GINEBRA / SANTIAGO / WASHINGTON — En un movimiento estratégico que amenaza con internacionalizar el conflicto territorial en Chile antes de la investidura presidencial de marzo de 2026, la Misión Permanente Mapuche ante las Naciones Unidas ha designado a Diego Ancalao Gavilán como su nuevo Ministro Consejero.
Este nombramiento no representa a un activista rural convencional, sino a un intelectual con formación Académica, becario doctoral en desarrollo indígena en Nueva Zelanda y ex candidato presidencial con estudios de Derecho, cuya misión es someter las políticas de «mano dura» de José Antonio Kast al escrutinio implacable de los organismos de derechos humanos en Ginebra.
El «Jaque Mate» Jurídico a la Administración Kast
Mientras el presidente electo José Antonio Kast —quien obtuvo el 58% de los votos con una agenda centrada en la seguridad y la eliminación de la institucionalidad indígena actual— se prepara para asumir el poder, la Misión Mapuche ha activado un blindaje diplomático basado en la «Doctrina de los Actos Propios» (Estoppel). Fuentes diplomáticas advierten que Kast no podrá minimizar la Misión como una entidad «no oficial», dado que el Estado chileno, bajo el gobierno de Sebastián Piñera en 2011, ya aceptó formalmente a embajadores de esta misma delegación, generando una «confianza legítima» y un precedente jurídico irrefutable ante la comunidad internacional.
Un Desafío de Soberanía Basado en Tratados de la Corona Española
La credencial de Ancalao no es un documento administrativo, sino un manifiesto de soberanía que invoca la vigencia de 28 Parlamentos Generales con la Corona Española (1641-1803). Estos documentos son presentados como tratados internacionales de paz y límites que, al amparo de la Carta de la ONU, constituyen pactos regionales vigentes que el Estado chileno, como sucesor jurídico, está obligado a respetar. Con más de 40 intervenciones documentadas ante la ONU, la Misión se posiciona como un actor de facto en el Consejo de Derechos Humanos, complicando las promesas de Kast de «restaurar el orden» sin consecuencias diplomáticas.