En los últimos días, la violencia en los colegios chilenos ha vuelto a ocupar titulares tras hechos recientes que reflejan una creciente preocupación: el impacto del ataque en un colegio de Calama —donde un estudiante asesinó a una docente— ha generado una ola de temor y nuevas amenazas en distintos establecimientos; en paralelo, se han multiplicado mensajes virales anunciando falsos tiroteos en colegios de Chile y Argentina, lo que ha obligado a suspender clases y activar protocolos de seguridad. Esta es una realidad que ya veíamos en EEUU y ahora se expande y viraliza.

Se quiere revisar mochilas, poner detectores de metales, es hora de avanzar también a las raíces profundas del problema. Recientemente Amanda Cespedes, connotada neuropsiquiatra infantil, ha planteado una gran verdad que debería despertarnos, no existe violencia escolar, existe la violencia social.

Me llama la atención como tantas personas se impactan con la violencia que hay en los colegios, como si ésta estuviera desconectada de la violencia que se está viviendo fuera de los colegios.

¿Como llama la atención que los estudiantes puedan tener cuchillos o armas o pegar puñetes, si a la vez la televisión los bombardea mostrando lo peor del ser humano y los líderes de los países lanzan guerras y amenazas como solución a todos los problemas ?

Tendríamos que revisarnos qué le enseñamos a nuestros hijos a hacer cuando alguien los agrede. ¿No es cierto que la mayoría los impulsan a defenderse usando la violencia? ¿Cuántos de nosotros hemos aprendido las herramientas de la no-violencia activa, las herramientas de la resistencia no violenta frente a la agresión ? ¿Y cuantos han aprendido a usar técnicas violentas cuando se sienten agredidos?

Hasta que no nos hagamos responsables, cada uno de nosotros de la violencia que estamos observando y viviendo, la revisemos en nosotros mismos y en nuestro medio inmediato buscando mejores alternativas de acción, esto no cambiará. No hay falsas puertas para acabar con la violencia, me decía Silo, mi maestro. Ahora que ya tengo 65 años, lo entiendo cada día más.

Tenemos que recordar que la violencia no es solo violencia física, sino que puede ser violencia psicológica, sexual, económica, religiosa, moral y racial.

Cuando hoy, miramos horrorizados la violencia escolar, la ponemos fuera de nosotros mismos, la alejamos y nos desentendemos de ella. Le echamos la culpa a esos padres, a esos colegios, a esos niños, que tienen problemas de salud mental. Sin embargo, sería conveniente reflexionar que todos somos responsables del nivel de violencia que estamos viviendo.

Te invito a que hagamos cada uno nuestra parte. Tenemos que desactivar nuestra propia bomba de violencia interna y ayudar a los que nos rodean hacer lo mismo. Y mientras más nos asuste lo que está pasando afuera, más necesario se hace desactivarla adentro. Es necesario denunciar la violencia que está sucediendo en el mundo e igualmente necesario es erradicar la violencia de nuestros propios corazones y métodos de acción.

Si somos sensibles a la lo que pasa en nuestros colegio , porque son nuestros niños, ¡Niños!, utilicemos eso como un despertador, que nos impulse hacer nuestra parte, para que en nuestros colegios, no haya niños que se alcen contra otros niños y menos contra sus propios profesores.