Por Max Murillo Mendoza

LOS MITOS DE LA DEMOCRACIA

De una u otra manera se está debatiendo en estos días el sentido de la democracia, su trayectoria y sus utilidades reales a la población en general. Pero como siempre, no se da en la llaga del asunto porque los intereses son variados y muy variados. Las percepciones son distintas: de una manera entienden la democracia los sectores pobres; de otra manera entienden los sectores ricos y las colonias extranjeras. Los medios de comunicación nunca ayudan en su incomunicación a aclarar los temas. Lo embarran y sus opiniones están en función del patrón o dueño del medio, normalmente extranjero o perteneciente a esa casta colonial poco conocedora de nuestras tradiciones e historia.

La democracia siempre fue un negocio redondo para los sectores acomodados y colonias extranjeras. Se repartían el poder como querían. Sus partidos políticos gozaban de impunidad total en el asalto a las instituciones estatales. Todo ese show democrático conducía al mismo destino: la destrucción del país, la desarticulación social y económica de las regiones. La corrupción crónica y estructural se debe a estas clases acomodadas. Es decir, la destrucción era el arte mejor manejado y utilizado a propósito, para reinar y acudir al poder total (ejército, policía y dinero) en contra de los pobres, indígenas y campesinos. Las leyes son las leyes: justificaciones del poder para manipular y seguir sacando beneficios económicos del estado. Ciertamente esa manera de vivir y engañar a estos territorios se terminó en algo con las elecciones del 2005. Nunca pensaron, no estaba en sus cálculos de estas colonias, que se terminaría la fiesta democrática. Hoy les duele que no puedan hacer lo que querían. Hoy les duele que ya no tengan la chequera del Banco Central, para sus gastos “reservados” y otros gustitos más: casas, autos de lujo, viajes de becas, etc. Les duele que ya no manejen a los abogansters del sistema judicial ni a los mestizos y mercenarios de las provincias, vía prebendas y gastos reservados. Porque su democracia, en realidad su prostíbulo democrático, les permitía todo.

Estos sectores coloniales y que destruyeron al país, están hoy asustados porque se sienten perseguidos y dicen que no hay democracia. Sus maneras de entender la democracia difieren de lo que hoy se entiende por democracia. La irrupción de organizaciones sociales, grupos de base y sectores que antes estaban marginados, hoy son los protagonistas de la democracia. Estos grupos eran a los ojos de las colonias, de los grupos oligárquicos, simples bárbaros, salvajes o ignorantes sin ningún sentido de democracia. Para ellos sólo bastaba el circo romano, y si se portaban mal pues el ejército y la policía se encargarían de sus actos. Las mentalidades de las clases altas y las oligarquías coloniales, nunca han sido precisamente democráticas, sino todo lo contrario: provincianas, anti liberales, anti modernas, racistas y absolutamente anti bolivianas. Y esa manera de ver y percibir se ampliaba a lo que ellos consideraban democracia. Por tanto, su democracia era para ellos. Obedecían a las consignas que sus abuelos habían dejado establecido: soñaban y se imaginaban en París, Londres, Madrid o Roma. Ahí, en esa democracia, no estaban contemplados nuestros pueblos y culturas. Sino como esclavos, explotados, marginados y sólo con las migajas del banquete democrático colonial y republicano.

En estos tiempos post-modernos, donde incluso se duda de las democracias “ejemplares” como las europeas, donde se están destruyendo las garantías y las conquistas que también les significaron siglos de luchas, guerras y revoluciones, pues el término democracia ya no significa nada. Y no responde a los desafíos más complejos de estos tiempos. La democracia se ha vaciado de sus contenidos sociales más importantes. En Europa como en América, se las ha prostituido como nunca. Las élites coyunturales están destruyendo los tejidos sociales que alimentan sus funcionamientos. Las enormes manipulaciones sociales, donde todo es posible, ya no responden a las consignas de dignidad o pueblo. Los medios de incomunicación sólo sirven para seguir prestándose a estas manipulaciones. De hecho son los instrumentos más eficaces para la manipulación descarada y cotidiana.

En nuestro caso, a pesar de los pesares al menos se ha democratizado el poder. Existen excesos por demás condenables. Existen excesos de actuaciones por demás desordenados, con intereses sectarios, egoístas y poco sostenibles como país; pero era el riesgo de este destape social. Era un riesgo que al final es mejor correrlo, que la democracia oligárquica y colonial, destructiva y cruel que había hace muy pocos años. Y los líderes de esos partidos coloniales están regresando al origen de sus culturas: Europa, Norteamérica. Y ojalá se fueran todos porque por estos lados nunca hicieron algo positivo. En nuestras tierras hicieron riqueza pero nunca fueron educados o agradecidos: intentaron destruirnos y arrebatarnos todo, total e impunemente. Pues no les extrañaremos en nada, si abandonaran definitivamente nuestras tierras. Su fracaso es sólo de ellos, ni siquiera fueron creativos para demostrarnos su cultura: desarrollo, democracia y progreso.
Realmente nunca les necesitamos.