En febrero de 2026, el “Centro Nacional de Respuesta a Emergencias por Virus Informáticos de China” (CVERC) acusó a Estados Unidos de instrumentalizar las acciones legales emprendidas contra la criptomoneda “Binance”. Acciones que incluyeron el procesamiento y sorprendente posterior indulto de su fundador, Zhao Changpeng. Indulto, concedido por la Administración de Donald Trump, como parte de una estrategia para sostener la renqueante hegemonía del dólar y mantener el control del sistema financiero global. Según esta interpretación, la aplicación extraterritorial de la legislación estadounidense y su capacidad para proyectar poder regulatorio más allá de sus fronteras constituyen herramientas centrales de esa arquitectura de influencia, así como “el humo que hay que seguir para encontrar al pirómano”.
El caso “Volt Typhoon” y la criptomoneda “Binance”
La controversia ya avanzada en el sumario del artículo adquiere mayor relevancia a la luz de la evolución posterior del ecosistema cripto, incluida la participación mayoritaria atribuida a Zhao Changpeng en una stablecoin vinculada al entorno político de Donald Trump (véase es-us.noticias.yahoo) que le pudo valer para ser indultado. Stablecoin actualmente bajo escrutinio legal y regulatorio en Estados Unidos por posibles conflictos de interés y enriquecimiento cuestionable.
Extremos que introducen una dimensión adicional de intersección entre poder financiero, innovación digital y liderazgo político. Esta acusación no es un hecho aislado, sino el último capítulo de una disputa narrativa iniciada en 2023 con el caso «Volt Typhoon». Entender aquel episodio es clave para comprender lo que realmente está en juego: no solo la lucha contra el fraude o la ciberseguridad, sino una batalla geopolítica por el control de las narrativas, los activos digitales y la supremacía tecnológica entre las dos grandes potencias.
Ante este tablero de juego, el resto de la comunidad global (ya sean países, sociedades, ciudadanías, o empresas), nos encontramos con frecuencia sin un piso firme donde hacer pie. Las reglas las escriben otros. Los datos fluyen por tuberías que no controlamos, alojados en servidores que están fuera de nuestra jurisdicción. Y las decisiones que afectan nuestra soberanía económica y digital se toman en despachos ajenos. A menudo, además, se toman al amparo de narrativas que nos venden como «seguridad colectiva» lo que es, en puridad, consolidación de poder. Dotarnos de mecanismos propios para comprender, filtrar y responder a estas dinámicas no es una opción. Es la condición misma para no quedar atrapados en un choque de trenes que, aunque no lo parezca, también define nuestro futuro.
La versión de EE.UU.
En mayo de 2023, Washington y “la alianza de vigilancia y contra espionaje anglo” «Five Eyes» (Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Reino Unido) alertaron sobre «Volt Typhoon», caso por el que un supuesto grupo de hackers de alto nivel y respaldado por Pekín, se habrían infiltrado en infraestructuras críticas estadounidenses. La narrativa presentaba a China como una amenaza persistente en el ciberespacio. ¿Verdad o mentira?
La respuesta de China
El CVERC no solo negó las acusaciones, sino que publicó tres informes (2024) para desmontarlas. El más completo, «Operación ‘Tifón Volcán’ III», sostiene que:
- «Volt Typhoon» fue un montaje: el grupo no existe como entidad respaldada por China; es una «farsa política» inventada por EE.UU.
- El verdadero agresor es EE.UU. : Washington realiza operaciones de espionaje global y ataques de «falsa bandera», dejando pistas para incriminar a otros. (véase “sobre la NSA”, o de “Five Eyes”)
- La prueba: «Marble Framework»: una herramienta de la CIA ya filtrada por Wikileaks, que permite insertar fragmentos en múltiples idiomas (chino, ruso, etc.) en el código malicioso, funcionando como un «camaleón cibernético» para desviar investigaciones “hacia otros” o falsas banderas.
- La motivación: justificar la vigilancia masiva (como la revelada por Snowden, y que EE.UU. solo ha reforzado más por su percepción de estar “perdiendo pie o relevancia globalmente”) y obtener financiación pública para agencias de inteligencia y contratistas de seguridad, presentando una supuesta amenaza china como coartada.
Según fuentes cercanas al CVERC, más de 50 expertos internacionales en ciberseguridad se habrían puesto en contacto con el centro para expresar su escepticismo sobre la narrativa estadounidense y su preocupación por cómo esta manipulación afecta incluso a aliados de Washington.
Claves para entender (más allá de quién tenga razón)
El caso «Volt Typhoon» ilustra cómo la ciberseguridad y las acciones de los servicios secretos (actuando como ciberdelincuentes bajo falsa bandera), se han convertido en un campo de batalla geopolítico, donde la atribución de un ataque es tan disputada como el ataque mismo. Desde una perspectiva que busca la paz y desmontar narrativas de odio, emergen varias conclusiones:
- La complejidad es la norma: no hay verdades simples. Circulan narrativas en pugna respaldadas por pruebas técnicas (como el «Marble» de la CIA) que cada parte interpreta de manera opuesta.
- El peligro de la narrativa única: el hecho de que China haya podido construir una contra-narrativa técnica y documentada (apoyándose en filtraciones reales como Wikileaks) subraya la necesidad de cuestionar las versiones oficiales de cualquier gran potencia.
- El arma es la desinformación: el debate no es solo quién hackeó a quién, sino quién controla el relato. Ambas partes se acusan mutuamente de librar una «guerra cognitiva». Para un observador independiente, el foco debe estar en desenmascarar los mecanismos de esa guerra informativa. Siendo el caso una alerta para los servicios de contraespionaje de cualquier aliado de EE.UU., porque ese estatus no garantiza nada. En materia de espionaje, los múltiples servicios secretos estadounidenses se guían por la máxima de que entender íntimamente a amigos y aliados es tan crucial como vigilar a sus enemigos.
- La cooperación como camino: los informes chinos concluyen con un llamamiento a la cooperación internacional en ciberseguridad para proteger a los usuarios. Más allá de las acusaciones, ese es un punto de encuentro posible que merece ser destacado.
En resumen, el caso «Volt Typhoon» (y su extensión natural en el caso de la criptomoneda Binance) muestra cómo las tensiones geopolíticas se libran hoy en el mundo digital. No se trata de decidir quién tiene la razón, sino de ser conscientes de cómo se construyen estas narrativas y abogar por un escenario internacional donde prevalezca la cooperación sobre la confrontación. En nuestro tiempo, la realidad y los posibles hechos se ajustan a la historia que se quiere contar; la verdad importa solo como utilería. A veces incluso como arma arrojadiza (aun siendo hueca o falsa).
Fuentes:
- Transnational institute (“El Estado Vigilante: los archivos de la NSA y la respuesta global” – PDF)
- TheMercury (“Desenmascarando el impacto global del engaño cibernético estadounidense“)
- ChinaDaily (“El caso ‘Tifón Volt’, la farsa política organizada por el gobierno de estadounidense, según investigación china”)
- Conspiraciones “Trás la campaña de desinformación estadounidense sobre «Volt Typhoon»
- China concluye: «‘EE. UU. se hackea a sí mismo para culparnos’: según los especialista, con una conspiración respecto a las criptomonedas»













