Buscan instalar la idea de la «inevitable» subordinación a EEUU
Más allá del estruendo del ataque militar del 3 de enero, en el que Venezuela sufrió un revés en el plano bélico con el ataque estadounidense a Caracas y el secuestro de su presidente Nicolás Maduro, desde el día siguiente comenzó otra batalla, sin tropas en el terreno, pero sí se puso en marcha un proceso más sutil, una ocupación silenciosa que busca convencer a los venezolanos de que la imposición del más fuerte es natural, inevitable e incluso razonable.
La disputa ya no se libra en el terreno militar, sino en el campo de las percepciones y del sentido común. Es lo que llaman la batalla cultural. La ofensiva militar estadounidense duró apenas unas horas, pero la guerra cultural -a la que apunta Washington- puede prolongarse. Su campo de acción ya no son las fuerzas militares, sino el lenguaje y los medios de comunicación. Es allí donde se moldean las percepciones colectivas y donde se intenta instalar el conformismo y la idea de que la soberanía es un anacronismo, señala el politólogo Leopoldo Puchi.
En este momento, la verdadera amenaza para el país es que se instale la idea de que la subordinación es inevitable o incluso conveniente. Si la tutela externa llega a percibirse como una solución práctica y la soberanía como un concepto obsoleto, la derrota no será solo militar, sino también cultural. Las ocupaciones militares pueden terminar. Las ocupaciones del sentido común, en cambio, pueden perdurar durante generaciones.
Recuerda Puchi que Antonio Gramsci destacó hace casi un siglo que el poder no se sostiene únicamente por la fuerza, sino también por la capacidad de construir consentimiento. Décadas después, Robert W. Cox trasladó esa idea al ámbito de las relaciones internacionales. Una potencia no domina solo por su superioridad militar: domina verdaderamente cuando logra que su predominio sea aceptado y se convierta en “sentido común”.
Pero desde el 3 de enero la oposición derechista (autodenominada democrática, aunque siempre alentó golpes de Estado) no ha logrado tener relevancia que, en definitiva, pareció ser su objetivo. Y dos meses y medio después del bombardeo de Caracas, el secuestro de Maduro y la apropiación del petróleo venezolano (ese parece haber sido el fin real de la intervención) la ahora presidenta interina Delcy Rodríguez se fue consolidando como la nueva lideresa del país. Y para colmo, con el apoyo de Donald Trump.
El más reciente Monitor País de Hinterlaces reveló que el 91% de la población considera fundamental respaldar a la presidenta encargada, Delcy Rodríguez. Este resultado se obtuvo de la opinión de los tres sectores del país: chavistas, ni-ni, y ni-ni a favor de la oposición. El estudio afirma que 94 % del país rechaza el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores y que 95 % de los encuestados está en contra de la acción militar estadounidense contra el país.
Una dimensión de esta ocupación silenciosa es el ámbito económico. Se intenta presentar como normal que una potencia extranjera controle el petróleo y su comercialización, administre los ingresos nacionales y decida cómo y en qué se utilizan. La hegemonía cultural opera cuando ese control comienza a percibirse como algo lógico y beneficioso. Washington se describe a sí mismo como “socio”, un término que en su significado real alude a una relación de cooperación entre partes iguales en derechos. Sin embargo, aquí designa una situación en la que una de ellas controla las ventas, administra los ingresos y fija condiciones a través de licencias … luego de bombardear la capital del país y secuestrar al presidente.
Una cosa es la realidad y otro el verso. El manejo de los ingresos venezolanos por Washington se presenta como “protección”. Al bloqueo naval del petróleo se le denomina “cuarentena”. A la compra forzada de productos estadounidenses se le llama “compromiso comercial”. Puchi señala que la guerra cultural no se libra desde un solo lado, que también existen mecanismos de defensa y que lo primero debiera ser recuperar un lenguaje que permita describir la realidad sin los filtros impuestos desde afuera y volver a nombrar las cosas por su nombre.
La prensa estadounidense señala que Estados Unidos evaluaría flexibilizar sanciones a Venezuela para aumentar el acceso a petróleo en el contexto de la guerra con Irán, pero advierte que ni Venezuela —ni ninguna otra fuente alternativa— puede compensar un eventual cierre del estrecho de Ormuz, por donde transitan cerca de 20 millones de barriles diarios.
«La oposición derechista está más perdida que Adán en el Día de la Madre», explica un corresponsal español acreditado en Caracas. Es que la oposición está debatiendo tácticas y estrategias para recuperar el control, para reactivar el impulso de cara a las elecciones y para garantizar que los líderes de esa oposición no sean marginados ni olvidados ni por el público venezolano ni por la comunidad internacional. La realidad con que se topan los analistas, es la real irrelevancia de la oposición derechista en el devenir de Venezuela.
Batalla cultural
En el centro de esta disputa se encuentra un concepto fundamental: la soberanía nacional. Se trata del principio según el cual un país posee la autoridad suprema para decidir sobre su propio destino sin subordinación a poderes externos. No es un ideal abstracto ni una aspiración romántica. Es el fundamento práctico sobre el que se ha construido el sistema internacional moderno. La cooperación entre países forma parte del mundo contemporáneo, pero es distinta a la subordinación. Es una relación legitima cuando se basa en el respeto mutuo y no en imposiciones por medios militares.
Mediante la selección de palabras y la construcción del relato se intenta encubrir, edulcorar, la naturaleza de los hechos y así de los comentarios y análisis de la prensa venezolana fueron desapareciendo términos como bombardeo, ataque, invasión o crimen de agresión, y para hablar de “incidente”, “extracción”, “evento”, “operación quirúrgica». Y el control externo sobre la política interna se presenta como un proceso neutro de tres fases: “estabilización, recuperación y transición”.
La derecha
Para los analistas, entre las decisiones clave que se avecinan se encuentran el momento del regreso a Venezuela de María Corina Machado, la líder opositora y sorprendentemente premio Nobel de la Paz; la contundencia y la presión pública que se debe ejercer sobre Trump, y sobre la comunidad internacional en general, para que se convoquen nuevas elecciones; y cómo garantizar la liberación de los más de 500 venezolanos que aún permanecen encarcelados por motivos políticos.
Algunos creen que la oposición debería adoptar una postura menos pasiva ante estas y otras cuestiones. «Creo que la oposición debe ahora enfrentarse a Delcy y a Trump. Tiene que movilizarse y luchar para restaurar los derechos de los venezolanos. Nadie más lo hará», declaró Ricardo Hausmann, economista venezolano y profesor de la Universidad de Harvard, quien fuera ministro del gobierno de Carlos Andrés Pérez (1988).
Muchos otros argumentan que la confrontación solo enemistaría a Trump y reduciría la probabilidad de que Machado y sus aliados moldeen el futuro de Venezuela, especialmente teniendo en cuenta los recientes y efusivos elogios de Trump a Delcy Rodríguez y su decisión a principios de este mes de reconocer oficialmente a su gobierno.
Sin embargo, existen algunas áreas de aparente consenso en la derecha, como la reactivación de la llamada Plataforma Democrática Unitaria creada para las elecciones de 2024, inactiva desde entonces. Es necesario, dicen, negociar con una sola voz ante Delcy Rodríguez… y también con la Casa Blanca, tras anunciar que en las próximas semanas darán a conocer un nuevo plan de acción, elaborado para alinearse con la estrategia actual de Estados Unidos, tal como lo demandó el Secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio: estabilización, recuperación y posterior transición democrática,
Queda por ver si Delcy y su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, están dispuestos a dialogar con la oposición. Aun adoptando una postura pragmática hacia Washington, el chavismo ha mantenido intacta su estructura de poder militar, policial y política, mientras se posiciona a sí mismo y a sus aliados para controlar puestos clave a nivel nacional e incluso en Estados Unidos.













