Raúl Tejeros González

Economista y miembro del Movimiento Humanista desde 1991

 

Yolanda Díaz, ministra de Trabajo y Economía Social y vicepresidenta segunda del Gobierno de España, lleva un tiempo intentando implantar una reducción de la jornada laboral de 40 a 37,5 horas, sin reducción salarial, lo que alcanzaría a unos 12 millones de trabajadores. Ha sido también la principal impulsora de la subida del salario mínimo durante los últimos años, lo que ha sido visto como un considerable logro social y económico. La jornada laboral ya está establecida en muchos sectores en esas 37,5 horas que se quieren generalizar, e incluso en algunos otros en 35 horas. Un ejemplo es el de los funcionarios, que tienen establecida 37,5 horas y vienen reclamando desde hace tiempo la reducción a 35 horas.

Entre los detractores de esta medida están los de siempre, las fuerzas políticas de derechas augurando graves perjuicios económicos en caso de instaurarse. También algunos representantes de algunos organismos como el anterior gobernador del Banco de España, que advirtió en su Informe Anual de riesgos para el crecimiento del empleo. Estas argumentaciones, en mi opinión carentes de fundamento ninguno en la Teoría Económica, me recuerdan a las de mi anterior artículo, sobre la subida del salario mínimo. Y la experiencia a lo largo de los años demostró que esta subida no redundó en una pérdida de empleos sino más bien al contrario, como ya describí ahí.

Es cierto que una medida de esta índole puede producir y, de hecho, produciría una cascada de efectos diversos y en algunos sentidos contradictorios y distintos en los distintos sectores de la Economía. Pero analicemos el asunto un momento. Desde hace muchos años la mejora de la tecnología ha ido aumentando la productividad laboral, de modo que con muchos menos trabajadores se consigue una producción equivalente a la de hace décadas. Simultáneamente se han ido generando muchos nuevos puestos de trabajo en nuevos sectores de ocio, cultura, etc. pero también muchos empleos “huecos”, es decir, empleos redundantes.

Por ejemplo, la publicidad o el marketing sirven para que en una economía capitalista competitiva una empresa compita con otra. Es algo necesario para la empresa, para que el consumidor compre en esa empresa y no en otra, pero no aporta nada a la productividad final, pues el consumo final será el mismo. Gracias a estos distintos empleos el desempleo no se ha disparado en todo el mundo occidental. Pero la llegada de nuevos avances tecnológicos, y en particular la Inteligencia Artificial, amenaza en un futuro muy cercano con un disparo generalizado en la supresión de múltiples tipos de empleos, generando subidas pronunciadas del desempleo.

La reducción de la jornada laboral es una medida en mi opinión, no digo ya necesaria, sino más bien imprescindible en España para combatir este problema actual y futuro. Una reducción ligera de la jornada como se propone, exigiría la contratación de más personal en muchos sectores, reduciendo el desempleo, sin duda el más grave problema económico en España. Este aumento del empleo aumentaría de inmediato la recaudación por parte del Estado de más impuestos, tanto por IRPF como por el IVA, por poner unos ejemplos. Además, reduciría también de inmediato muchas prestaciones por desempleo, subsidios y pensiones varias. Podría favorecer la incorporación al mercado de amplios sectores de personas con discapacidad que tienen serias dificultades para ingresar en el mercado laboral y que con frecuencia son pensionistas forzados, con el consiguiente coste económico para las arcas del Estado y la pérdida de calidad de vida y autoestima de estas personas.

Pero además, este aumento del empleo generaría un aumento del consumo y por lo tanto mayores ventas por parte de las empresas, con un aumento de los impuestos a las empresas por mejoras en su beneficio empresarial, que tendrían que aumentar de nuevo el personal para atender este aumento de actividad económica, generando una nueva vuelta de tuerca en disminución del paro, aumento de la recaudación de impuestos, reducción de pensiones y ayudas públicas: en lo que constituiría una nueva vuelta en una onda expansiva hasta alcanzar un punto de equilibrio, como describe el factor de multiplicación que los economistas calculan en este tipo de escenarios.

Este efecto expansivo compensaría sobradamente las consecuencias negativas para el empleo que podrían producir la no reducción del sueldo al reducir la jornada laboral. Es preciso mantener el sueldo porque esto permite mantener el consumo, con las beneficiosas consecuencias explicadas anteriormente. Además, en muchos casos el trabajo que se hace en 8 horas se puede hacer igual en 7,5 con un esfuerzo e implicación adecuada del personal, como se ha visto ya en algunos sectores, como algunos bancos que ya hace años redujeron la jornada de su personal a 35 horas sin ningún efecto pernicioso.

Con referencia a esto último recuerdo una experiencia de un alto ejecutivo español que fue contratado por una compañía de otro país europeo, creo que Gran Bretaña, pero no lo recuerdo bien. Este señor acostumbraba a quedarse en su nuevo empleo por las tardes a hacer horas extras, sin cobrar por ellas claro, sin duda con el propósito de hacer méritos ante la empresa como señal de su compromiso y dedicación. Tras un tiempo prudencial, su superior jerárquico le llamó al despacho para interrogarle sobre este hecho, pues ninguno de sus colegas hacía nada parecido. El superior le explicó que no era costumbre en la empresa realizar horas extras por parte de los ejecutivos, y que se consideraba que la jornada laboral era suficientemente larga para completar el trabajo asignado y que si a él no le daba tiempo sin duda debía deberse a su ineptitud para hacer su trabajo en el tiempo propuesto, lo que no le dejaba muy buena imagen, pero en todo caso, a partir de ese día, las horas extras de su secretaria que tenía que quedarse con él, se le descontarían de su sueldo.

En esta experiencia real se aprecia la importancia de la mirada y la cultura sobre estos temas. Una perspectiva actual y moderna como la de el jefe de este señor es la que se necesita actualmente para abordar los retos que nos deparará el futuro de la Economía.