Actualmente existen grandes plantas harineras y de proceso, con flota y cuotas de pesca, es decir integrados verticalmente desde la pesca hasta la comercialización de los productos: los industriales pesqueros; también existen pequeñas plantas procesadoras para consumo humano, sin cuota, por lo que sobreviven de lo que a los grandes les sobra; y las Pymes, expertas en dar valor agregado a los productos, pero que no pueden proyectar su actividad porque no tienen acceso formal a su materia prima, situación que los ha llevado a importar pescados desde Asia para cumplir con sus compromisos y muchas veces muriendo en el intento. Una situación insostenible para un país pesquero como el nuestro.

Los primeros requieren enormes volúmenes para mantenerse, mientras que las pymes con poco hacen mucho. Es así como una planta harinera reduce en promedio, mil toneladas de jurel durante un turno de ocho horas para el consumo animal, mientras que una planta pyme de consumo humano con la misma pesca opera un año completo, dando trabajo a 50 personas en un turno de ocho horas.

Lamentablemente en este escenario, y con el proyecto de ley de pesca del Ministro Longueira que perpetúa los privilegios a los mismos de siempre, las pymes serán extinguidas. Primero, porque cada día es más difícil acceder a la materia prima. Y segundo, porque la industria reductora que ha depredado los recursos naturales no quiere competencia y hará hasta lo imposible para extinguirnos. Por eso tenemos la convicción de que la pesca necesita un nuevo aire, donde las pymes tengan cabida, puedan desarrollarse, generar empleo y convertir a las regiones en polos alimentarios.

Enrique González

Pyme pesquero

Economista

(Ingeniero Comercial U.de Concepción, mención economía)

Presidente Pymepes A.G.