Manifestaciones pro palestinas marcaron el paso de la antorcha olímpica por Milán rumbo a los Juegos de Invierno 2026. Los activistas exigen la exclusión de Israel del movimiento olímpico en rechazo explícito al genocidio en Gaza y denuncian un doble estándar internacional.
La llegada de la llama olímpica a Milán esta semana estuvo acompañada por protestas de activistas pro palestinos que exigieron la exclusión de Israel de los Juegos Olímpicos y de cualquier evento deportivo internacional, en rechazo al genocidio en Gaza. La movilización tuvo lugar en distintos puntos de la ciudad, particularmente en las inmediaciones de la Universidad Estatal de Milán, coincidiendo con el paso simbólico de la antorcha rumbo a los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026.
Los manifestantes desplegaron banderas palestinas, encendieron bengalas y corearon consignas contra la participación israelí en el evento, denunciando de forma directa el genocidio que, según sostienen, Israel comete en Gaza desde hace más de dos años. En sus declaraciones públicas, subrayaron lo que consideran un doble estándar por parte del Comité Olímpico Internacional y de los gobiernos occidentales: mientras atletas rusos fueron sancionados o limitados tras la invasión de Ucrania, Israel continúa participando plenamente en competiciones internacionales pese a la magnitud de los crímenes cometidos contra la población palestina.
La protesta fue contenida por un amplio dispositivo policial y no logró interrumpir el relevo oficial de la antorcha, que continuó su recorrido hacia el centro de la ciudad, incluida la zona del Duomo. Sin embargo, el mensaje político de la movilización obtuvo amplia visibilidad y se inscribe en una ola de activismo internacional que rechaza la normalización del genocidio bajo el paraguas del deporte y los grandes eventos globales.
Las manifestaciones en Milán no constituyen un hecho aislado. En semanas previas, se registraron protestas similares durante otros tramos del recorrido de la llama olímpica en Italia, incluyendo Roma y Trieste, donde colectivos pro palestinos intentaron acercarse a los actos oficiales para expresar su rechazo a la presencia de Israel en los Juegos. En todos los casos, las autoridades italianas reforzaron las medidas de seguridad para evitar interrupciones del programa olímpico.
Este tipo de acciones se conecta con una tendencia global que se ha intensificado durante 2025 y comienzos de 2026, con protestas frente a partidos, competiciones y eventos deportivos internacionales que reclaman sanciones deportivas contra Israel como forma de presión política y ética. Para estos movimientos, el deporte no puede separarse de un genocidio en curso sin convertirse en un instrumento de blanqueamiento.
Desde el ámbito oficial, ni el Comité Olímpico Internacional ni los organizadores de Milán-Cortina 2026 han dado señales de revisar la participación de Israel. La postura reiterada es que los Juegos deben mantenerse al margen de la política, una afirmación que los manifestantes cuestionan frontalmente, recordando que esa supuesta neutralidad no fue aplicada en otros conflictos recientes.
La llegada de la llama olímpica, concebida como un símbolo de paz y fraternidad, se transforma así en un escenario de confrontación ética. Para los activistas, el paso de la antorcha por Milán no representa solo la antesala de un evento deportivo, sino una interpelación directa a la coherencia moral del sistema internacional frente a un genocidio que, denuncian, sigue siendo tolerado y normalizado.
A medida que se aproxima la inauguración de los Juegos de Invierno 2026, las protestas anticipan que el vínculo entre deporte, poder y derechos humanos seguirá siendo un terreno de conflicto abierto. Milán fue esta vez una estación visible de un debate que promete acompañar al movimiento olímpico mientras el genocidio en Gaza continúe sin rendición de cuentas.













