El presidente estadounidense anunció hoy que suspende por unos días los ataques contra las instalaciones de energía de Irán, diciendo que ha habido conversaciones “productivas” con Teherán. Irán lo niega. Mientras tanto, el Estrecho de Ormuz —por donde pasa cerca de una quinta parte del petróleo del mundo— sigue siendo el punto más crítico del conflicto.

Contexto: cómo llegamos aquí

Desde comienzos de marzo, la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán ha llevado a una situación en la que el Estrecho de Ormuz se convirtió en el punto más sensible del conflicto.

Irán sostiene que el estrecho sigue abierto en términos legales, es decir, que no ha declarado formalmente su cierre. Y, de hecho, Ormuz no es innavegable. Sigue siendo perfectamente transitable para todo actor que no represente ni sirva a intereses de Estados Unidos e Israel. Pero en la realidad, los buques vinculados a esas potencias y a su esfera de alianzas se mantienen alejados por el riesgo de ser atacados con misiles o drones. Esa diferencia entre lo “legal” y lo “real” no cambia el efecto: el comercio de energía está gravemente afectado y el mundo enfrenta una crisis.

Eso introduce además una dimensión política central: no se trata simplemente de una vía marítima cerrada, sino de una ruta cuya circulación queda atravesada por la guerra, las alianzas y la posición de cada actor en el conflicto.

El director de la Agencia Internacional de Energía dijo que esta situación es peor que las crisis del petróleo de 1973 y 1979 juntas. Esas crisis provocaron escasez y fuertes alzas de precios a nivel global. Hoy, al menos 40 instalaciones de energía en nueve países han sido dañadas desde que comenzaron los ataques.

En este contexto, el Estrecho de Ormuz se volvió el problema central que Trump no podía resolver simplemente retirándose. El sábado por la noche, decidió aumentar la presión.

La secuencia del fin de semana

El sábado 22 de marzo, Trump publicó un ultimátum en su red Truth Social: Irán tenía 48 horas para permitir el paso de todos los barcos por el estrecho. Si no lo hacía, Estados Unidos atacaría y destruiría sus plantas eléctricas, empezando por la más grande del país. El plazo terminaba esa misma noche a las 20:00 en Washington.

Irán respondió rápidamente. El presidente del Parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf, advirtió que si atacaban sus plantas eléctricas, la respuesta podría destruir de forma permanente la infraestructura energética de toda la región de Oriente Medio. Es decir, no solo Irán, sino varios países podrían quedarse sin electricidad.

Medios cercanos al gobierno iraní difundieron mapas con las principales plantas eléctricas del Golfo, acompañados del mensaje: “digan adiós a la electricidad”. Además, el Consejo de Defensa iraní amenazó con colocar minas en las rutas marítimas, lo que impediría completamente la navegación.

Al mismo tiempo, Arabia Saudita informó que interceptó un misil balístico —un tipo de misil de largo alcance— que iba dirigido a su capital, Riad. En los mercados financieros, los contratos futuros (que son apuestas sobre el valor futuro de acciones o índices) comenzaron a caer, reflejando miedo e incertidumbre.

Este lunes por la mañana, antes de que se cumpliera el plazo, Trump publicó un nuevo mensaje: anunció que posponía los ataques por cinco días, afirmando que hubo conversaciones “muy buenas y productivas” con Irán para resolver el conflicto.

Tras ese anuncio, los mercados reaccionaron de inmediato: las bolsas subieron y el precio del petróleo bajó, lo que indica que los inversionistas interpretaron la noticia como una posible desescalada del conflicto.

Los canales: Turquía, Witkoff y Kushner

No está claro quién habló realmente con quién.

Desde Estados Unidos, Trump aseguró que las conversaciones se hicieron a través de sus enviados Steve Witkoff y Jared Kushner, quienes habrían contactado a representantes iraníes.

Desde Irán, la versión es distinta. El canciller Abbas Araghchi dijo que habló por teléfono con su par turco, Hakan Fidan. Turquía ha actuado antes como intermediario entre Irán y Estados Unidos, es decir, como un país que facilita el diálogo entre ambos sin que se hablen directamente.

Sin embargo, la agencia iraní Mehr News negó que haya existido cualquier tipo de conversación entre Teherán y Washington, ni directa ni indirecta.

Por otro lado, Omán —otro país que históricamente ha servido de puente entre ambos— también está involucrado. Su canciller, Badr Al Busaidi, dijo que trabaja intensamente para lograr un acuerdo que permita el paso seguro de barcos por el estrecho.

En un artículo publicado en The Economist, fue aún más crítico: señaló que Estados Unidos perdió el control de su política exterior y que Israel empujó a la administración Trump a una guerra que calificó como un “grave error de cálculo” y una “catástrofe”.

Dos relatos, un mismo hecho

Existen dos interpretaciones completamente distintas de lo que ocurrió.

La prensa occidental presenta la decisión de Trump como un movimiento estratégico para reducir la tensión, mostrando iniciativa diplomática antes de que se cumpliera su propio ultimátum.

Desde el ámbito militar estadounidense, el almirante Brad Cooper afirmó que la operación contra Irán sigue avanzando según lo planificado y que las capacidades militares iraníes están siendo debilitadas.

Pero la versión de Al Jazeera, alineada con la postura iraní, es opuesta: Trump no habría iniciado una negociación, sino que habría retrocedido porque no podía sostener su amenaza frente a las advertencias de Irán.

La televisión estatal iraní lo resumió así: “El presidente de EE.UU. da marcha atrás tras la firme advertencia de Irán”.

El Ministerio de Relaciones Exteriores iraní fue más directo: dijo que la decisión de Trump busca bajar el precio de la energía y ganar tiempo para continuar con sus planes militares.

Hay un punto clave que algunos medios occidentales minimizan: Trump solo suspendió ataques contra infraestructura energética, pero no mencionó en ningún momento los bombardeos israelíes, que continuaron ese mismo día sobre territorio iraní.

La variable rusa y el horizonte de cinco días

Rusia también ha intervenido en el plano diplomático.
El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, describió la situación como extremadamente tensa y advirtió que un ataque contra instalaciones nucleares iraníes podría tener consecuencias irreparables, es decir, daños que no se pueden revertir.

Según Moscú, este mensaje ya fue transmitido directamente a Washington.

Lo que está en juego en estos cinco días no es solo el control del Estrecho de Ormuz. El problema de fondo es político y simbólico: ninguna de las partes quiere aparecer como la que cedió primero.

Esa disputa por la imagen —por quién parece más fuerte o más débil— puede ser más determinante que cualquier acuerdo concreto. Y es esa tensión la que va a definir lo que ocurra en los próximos días.