En el corazón de la soberanía popular, allí donde se debaten las leyes que marcan el rumbo ético y jurídico de una nación, hoy hay algo distinto. No son palabras, no son discursos, no son enfrentamientos dialécticos. Son miradas.

Desde el 23 de febrero al 23 de marzo, de lunes a viernes, en horario de 11 a 14 y de 16 a 18 horas, el Congreso de los Diputados acoge una exposición que no deja indiferente a quien la contempla. La exposición, compuesta por 17 fotografías de gran formato realizadas en distintos países por la fotógrafa Aisha Bonet, junto a tres fotografías adicionales del fotógrafo Jeff McCurry, colaborador de Proyecto Gran Simio, nos propone un recorrido visual profundamente humano… aunque sus protagonistas no sean humanos en el sentido jurídico tradicional. Cada imagen es un diálogo silencioso entre especies. Un espejo que nos obliga a preguntarnos quiénes somos y cuál es nuestra responsabilidad hacia aquellos con quienes compartimos el 99% de nuestro ADN. Todo ello componen un recorrido breve en espacio, pero inmenso en profundidad moral. Un recorrido que interpela. Que incomoda. Que despierta. Que obliga a detenerse.

La exposición se titula “Cruces de miradas”, y no podría tener un nombre más preciso.

Porque cuando un ser humano se detiene ante el rostro de un chimpancé, de un orangután, de un gorila o de un bonobo, y sostiene la mirada durante unos segundos, ocurre algo que trasciende la biología. No estamos ante una imagen exótica. No es fauna lejana. No es espectáculo. Es un encuentro.

En esas miradas hay preguntas que ningún parlamentario puede esquivar:¿ Quién eres tú para decidir sobre mi vida? ¿En nombre de qué justicia se me condena a una jaula? ¿En qué punto olvidaste que somos familia evolutiva?

Esta exposición no es una muestra artística. Es un acto ético. Es un acto político en el sentido más noble del término. Es un acto profundamente simbólico.

El simbolismo de un espacio

No es casual que estas imágenes estén colgadas en el Congreso de los Diputados. No es una galería cualquiera. Es el lugar donde se escriben las leyes. Donde se define quién tiene derechos y quién queda fuera del círculo de protección moral.

En 2008, este mismo Congreso aprobó una Proposición No de Ley en apoyo al Proyecto Gran Simio y sus objetivos, reconociendo la necesidad de avanzar hacia una protección jurídica específica para nuestros parientes evolutivos más cercanos. Aquella decisión supuso un hito histórico. Fue un reconocimiento implícito de que algo estaba cambiando en la conciencia colectiva.

Hoy, años después, esa semilla vuelve a llamar a la puerta del Parlamento. Existe un borrador de Ley de Grandes Simios. Un texto que puede situar a España a la vanguardia ética en Europa y en el mundo. Pero las leyes no se aprueban solo con argumentos  técnicos. Se aprueban con convicción. Y la convicción nace cuando la razón y el corazón caminan juntos.

Ahí radica la fuerza de esta exposición.

Imagen Jeff McCurry/ Proyecto Gran Simio

La ley que debe nacer de una mirada

La propuesta impulsada por el Proyecto Gran Simio es clara y coherente:

  • Prohibición de la reproducción en cautividad de grandes simios.
  • Prohibición del traslado de grandes simios entre zoos españoles.
  • Prohibición de la entrada en España de cualquier gran simio procedente del extranjero.

Estas medidas no son extremas. Son responsables. No buscan confrontación. Buscan coherencia ética.

Si reconocemos que los grandes simios poseen capacidades cognitivas complejas, autoconciencia, emociones profundas, vínculos familiares duraderos y una vida social rica, entonces no podemos seguir tratándolos como piezas intercambiables dentro de un circuito de exhibición.

La reproducción en cautividad perpetúa el cautiverio. El traslado entre zoos perpetúa el desarraigo. La importación perpetúa el negocio.

Cruces de miradas no es solo una exposición; es un recordatorio de que cada individuo tiene historia, identidad y dignidad.

Imagen Jeff McCurry/ Proyecto Gran Simio

El peso moral del Parlamento

Los diputados que atraviesen esta exposición no estarán simplemente pasando por un pasillo decorado. Estarán siendo observados. Observados por ojos que no votan. Observados por seres que no pueden intervenir en el hemiciclo. Observados por quienes dependen completamente de la ética humana.

Ese cruce silencioso puede ser más poderoso que cualquier intervención en tribuna.

Porque en el fondo, la cuestión es sencilla: ¿Puede una sociedad que se considera avanzada seguir justificando la privación de libertad de quienes comparten con nosotros más del 98% de su ADN y una profunda vida emocional?

La respuesta no puede basarse únicamente en tradiciones zoológicas ni en inercias administrativas. Debe basarse en principios.

Un acto que trasciende lo jurídico

Esta exposición no solo interpela a los parlamentarios. Está abierta al público. Cualquier ciudadano puede acudir durante este mes y encontrarse cara a cara con esas miradas. Y eso es esencial.

Porque las leyes no nacen en el vacío. Nacen en una sociedad que madura. En una ciudadanía que evoluciona. En una conciencia colectiva que empieza a comprender que la grandeza humana no se mide por el dominio, sino por la compasión.

Cada visitante que sostenga esa mirada durante unos segundos saldrá distinto. Tal vez no lo note de inmediato. Pero algo se habrá movido. Y cuando suficientes conciencias se mueven, el Derecho termina adaptándose.

De la historia al presente

Desde las conferencias que impulsaron los primeros Habeas Corpus para grandes simios en Argentina, hasta el reconocimiento judicial de “persona no humana” en sentencias históricas, el camino ha sido largo. No ha sido sencillo. Ha requerido convicción, perseverancia y una profunda fe en la justicia.

Hoy ese camino entra simbólicamente en el Congreso español. No para exigir privilegios. No para generar enfrentamientos. Sino para recordar que la evolución moral de una nación se mide por cómo trata a los más vulnerables. Y pocos seres son más vulnerables que aquellos que dependen absolutamente de nuestras decisiones legislativas.

Que el cruce llegue al corazón

Cruces de miradas es, en esencia, una invitación.

Una invitación a detenerse. A sentir. A reflexionar antes de votar. A comprender que esta ley no es una extravagancia animalista, sino un paso coherente en la ampliación del círculo de justicia. Ojalá cada diputado que pase ante esas imágenes permita que la mirada no resbale. Que no sea una observación superficial. Que exista un instante real de conexión. Porque cuando dos miradas se encuentran de verdad, desaparece la  distancia. Desaparece la categoría. Desaparece la excusa. Solo queda la verdad desnuda:
Estamos ante seres que sienten. Que aman. Que sufren. Que recuerdan. Y que esperan.

Esta exposición permanecerá abierta durante un mes. Pero el impacto que puede generar no tiene fecha de cierre. Puede convertirse en el punto de inflexión que transforme un borrador en ley. Puede ser el momento en que el Parlamento español vuelva a situarse del lado correcto de la historia.

Las miradas ya están allí. Silenciosas. Firmes. Esperando respuesta. Con mensajes en los laterales de las fotografías, con paneles informativos de sus capacidades cognitivas. Qué somos. Qué son y cómo debemos afrontar juntos el futuro.

Nota: Esta exposición puede ser llevada donde se quiera exponerla. Contacto direccionpgransimio@gmail.com