La operación “retorno” del emérito y la impunidad fiscal
El 27 de febrero Alberto Núñez Feijóo (PP) reivindicó la vuelta “sin complejos” de Juan Carlos I: “Sería deseable que quien trajo la democracia vuelva a su país; él mismo ha reconocido sus errores”.
El Mundo añadió detalles prácticos: acuerdo para fijar residencia alterna en Sanxenxo, blindaje de seguridad sufragado por Patrimonio Nacional y compromiso ―no público― de ahondar en la “transparencia fiscal” futura del ex-monarca. El Gobierno socialista evitó el choque frontal: calificó la petición de “distracción innecesaria”, pero no la vetó.
El Borbón heredero político directo de Francisco Franco concentra una nada despreciable cantidad de delitos y escándalos fiscales. Recordemos algunos:
| 2004-08 | Gastos familiares con tarjetas opacas de Zagatka | 8 M € |
| 2007 | Fondo panameño Lucum de Arabia Saudí | 60 M € |
| 2010-13 | 65 M € transferidos a Corinna Larsen + vuelos privados | — |
| 2011 | Posible comisión 1,5 % por el AVE Medina-La Meca | 80 M € |
| 2020 | Regularización 678 000 € (tarjetas) | — |
| 2021 | Regularización 4,396 M € (vuelos y gastos) | — |
| 2022 | Archivo Fiscalía TS: inviolabilidad + prescripción | — |
No es poca cosa. ¿Cómo ha salido este tipo impune de estos hechos? Por varios mecanismos, recordémoslos: Inviolabilidad absoluta (art. 56.3 Constitución española) hasta la abdicación (2014); Prescripción quinquenal del delito fiscal (art. 131 CP); Regularización (art. 305.4 CP): paga antes de la imputación y se extingue la responsabilidad; Opacidad extraterritorial (Ginebra, Nassau) que dificulta probar cohecho y blanqueo.
El tipo efectivo que soportó el emérito tras sus autoliquidaciones rondó el 28 %, muy por debajo del marginal máximo del IRPF. Algo que hemos escrito algunos en estas páginas: la inviolabilidad no es “anécdota medieval” sino cláusula antiigualitaria central del orden del 78; su persistencia demuestra que el rey opera como “sujeto supra-legal” integrado en la arquitectura de poder económico.
Nacionalismo español creciente: génesis y consolidación
Recordemos algunas fechas clave de un nacionalismo español cada vez más extendido: Crisis financiera y austeridad (2008-14); Gran movilización catalana por el derecho a la autodeterminación (2012-17) con el referéndum del 1 de octubre de 2017 y la posterior aplicación del art. 155 de la CE[2]; Polarización cultural (2014-26): con la ofensiva de la derecha extrema y extrema derecha contra los inmigrantes, los derechos conseguidos por la lucha feminista y por los pequeños avances de la llamada memoria histórica.
Vox entra en las Cortes en 2018, alcanza 52 escaños en 2019, y gobierna con el PP en siete autonomías. Desaparece el montaje de Ciudadanos (2020-23), un partido que solamente nació para defender el españolismo más rancio en Catalunya y que, cuando muere, desplaza su electorado ―61 %― hacia PP/Vox. El Barómetro del CIS (enero pasado) muestra que el 96 % de votantes Vox y el 78 % de los del PP consideran la monarquía “institución necesaria” (el incremento es apabullante: eran 61 % y 48 % en 2010, respectivamente).
Pero no todo está en la derecha. Ojalá todo fuera tan fácil. Sobre los derechos nacionales de las naciones catalana y vasca y más concretamente sobre un referéndum de autodeterminación, sabido es que PP y Vox rechazan cualquier consulta. ¿Y a la izquierda? El PSOE limita el diálogo a reformas estatutarias. Podemos y Sumar han diluido su antiguo compromiso con un referéndum pactado. Comentado otras veces: el art. 2 de la CE constituye un “cerrojo” que impide abrir un verdadero poder constituyente republicano-plurinacional. La crisis catalana, lejos de erosionar ese cerrojo, reforzó el bloque constitucional en torno a la Corona y los tribunales.
El horizonte (por decirlo así)
Se ha propuesto a lo largo de estos últimos años en estas páginas lo que podría ser etiquetado como república social y plurinacional que entre otros pilares relacionados con lo que nos ocupa comprendería algunos puntos que significarían una ruptura con el régimen del 78.
1. República: ni el pueblo catalán, ni el vasco, ni el gallego tienen reconocido el derecho a la autodeterminación. Tampoco el español. Quizás sea oportuno recordar que la encuesta realizada en el año 2020 por el gabinete demoscópico Sináptica impulsada por 16 medios independientes, mostró que un 47,8% estaba a favor de la celebración de un referéndum entre monarquía y república y un 36,1% en contra. Está claro que los referéndums no es algo que entusiasme al régimen del 78 y a sus defensores.
República, sí. Lo decíamos no hace mucho: “Nuestra mejor forma de definirlo es una alternativa republicana, democrática y socialista que plantee construir el consenso necesario para una superación de las limitaciones que impone el régimen del 78, modernice el estado, democratice sus estructuras y abra la perspectiva de un nuevo pacto confederal y social. Lo que supone el derecho a decidir sobre monarquía o república y el derecho de autodeterminación de todas las naciones que hoy conforman el Reino de España”.
2. Justicia fiscal eficaz: fin de las regularizaciones “voluntarias” ad-hoc. Riqueza y renta máximas. Las grandes fortunas son una amenaza muy real y constatada a la libertad de la inmensa mayoría no rica. Y las proporciones son evidentes para quien tenga capacidad de comprensión: El 5 % superior de la población española con mayor renta concentra más del 41 % del total y el 2 % superior más del 28 % del total. En cuanto a riqueza: el 5 % superior acumula prácticamente el 73 % del total, mientras que el 2 % superior concentra más del 44 %.
3. Algunas propuestas concretas ―recientemente dibujamos aquí 10―, para posibilitar que la libertad sea algo más que una declaración desconectada de las condiciones materiales de existencia.
La ofensiva para rehabilitar a Juan Carlos I, la anatomía de su impunidad fiscal y el auge de un nacionalismo español monárquico confirman la lectura que venimos haciendo: el “régimen del 78” se defiende activando sus resortes simbólicos (Corona, unidad nacional) mientras mantiene cada vez de forma más evidente una gran desigualdad social. Hoy, su hijo Felipe VI es la mejor personificación política de la continuidad de la monarquía como la concibió Franco, no ya por azar de espermatozoides sino por su implicación cotidiana con la continuidad del régimen. Fue Xavier Domènech (Un haz de naciones, 2020) que lo dejó escrito con cierta gracia: “Mi sensación en esas reuniones era que hablar con él [con Felipe VI] era lo más cerca que estaría jamás de hablar con el Estado (…) con el representante del Estado en su continuidad histórica”. Continuidad histórica sin fisuras. Frente a este Borbón y lo que representa del Estado de hoy y del pasado, la alternativa republicana no es una ensoñación doctrinal: se perfila como único criterio riguroso para medir la calidad democrática del territorio comprendido en el Estado español. El coste de la alternativa a la república es elevado: la continuidad del régimen. Una de las últimas declaraciones del emérito lo resume muy bien cuando tan pimpante afirma que “Al final reconocerán lo que hice. Voy a acabar ganando”. Y con él ganan los cortesanos políticos y económicos. El joven genio Saint-Just estaba convencido muy sabiamente de que “no se puede reinar inocentemente”. Y el más veterano revolucionario Marat lo formulaba así: en todas las monarquías del mundo “¿no son los ricos los que forman el vil enjambre de cortesanos?”.
[1] Una desclasificación que parece una campaña coordinada para dejar en muy buen lugar al Borbón emérito. Iremos viendo si hay algo de interés. Parece que lo borrado y suprimido es mucho más que lo que ahora se ha hecho público.
[2] En palabras de un artículo reciente de Sánchez-Cuenca: “La crisis catalana de 2017 fue, en este sentido, un punto de no retorno. Fueron muchos quienes a partir de aquel episodio se desinhibieron definitivamente en la cuestión nacional, concluyendo que todo valía para preservar la unidad de la patria”. No vale la pena volver a recordar que el nacionalismo español se considera a sí mismo “incluyente”, mientras que los nacionalismos vasco y catalán serían “excluyentes”. Que es otra forma más “sofisticada” de decir que el “virus nacionalista” es únicamente catalán, vasco o gallego. Virus nacionalista español no, parece que no existe. Curiosa forma de razonar.













