Protestas estallaron en la ciudad paquistaní después del anuncio del asesinato del líder supremo iraní. Videos difundidos en redes muestran a grupos de jóvenes superando el perímetro de seguridad del consulado estadounidense y enfrentándose a fuerzas policiales.
La muerte de Alí Jamenei en el marco de la guerra regional tuvo repercusiones inmediatas más allá de Irán. En Karachi, la ciudad más poblada de Pakistán, manifestantes se congregaron frente al consulado de Estados Unidos y lograron irrumpir en parte del perímetro diplomático, en una escena que rápidamente se difundió en redes sociales.
Las imágenes muestran a grupos de jóvenes avanzando hacia el complejo, trepando barreras y forzando accesos exteriores. En algunos registros se observan daños en estructuras cercanas a la entrada del consulado. Las consignas apuntaban directamente contra Washington y contra Israel, a quienes los manifestantes responsabilizan por el asesinato del líder iraní.
Según reportes provenientes de medios regionales y publicaciones en redes, la protesta derivó en enfrentamientos con fuerzas de seguridad paquistaníes desplegadas en el lugar. La policía utilizó métodos de dispersión para recuperar el control del perímetro y evitar una toma completa del edificio diplomático.
La movilización en Karachi forma parte de una reacción más amplia en distintos puntos del mundo musulmán tras el asesinato de Jamenei. En Pakistán, donde existen sectores chiíes organizados y corrientes políticas que expresan solidaridad con Teherán, la noticia actuó como catalizador de indignación.
El asalto al consulado no implica una posición oficial del Estado paquistaní, pero expone la sensibilidad regional ante la escalada bélica. La muerte del líder supremo iraní no solo reconfigura el equilibrio interno en Teherán, sino que también activa expresiones de apoyo y protesta en países vecinos y aliados políticos.
Karachi se convirtió así en uno de los primeros escenarios externos donde la conmoción se tradujo en acción directa contra una representación diplomática estadounidense. En el contexto de una guerra abierta, los edificios consulares y embajadas vuelven a aparecer como blancos simbólicos de la ira popular, ampliando el alcance geográfico de un conflicto que ya trasciende fronteras.













