Queremos en esta ocasión llamar la atención sobre una extensa y lúcida conversación centrada en «El fin capitalista de Occidente”. No obstante van más allá de ese tema. El entrevistador y analista de relaciones internacionales Pascal Lottaz, profesor en la Universidad de la Prefectura de Niigata (Japón). Conocido por su labor en el canal «Neutrality Studies», aprovecha para dialogar con la economista geopolítica Dra. Radhika Desai, profesora en la Universidad de Manitoba y creadora del canal «Geopolitical Economist»; para tratar más temas asociados al tema principal de la entrevista. De Lottaz, decir que ha construido una valida y valiente trayectoria entrevistando a voces críticas del pensamiento dominante, propiciando diálogos que buscan desentrañar las raíces estructurales de la crisis contemporánea. Razón por la que le han cerrado a Pascal su Canal en YouTube ya en diversas ocasiones.

La entrevista Pascal Lottaz y Dr. Radhika Desai

En esta ocasión, la doctora Desai, autora de «Capitalism, Coronavirus and War» y una de las analistas más agudas acerca del declive Occidental, expone su diagnóstico sobre el conflicto con Irán y analiza la naturaleza también el aspecto «de la clase Epstein”, como estrato económico y social global. A su modo de ver y como artificio de comprensión. No se trata de una mera lista de nombres, sino de un síntoma del deterioro moral y humano profundo de la clase dirigente del Norte Global: una élite hiper-financiarizada. Es decir que son una tipología de muli-milmillonarios, predatoria, a partir de capital que ni siquiera es propio o que no han generado ellos mismo, en muchos casos.

Literalmente la Dra. Desai dice son, —“tomadores, no hacedores, no creadores en el sentido stricto”, —cuya venalidad, corrupción y depravación, ve que son inseparables del declive económico, la desigualdades sociales extremas, y la disfunción política y la degeneración cultural que produce en las sociedades Occidentales o en cierto modo de todo el Norte Global. En este sentido, Desai argumenta que el Norte ha perdido “el norte”. En el sentido de que «su clase capitalista y sus líderes electos o caras visibles», han dejado de encarnar siquiera la apariencia de una burguesía productiva y previsora. Al contrario, revelándose abiertamente en su lugar como una casta parasitaria ostentosa, desde lo más íntimo hasta el núcleo del poder, que ha hecho del saqueo, la especulación, y hasta la depravación… su único horizonte.

Irán: lo que ocurre en el estrecho de Ormuz no es el resultado de la imprevisibilidad de Donald Trump

El análisis de Desai parte de una premisa central: lo que ocurre en el estrecho de Ormuz no es el resultado de la imprevisibilidad de Donald Trump ni de las contradicciones internas de su Administración, sino la manifestación de una crisis estructural mucho más profunda. Trump, es incapaz de cumplir las promesas económicas con las que fue elegido. Prometió «revitalizar la industria estadounidense y mejorar la vida de los trabajadores» y ante su fracaso, ha buscado desesperadamente algún éxito espectacular o «golpes de efecto», en política exterior, que le permita sostenerse y sostener sus descendentes cifras de popularidad, o pronto ya: impopularidad. Pero esa búsqueda lo ha llevado a una escalada irreflexiva contra Irán, cuyas consecuencias ya escapan totalmente a su control. El cierre del Estrecho Ormuz, la negativa de aliados y adversarios  (incluida China) a respaldar la postura estadounidense, y el creciente cuestionamiento de los estados del Golfo sobre su dependencia de Washington son síntomas de un fracaso que no se debe a errores tácticos, sino al agotamiento histórico de un modelo. La imagen de Trump exigiendo ayuda internacional a aliados y «enemigos» para mantener abierto Ormuz… Es todo un icono de ello.

Para Desai, el conflicto con Irán revela tres procesos convergentes. El primero es la bancarrota del modelo económico neoliberal que, desde la década de 1970, ha revertido las reformas que hicieron posible la “edad de oro” de la posguerra. En su lugar, se ha instaurado un capitalismo de tipo monopolista, rentista y desindustrializador, depredador, e incapaz de generar crecimiento productivo y dependiente de la especulación financiera y la coerción geopolítica. La economía estadounidense no se revitaliza con aranceles simbólicos ni con amenazas militares; requiere una política industrial real que la Administración Trump no tiene interés ni capacidad de implementar, porque sirve a los mismos intereses financiarizados que la mantienen estancada.

El segundo proceso es la descomposición de las élites dirigentes, que Desai caracteriza con una expresión acuñada por el diplomático iraní Mohammad Javad Zarif: “la clase Epstein”. Este término no es un simple recurso retórico; apunta a una transformación cualitativa de las clases capitalistas occidentales. Ya no se trata de una burguesía industrial orientada a la producción y la previsión a largo plazo, sino de una casta financiarizada, parasitaria y depravada, cuya venalidad se ha convertido en parte del funcionamiento sistémico. La degeneración cultural, la polarización política y el deterioro institucional son sus correlatos necesarios. En este contexto, figuras como Trump, Boris Johnson o Kaja Kallas no son anomalías e iconos de inoperancia, sino expresiones de un liderazgo en descomposición, donde el chantaje, la extorsión y la acumulación predatoria sustituyen a cualquier noción de servicio público o competencia estatal.

El tercer proceso es el desmoronamiento del complejo militar-industrial estadounidense. Contrariamente a la imagen de una máquina de guerra todopoderosa, Desai sostiene que Estados Unidos ha perdido la capacidad de producir armamento a escala y con la calidad requerida para conflictos prolongados. La desindustrialización, la primacía de contratos de “coste más margen” que priorizan el beneficio privado sobre la eficacia bélica, y la ausencia de misiles hipersónicos —mientras Rusia, China e Irán ya los poseen— evidencian un deterioro que ningún gasto astronómico (un billón de dólares anuales, con intención de aumentarlo a 1,5 billones) puede ocultar. La guerra de Ucrania ya mostró la incapacidad occidental de producir suficientes proyectiles y sistemas convencionales; el enfrentamiento con Irán expone una fragilidad aún mayor.

El declive estadounidense no comenzó con Trump ni con Biden

Frente a este panorama, Desai sitúa el conflicto actual en una perspectiva histórica más amplia. El declive estadounidense no comenzó con Trump ni con Biden; es la continuación de una tendencia iniciada tras la derrota en Vietnam y acelerada por la crisis de 2008, las guerras fallidas en Irak y Afganistán, y la imposibilidad de imponer cambios de régimen mediante golpes blandos o intervenciones militares. Irán ha resistido precisamente porque se preparó para la “decapitación” que ya había sufrido, y porque su estructura de poder no depende de la continuidad de un solo líder. Venezuela, a pesar de las amenazas y las sanciones, no ha caído: Delcy Rodríguez asumió la presidencia por mecanismos constitucionales, y ni las petroleras estadounidenses ni la amenaza de represalias pueden revertir esa realidad.

La entrevista alcanza uno de sus momentos más agudos cuando Lottaz y Desai discuten la naturaleza de las guerras contemporáneas. Desai sugiere que hablar de una “Tercera Guerra Mundial” puede ser engañoso. A diferencia de 1914, cuando las potencias europeas ya se habían repartido el planeta y cualquier conflicto entre ellas implicaba al mundo entero, hoy la configuración es distinta.

En el enfoque que plante la Dra. Desai,  China y Rusia no son potencias imperiales en el sentido clásico, o ya no es lo que buscan. Han madurado. Su proyección es innegablemente defensiva, a la fuerza claro, pero el número de sus bases militares y acciones de fuerza, coerción, y actos de guerra o son inexistentes o son incomparables (según cada tipo de acto) con las que en cambio si ejerce y desarrolla continuamente de Estados Unidos. La guerra en Ucrania está siendo sido librada “hasta el último ucraniano”. Cosa que comenta con un tremendo pesar por esa guerra proxy provocada. En Irán actualmente, la probabilidad de un despliegue masivo de tropas terrestres es reducida o improbable. Más alla de EE.UU., las poblaciones occidentales, aunque sometidas a una propaganda belicista y de rearme general, no están dispuestas a sacrificarse por guerras de conquista o de proyección imperial. El propio triunfo electoral de Trump, que prometió “no más guerras”, es un indicador de ese cansancio.

Occidente ya no puede imponer su voluntad al resto del mundo como lo hacía

Pero Desai no cae en un optimismo ingenuo. Reconoce que los gobiernos europeos intentan inducir una psicosis de guerra y «frentismo», y que la combinación de desindustrialización, crisis de liderazgo y necesidad de desviar tensiones internas puede llevar a escaladas peligrosas.

Sin embargo, su conclusión es que Occidente ya no puede imponer su voluntad al resto del mundo como lo hacía en el momento unipolar posterior a la caída de la URSS, allá por 1990. El innegable y vigoroso ascenso de las «economías o países emergentes», la consolidación de los BRICS como marco de articulación y fortalecimiento mutuo, y la determinación de países como Irán, Rusia o China de no someterse a la coerción estadounidense, todo ello ha configurado un nuevo escenario multipolar. En este contexto, las herramientas clásicas del poder Occidental, a través de golpes de Estado (encubiertos o no), sanciones económicas, guerras arancelarias, intervenciones militares directas, han perdido eficacia como actos «geoestrategicos» o de «dominio», o bien pensemos que su coste y los daños que infligen en casa o «en propia portería», resultan cada vez más insostenibles.

El análisis de Desai culmina con una reflexión sobre el carácter estructural de la crisis.

No se trata de que Trump haya cometido errores, sino de que el sistema capitalista occidental, despojado de las reformas que lo hicieron funcional durante los largos años de la posguerra (WWII), ha entrado en una fase de descomposición acelerada. La “clase Epstein”, como «personajes, arquetipos o «ámbito», es su encarnación más grotesca, pero también su producto necesario o inevitable si uno entiende o va a la raíz del problema.

Mientras tanto, las potencias emergentes han aprendido de las décadas de injerencia occidental y han construido mecanismos de defensa política, económica y militar que las hacen menos vulnerables. El conflicto con Irán no es, pues, una crisis más, sino un punto de inflexión que muestra hasta qué punto el capitalismo rentista y parasitario ha socavado la capacidad de acción de sus propios Estados.

La conversación entre Lottaz y Desai no solo ofrece un diagnóstico riguroso del presente, sino que invita a repensar las categorías con que se analiza la política internacional. Frente al ruido de la actualidad, Desai propone mirar la estructura: la desindustrialización, la degeneración de las élites, la pérdida de hegemonía militar y la imposibilidad de sostener un proyecto imperial sin una base productiva sólida. Su voz, ahora centralizada en su canal de YouTube y en su sitio web, se suma a la de otros analistas críticos que, desde una economía geopolítica atenta a la materialidad de los procesos, ayudan a comprender las fracturas profundas de un orden en descomposición.

El valor de esta entrevista reside no solo en la precisión de sus argumentos, sino en su capacidad para articular una mirada humanista dentro del análisis geopolítico. Desai no habla de Estados, ejércitos o estrategias como entidades abstractas; constantemente vuelve a las condiciones de vida de las poblaciones, a la explotación que sostiene al capitalismo rentista, a la manera en que la degeneración de las élites se paga con el sufrimiento de los trabajadores y los jóvenes reclutados para guerras ajenas. Esa perspectiva, que combina el rigor económico con la sensibilidad ética, hace de su análisis una contribución indispensable para quienes buscan entender no solo qué está ocurriendo, sino por qué y hacia dónde nos conduce.

Animamos a ver la entrevista entera, porque en ella Radhika Desai no solo diagnostica con agudeza el colapso del Norte Global, sino que ofrece las claves conceptuales —desde la “clase Epstein” hasta la economía geopolítica— para entender por qué el presente ya no puede explicarse con las viejas categorías.

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