En España, en la llamada época de la transición a la democracia, miles de jóvenes murieron víctimas de la heroína. Algunos intelectuales denominaron a este hecho como “holocausto involuntario”. Toda una generación de jóvenes fue destruida por la heroína en todos los rincones del país. Es muy difícil encontrar estudios serios de una de las mayores tragedias de la historia de España, a pesar de que casi todo el mundo conoce de cerca alguna víctima de esta droga. Los medios de difusión y sus tertulianos nos abrumaron hasta el hartazgo con las víctimas de ETA y nunca se refirieron a la guerra química, que se estaba llevando a cabo contra los jóvenes, facilitando con ello la destrucción física y psíquica de toda una generación.

Cuando alguien quiso por aquel entonces señalar al Estado como responsable de esta tragedia se le tachó de irresponsable y conspiranoico. Se nos decía que la heroína no venía del Estado sino de las mafias.

A comienzos de los 80, el director Eloy de la Iglesia reflejó en su película “El Pico”, ambientada en Bilbao, todo este drama de sobredosis y muerte. En 1984 y debido a su éxito internacional, se estrena “El Pico II”. Eloy denunció en aquella ocasión los sobornos a las autoridades, la lamentable situación de los presos en las cárceles españolas y, de nuevo, la relación de las autoridades con el tráfico de drogas.

Ahora, en Galicia se destapa claramente la relación entre el PP y el narcotráfico, una vieja relación que proviene de la antigua Alianza Popular. Un narcotraficante arrepentido, Manuel Fernández Padín, que declaró como testigo protegido en la operación Nécora contra el narcotráfico gallego, realizó recientemente unas explosivas declaraciones en la Cadena SER denunciando la “connivencia” entre política y narcotráfico en Galicia.

La heroína permitió una transición “controlada” e invisibilizó la mano que mecía todo, garantizando como dijera Franco, que todo quedara atado y bien atado y la impunidad más absoluta.

El uso del artificio químico contra las nuevas generaciones como arma política no ha terminado. Ahora se medica con psicofármacos a nuestros niños, a los que se diagnostica déficit atencional. Si permanecemos pasivos volveremos a facilitar la destrucción psíquica de toda una nueva generación, ahora de niños, por parte de unos poderes que medran vilmente con la angustia y el abandono de millones de seres humanos.

España es el tercer país del mundo por detrás de Estados Unidos y Canadá en la utilización de psicofármacos en niños. Michael Moore y el psiquiatra Peter Breggin ya denunciaron la estrecha relación entre las drogas psiquiátricas y la violencia en las escuelas de Estados Unidos.

Justamente ahora, que empieza a reclamarse una segunda transición mediante la creación de una “Asamblea Constituyente”, deberemos estar atentos a las astutas maniobras del antihumanismo atávico ibérico.