Entrevista a Daniel Jadue. Chile

Publicado en Brasil De Fato (17.03.2026)

Marco Fernandes

El pasado 11, José Antonio Kast, político de extrema derecha y pinochetista, asumió la presidencia de Chile en sustitución de Gabriel Boric (2022-2026). Conocido como el «Bolsonaro chileno», Kast venció a la candidata de izquierda Jeannette Jara, lo que supone el regreso del extremismo al gobierno del país tras 35 años. Para Daniel Jadue, miembro del Partido Comunista de Chile y exalcalde de la Comuna de Recoleta —el equivalente a un municipio del Gran Santiago—, la población «se cansó de la izquierda tibia, de los movimientos de izquierda colonizados por el neoliberalismo» y busca alternativas para resolver su sufrimiento.

En una entrevista exclusiva con Brasil de Fato, Jadue destacó el fracaso del gobierno de Boric y el regreso de la extrema derecha al poder en Chile, analizando la crisis de las izquierdas latinoamericanas, «colonizadas por el neoliberalismo», y algunos de sus retos en el próximo período. También comentó su proceso judicial y sus perspectivas de regreso a la militancia política.

«La política no se hace solo dentro de las instituciones. La política más relevante ocurre fuera de ellas y, por lo tanto, estoy de vuelta en la política. No formo parte del establishment político, pero estoy activo todos los días, debatiendo todos los días», comentó.

Jadue es uno de los principales líderes de la izquierda chilena desde hace cerca de una década. Su éxito como alcalde de Recoleta durante tres mandatos, entre 2021 y 2024, lo posicionó para disputar la presidencia del país en 2021, para la cual era favorito en las encuestas. Sin embargo, perdió la contienda de las primarias frente al ahora expresidente Boric gracias a una extraña regla electoral chilena: cuando un partido —o una coalición— convoca elecciones primarias, estas están abiertas a todos los votantes del país. De este modo, por temer la candidatura de Jadue, la derecha chilena se movilizó para votar por Boric, eligiendo así a un candidato contra el cual calculaba tener más posibilidades de ganar las elecciones y que, eventualmente, amenazara menos al establishment chileno —lo cual, lamentablemente, se confirmó.

Precisamente por su éxito político, Jadue se convirtió en un objetivo más de la larga lista de políticos de izquierda, o centroizquierda, latinoamericanos perseguidos por el lawfare (el uso del poder judicial como herramienta de persecución política). No terminó su tercer mandato en Recoleta y pasó tres meses en prisión preventiva y 18 meses bajo arresto domiciliario, que fue suspendido el 27 de febrero, cuando volvió a las calles. Contra él pesan acusaciones sobre un supuesto gasto público indebido del programa municipal «Farmacia Popular» durante la pandemia de Covid-19. Como afirmó a Brasil de Fato, «los abogados que iniciaron el proceso están presos por corrupción judicial. Todo Chile sabe hoy que quienes tramaron contra mí sobornaron a fiscales, jueces, sentencias, pagaron a testigos. Y son los mismos».

Antes de convertirse en miembro del Partido Comunista, Jadue —cuyos abuelos emigraron de Palestina a Chile en la primera mitad del siglo pasado— fue militante del Frente Popular de Liberación de Palestina (FPLP) durante unos 15 años, desde los 11 años de edad. Comenzó en la Unión General de Estudiantes Palestinos (1978), que lideró entre 1987 y 1991, fue coordinador de la Organización de la Juventud Palestina en América Latina y el Caribe y, finalmente, vicepresidente de la Federación Palestina de Chile. Abandonó la organización poco después de la firma de los Acuerdos de Oslo en 1993 y se unió al PC.

Brasil de Fato mantuvo una larga conversación con Jadue que se publicará en dos textos. A continuación puedes leer la primera parte;  en la segunda, abordaremos la guerra de EE. UU. e Israel contra Irán, cómo ven los palestinos este nuevo conflicto en su región y qué consecuencias puede tener para los BRICS.

Comencemos por Chile. La semana pasada (11), José Antonio Kast, político de extrema derecha y pinochetista —cuyo padre fue miembro del Partido Nazi alemán y cuyo hermano, Miguel Kast, fue una de las figuras centrales del gobierno de Pinochet— asumió la presidencia. Esto ocurre en un momento en que parece haber una nueva ola de elecciones de políticos de derecha en América Latina. ¿Cómo evalúas este momento?

Mira, antes de que la extrema derecha llegara al poder en Chile, cuando un gobierno terminaba y no lograba pasar la banda presidencial a alguien del mismo sector, eso se consideraba un fracaso. Por lo tanto, hay que ser muy conscientes de que la extrema derecha llegó al poder en Chile debido al fracaso de aquel que debía ser el gobierno más de izquierda desde Allende. En consecuencia no es que el continente o su gente se estén moviendo hacia la derecha. La gente del continente se cansó de la izquierda tibia, se cansó de los movimientos de izquierda colonizados por el neoliberalismo. Lo que quieren son soluciones a sus problemas y a su sufrimiento. Y debemos reconocer que en los últimos 40 años la izquierda moderada gobernó gran parte del continente y no resolvió nada. Entonces, alguien podría preguntar: ¿por qué deberían seguir con nosotros? Esa es la pregunta que debemos hacernos. Yo vengo de una experiencia diferente, micro, absolutamente insignificante: Recoleta [municipio de Gran Santiago]. Después de 12 años en el gobierno, siguieron votándonos e incluso conseguimos el 65 % de los votos para el Partido Comunista en la segunda reelección. ¿Y por qué no se cansaron de nosotros? Porque no nos arrodillamos, no nos resignamos, no solo soportamos el dolor, sino que nos dedicamos a derribar el muro y transformar las instituciones.

 

Entonces, todo ese discurso de que «el continente se está moviendo hacia la derecha» es la excusa que usa la izquierda cuando no hace su trabajo. Es la excusa que usa la izquierda cuando desaparece de los territorios. Es la excusa que usa la izquierda cuando va a ocupar ministerios, congresos, palacios gubernamentales y empieza a vivir de la manera que solía criticar. No es que la gente se esté volviendo hacia la derecha, la gente está rechazando a quienes los traicionan. Por lo tanto, como no hay a dónde ir no tienen más remedio que recurrir a quienes no están en el poder. Y es por eso que esto se convierte en la política del péndulo.

Yo podría decir -nadie podría dudarlo dentro de los límites de la democracia liberal burguesa-  que Lula hizo un excelente trabajo como presidente. Entonces, deberíamos preguntarnos ¿por qué tienen tanto miedo de que Bolsonaro pueda ganar? ¿Qué nos falta entonces?  La lucha por el significado en la base, salir a las calles para convencer, trabajar de manera organizada con el pueblo, como cuando desarrollamos el presupuesto participativo con el PT y fuimos una fuerza a tener en cuenta en los gobiernos locales. Pero parece que después de llegar al poder en el gobierno federal, nos olvidamos de las organizaciones sociales y de los gobiernos locales y empezamos a hacer alianzas para sobrevivir a las cuotas de poder que la democracia nos impone. No tengo ninguna duda de qué lado estoy en Brasil. Pero, lo que no logro entender es por qué con todo lo que se ha hecho todavía existe duda de que deberíamos ganar con holgura en la primera vuelta. Esa certeza está faltando,  simplemente no logro entenderlo.

La pregunta que debemos hacernos es: ¿por qué bajo estas circunstancias, con la tasa de desempleo más baja de la historia, la tasa de hambre más baja de la historia, la mayor inversión de la historia y con todo lo que se ha logrado, tenemos esta incertidumbre? Debemos hacernos esta pregunta. Y solo hay una respuesta para esto. La distancia entre nosotros y la gente es brutal, sin duda. ¿Cómo es que perdimos la batalla contra la iglesia evangélica? ¿Por qué ellos están haciendo hoy el trabajo que hacíamos hace 50 años y lo dejamos de hacer? Ellos luchan contra la adicción y actualmente  nosotros la promovemos. Ellos visitan a los presos y nosotros queremos meter a todos en la cárcel. Hoy, ellos acogen a los inmigrantes y nosotros queremos expulsarlos de nuestra frontera, porque somos incapaces de inculcar conciencia de clase en la clase trabajadora y permitimos que el odio se dirija lateralmente en lugar de hacia arriba. ¿Hasta cuándo seguirá esto? No es posible quejarse de que la derecha no esté haciendo su trabajo. Hacen lo que tienen que hacer para mantenerse en el poder y controlar la opinión pública, como lo hacen hoy en día a través de la tecnología. Fuimos nosotros los que nos fuimos. La ciudad está en el mismo lugar, viviendo la misma mierda y sufriendo las mismas cosas. El problema es que ya no estamos allí.

 ¿Qué explica el rotundo fracaso del gobierno de Boric, del que se esperaba que fuera el más radical desde Allende?

El abandono del programa, nada más. Renuncia. Fíjate bien, por poner algunos ejemplos concretos: el expresidente Boric y la exministra secretaria general del Gobierno, nuestra compañera Camila Vallejo, fueron los líderes de la lucha contra el TPP-11, el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica; sin embargo, ningún gobierno, ni siquiera la derecha, se atrevió a aprobarlo. Fueron ellos mismos quienes lo aprobaron. Nuestros dos compañeros fueron los líderes de la lucha contra la militarización de la Araucanía [territorio del pueblo mapuche], y pasamos cuatro años con la Araucanía, con Gualmapu, militarizada. Se opusieron firmemente a la criminalización de las protestas, pero durante su gobierno se aprobaron las leyes más represivas de nuestra historia desde la dictadura. Y podría seguir. Prometieron abolir el sistema de pensiones de la AFP [Administradora de Fondos de Pensiones, el INSS chileno], pero terminaron devolviendo todo el dinero que habíamos recaudado durante la pandemia y reforzando el mercado de capitales, que era precisamente lo que necesitábamos transformar. Cuando uno mira el caso del presidente [Boric], todos recuerdan cuando le dijo a Piñera, señalándolo con el dedo: «Lo vamos a juzgar»; sin embargo, hoy están liberando y dejando impunes a todos los violadores de derechos humanos. Pero. lo peor es que terminan entregando el gobierno a la extrema derecha de la era Pinochet. Si aplicara los mismos criterios que usaban antes, al analizar gobiernos que terminaron entregando el poder a la oposición, tendrían que reconocer el fracaso. Y se pasarían mucho tiempo tratando de arreglar las cosas, tratando de disfrazar ese fracaso como un éxito. Pero hoy (13.03.26) se publicó un informe del gobierno sobre la desigualdad en Chile. Fíjense bien, la situación es mucho peor de lo que nos han dicho durante tanto tiempo. Las cifras son espeluznantes. El cincuenta por ciento de los chilenos no tiene nada; deben más de lo que poseen, mientras el 1 % posee más del 80 % de la riqueza, el 19 % de los ingresos y el 50 % de los activos. Obviamente, el pueblo no va a votar a la izquierda. Parece que cuando la izquierda hace el bien —y esto ha estado sucediendo tal vez desde hace más de una década en nuestro continente, en nuestra región—, la derecha también encuentra formas de penalizar, castigar y perseguir a la izquierda exitosa.

Nos encontramos en un momento en el que el Imperio, con todas sus debilidades, opta por una estrategia superagresiva de invasiones, secuestro presidencial, asesinato de jefes de Estado, etc. En el caso de Brasil, por ejemplo, Washington da señales de declarar al PCC y al Comando Vermelho como organizaciones terroristas, abriendo así la puerta a una posible agresión contra Brasil. El Senado de Paraguay acaba de aprobar la instalación de bases estadounidenses en su territorio y Ecuador podría hacer lo mismo en breve. Por lo tanto, es un escenario preocupante de avance imperialista en la región. ¿Cree que la experiencia en Irán tiene algo que enseñar a los países del Sur Global sobre cómo enfrentar el imperialismo de aquí en adelante?

No voy a hablar de los países de la región, voy a hablar de la izquierda en la región. Porque los países son un conjunto de posiciones diferentes y creo que la izquierda no necesita mirar a Irán para aprender. Hay que recurrir a los textos clásicos y leer La acumulación de capital, de Rosa Luxemburg, donde ella explica que el capital se ve obligado a devorar cualquier espacio que no esté sujeto a sus reglas y lógica. Tanto es así que actualmente para mantener su tasa de ganancia el capital necesita devorar a Gaza, necesita devorar a Cuba, país que no posee recursos y no representa ninguna amenaza para nadie. A lo largo de la historia de la revolución Cuba solo ha ofrecido solidaridad, amor y fraternidad, pero incluso eso molesta al capital, porque la solidaridad y la fraternidad son contrarias a la lógica del capital. Por lo tanto, no necesitamos recurrir a la guerra en Irán para aprender que de ahora en adelante ningún pueblo podrá salvarse por sí solo y que el problema no está en el imperio, sino en el capital transnacional. No son los Estados Unidos y no es Trump. Trump es una herramienta, una mecha para BlackRock y todas esas corporaciones que están por encima de los Estados-nación y por encima de las leyes de todos los países. Por lo tanto, la solución a todos estos conflictos implica superar el capitalismo y recuperar, desde la izquierda, el horizonte de la transformación social y la construcción del socialismo. El problema es que la izquierda terminó hablando el idioma del imperio y actualmente gobierna hablando de diálogo social, gobernanza, defensa del Estado de derecho y defensa de la Constitución. La izquierda se ha convertido en la vanguardia de la defensa de las instituciones burguesas, mientras que la derecha y la burguesía han desmantelado el Estado de derecho. Por lo tanto, debemos rescatar nuestro propio lenguaje, nuestra propia estrategia y volver a las bases, trabajando con el pueblo, pues esa es la única unidad que nos permitirá resolver esta cuestión.

Una vez resuelta esta cuestión fundamental, Irán podría enseñarnos algo. ¿Qué nos enseña Irán? Que debemos aprender a librar batallas asimétricas. Es lo mismo que nos enseñó Vietnam, lo que nos enseñó Corea y lo que nos enseñaron los palestinos en la Batalla de Karam en 1968. Son guerras de guerrilla, son batallas de desgaste, serán batallas libradas con los pies en la tierra y con nuestros militantes arraigados en el pueblo, porque el último espacio que el capital se apropia es la subjetividad, que hoy transforma en datos: a través de algoritmos y teléfonos celulares, somos monitoreados todo el día. Además, somos controlados y sometidos a una poda sináptica, lo que reduce nuestra capacidad de pensamiento. Acabo de escribir un libro muy interesante sobre esto, «Amar al Gran Hermano: Orwell y la mutación del control», que es fascinante por la poda sináptica que están provocando en las nuevas generaciones. Cuando borran palabras como revolución, lucha de clases y explotación del lenguaje, cuando faltan palabras para nombrar el dolor y la salida del mismo, dejamos de imaginar lo que es posible. En otras palabras, cuando la palabra «revolución» desaparece del lenguaje, la posibilidad de rebelión deja de ser imaginable. Por tanto, la izquierda debe aprender que tiene una tarea fundamental: rescatar el proyecto histórico de construcción del socialismo si queremos enfrentar la situación actual. Por ejemplo, la defensa de Cuba es extremadamente importante hoy para toda la izquierda mundial. La defensa de Venezuela, la defensa de proyectos alternativos en el Sahel. Tenemos que empezar a mirar más allá de las fronteras regionales. Hoy hablamos de integración regional, pero incluso la integración regional es insuficiente para los tiempos que vendrán, porque tendremos que enfrentar la mayor concentración de poder y recursos de la historia de la humanidad.

Usted estuvo detenido durante casi dos años —entre la cárcel y su casa— en otro típico caso de «guerra jurídica» latinoamericana, que ha afectado a tantos líderes de la región en los últimos años, incluido el presidente Lula. ¿Cuál fue la acusación en su contra y cuál es la situación actual del proceso? ¿Cuáles son las perspectivas para la próxima etapa del caso?

El caso aún está en curso. Actualmente,  las medidas cautelares abusivas que me impusieron para excluirme de la contienda han sido atenuadas. Precisamente hoy la Asociación Americana de Juristas denunció ante las Naciones Unidas esta maniobra jurídica como una violación de los derechos políticos y democráticos, porque fui excluido de la contienda y de la política mediante un proceso administrativo en el que el Ministerio Público se colocó por encima de cualquier otra institución. Y, claro, las medidas cautelares se han relajado actualmente porque no habrá elecciones en los próximos dos años, pero el proceso continúa. Y el proceso, claro, está más frágil hoy en día. Los abogados que iniciaron el proceso están presos por corrupción judicial. Todo Chile sabe hoy que aquellos que me incriminaron mí sobornaron a fiscales, sobornaron a jueces, sobornaron sentencias, pagaron a testigos. Y son los mismos.  El sionismo que actualmente gobierna Chile está detrás de esto, la derecha está involucrada y forma parte del gobierno anterior, claro. Por tanto, hay un proceso en curso que continuará. Estoy muy tranquilo porque no tengo nada que ocultar.

De hecho, nadie se atrevió siquiera a acusarme de retener un solo peso o de desviar un solo peso para campañas políticas. Se me acusa de tomar decisiones durante la pandemia que pueden haber causado perjuicios al Estado. Hubo otros juicios similares durante ese período y todos los acusados fueron absueltos porque durante la pandemia todos tomamos decisiones precipitadas, cuando no había forma de proteger a la gente, cuando la gente se estaba muriendo en nuestros barrios. Y no fue solo el gobierno, sino que muchas empresas quebraron y perdieron dinero tratando de garantizar un derecho legal que es mucho más importante que la eficiencia del gasto público, el derecho a la vida. No había medicamentos, ni vacunas, nada. La única manera de proteger a la gente era lavándose las manos, comprando cubrebocas y practicando el distanciamiento social. Entonces, se te juzga por comprar cubrebocas o por comprar glucómetros, que están fácilmente disponibles para el público, o por comprar audífonos que también están fácilmente disponibles para el público. Está escrito en un correo electrónico, pero la fiscalía descartó todas las pruebas y fabricó algo que llevó a que el mismo fiscal que inició este caso fuera investigado por mala conducta, por presionar a testigos para que mintieran y me incriminaran. Testigos que admitieron haberlo hecho en entrevistas con grandes medios de comunicación. Creo que tenemos que esperar, espero que esto termine lo antes posible. Ya nos han impedido recabar pruebas durante la investigación, así que también nos enfrentamos a un desequilibrio de recursos para intentar reunir las pruebas que necesitamos. Pero ellos no tienen pruebas en mi contra. El problema es que en esta fase del proceso nadie necesita pruebas para descalificarte de una carrera política.

¿Y su futuro? ¿Cuándo volverá a la política?

Mira, siempre digo que eso es algo que decide el pueblo. De lo que estoy seguro es que la política no se hace sólo dentro de las instituciones. La política más relevante ocurre fuera de las instituciones, por tanto ya estoy de vuelta en la política. No formo parte del establishment político, pero estoy activo todos los días, debatiendo todos los días. Tengo un programa semanal que se transmite en línea y que ven todos los periodistas. Y cada vez que hablo ellos repiten lo que digo y eso se discute. Entonces, de una forma u otra la gente también espera eso. Hoy ya estoy recorriendo la región metropolitana y reconectándome con las personas que ayudaron a convertirme en precandidato a la presidencia en 2021, y el compromiso, el cariño y el deseo de cambio permanecen intactos. Cuando uno mira la historia reciente de Chile y el levantamiento popular del 18 de octubre de 2019 se da cuenta de que todas las reivindicaciones surgidas durante ese levantamiento siguen sin cambios. Ningún tema se ha resuelto. Y después de que el 80 % decidiera cambiar la Constitución de Pinochet, es una vergüenza que sigamos usando la Constitución de Pinochet. Por tanto, debemos insistir una vez más en el cambio constitucional. Debemos insistir una vez más en la profundización y el fortalecimiento de la democracia con instituciones siempre permeadas por los ciudadanos y el pueblo de Chile. Y esas son tareas pendientes que nunca podría abandonar.

¿Cómo estás? ¿Cómo es volver a ser libre, como un pajarito?

Bueno, ahora hay un poco más de libertad, pero la persecución sigue siendo muy fuerte. Poder volver a las calles es muy gratificante, sobre todo por el gran cariño que me demuestra la gente. Eso me sorprendió bastante. Dos años fuera de las calles y al regresar me encontré con el mismo cariño de siempre, y la gente está muy consciente de esta persecución tan incómoda y muy tranquila respecto a lo que se viene. Nadie tiene mucha confianza en el sistema judicial de Chile. No hay motivos para confiar en él. Pero, el caso se está desmoronando, especialmente con el arresto de los hombres que iniciaron la trampa, porque forman parte del mayor escándalo de corrupción judicial en la historia de Chile.