Por Esteban Medina

Desde el sitio, Gloria Elgueta reflexiona sobre el momento político que se abre. Más que anticipar medidas específicas, advierte que la discusión que emerge es más profunda: cómo entendemos los derechos y qué lugar ocupa la libertad en la democracia.

En el centro de Santiago, en una calle que muchos atraviesan casi sin mirar, Londres 38 sigue siendo un lugar incómodo para el olvido. Durante los primeros años de la dictadura encabezada por Augusto Pinochet, la casona funcionó como centro clandestino de detención y tortura bajo control de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA). Decenas de personas estuvieron allí privadas de libertad, de las cuales varias continúan desaparecidas.

Hoy el inmueble funciona como espacio de recuerdo, investigación y reflexión pública. No está anclado únicamente en el pasado: se resguardan archivos, se desarrollan actividades pedagógicas y se participa activamente en debates ciudadanos. A veces en instancias más formales, otras en conversaciones que se abren según la coyuntura. Gloria Elgueta, integrante del equipo que sostiene el trabajo cotidiano y una de sus voceras, ha acompañado durante años procesos de reconstrucción histórica y trabajo conjunto con otras organizaciones sociales. Para ella, recordar no es solo conmemorar: es una práctica viva que interpela el presente.

Libertad y derechos en discusión

Ante la llegada al poder de José Antonio Kast, desde Londres 38 optan por la cautela. “No nos adelantamos a los acontecimientos”, señaló Elgueta. Aún no existen definiciones concretas desde la futura administración, pero sí orientaciones políticas que observan con atención.

Entre ellas menciona lo que denomina un “impulso restaurador”, una línea que, según su análisis, buscaría revisar transformaciones impulsadas en las últimas décadas. No lo plantea como una amenaza directa contra el espacio, aunque reconoce que cambia el tono de la conversación pública.

“Todos los derechos pueden verse afectados”, afirma. Y lo hace en un sentido amplio: conquistas sociales, culturales y civiles. La preocupación no se restringe a los sitios vinculados a la memoria de la dictadura. A su juicio, los posibles cambios de la administración Kast podrían alcanzar al conjunto de garantías que organizan la vida democrática.ç

En ese contexto, recuerda una frase pronunciada por José Antonio Kast en Bruselas: “mientras más se habla de derechos, más se restringe la libertad”. Para Elgueta, esa afirmación instala una discusión que no es menor. A su juicio, libertad y derechos no son categorías enfrentadas. Presentarlas como si lo fueran termina por desplazar el eje de la discusión hacia un terreno donde las garantías colectivas aparecen como obstáculo, y no como condición, explicó.

Aun así, descarta escenarios extremos. “No creo que se atrevan”, señaló cuando se le preguntó por la posibilidad de que espacios como Londres 38 o Villa Grimaldi dejen de funcionar.

También mencionó el episodio ocurrido en Concepción, donde una exposición artística fue cerrada anticipadamente tras cuestionamientos públicos desde la municipalidad, siendo actualmente su alcalde Héctor Muñoz del Partido Social Cristiano. Para ella, situaciones como esa evidencian tensiones en torno a la libertad de expresión cuando determinadas manifestaciones culturales resultan incómodas para la autoridad. No es un hecho aislado, sino que sugiere parte de un clima más amplio, detalló.

Gloria Elgueta, 8M 2026

Más allá de la lógica defensiva

La conversación, sin embargo, no se quedó en la inquietud. Elgueta insiste en que las organizaciones sociales no deberían situarse únicamente en una posición reactiva. La historia del movimiento de derechos humanos en Chile ha estado marcada por la resistencia, pero hoy el desafío, según plantea, también es propositivo. No basta solo con contar el pasado.

Recuerda que muchas de las garantías vigentes siguen siendo limitadas y que el periodo posterior a la dictadura no significó una restitución plena de lo perdido. Desde esa mirada, el momento actual podría convertirse también en una instancia para revisar lo pendiente y proyectar nuevas demandas.

Londres 38 participa en distintos espacios de coordinación junto a agrupaciones de derechos humanos, colectivos feministas, organizaciones migrantes y otros movimientos sociales. No existe una estructura única, explicó, sino vínculos que se activan según las coyunturas y los temas en debate. A veces con mayor intensidad, otras con menor visibilidad, pero presentes.

Quizás ahí radique una de las claves del escenario actual. No solamente resguardar lo alcanzado, sino fortalecer el trabajo conjunto entre movimientos, ampliar las conversaciones y conectar la memoria histórica con las demandas del presente. Porque, como deja entrever Elgueta, el ejercicio de recordar no debe quedarse solo en verdad y justicia: también es una manera de preguntarse qué sociedad queremos construir hoy.