por Andrés Figueroa Cornejo 

El patrón energético predominante del sistema mundo se basa en la explotación de combustibles fósiles, como momento destructivo del régimen capitalista de la ganancia y el productivismo infinito, y no del bien común ni del cuidado de los bienes comunes (naturaleza), y niega por conveniencia lucrativa la crisis climática en curso. En medio de ese contexto dramático, la entidad sionista de Israel y el gobierno estadounidense de Trump -vanguardia colonialista- agredieron militarmente a Irán el 28 de febrero de 2026, con la falsa excusa de la construcción de armas nucleares por parte del país persa. Esta nueva manifestación de una tercera guerra mundial en carrera, mal solapada y conforme a los medios determinados por la cibernética, la IA, la disputa de narrativas mediáticas, que en Occidente controlan sin competencia robusta los intereses de la administración Trump y el sionismo genocida, con el propósito de manipular las subjetivas sociales de la población mundial. Uno de los objetivos es que la opinión pública planetaria tolere, por ejemplo, el ataque ilícito de Estados Unidos contra una escuela en Minab, provincia de Hormozgan (Irán), que causó la muerte de 168 personas, entre ellas más de 100 niños y niñas, durante la primera hora de iniciado el conflicto.

Lejos de provocar el terror paralizante buscado por los agresores, el gobierno iraní inició la resistencia. Sin embargo, mientras los distintos momentos del conflicto atiborran las pantallas del globo, la entidad sionista, siempre apoyada por el trumpismo, continúa la matanza y ocupación de Palestina y arremete contra el Líbano, en tanto se reactivan las fuerzas musulmanas de Hezbolá, e Irak se agrega a la composición político militar capitaneada por Irán.

(Siempre es válido recordar que para Estados Unidos, en la actualidad, su rival mortal es China, y que cada guerra «táctica» que emprende, en último término, persigue dañar a los eventuales aliados del gigante asiático para confrontarlo en condiciones de una mayor superioridad relativa.)

Uno de los efectos inmediatos de la guerra es el impacto sobre los precios del crudo, toda vez que el persa Estrecho de Ormuz es el paso obligado de alrededor del 20% de todo el petróleo vehiculado navieramente del mundo. Ello ha disparado los precios de los combustibles, en particular en aquellos países que deben importarlos total o parcialmente.

En Chile, los principales combustibles utilizados en el transporte corresponden a derivados del petróleo, fundamentalmente el diésel y la gasolina (bencina), que en conjunto equivalen a más del 94% del consumo energético del sector. El transporte terrestre, tanto de carga como de pasajeros, depende mayoritariamente de estos hidrocarburos.

Ahora bien, el precio de los combustibles en Chile no es establecido al interior del país, sino que conforme a sus valores internacionales. De hecho, la Empresa Nacional del Petróleo (ENAP), que de acuerdo a datos oficiales abastece alrededor de un 60% del mercado local, debiendo importarse aproximadamente un 40%, no determina ni regula los precios de los combustibles en el país. La función de la ENAP se limita a producir y vender a distribuidores. En consecuencia, los precios para los consumidores finales son impuestos por las compañías distribuidoras y sus estaciones de servicio, acorde al precio internacional de la industria en cuestión y la paridad monetaria respecto de la divisa (dólares estadounidenses traducidos a pesos chilenos).

En igual sentido, el precio del petróleo se fija en tiempo real por inversores y empresas bursátiles que compran y venden contratos de crudo (ICE en Londres y WTI en Estados Unidos) para entrega futura, mediante las clásicas formas de especulación financiera en bolsa. También se encuentra la influencia de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), variables geopolíticas, el valor del dólar, etc. Para mayor gravedad, en cuanto a la importación de combustibles, Chile ocupa el segundo lugar de la región con casi 9 millones de toneladas de petróleo, un 26,4% de todo el crudo que compra Latinoamérica.

¿Y cuáles son las principales corporaciones que distribuyen la venta de combustibles a través de las bencineras en Chile? Copec del grupo Angelini; Shell (Enex) del grupo Luksic; y Aramco, dueña de Esmax/Petrobras, de capitales sauditas.

Por otra parte, la nueva administración de La Moneda encabezada por el presidente José Antonio Kast, con el argumento de paliar el déficit fiscal estructural y pagar los intereses de la deuda pública, resolvió deshacerse del Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO), o subvención al petróleo, y liberar los precios según el mercado internacional (al respecto, el gobierno busca dejar de gastar US$140 millones semanales en subsidios). Ello ha precipitado un alza del costo general de la vida, hasta ahora proyectada en más de un 4% en el 2026 por el Banco Central. No obstante, esa cifra puede aumentar para las mayorías sociales, tanto porque el conflicto en Asia Occidental, al parecer, no terminará pronto, como porque el gremio empresarial de grandes flotas de camiones de carga afirmaron que el incremento del costo del combustible lo transferirán a los productos de consumo masivo, generando una cadena de especulación comercial atentatoria contra la vida de las clases trabajadoras y populares.

Como dato del efecto político institucional que ha tenido el incremento energético, la CNN informó que el Panel Ciudadano de la Universidad del Desarrollo, reflejó un aumento de 30 puntos porcentuales en el rechazo a la administración Kast. Según imprimió El Mercurio, el pasado 13 de marzo, la desaprobación era del 18%, cifra que subió a 48% este 24 de marzo, un día después del anuncio sobre el fin del MEPCO.

El registro mostró también que la aprobación bajó 17 puntos en los últimos 11 días, comparado con la primera encuesta que la firma hizo al comenzar el nuevo período presidencial. Es decir, pasó de una valoración positiva del 59% al 42%.

Es importante, para comprender la modificación «por arriba» de las relaciones de fuerza, precisar que entre los propietarios de la Universidad del Desarrollo que encargó el sondeo de opinión descrito, se encuentran los sobrevivientes ultraliberales de la dictadura pinochetista Joaquín Lavín y Hernán Büchi, quienes encarnan los intereses de facciones del capital que parecen contravenir las medidas de Kast.

La lucha de clases no sólo se expresa entre opresores y oprimidos, entre capital y humanidad, sino que también entre los propios grupos capitalistas.

* Imagen principal, pintura de Roberto Matta