El día 30 de enero, consagrado internacionalmente como el Día de la Cultura de Paz y de la No Violencia, no es simplemente una fecha simbólica en el calendario de las Naciones Unidas. Es, ante todo, un llamado histórico a la conciencia de los pueblos, una invitación urgente a repensar las formas de convivencia humana en un mundo marcado por desigualdades estructurales, guerras permanentes, violencia cotidiana y un modelo civilizatorio que ha normalizado la exclusión y el sufrimiento. Para el Partido Humanista Internacional, esta fecha expresa una toma de posición clara frente a la historia: o avanzamos hacia una cultura de paz activa, consciente y organizada, o continuaremos atrapados en la espiral de violencia que amenaza la propia continuidad de la vida humana.

La cultura de paz, desde la perspectiva humanista, no es una abstracción idealista ni un discurso moral vacío. Se trata de un proyecto político, social y ético profundamente enraizado en la realidad concreta de las personas. Es una práctica cotidiana que se construye en los territorios, en las relaciones comunitarias, en los espacios de trabajo, de estudio y de convivencia. La paz no nace de decretos ni de acuerdos impuestos desde arriba; emerge de la transformación de las condiciones materiales y simbólicas que generan violencia, explotación y deshumanización. Por ello, hablar de paz implica hablar de justicia social, de equidad, de derechos humanos integrales y de dignidad para todas y todos.

El Partido Humanista Internacional comprende que la violencia no se manifiesta únicamente en sus formas más explícitas, como las guerras o la represión policial, sino también en las estructuras económicas que condenan a millones a la pobreza, en los sistemas políticos que excluyen la participación popular, en las culturas que naturalizan el machismo, el racismo y la xenofobia, y en las dinámicas sociales que aíslan al individuo y destruyen el sentido de comunidad. La cultura de paz exige, por tanto, un enfoque integral, capaz de enfrentar simultáneamente la violencia directa, la violencia estructural y la violencia simbólica.

En este sentido, la no violencia activa constituye el eje metodológico fundamental de la acción humanista. No se trata de pasividad ni de resignación, sino de una forma superior de lucha, consciente de su fuerza transformadora. La no violencia activa organiza, moviliza, denuncia, propone y construye alternativas concretas al sistema vigente, sin reproducir la lógica destructiva del adversario. Afirma que los medios deben ser coherentes con los fines y que no es posible alcanzar una sociedad justa por caminos que niegan la dignidad humana.

La acción del Partido Humanista Internacional se desarrolla a partir de los equipos de base, células vivas de la transformación social que se organizan en los barrios, en las escuelas, en las universidades, en los lugares de trabajo y en las diversas frentes de acción social. Es en estos espacios donde la cultura de paz deja de ser un concepto abstracto y se convierte en práctica colectiva. A través del diálogo, de la acción solidaria, de la participación democrática y del compromiso ético, estos equipos construyen redes de apoyo mutuo y fortalecen el tejido social, erosionado por décadas de individualismo y competencia.

Cada militante, miembro pleno o adherente del Partido Humanista porta consigo una intención humanizadora que trasciende fronteras nacionales, culturales e ideológicas. Promover la paz social, la paz entre los pueblos y la paz interior no son tareas separadas, sino dimensiones interrelacionadas de un mismo proceso de transformación. No existe paz social sin individuos reconciliados consigo mismos, así como tampoco puede haber una paz interior duradera en una sociedad injusta y violenta. El humanismo propone, por lo tanto, una visión integrada del ser humano, en la que lo personal y lo colectivo se retroalimentan.

Celebrar el Día Internacional de la Cultura de Paz y de la No Violencia significa, para el Partido Humanista Internacional, renovar el compromiso con un cambio profundo de paradigma. Significa afirmar que otro mundo no solo es posible, sino que ya está siendo construido en los gestos cotidianos de solidaridad, en las luchas no violentas, en las experiencias comunitarias y en los procesos de organización popular. Frente a la lógica de la guerra, del lucro ilimitado y de la dominación, levantamos la lógica de la cooperación, de la justicia y de la centralidad del ser humano.

En un contexto global marcado por el recrudecimiento de los discursos autoritarios, por la militarización de las relaciones internacionales y por la banalización de la muerte, la cultura de paz se presenta como una necesidad histórica inaplazable. No es neutral, no es ingenua y no es conciliadora con la opresión. Por el contrario, asume una posición clara del lado de los pueblos, de los explotados, de los discriminados y de todas aquellas personas que sufren las consecuencias de un sistema deshumanizante. La paz que defendemos no es el silencio impuesto por la fuerza, sino la armonía construida a partir de la justicia.

El Partido Humanista Internacional convoca, en este 30 de enero, a todas las personas, organizaciones y movimientos comprometidos con la dignidad humana a sumar fuerzas en la construcción de una cultura de paz permanente y comunitaria. Una cultura que se aprende, se practica y se transmite; que se enseña en las escuelas y se vive en las calles; que se celebra en las fechas simbólicas, pero se ejerce todos los días. Solo a través de la acción consciente, organizada y no violenta podremos abrir camino hacia una nueva etapa histórica, en la que la vida humana sea el valor central e irrenunciable de toda organización social.

Equipo de Coordinación Internacional (ECI) de la Federación Intrenacional de los Partidos Humanistas    jan/2026