En muchos países si un presidente toma una decisión que viola la Constitución, el Poder Judicial puede revocarla.  En Estados Unidos, autocalificado como paladín de la democracia, esto no siempre sucede. El presidente Donald Trump declara la guerra sin la aprobación previa del Congreso y no pasa nada, lo que demuestra claramente una falla en el famoso sistema de pesos y contrapesos de Estados Unidos.

Dicho de otra forma: guerra sin autorización del Congreso, secuestro de un presidente extranjero (el venezolano Nicolás Maduro) y destitución de generales que se atrevieron a decir no: en los Estados Unidos de Trump, el poder ejecutivo gobierna dictatorialmente, porque ni los tribunales ni los legisladores pueden —o quieren— contener lo que la Constitución prometió equilibrar.

En teoría, la Constitución es clara: el Congreso tiene la facultad de declarar la guerra, mientras que el presidente es el comandante en jefe. Sin embargo, en la práctica, el Poder Judicial y el Poder Legislativo se enfrentan a obstáculos reales que explican por qué a menudo parecen no hacer nada, convirtiéndose en cómplices pasivos de las decisiones disparatadas de su presidente.

Aunque Trump no cesa de repetir que “estamos haciendo cosas maravillosas”, sus palabras ya no convencen y temas como los archivos del pederasta Jeffrey Epstein, la brutalidad de ICE contra los migrantes y, sobre todo, los efectos de la guerra innecesaria contra Irán, ubican al presidente en el centro de un laberinto complejo en el que no será fácil encontrar una salida… si es que la encuentra o si quiere encontrarla.

Las encuestas muestran el sentimiento que todos estos factores provocan entre los estadounidenses: por primera vez, la popularidad de Trump ha caído a niveles de entre 33% y 36%, su nivel más bajo desde que se inició su segundo mandato. Y sigue en el tobogán.

Un indicio concreto de sus erráticas decisiones es el rompimiento de su “círculo de hierro”. En menos de dos meses, Trump perdió a tres de sus piezas más leales. La última de las “víctimas” es la fiscal general Pam Bondi, destituida en medio del caos en torno a los archivos Epstein, lo que podría pasarle una factura muy cara al mandatario.  ¿Por qué prescindió de ella cuando era una de sus más fervientes defensoras? se preguntan los analistas. Quizá ya muchos piensan que el costo de estar con él es más alto que el beneficio de la lealtad.

Antes de lo de Biondi hubo una ruptura muy costosa en ese “círculo de hierro”. Joe Kent, miembro importante del movimiento MAGA (Make America Great Again) de Trump, renunció al cargo de director del Centro Nacional Contra el Terrorismo. Dijo que el presidente había engañado al pueblo estadounidense: “Irán no representaba ninguna amenaza inminente contra nuestra nación”.  Kent, jefe de contraterrorismo, tenía acceso a la inteligencia que supuestamente justificaba la guerra. Al decir esto, acusa a Trump de mentir al pueblo estadounidense y, además, dejó en claro que la Casa Blanca aceptó ir a la guerra por “presiones del poderoso lobby de Israel”.

Finalmente, el rompimiento de aquel “círculo” se dio con la salida de la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, destituida después de un escándalo destapado en el Congreso por corrupción en torno a la campaña de publicidad antiinmigrantes, un escenario agravado por la brutalidad de los agentes de ICE.

Además de la salida de Kent, se anunció la destitución del oficial de más alto rango en el ejército, el general Randy George, quien aparentemente no estaba de acuerdo con enviar tropas a Irán, una acción que Trump no ha descartado como medida extrema para forzar el fin de una guerra que ha terminado por golpear a todo el planeta por el alza del precio del petróleo y sus efectos colaterales.

Trump está en un laberinto persa: semanas dando vueltas en círculos en Irán, donde el contradictorio y triunfalista discurso de la Casa Blanca es una cortina de papel extendida sobre una gestión errática y una ineptitud estratégica que ya resultan imposibles de ocultar, siguen señalando los analistas de los grandes medios de EEUU. Y de ese “laberinto” pueda resurgir con fuerza el fantasma de Epstein, nunca apartado del todo de la figura de Trump.

Muchos dudan que pueda repetir otro mandato presidencial, que le está vedado constitucionalmente.  Enormes manifestaciones mostraron el 14 de junio el desagrado por su forma de gestión: No Kings. Miles y miles de personas se  movilizaron en cientos de ciudades de Estados Unidos en lo que los organizadores llaman “No Kings Day” y describen como la mayor jornada de protesta desde el regreso del republicano a la Casa Blanca. Las manifestaciones coincidieron con el desfile militar impulsado por Donald Trump para celebrar el 250º aniversario del Ejército de Estados Unidos, el Día de la Bandera y su 79° cumpleaños personal.

Los tres bastiones para su victoria en las elecciones de 2024 eran claros: mejorar la economía (fracasó: los precios suben, especialmente tras el inicio de la guerra); poner fin a la guerra de Ucrania (continúa con mucho menos prensa, y EEUU ahora se involucró en una propia, llevado de la mano de su socio genocida Israel) y cerrar las fronteras a la inmigración de indocumentados, que supone que logrará a costa de una brutalidad por parte de ICE.

En ese laberinto hay trampas por la economía, migrantes, guerras, mentiras, cambios de altos funcionarios, confrontación permanente con la prensa crítica y el rechazo generalizado entre sus gobernados, que exigen “no kings” (no reyes), pues comparan su estilo autoritario con el de los reyes de la Edad Media.
Si sus constantes burlas y comentarios peyorativos contra su antecesor, Joe Biden, influyeron positivamente en sus primeros meses de mandato, ahora su calificación en el manejo de la economía es inferior a la del demócrata. Otro índice que muestra lo perdido que anda Donald Trump en el “laberinto”.

¿Cómo salir de tal desbarajuste que él mismo ha provocado? Sin duda, no será tarea fácil, y todo indica que él mismo está abonando el terreno para una derrota republicana en las elecciones de noviembre, en donde podría perder el control del Senado y la Cámara de Representantes, algo que cerraría alguna de las posibles salidas de ese laberinto en el que él mismo quiso entrar y ahora se encuentra más perdido que Adán en el Día de la Madre… ¿Cuál será el siguiente capítulo?

Esté atento: muy pronto se sabrá.