Durante tres días se ha debatido alrededor del ombligo desde su lugar en la imagen, en el psicoanálisis y en el poder y en los medios
Como apoyo a la exposición fotográfica “Falsos yo y selfis”, de la periodista francesa Sylviane Bourgeteau, se han llevado a cabo tres charlas coordinadas por el profesor y periodista Iñaki Chaves y patrocinadas, tanto la primera como las segundas, por los periódicos desde abajo y Le Monde Diplomatique edición Colombia.
Los días 4, 5 y 6 de febrero de 2026, en la sede de la Cooperativa del Magisterio (Codema) en Bogotá, el ombligo ha sido el principal protagonista de una muestra de doce fotografías que motivan la afirmación de su autora: “En la actualidad, buscamos existir exhibiendo pública y virtualmente nuestro ´falso yo`”, y de unas conversaciones en las que el poder de la imagen, centrado esta vez en el ombligo, se ha mostrado como omnipresente en un mundo que nos demanda, en cualquier ámbito de la sociedad, una representación “genuina” de nosotras mismas.
Bourgeteau, quien residió por casi veinte años en Colombia, partió para su trabajo de la soledad impuesta por la pandemia y que la llevó a reflexionar sobre cómo estábamos sobrellevando la crisis sanitaria y qué tanto nos estaban acompañando nuestras propias fotos (selfis) y su difusión. De ahí surgió la idea de pedir a sus amistades una foto del ombligo, como metáfora de ese centro que ocupábamos, bien por voluntad propia o por efectos del aislamiento, y que nos servía para representarnos y para mostrarnos al mundo exterior.
Como apoyo a las imágenes expuestas en Codema se organizaron tres charlas en las que Chaves compartió con tres docentes invitadas para que hablarán sobre el ombligo desde diferentes miradas. Con Beatriz Múnera, doctora en Bellas Artes y profesora de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano, la conversación giró alrededor de “La imagen y la anomalía del yo” partiendo de entender que la imagen es como una representación externa al (del) sujeto. Planteando que en la contemporaneidad hay un desajuste, una anomalía, entre cómo nos vemos, cómo nos ven, cómo queremos ser vistos. Es en ese cruce de percepciones donde la identidad se fractura, se reconstruye y hace que entendamos que el “yo” no es algo fijo, sino algo inestable, que muta, se transforma. Somos muchos yoes.
Con Mariana Dicker, maestra en Artes Plásticas y en Arte Terapia y también profesora de la misma institución, el diálogo fue sobre “Ombligo, cuerpo e inscripción”, siendo aquel la primera huella que evidencia que venimos de otro cuerpo y que ese cuerpo está esculpido como un pliegue que interrumpe la piel, como una inscripción, tal como lo hace el Dios cristiano con Adán y Eva en la narración de Saramago en su libro Caín.
Y con Omar Rincón, analista de medios y profesor de la Universidad de los Andes, el debate se dio en torno a “Los ombliguistas que nos gobiernan”, esos personajes que nos mandan y nos informan y que miran más su propio ombligo (intereses económicos por encima de cualquier cosa en el caso de los políticos y ventas y clics en el caso de los medios) que algo tan utópico, y hoy lejano, como la ética, el bien común o la justicia social.
Tres debates que partían de situar el ombligo en el centro a través de una curiosidad, una imagen y un autor o autora y que contaron con la presencia de unas cincuenta personas cada día que participaron en las temáticas desde sus personales miradas alrededor de esa huella de nuestra piel que nos conecta con nuestras raíces y que nos recuerda que todas y todos venimos del cuerpo de una mujer.













