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Por Augusto Dos Santos- Paraguay

Un estado de amor es un grave riesgo para el sentido crítico. Pasa con las personas  y con las ideas.

Los medios públicos viven un momento histórico en América Latina. Nunca hubo tanta voluntad política para que emergieran y nunca hubo tanta vocación por consolidar sus estructuras, pero ¿ son públicos los medios públicos en la región?.

En nuestro último libro “Quo Vadis Medios Públicos”, una reseña de gestión en Paraguay y una prospectiva para el proyecto local, tratábamos de encajar la sostenibilidad de un medio publico en una lógica de interacción de varias sostenibilidades que se establecían como el dibujo de una casa con tres columnas. (Al modelo del Proyecto Político de Comunicación de la Asociación Latinoamericana de Educación Radiofónica , Aler, 2002)

El piso constituía la cultura, la identidad, la primera columna era la de la sostenibilidad social-politica, la segunda la sostenibilidad institucional y la última la de la sostenibilidad financiera. El techo era el contenido, el discurso comunicativo. En este comentario analizaremos solo su razón mejor lograda: el reflejo de las culturas y la identidad y su lado mas cuestionado: su lugar político.

Un cinco en identidad

Midiendo desde tal herramienta vemos que en todos los países hay un buen piso, en general los proyectos comprenden, no solo que tienen una responsabilidad con la cultura y lo identitario de sus naciones, sino – mejor aun – que tal compromiso tiene que ver con la diversidad cultural. En general también se observan experiencias interesantes, como aquellas en las  que – en el mundo de la cultura – han superado la etapa “fortines” – para que no nos entren los de afuera-  y se han lanzado a construir universos culturales que muchas veces saltan las fronteras con la vitalidad de su historia real. (Así, es imposible construir una historia sobre la identidad de los pueblos guajiros sin pararse sobre los territorios de Venezuela y Colombia al mismo tiempo.)

Sin excepciones, las experiencias de televisión de gestión publica en Argentina, Brasil,  Venezuela, Chile, Bolivia, Ecuador o Paraguay, han abierto sus grillas a la búsqueda de elementos físicos, sociales, simbólicos, tangibles o no, que denuncian la convivencia de muchas culturas, incluso con una intencionalidad prospectiva, de sondear los mensajes que ellas tienen para el futuro de nuestras naciones. Allí creemos que los esfuerzos, per se, justifican la existencia de estas experiencias comunicativas.

Las inversiones realizadas y las producciones logradas en todo el continente -que engrosan hoy los almacenes de TAL y otras organizaciones – son una muestra del gran camino transitado por los medios públicos. En un lustro se ha construido aquí por la identidad mucho mas que en décadas de televisión comercial.

Un mmm en su sostenibilidad política

Los medios públicos no son los contestadores automáticos de los gobiernos, o por lo menos no son herramientas para combatir a la oposición mediática.

 

Si bien en la región, fundamentalmente desde la irrupción de los gobiernos progresistas, la oposición política ha sido reemplazada por la oposición mediática, nada, ningún acontecimiento, por mas hegemónico que parezca, puede obligar a desnaturalizar el rol de los medios públicos.

Voy a decir algo que sonará irreverente para muchos: los medios públicos no son medios al servicio de las grandes mayorías populares, en el sentido político y populista de la expresión. Los medios públicos, como la salud pública, como la escuela pública, tienen una responsabilidad universal, por lo cual no pueden estar al servicio de la derecha gobernante en Chile ni de la izquierda gobernante en Bolivia. No son, abundaría, medios para las últimas mayorías que ganaron las elecciones.

Aquí podemos entrar a discutir sobre como se construye la ideología de un medio publico, o mas sencillamente, como se emplaza el pensamiento editorial de un medio publico. Nada quita que el pensamiento editorial de un medio público coincida o no con el pensamiento del gobierno de turno; pero una cosa es coincidir y otra cosa es Responder; lo uno es fortuito, lo otro es subalterno.

Es más, los gobiernos tienen  todo el derecho del mundo de contar con sus propia radio, su propia televisión, su propio diario DE GOBIERNO. El error que no puede  darse el lujo de cometer un gobierno, es adulterar la identidad crucial de un medio público ( Plural- Universal- Autonomo) y transformarlo en una especie de locutor de madera sobre las rodillas del poder vigente.

El perjuicio que se provoca de cara al futuro es gravísimo. Ponía en “Quo Vadis Medios Públicos” esta frase “ : “si eres Gobierno, nunca hagas durante tu gestión lo que no quisieras que tus adversarios hicieran en su próxima gestión”. Sería gravísimo que estuviéramos fundando en América Latina una forma de comunicación pública que respondiera a los gobiernos, primero, porque seria un lamentable autoengaño y segundo porque sonaría mas forzado que cuando los buenos y geniales japoneses cantan tango.

¿Necesitamos otra razón?. En la práctica cuando los medios públicos se ponen en tren de responder a una prensa opositora al gobierno desmontan su imaginario plural y optan por el oficialismo. La otra razón es la audiencia. Nadie escucha un medio oficialista.

Por lo tanto, si una sociedad se ve amenazada por la hegemonía de los medios y cree con toda razón que debe existir una reacción pública que proteja el derecho a una comunicación democrática a la ciudadanía, pidan a sus medios públicos que ganen por el lado de la pluralidad, no les pidan que ganen por el lado de la hegemonía. ¿Qué razón tiene combatir lo que se critica con la esencia de lo que se cuestiona?.

Si la cuestionada hegemonía invisibiliza voces, los medios públicos están para rescatarlas, si el rating trivializa los problemas estructurales, los medios públicos están para incidir en los cambios sociales desde la profundidad de sus enfoques.

Y aquí otra expresión que puede resultar antipática y lo asumo: los medios públicos, tiene  un rol vital de reflejar el drama de los excluidos y los empobrecidos de la sociedad, debe estar con ellos y reflejar sus vivencias como ningún otro. Pero no son una opción preferencial para ningún sector, como si lo pueden hacer los medios comunitarios. ¿Por qué no pueden? Sencillamente porque son PUBLICOS, o sea Universales, o sea Plurales y Autónomos. O deberían serlo.

Si un día un gobierno de izquierda o derecha decida que esto no funciona así, y que los medios están para responder a una mayoría o a una minoría, para defender intereses sectarios o para optar por una cara de la moneda, pues pueden hacerlo, pero que los llamen Medios de Gobierno, porque Públicos no serán.

Los medios públicos no son ni comerciales ni comunitarios.

 Otro punto. Los medios públicos no deben ser una mala fotocopia, ni de los medios comerciales ni de los medios comunitarios. Las tres categorías de medios tienen un rol al cual responden que de por si ya es suficientemente grave, complejo y particular. Cuando uno observa las opciones en uno u otro país, como en aquel donde más parece un medio comercial o como aquel donde más parece un medio comunitario, es dable creer que llamarlo PUBLICO es un acto de engaño público.

A.P.U, las siglas.

Autonomía,  un medio que no está políticamente  sujeto a ningún gobierno, que no depende de conglomerado alguno de intereses económicos porque centra su funcionamiento con los recursos del Estado ( sin perjuicio de producir un vinculo ético con el mercado)

Pluralidad,  el medio se abre a todas las expresiones, las de izquierda y derecha, abajo y arriba, favorables y críticos al gobierno. Construye su edificio de gestión desde tal perspectiva ( sus autoridades no tienen vínculos políticos operativos con el poder) y la grilla de su contenidos.

Universalidad, al ser para todos y todas, asume la categoría de un servicio público, desde la obligación del Estado de responder al ciudadano, sujeto del Derecho de la Comunicación.

Lamentablemente vivimos en sociedades cuyos núcleos dirigenciales están muy ocupados en gobernar u oponerse, y hay poco tiempo y espacio para debatir lo público como aquello que esta por encima del síndrome del clásico de fútbol.

Pero con que los gobiernos decidan un compromiso serio de debatir la razón conceptual de los medios públicos de cara al presente, sería un buen primer paso.-