Los días 19 y 20 de febrero de 2026 se celebrará en Nueva Delhi el segmento central del AI Impact Summit, dentro de una programación más amplia prevista entre el 16 y el 20 de febrero, que reunirá a jefes de Estado y líderes tecnológicos para discutir las implicancias globales de la inteligencia artificial. Más que un foro técnico, el encuentro se perfila como un escenario donde Asia, Europa y Estados Unidos medirán fuerzas en la redefinición del poder geopolítico y comercial del siglo XXI.

La inteligencia artificial ya no es una herramienta sectorial. Es infraestructura estratégica. Es ventaja comparativa. Es instrumento de influencia internacional. Y en ese contexto, la Cumbre Global de Inteligencia Artificial que se celebrará en Nueva Delhi adquiere una dimensión que trasciende la cooperación académica o empresarial.

India se posiciona como anfitrión en un momento decisivo. La elección de Nueva Delhi como sede no es casual. El país ha consolidado en la última década un ecosistema digital robusto, combinando plataformas públicas de identidad biométrica, sistemas de pagos digitales a escala nacional y una creciente industria de software y servicios tecnológicos. India no compite únicamente por capacidad técnica; compite por legitimidad como puente entre Occidente y el Sur Global.

La presencia confirmada de líderes europeos, incluido el presidente francés Emmanuel Macron, evidencia el interés del bloque europeo por mantener relevancia en un escenario donde su fortaleza ha sido regulatoria más que industrial. La Unión Europea ha avanzado en marcos normativos como el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial, priorizando un enfoque basado en el riesgo y la protección de derechos fundamentales. Sin embargo, la velocidad de despliegue tecnológico en Asia y Estados Unidos ha puesto en cuestión si la regulación europea puede convertirse en ventaja estratégica o si terminará consolidando un rezago estructural.

El debate europeo sobre exceso normativo se intensifica. Sectores industriales argumentan que la regulación puede frenar inversión y escalamiento de modelos de inteligencia artificial de propósito general. Bruselas defiende que sin estándares éticos no habrá confianza social ni estabilidad jurídica. El AI Impact Summit ofrecerá un escenario donde esta tensión se proyectará a escala global: ¿puede Europa exportar su modelo regulatorio como estándar internacional o quedará atrapada entre la velocidad estadounidense y la planificación industrial asiática? Esta hipótesis sobre la proyección normativa europea forma parte del análisis geopolítico actual y no constituye una posición oficial declarada en esos términos por las instituciones europeas.

Estados Unidos, por su parte, mantiene una posición híbrida. Lidera en desarrollo de modelos fundacionales y en inversión privada en inteligencia artificial avanzada. Su ventaja radica en ecosistemas empresariales altamente capitalizados, acceso a infraestructura de cómputo de gran escala y dominio en plataformas digitales globales. Sin embargo, enfrenta desafíos regulatorios internos y presión internacional para adoptar estándares más estrictos en seguridad algorítmica, privacidad y uso militar de IA.

China no será un actor ausente en el trasfondo de la cumbre. Desde su discurso oficial en foros como Naciones Unidas, el G20 y la Iniciativa Global sobre Gobernanza de la Inteligencia Artificial propuesta por Beijing en 2023, pueden identificarse líneas estructurales claras. Para China, la regulación no debe ser monopolio occidental. Sostiene que los estándares tecnológicos no pueden ser definidos unilateralmente por Estados Unidos o la Unión Europea y que las reglas deben surgir de un proceso multilateral amplio donde participen países en desarrollo, no solo economías avanzadas.

Beijing insiste en la soberanía digital como principio rector. Cada Estado, en su visión, tiene derecho a regular la inteligencia artificial conforme a sus condiciones sociales, culturales y políticas. Rechaza marcos que puedan convertirse en instrumentos de presión geopolítica o sanciones tecnológicas.

China también critica lo que denomina fragmentación tecnológica. En distintos foros diplomáticos ha cuestionado las restricciones a la exportación de semiconductores avanzados y limitaciones en cadenas de suministro estratégicas impulsadas por Estados Unidos, caracterizándolas como formas de desacoplación tecnológica. En ese contexto, sostiene que la gobernanza global de la inteligencia artificial no puede avanzar si se mantiene la politización de la infraestructura tecnológica crítica.

En relación con Europa, la competencia es normativa. Aunque el modelo europeo enfatiza derechos fundamentales, Beijing interpreta que la Unión Europea aspira a que su Reglamento de Inteligencia Artificial influya en estándares internacionales. China no rechaza la regulación, pero sí que esta sea diseñada bajo parámetros exclusivamente occidentales. En foros internacionales, promueve un enfoque que combine desarrollo, seguridad y cooperación Sur–Sur.

En síntesis, para China la pregunta sobre quién definirá las reglas no es técnica sino geopolítica. Las reglas, en su visión, deben ser multilaterales, no deben convertirse en herramientas de contención estratégica, deben respetar la soberanía nacional y deben permitir desarrollo tecnológico autónomo. China no busca únicamente participar en la redacción de normas; busca evitar que esas normas limiten su proyección tecnológica. Por eso combina diplomacia normativa con inversión masiva en infraestructura de inteligencia artificial, semiconductores y computación cuántica.

En este triángulo —Estados Unidos, Unión Europea y China— India intenta ocupar un espacio propio. No pretende replicar el modelo estadounidense de capitalización privada extrema ni el modelo chino de integración estatal-industrial. Aspira a consolidarse como nodo digital del Sur Global, ofreciendo infraestructura tecnológica accesible y escalable a países en desarrollo.

El impacto geopolítico del AI Impact Summit puede analizarse en tres dimensiones.

Primera dimensión: estándares globales.
La inteligencia artificial requiere marcos comunes en seguridad, interoperabilidad y responsabilidad. La competencia actual no es solo por mercado, sino por definir las reglas del juego. Si Europa logra alinear parte del Sur Global con su enfoque regulatorio, podría influir en la arquitectura normativa internacional. Si Asia consolida modelos alternativos más flexibles y orientados a despliegue rápido, el estándar global podría fragmentarse.

Segunda dimensión: cadenas de valor y comercio.
La inteligencia artificial depende de semiconductores avanzados, centros de datos, energía estable y redes de alta capacidad. El comercio tecnológico se ha convertido en instrumento de política exterior. Restricciones de exportación, subsidios industriales y alianzas estratégicas configuran un mapa donde la IA es tanto producto como herramienta de poder. Nueva Delhi podría convertirse en espacio de negociación sobre acceso a infraestructura crítica y cooperación en investigación.

Tercera dimensión: legitimidad política y narrativa.
La gobernanza de la inteligencia artificial no es neutral. Incluye debates sobre vigilancia, privacidad, uso militar, automatización laboral y desigualdad. Europa enfatiza derechos fundamentales. Estados Unidos enfatiza innovación. China enfatiza estabilidad y soberanía estatal. India intenta proyectar un discurso de inclusión digital y desarrollo equitativo. La cumbre será escenario de disputa narrativa sobre qué modelo representa mejor el equilibrio entre eficiencia tecnológica y derechos humanos.

En el plano comercial, la competencia es intensa. Las empresas tecnológicas buscan consolidar mercados en Asia emergente y Europa del Este. Las inversiones en centros de datos, inteligencia artificial aplicada a manufactura y automatización logística son parte de una carrera por posicionarse antes de que los marcos regulatorios se endurezcan.

Sin embargo, el AI Impact Summit también puede abrir espacios de cooperación. La investigación en salud, cambio climático, agricultura inteligente y gestión de desastres son áreas donde la inteligencia artificial puede convertirse en herramienta de bien público. La pregunta es si la lógica geopolítica permitirá una colaboración sustantiva o si primará la lógica de bloques tecnológicos.

El resultado de la cumbre no se medirá únicamente en declaraciones conjuntas. Se medirá en compromisos de inversión, acuerdos de interoperabilidad y señales políticas sobre exportación de estándares.

La inteligencia artificial es hoy el campo donde se cruzan soberanía digital, comercio estratégico y poder blando. Nueva Delhi se prepara para recibir una discusión que definirá no solo el rumbo tecnológico inmediato, sino la arquitectura de poder del sistema internacional en las próximas décadas.

La cuestión central ya no es si la inteligencia artificial transformará el mundo. Eso ya está ocurriendo. La cuestión es quién definirá las reglas bajo las cuales esa transformación se consolidará.