Características, indicadores y consecuencias del crecimiento económico en modo extrema derecha

Para las derechas, se trata de indicadores macroeconómicos, es decir, Producto Interno Bruto (PIB); las Exportaciones y las Inversiones, es decir, cantidad de dinero corporativo (proveniente de créditos de la banca) invertido desde empresas extranjeras en “proyectos” en Chile. Y, como dijo asertiva y descarnadamente en su momento el escritor mapuche Pedro Cayuqueo Millaqueo, en este país sólo se comercia con piedras, palos y pescados (extractivismo minero, forestal y pesquero). Otros proyectos que les siguen, pero desde lejos, son la agroindustria y el turismo.

Y el interés de las derechas es que se cumpla lo que profesaba Pinochet: “en Chile, hay que cuidar muy bien a los ricos”. Por ello, el ejecutivo viene con una batería de disposiciones para bajar los impuestos al empresariado, tanto en sus bienes corporativos como en sus cuentas personales. Y ¿qué pasa con la gente común y su economía doméstica? Pues nada. Con el traspaso íntegro y despiadado de las alzas en el petróleo y las bencinas al bolsillo de la ciudadanía, tenemos una muestra clara e irrefutable del interés y dirección política del “plan económico” del actual gobierno, sosteniendo la proyección de privilegios de la elite. Precios que, además, impulsarán el alza en toda la compra y gastos habituales de asalariadas y asalariados del país, es decir, un aumento de la inflación.

El discurso de la socialdemocracia referido al desarrollo económico

En las últimas décadas en el ámbito político, se enfrentaron las corrientes de centro, centro izquierda y, en menor medida, la centro derecha, contra las derechas y ultraderechas. Las primeras, dentro del mismo modelo capitalista neoliberal, defendían un matiz de sustentabilidad ambiental, de aumento del poder del Estado y de su plan de compensaciones económicas focalizadas, y su aspiración a un “Estado de Bienestar”. Todo ello no logra instalarse, dado el cambio inexplicable de la agenda programática del anterior ejecutivo, generando condiciones para la arremetida de las propuestas radicales de Kast, Kaiser y sus “públicos”, con su trilogía de individualismo, competencia y consumismo, que vienen socavando la convivencia social y los mínimos civilizatorios conseguidos por la histórica lucha social.

La gente necesita comprender con claridad y en detalle aquello que Kast comprometió. Existe gran distancia en cómo entienden las derechas un país con crecimiento económico, a la comprensión del mismo por parte de la población. En el supuesto que las mayorías populares que votaron por Kast esperan una mejora del crecimiento económico del país, y que así habría un bienestar en la economía doméstica de las familias trabajadoras, en dicho popular, no puedes esperar peras de un olmo.

El tema de fondo: poner por delante la cuestión del trabajo frente al gran capital

La crisis estructural, política, económica y social que expresa la vocería de La Moneda, no menciona que es provocada por el exceso de avaricia de quienes tienen en sus manos el capital del país (incluido los fondos de pensiones de las y los trabajadores, aproximadamente mil millones de dólares al mes) y que han generado la desvalorización y deshumanización del trabajo, concentrando la riqueza en grupos reducidos, clasistas indolentes, que no lo consideran un factor de dignificación humana ni menos creen que en Chile “el progreso debe ser de todos y para todos”. En la cabeza capitalista hoy en el poder, ni pensar en una economía humanizadora, donde el capital esté al servicio del ser humano y no al revés.

Esta lógica de acaparamiento intencionado del dinero y del poder, deja a las y los trabajadores en Chile en desigualdad de condiciones, a pesar de que es obviamente su esfuerzo físico e intelectual el que ha transformado mayoritariamente los recursos en bienes y servicios. Esta es la contradicción más profunda del sistema capitalista nacional, pues el valor producido, creado por el trabajo humano (fuerza de trabajo) es deslealmente apropiado por el capital (dueños de medios de producción). El capitalista compra fuerza de trabajo para producir bienes y servicios, paga un salario muy por debajo del valor total generado, creando la conocida plusvalía que es la base de la acumulación de capital y de la brecha de desigualdad creciente en nuestro país. Esta combinación de recursos económicos/maquinaria (capital) y el esfuerzo humano (trabajo), son realmente los motores primordiales de la producción y el crecimiento económico. Y sobra la nefasta operación de la banca y su sistema financiero especulativo. Un cambio necesario en la economía del país es poner por delante la cuestión del trabajo frente al gran capital.

El Humanismo cuestiona el consumismo y propone centrar la economía en las necesidades del pueblo

El consumismo, como dirección social, conduce hacia un atolladero sin salida, a una catástrofe demográfica y ecológica. Impide a las sociedades moverse hacia la creación de valores e intangibles bases de una construcción de bienes de desarrollo de la personalidad y la cultura. Va negando la centralidad del Ser Humano, colocando en su lugar al dinero, las cosas, el lujo, la satisfacción de los caprichos, la moda. Y, en esta situación mental, esclavizarse con el crédito, degradando su situación desde un Ser creador de futuro a uno que se cosifica y degrada, atendiendo peligrosamente a la manipulación de la élite dominante.

Y así estamos en Chile, detrás de un espejismo, que provoca un estilo de vida penoso, vacío, convulso, violento y depresivo.

Las luchas por construir una sociedad abocada a la solución de las necesidades concretas de sanidad, educación y vivienda dignas para cada una de las personas de este país, y de los aspectos de relación y convivencia, del buen trato para sí mismo y para las otras y otros, reforzando la ayuda, la amistad y la paz, son las tareas verdaderamente necesarias y liberadoras.

Frente al pinochetismo que hoy vive en La Moneda, es menester la confluencia de todas las sensibilidades afines desde todas las organizaciones sociales, culturales, artísticas, periodísticas, académicas, estudiantiles, feministas, ecologistas y políticas, para con valentía definir un proyecto país humanizador para Chile, abandonando el fracasado ensueño del “país desarrollado”, en donde el máximo exponente de tal modelo es una sociedad decadente que se erncuentra en el norte del continente.

 

Redacción colaborativa:


M. Angélica Alvear Montecinos, Guillermo Garcés Parada, Sandra Arriola Oporto

Comisión de Opinión Pública
Partido Humanista