntos porcentuales (17,41% para ser exactos), hacen necesario un re-planteamiento total al menos respecto a 2 variables: estrategia electoral y nicho al que se apuntaba.

Para MEO, que, dirigiéndose principalmente a un electorado más institucionalizado (que suele participar en las elecciones), a diferencia de la elección anterior esta vez sí que tenía cerca suyo a una candidata competente (Bachelet), puede sacar como moraleja cuál es, hoy por hoy, su “poder de voto”, pues desempeñándose prácticamente en las peores condiciones imaginables: una candidata fuerte como Bachelet en su nicho de origen (la Concertación o Nueva Mayoría) y otros 3 candidata/os de gran diversidad a su izquierda, logró alcanzar un porcentaje de votación que lo posiciona como la 3ra fuerza electoral-presidencial. En consecuencia ese es su piso, su voto duro. MEO en esta elección “ha pagado por ver” y ha dirigido su mirada hacia su propio sector, para lograr obtener la certeza que buscaba.

Tanto Roxana como Marcel, apuntaban a un elector no institucionalizado o tradicional. Roxana apuntaba directamente al pueblo, a la “mujer trabajadora” y la clase popular, mientras que Marcel apostaba porque los jóvenes del movimiento educacional se levantaran y fueran a votar. Los pequeños resultados alcanzados tanto por Roxana (en cuya mesa de votación sólo había un sufragio favorable a su persona) como por Marcel (muy por debajo de las expectativas de analistas incluso de derecha), deja bastante claro que, incluso en las pasadas elecciones (probablemente las más apasionadas que se han vivido desde el año ’70), su propia pasión no fue capaz de irradiarse hacia sus respectivos “electores-objetivos”.

Sfeir es, en cierto sentido, algo diferente de los anteriores, pues si bien es cierto es un rostro nuevo también en estas lides, no menos cierto es que su discurso es bastante similar al Sara Larraín, e incluso al de Mandred Max-Neef en el año ‘93., y comparativamente era muy difícil que pudiera superar al “economista descalzo” (a la sazón también premio Nobel alternativo de Economía), y su 5,5% de votación, quién además de inaugurar el “discurso verde” en política, tuvo la suerte de encontrarse con 2 perfiles bastante mediocres en el duopolio en aquella elección: Alessandri Beza y Eduardo Frei Ruiz-Tagle. Raya para la suma: Sfeir cumplió, y tuvo un rol digno y caballeroso acercando a electores al discurso de la sustentabilidad.

En consecuencia, y en términos generales, la izquierda en su conjunto debe replantearse, pues éstas elecciones recién finalizadas, dejan al menos lecciones valiosas y palpables, para candidatos y quienes sufragamos, pero también para quienes optan por la estrategia de la abstención y/o la denominada “Huelga Electoral Constituyente”.

Como nunca antes esta elección ha sido rica en términos de diversidad para quienes se identifican con la izquierda, y no obstante ello, el resultado en su conjunto no ha superado el 18% del total de los sufragios., es decir, el nicho de la izquierda se encuentra principalmente en aquel votante no institucionalizado, y/o aquel que declara concientemente su omisión como parte también de su estrategia electoral anti-binominal.

En consecuencia, dicha estrategia ya no puede volver a explorarse más, no tan sólo a nivel de elecciones presidenciales, sino a todo nivel, pues el 11% que casi alcanzó MEO en las presidenciales, no tuvo correlato a nivel parlamentario, alcanzando sólo 1 diputado que ni siquiera, en estricto rigor, pertenece a su propio partido (es del partido liberal). En teoría de juegos, específicamente aquellos conocidos como “juegos de suma cero”, aquello que pierde un jugador, necesariamente lo gana otro., pero en un escenario como el reciente, en que ningún candidato de la izquierda ha ganado efectivamente algo (y en realidad en un escenario más amplio en que todas las coaliciones sacan menos votación de la proyectada), es decir un escenario en el que “todos pierden”, es necesario cambiar la perspectiva hacia la colaboración y cooperación entre quienes buscan cambios sustantivos al sistema, ya sea a través del voto, y a través también de la propia abstención.

También en teoría de juegos, pero proveniente del ámbito del derecho romano, existe el concepto de Affectio Societatis. Éste se refiere que en aquellos escenarios en que “todos pierden”, debe desarrollarse la voluntad (y su fundamento ético) de cada jugador de subordinar sus intereses, y ergo su estrategia, a las necesidades de un colectivo mayor de jugadores, o de la propia sociedad, pues sólo así las estrategias individuales anteriores (no victoriosas) pueden devenir en tácticas que tengan éxito para el conjunto. En ese sentido habría que recomponer la “izquierda electoral” hacia un frente único, a la vez que convocar a la “izquierda extra-electoral” a superar las desconfianzas, y trabajar unidas en el único objetivo que nos convoca a todos plenamente en el futuro próximo: la Asamblea Constituyente.

Una vez alcanzado dicho objetivo, las fuerzas progresistas pueden volver a reconfigurarse, pero nada, y en esto enfatizo absolutamente nada cambiará si no somos capaces de unificar ambas estrategias desde lo político y social, hacia un nuevo ordenamiento institucional que sea verdaderamente representativo de la sociedad que le alberga. Y mientras más pronto se haga aquello, tanto mejor.

El bajo nivel de convocatoria alcanzado por las recientes elecciones, los votos de la izquierda electoral que en ningún caso se sumarán a Bachelet (de hecho es muy probable que vote mucha menos gente en la 2da vuelta), así como también de algún porcentaje que aun votando por Bachelet probablemente se sientan desilusionados prontamente por la muy factible búsqueda de equilibrios y consensos (hacia la derecha) de su gobierno, hacen prever que la tradicional “marcha blanca” del nuevo gobierno y sus tradicionales meses de duración, sean mucho más cortos que de costumbre (la toma del comando de la candidata de la Nueva Mayoría por parte de la ACES en el mismo día de las elecciones bien puede ser un indicador de ello).

Es de esperar que esta vez sí la izquierda esté a la altura, y logre “transformar lo cuantitativo en cualitativo”, en todo lo relacionado con dicho descontento.

Por Gustavo Cesped Cariaga
Sociólogo
Máster en Cooperación Internacional y Gestión de Proyectos – Instituto Universitario Ortega y Gasset – Univ. Complutense de Madrid.
gustavocespedcariaga.blogspot.com
@rinrath