por Raúl Tejeros González
El salario mínimo interprofesional (SMI) en España se había mantenido en niveles muy bajos, en poco más de 600 euros al mes, hasta el año 2016, que era aproximadamente un tercio del salario medio. Los años siguientes fue subiendo algo, pero todavía muy despacio. Es evidente que, si ya el salario medio en España no es para tirar cohetes, un tercio de eso es una miseria, se lo mire por donde se lo mire. Es trabajar una jornada completa medio gratis, y como decía mi profesor de Economía en la Universidad, la gente, entre morirse de hambre trabajando y morirse de hambre sin trabajar, prefiere, lógicamente, morirse de hambre sin trabajar. Porque trabajar gratis o medio gratis no es plato de gusto para nadie. Y es evidente que esta situación en la Economía de cualquier país va a generar problemas, y no pequeños.
Es por ello que cuando el Gobierno de España empezó a proponer elevar el salario mínimo progresivamente a lo largo de varios años, a mí me pareció una medida en primer lugar de justicia, y, en segundo lugar, una medida muy inteligente para mejorar la Economía general del país. Y me sorprendió muchísimo que fueran precisamente personajes que tienen unos ingresos elevadísimos, muy superiores a las retribuciones del español medio, los que pusieran el grito en el cielo y se opusieran ferozmente a estas medidas, vaticinando toda clase de desastres y catástrofes económicas si se llevaban a cabo y las catalogasen de populismo.
Pero lo curioso es que la motivación para oponerse a esta subida no es por motivos económicos, como demostraré más adelante, sino por motivos ideológicos, pues a esta gente les agrada enormemente que los de abajo económicamente sigan estando abajo y no salgan de ahí. Que cuando necesiten contratar personas que trabajan para ellos y hagan lo que ellos quieran haya mucha gente desesperada dispuesta a hacer lo que sea por ganarse unos euros. No les interesa una sociedad con los trabajadores con un buen nivel salarial y buena calidad de vida que se pongan exigentes a la hora de seleccionar un puesto de trabajo y no estén dispuestos a aceptar determinadas condiciones indignas.
Un cierto nivel de paro y unos salarios bajos en determinadas categorías laborales son una buena condición para que algunos que tienen más suerte en su situación laboral puedan enseñorearse y aprovecharse de las necesidades de los más necesitados. Para que un trabajador cuyo trabajo socialmente está mejor considerado socialmente y obtiene un sueldo más elevado pueda contratar con una mínima parte de su sueldo a otra persona que trabaje para él y haga lo que él desee y además medio gratis.
Este es el argumento que defendían muchos, que si subía el salario mínimo muchos “empresarios” no podrían contratar a trabajadores porque no se podrían permitir esos sueldos y aumentaría el paro, perjudicando finalmente a esos mismos trabajadores a los que se les pretendía ayudar. Que un sueldo mísero era mejor que ningún sueldo. Y ese aumento del paro traería más pobreza y desesperación entre los trabajadores y menor recaudación de impuestos por parte del Estado, perjudicando la Economía en general.
Recuerdo un debate (por llamarlo de algún modo) en el que participé en Facebook al que me sumé porque participaba alguien que yo consideraba hasta entonces un amigo humanista, en el que distintas personas despotricaban contra el Gobierno y su pretensión de subir el salario mínimo. Al intervenir yo y defender esa postura, todos se pusieron en mi contra, y al definirme como Economista algunos incluso me insultaron y me dijeron que en qué tómbola me habían regalado el título. Quien yo creía ser mi amigo ni me defendió ni hizo comentario alguno a mi favor, demostrando que ni era mi amigo ni era humanista tampoco. Por lo tanto, abandoné ese intercambio de gente de mentalidad troglodita y violenta y de marcado carácter antihumanista. Tampoco pude hacer mi exposición en la que demostraba por qué me parecía una buena idea la subida propuesta por el Gobierno.
Así que ahora en este humilde escrito intentaré dar esa explicación. Lo primero es advertir que después de reiteradas subidas del salario mínimo en los últimos años no se ha producido la catástrofe que vaticinaban los antihumanistas, sino más bien al contrario, la Economía general ha resultado beneficiada de ello, como era lógico esperar por cualquiera con un poco de sentido común. Para mi explicación voy a hacer un símil con el deporte, por ejemplo, con el fútbol.
En el fútbol, durante un partido concreto el entrenador de un equipo desea que no le piten faltas a los jugadores de su equipo, que le piten lo más a favor posible. Pero por encima de eso, todos los entrenadores desean que haya árbitros, que haya un buen arbitraje. Porque sin árbitros es imposible jugar ni al fútbol ni a ningún otro deporte, pues los jugadores al haber mucho en juego y no verse coartados de ningún modo, empiezan poco a poco a aplicar la violencia para imponerse, convirtiéndose el partido en un campo de batalla donde se pierde el respeto a cualquier norma básica. Veríamos a los jugadores corriendo con la pelota bajo el brazo como si se tratase de rugby y no pasaría nada, pues no existiría nadie que pusiese límites a lo que se puede y a lo que no se puede hacer. Y el resultado final del partido no podría considerarse válido pues los goles se habrían producido bajo circunstancias ilegales.
Algo parecido pasa con la Economía. En cualquier Economía hace falta un Gobierno que ponga normas, que implante impuestos, que limite y regule, y eso es imprescindible para el funcionamiento económico. Todos se benefician de ello, aunque a veces la falta me la pongan a mí y no me convenga, pero desde luego menos me convendría si no hubiese leyes ni normas. “No hay nada más miedoso que el dinero” es un dicho en Economía muy famoso, y la “estabilidad y seguridad económica” es esencial para dar seguridad y garantías. Y esa estabilidad y seguridad económica no es otra cosa que un Gobierno fuerte y seguro que ponga normas para que la Economía funcione correctamente. Entonces, en una situación de desequilibrio económico como el que se da entre trabajadores vulnerables y empresarios, sino se interviene, el salario termina siendo irrisorio y es preciso que el Gobierno intervenga estableciendo un salario mínimo.
Esto beneficia a la Economía, porque al subir los salarios, parte de las ganancias inmediatas del empresario se destinan a esos sueldos. Al ganar más dinero los trabajadores, estos se gastan el dinero en bienes y servicios lo que aumenta las ventas de otros empresarios, que ganan más y tienen a su vez que contratar más trabajadores para hacer frente al aumento de la demanda y se generan más impuestos como el IVA, etc. Pero al tener que contratar más los empresarios porque están vendiendo más, y porque el Estado gasta más porque también tiene más dinero procedente de los impuestos, los nuevos trabajadores también gastan su dinero con lo que vuelven a empujar la demanda y hacer vender más a los empresarios que nuevamente tienen que contratar más trabajadores para hacer frente a la subida en las ventas y vuelve a empezar otra vuelta.
Imaginemos la situación contraria. Los sueldos de todo un país bajan un veinte por ciento todos a la vez. ¿Eso beneficiaría a los empresarios porque abarataría sus costes y lograrían un mayor margen de beneficios? Yo creo que no. Si todos los sueldos bajasen de golpe un veinte por ciento por ejemplo desde mañana mismo, la gente desde mañana gastaría aproximadamente un veinte por ciento menos. Y los empresarios venderían un veinte por ciento menos, pero al hacerlo, los muy cucos se darían cuenta de que les sobra un veinte por ciento de trabajadores pues el nivel de ventas ha bajado y no necesitan tantos trabajadores como antes y despedirían a ese veinte por ciento de trabajadores. Al hacerlo bajaría otro veinte por ciento las ventas, pues quien no cobra no tiene dinero para comprar y vuelve a empezar otra vuelta de tuerca con un nuevo descenso de ventas y más despidos.
Es evidente que la realidad económica es más complicada que lo que estoy describiendo, pero se entiende perfectamente la idea de que el planteamiento simplista de que si los sueldos bajan los empresarios ganan más dinero es una ingenuidad propia de una gran ignorancia en teoría económica. Otra cosa es que yo individualmente como empresario me las apañe para pagar menos a mis trabajadores, pero mientras el nivel de sueldos general se mantenga con buena salud, porque si no, toda la Economía se viene abajo.
El Estado ayuda mucho en estas situaciones porque al dar prestaciones a la gente que pierde sus ingresos, como a los parados, jubilados, situaciones de enfermedad, etc. estabiliza la Economía manteniendo no solo los ingresos de esas personas sino el nivel de ventas de las empresas impidiendo una espiral de catástrofe económica. Vemos entonces que el desastre económico es la bajada indiscriminada de sueldos y no al contrario. Es evidente que esto que decimos de la subida del salario mínimo es bueno cuando dicho salario es muy bajo, como sucedía en España, y que si dicho salario hubiese sido ya muy alto respecto a la Economía entonces sí que se podría haber producido un problema al quererlo elevar aún más haciendo que los empresarios dejasen de contratar y produciendo una elevación del paro. Pero no era esa la situación en España desde luego y esa posibilidad no podía preocupar a nadie con sentido común.
También es cierto que al elevar el salario mínimo “algunos” empleos se perderían, pero otros aparecerían en su lugar debido al mecanismo que he explicado anteriormente y en conjunto ha resultado beneficioso para la Economía, para los trabajadores, para los impuestos estatales y para fastidiar a los antihumanistas, que no es poco.
También hay que tener cuenta que, al elevarse el salario mínimo, estos se van igualando con los sueldos más bajos de las categorías inmediatas que tienden también a subir para separarse de las más bajas, lo que produce una presión al alza en distintos sectores y categorías, elevando también un poco el nivel general de sueldos.
Raúl Tejeros González es Economista y miembro del Movimiento Humanista desde 1991.













